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Vigilias soñadas en la Realidad
Pensamientos y opiniones diversas. Expresion Libre.
Acerca de
I am every thing I am and something more.
Sindicación
 
Los Amantes Voraces
Acto Único

(En una sala amplia, forrada de estanterías de libros, dos personas hablan. La estancia está iluminada por una lámpara de pie colocada en el extremo izquierdo y su luz es tenue, absorbida por el mueble caoba que hay a su lado, otra lámpara comparte el sitio con varios libros sobre una mesilla, cerca de él. Están sentados en dos sillones alrededor de una mesa cuadrada, baja, hecha en nogal, en ella hay dos copas, una de ellas con varios hielos, la otra es un catador, en medio un cenicero de cristal, en una mesa supletoria están las botellas, una de vino tinto para ella, de whiskey para él. Parece que llevan ya un rato largo allí, el cenicero está lleno de colillas y se respira en el ambiente el humo de una conversación vieja por conocida. Ella se sienta con las piernas cruzadas, sin apoyar la espalda, fuma en boquilla, a grandes caladas que expira entreabriendo los labios sólo lo suficiente, no es muy joven, pero sí atractiva, experta, de formas voluptuosas sin exceso. En otro sillón, él está reclinado sobre el respaldo, con un puro entre sus dedos, preparándolo para encender, un hombre maduro, vestido con un traje a medida de hechura impecable y aura de sabio. Cuando él da las primeras caladas ella retoma la conversación)

N - Creo que es hora de que nos vayamos.
F - Todavía es pronto. Teresa aún no estará lista. (Expulsa el humo y voltea el puro para comprobar que se está quemando correctamente) No puedo creer cómo hemos llegado a este punto.
N - Fácil. Llevamos haciendo lo mismo varios años. Yo ya ni me acuerdo qué me llevó a hacerlo la primera vez. Pero todo cambió en el momento en el que te conocí. Me enseñaste que no era raro, que era algo natural. Me enseñaste a disfrutar de lo que mejor se me da. Además quién mejor que Teresa para finalizar con nuestras apetencias.
F - Aparte de que Teresa nos ha descubierto y tenemos que dejarlo.
N - Por lo menos esta vez, la última, disfrutaremos con ella. Así, ya no podrá recriminarnos nada. También ella estará comprometida.
F - Más bien ella será el compromiso.

(Se quedan los dos sentados en las butacas y con un vaso en la mano y en la otra él con un puro y ella con un cigarro. Dan dos o tres caladas largas mientras miran al techo, con actitud seria y pensativa. De repente, salen los dos de su ensimismamiento y se miran.)

F - ¿Recuerdas tu primera vez?
N - La primera vez fue con un perro. Era el perro de mi vecina, cada vez que coincidíamos en el portal se restregaba en mis piernas, y una vez se meó en mis zapatos de domingo.
F - Así que tú…
N - Sí
F - Al perro meón de tu vecina.
N - Sí.
F - ¿dónde?
N - En la azotea.
F - ¿Y no te dio asco? ¡Era un perro!
N - Tenía 9 años, no tenía criterio, todavía.
F - Por eso cogiste al perro.
N - Sí.
F - ¿Y te gustó?
N - Fue muy raro, no sé cómo pude mantener la calma, pero lo hice lo más despacio posible, para que el éxtasis me durara el máximo tiempo posible.
F – (asqueado) ¡era un perro!…
N - ¿Tú recuerdas tu primera vez?
F - Siií. La primera vez no se olvida nunca. Fue algo portentoso, imponente, señorial, sublime… algo… cómo decirte…
N - ¡Pleno!
F - ¡Eso, pleno!
N - ¿Y quién fue el afortunado?
F - La afortunada, en mi caso, fue mi profesora de gimnasia.
N - Túuu… y la profe…jeje… ¿Y qué tal?
F - Pues estaba buenísima. ¡Tardé casi 5 horas!
N - ¡¿5 horas?! Eres un exagerado.
F - Es que era un principiante, luego lo fui mejorando.
N - ¿Pero 5 horas?...
F - ¿Qué?
N - Pues que ni el perro duró tanto…
F - ¡Era un Perro! Si hubiera sido un caballo… la gracia que te hubiera hecho…
N - A mí me gustan los caballos. (Pausa) ¿Y la que más te hizo disfrutar?
F - ¿Recuerdas a Rosa? (mira a “N” con aire de complicidad, mientras sonríe de forma pícara. De la mirada de pepita se deduce que sí se acuerda, y que los dos piensan exactamente en lo mismo) Me acuerdo que desprendía un perfume dulzón..., algo parecido al jazmín..., quizá era jazmín. Su olor se confundía con el del pan y los bollos recién horneados. La mantequilla caliente y el hojaldre subiendo en el horno agudizaron no sólo mi olfato sino todos mis sentidos, respiraba el aroma y la miraba, sonrosada por el olor cálido de la pastelería; se me antojaba perfecta.
N - Yo todavía sueño con el buffet en casa de Pierre Ebuka. Había tanta variedad... españoles, franceses, griegos, irlandeses...
F - Vamos, que te los comiste a pares.
N - Al igual que tú, o me dirás que no disfrutaste de esa larga y placentera tarde que pasamos juntos… Comer, piti y vuelta a la faena.
F – He de reconocer que fue una bacanal grandiosa.

