TRANSPARENCIA
Quienes me conocen, saben que soy transparente, que no sé fingir. Por eso, valoro la verdad como una preciosa joya, o tal vez como ese remedio de sabor amargo pero que nos cura.
No hace mucho le dije a alguien que la peor mentira que podemos decir no es a otra persona, sino a nosotros mismos.
Se quedó pensando y me dijo... "Es verdad..."
¿Por qué las personas se empeñan en mentir, en callar, en hacerse las fuertes cuando una palabra dicha con el corazón, aunque no sea la que queramos oír es mejor que una mentira piadosa?
Cuando yo era joven, me creí muchas historias... Ahora, con casi 47 años, ya no me engañan. Puedo ser idealista, pero no tonta... Mucha vida ha pasado por mí, sé quién soy, lo que valgo y lo que quiero. Puede que no lo consiga, pero me miro al espejo y me digo: no escondas lo que sientes o piensas, dilo lo mejor que puedas, si sabes que dolerá, pero no mientas... ni piadosamente. Es lo mejor para todos. Especialmente para ti.
Ya no habitan en mí los Lestrigones ni los Cíclopes, ni el fiero Poseidón se me aparece. Solo a la Gorgona temo...
"Un día, indefectiblemente, habrás de enfrentarte contigo mismo. Y solo de ti depende que sea la más feliz o la más amarga de tus horas." Así rezaba un cuadrito que me regalaron hace años. Alguien debería leer esa frase y meditar sobre su vida... Pero no seré yo quien se lo diga. Asumirse... ¡qué difícil es! No soy perfecta, pero sé quién soy.
El regreso de Odiseo
Si algo he de agradecer a Dios, es el don de la palabra que me dio. En este blog - regalado justamente para eso - he reflexionado sobre la vida.
Hoy es tiempo de cosecha, de recoger la siembra, esa que da título a este sitio. Luego de muchos años de esperas diversas, recibo de la vida, de Dios, aquellos frutos de mi siembra. Algunos son apenas retoños aún, pero florecerán, colorearán y perfumarán mi vida más de lo que ya lo hacen. Otros se perfilan como grandes logros, especialmente a nivel profesional. Pero, - finalmente - mi mundo siente la llegada de esta primavera uruguaya, que pasó tantas veces por mi puerta sin entrar.
El tiempo de la espera acabó y mi vida recobra un sentido que ya creía perdido. Circe, la pérfida maga liberó a Odiseo y este logró así regresar a Ítaca, a su hogar, a su lugar en el mundo.
Ítaca... Así bauticé a mi lugar en el mundo. Odisea larga la mía, como la del "fecundo en recursos" pero que finalmente parece llegar a su fin.
Plenitud... hermosa palabra para expresar lo que se siente ante tantos logros sobrevenidos de improviso...
Saber que se me quiere, se me respeta, se me acepta, se me valora personal y profesionalmente, me hace bien... mucho bien.
Valió la pena el tiempo del viaje.
He arribado a Ítaca...