(Vuelven a quedarse suspensos. los dos miran el contenido de su vaso y lo apuran. “N” se levanta y se dirige al mueble de las bebidas)

N - ¿Otra copa? (Mientras le recoge la copa)
F - Sí. (Se levanta y se pone a dar vueltas por la habitación) Estoy tan nervioso, como si fuera mi primera vez.
N - Es comprensible, hoy es un día especial. Deberíamos traer a Teresa para que lo celebre con nosotros.

(“N” se acerca al mueble donde se encuentran las bebidas, rellena los vasos y se dirige de nuevo a su sitio. En el camino entrega el vaso a “F” y se sienta. Siguen hablando, tomando las copas y fumando)

F - Teresita no tiene nada que celebrar aquí.
N - Ya, bueno, pero, después de todo, ella es parte importante de esta celebración, es la tercera.
F - Si razón tienes, lo sé, pero se me haría raro estar aquí tomando una copa con ella antes de comer.
N - ¿Por qué?, ¿te imaginas un trío con dos? Yo tampoco. Además (mirándolo con ojitos de lujuria) suponte el peligro de cenar solos, imagínate en que podría acabar todo.
F - No seas loba.
N - En realidad, soy Caperucita.
F - Entonces me tocaría comerte.
N - Te excita la idea, ¿eh?, te gustaría verme desnuda ante ti, a tu entera disposición, para desgarrarme. Pero no te hagas ilusiones, el cuento podría cambiar.
F - Caperucita comiéndose al lobo...
N - No me crees capaz pero mordería cada parte de tu cuerpo lentamente pero con una intensidad voraz, laceraría tu pecho hasta hacerte sangrar y embriagarme en su fragancia lasciva. ¡Sé que me encantaría hacértelo!
F - Y a mí me encantaría hacerte lo mismo a ti, lo que comentabas de desgarrarte estaría bien, ¿no te parece?
N - Depende… ¿por delante o por detrás?
F - Quizá te abriría por delante, y por detrás… un limón, o mejor, una manzana.
N - Ni que fuera una chancha.
F - Bueno, algo de ello habrá, ¿no dicen que la carne de cerdo y de ser humano saben parecidas?
N - Sí, eso dicen, pero no saben de lo que hablan. Al cerdo nunca le quedó bien un acompañamiento de setas, y en cambio al humano…
F - ¡Oh sí!, ¡y si es mujer, mejor!
N - Siempre jugando con la dialéctica.
F - No es dialéctica, es cultura gastronómica. La mujer suele quedar especialmente bien con cualquier rehogado, la cebolla fina, pochada, el jamón en hebras, aceite caliente, pero siempre a fuego lento, sin burbujas, sin aspavientos, todo calma, y oler, y ver, y esperar, con un buen vino, a que todo se termine, sin prisas.

(Se miran un rato, insistentemente, con apetito)

N - Me está entrando hambre, ¿sabes?

(“F” mira el reloj, apura la copa y se incorpora)

F - Deberíamos irnos, es la hora. Teresa debe de estar lista.

(Se apaga la luz. Se escucha ruido de pasos y como bajan una larga escalera. Cuando se enciendan las luces se ve una amplia cocina, pulcra. La cocina tendrá el suelo gris que podría ser de mármol o granito. Al fondo de la cocina se ve, de izquierda a derecha, una pared con un reloj, unos armarios de color marfil a una altura de 1,60 m y 50 cm debajo de los armarios una encimera y un fregadero. A la derecha de los armarios se nota que hay una pequeña habitación tras la cocina en que se podrá ver una silla de cuero también de color marfil, por lo que se podrá deducir que hay un comedor adaptado para dos personas. Delante de la encimera, en primer plano, hay un mueble de 1 metro de altura, 3 de largo y dos de ancho. A la izquierda del mueble hay dos taburetes. Hay una encimera de cuarzo que ocupa más de la mitad del mueble y lo que resta es ocupado por un fogón a gas. Encima del fogón hay una campana. A la derecha, a 1,50 metros del mueble hay más armarios y una amplia nevera de color acero. El espacio que hay entre el fogón y la nevera forma un pasillo que permite ver la silla del comedor que está al fondo. A la izquierda de la cocina hay un somier apoyado en una estructura que permitirá girar el somier hasta formar un ángulo de 45° con respecto al suelo. En este somier está Teresa, desnuda, atada por los pies y las manos pegadas a los muslos. Entran los personajes, que van vestido de gala. Cada uno de ellos se pone un delantal. “F” tiene un delantal negro hasta la cintura y “N” uno color morado. Suena música clásica u ópera. “F” se acerca al somier mientras que “N” va sacando cazuelas, ollas y sartenes, y las va alineando en la encimera. “F” inclina el somier levantando por los pies a Teresa. Su cabeza queda casi metida en un barreño. Le corta el cuello de forma rápida y limpia. Mientras se desangra los personajes están sentados en los taburetes bebiendo, fumando y hablando. Se levantan, él hacia el cuerpo y ella hacia la nevera, saca varios ingredientes y los va cortando. “F” coge un cuchillo jamonero y empieza a cortar finas lonchas de la pierna derecha de Teresa, las pone con cuidado en un plato y, en algún momento, saborea una loncha. Sigue cortando el resto del cuerpo, cada parte con el cuchillo más apropiado, con precisión y limpieza. “N” reparte la carne por los recipientes que hay en la encimera. Hay sartenes en el fogón que desprenden un poco de humo. Se aprecia una fragancia suave a albahaca, jengibre, cilantro, hierbabuena, vainilla y algo de canela. Los dos cocinan como si estuvieran bailando un vals. Se apagan las luces. Telón.)

Noe y yo
 
Automatismo
Y lo que pasó realmente no pasó, sólo fue la imaginación de un pobre loco, que realmente trató de convencer a su cordura de la veracidad de la acción pero ésta lo refutó en el acto pues sabía que ella misma había provocado el mal-entendido, algo que ni siquiera se dignó a enmendar, y es más, animó a que ocurriera de la forma más natural posible, dando como resultado la pérdida de la consistencia que solía tener dicho individuo, mientras sonaba en la radio el poeta y el rey, provocando el habla de un viejo sobre algo que denominó amor, pero que las flores que estaban a su alrededor lo miraban incrédulas a lo que se les arrojaba, el loco con la loco y todo el mundo tan feliz por ello, venga usted a decir adiós porque cuando uno llega abandona a otro sitio, y la mayoría de las veces es imposible no recordar el camino de vuelta sobretodo cuando el callejón no tiene salida, y aún así prefiere la loca flor y el viejo rey de los poetas, liar pequeños jirones de piel y así tener algo con el que justificar el intento fallido de escalar el muro, proveniente de sus enormes aptitudes de aquello que el viejo llama Amor y las flores no entienden, pues no son viejas, evidentemente, y siguen así intentándolo mientras la elocuencia del pobre loco, que por cierto por si no lo había dicho era tartamudo, pero de una forma peculiar pues lo que le costaba era el pensar velozmente y solucionó el problema soltando el mayor número de palabras posibles, para que los demás no se puedan dar cuenta que en realidad él era la flor, o el rey de los poetas viejos.
 
Libre
Combustión espontánea
Consume despacio
El espacio
Calor des-prendido
Refresca el camino
Repleto
Árboles centenarios, perdidos,
En un bosque urbano
Vacío
Camina, flotando por la
Acera encendida,
Lava ardiente que
Quema
Camino,
Suspiro cansado del des-canso
Mira, marchita de primavera
Sobrevive el paso
Del tiempo, lento, que ocupa
El suave respiro
Desprendido, sediento
Hoja que resbala, apacible
Aire que acaricia
La falsa lágrima
De la punta de tu nariz
Cocodrilo pensante,
Chimpancé errante,
Circulando
Por el desierto
Oasis de hormigón
Paso tras pasos
Una queja más
Desgarra tu mejilla
Morada, anunciando
Un dormitar largo
Sereno
Cantar de una bocina
Solitaria
En el Asfalto
Mientras vives
Aislado de la inmundicia
Humana
Tardía, fría, tranquila
Pendientes de la colisión
Que causará
La avalancha inmigratoria
Hacia el infierno
Reuniones perdidas,
Lugares cercanos
Restringidas a almas
Rellenas de pudor
Recoges el bastón
Recorres el camino y,
Tal vez, al llegar
A la encrucijada
Puedas volver a ser
Lo que un día fuiste,
Ser inerte,

Libre.

 
Archipoema
Y
La ley
Viva entre tazas de
Un café frío y negro
Océano de inquietudes
Vislumbra
El sólo
Raro.
Caverna platónica
Muerta entre vasos de
Un licor frío y, marrón
Óxido perpetuo
Admira
La multitud
Rara.
Sala de espera
Tenue, luz brillante
Inquieta
El camino
Largo.
Panfleto, tirado en el
Suelo mojado
Día azul
Bajo la lluvia
Fuerte,
Cálida.
Y
La ley
Resucitada entre focos
Expectantes.
Infinito padecer
Espera
Momento agrio
Dulce, corto
Paseo en estaciones
Solas, rojas
Ardientes, blancas
Suspiros exaltantes
Respiros
Solitarios
Tiros, ríos
Marrones vivos en
La turbulenta multitud
Rara, sola,
Cálida, muerta.

Muertes trágicas y felices inundan los ríos de la conciencia de una ley, humana, donde licores esperan el momento de ser interceptados, ya sea por una taza de café o por una bocanada de aire fresco, estableciendo tristes cascadas de sangre, violentas muertes asistidas inconscientemente por mi propio sub-consciente.
Aturdido y confuso, piensas en el amor y en la maldad, tiras por la borda años de una vida llena de vaguedades. Mientras, te sumerges en una aventura liante y emocionante, escribes poemas mentales que llevaron al suicidio al joven; Fausto perdido en el paraíso demoniaco de la vida cotidiana, pierdes la noción de la realidad y terminas buscando un futuro incierto, que sólo se despejará cuando estés delante del silencio provocado por tu pasado.
Buscamos amantes, posiblemente atrofiados por la misma confusión, mientras en la puerta encontramos la llave bajo un cartel prohibiendo el paso por arenas movedizas.
La locura la llevamos bajo la piel, rebosando por los poros, y, basta un pequeño corte para desatarla, y todo ello, mientras se pone el Sol tras un rascacielos, y provoca un atardecer morado, definitivamente horrendo, ya que pretende engañar a corazones inestables dentro de un cerebro turbio.
Todo es un panfleto.
Todo es felicidad.
Todo es mortal.
Las palabras no resuelven los conflictos internos.
El amor surge de la indiferencia.
La amistad se fragua en un cómodo silencio eterno.

 
Mientras bajas la escalera
Mientras bajas la escalera, arropado por aquellos que no conoces pero que, aún así, te besan y te abrazan, por cariñosos y sociables, y, sobretodo, porque tú eres así, ese ser fantásticamente mitológico, terriblemente sub-urbano, una especie que, por el desgaste del tiempo, está a punto de extinguir o exterminar al resto de sus colegas, congéneres, compatriotas, y lo más importante, sociables mentecatos que lo único que desean es un abrazo y un beso, para poder recibir el calor humano necesario para provocar náuseas a un Trol.
Mientras bajas las escaleras sientes el amor impregnante que circula que circula por el ambiente y casi te dejas convencer que la primavera, sudada y pegajosa, florida y hermosa, atacada por estornudos y convulsiones, es la belleza personificada en clima.
Mientras bajas la escalera vives el esplendor de la primavera, observas la sonrisa en boca de los adolescentes, al ver alegres colegialas brincando entre rosas y chillonas mejillas, culos prietos y apretados en estrechas faldas pantaloneras, libertinos escotes rellenos de carne fresca sonrosada por el exceso de miradas y pendientes de fugarse de la prisión, coger aire fresco al pasear por un bache que les haga saltar, mientras se acompañan de sugerentes y seductores torsos desnudos, mojados y peludos y, gracias al ardor común entre pollas y polluelas despierta todo tipo de emanaciones calientes, calurosas, calentadoras y calenturientas.
Mientras bajas la escalera enamoras y eres enamorado. Enamoras a ese dócil perro lazarillo que te pone ojitos al igual que a todos los demás, y eres enamorado por esa niña mofletuda que no deja de sonreír a diestro y siniestro hasta que por fin te das cuenta que sonríe al perro.
Mientras bajas la escalera, miras, remiras y eres mirado, muchas veces sufres y no eres sufrido, te rodeas del cálido sudor, del refrescante aliento. Vuelas y eres libre dentro de tu imaginación, sin embargo, sólo puedes pensar en muerte y destrucción, una buena boca de vino, un parque solitario, el silencio suave de la voz de un amigo, mientras enciendes otro pequeño foco de cáncer y te das cuenta de cómo es de bella la dulce primavera.
Mientras bajas la escalera.