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Ser mujer de un prejubilado de banca
Cosas que le pasan a la mujer cuando a su marido le prejubila el Banco.
Sindicación
 
y como continuó.
Mi marido y yo habíamos hablado mucho para irnos preparando para afrontar la nueva situación. Sabíamos que el periodo de adaptación sería largo, 1 o 2 años, por que no es fácil que una persona acostumbrada a trabajar fuera de casa con horario de mañana y tarde, de repente tenga todo el día libre. Yo le hablaba de aficiones, tareas, cursos, cultura..etc, como dándole ideas y así sin darme cuenta, empecé a imaginar lo que yo haría si estuviera en su situación... Estos pensamientos son peligrosos por que soy consciente de que cada uno tiene su propia personalidad y sus propios objetivos en la vida. Yo soy todo actividad, él es lo contrario. Yo me ofrezco a todo y suelo complicarme la vida, la mayoría de las veces de forma agradable. Él es lo contrario. Por tanto, a mis comentarios-consejos, me respondía: Tú déjame a mi, que yo sé lo que tengo que hacer. Y oye, ya somos mayores y sabemos lo que hacemos, y además, ¿porqué no confiar en él?. Nos queremos mucho y gracias a ese amor nos sentimos capaces de soportar todos los cambios que nos vengan. Y precisamente, por ese amor tan grande que siento por él, decidí tener una buena actitud ante lo que se me venía encima, pero reconozco que tenía miedo. En parte, el miedo provenía del conocimiento adquirido sobre la forma de ser de mi marido durante los 25 años que llevamos conviviendo y de todas las historias que hemos pasado. Realmente, a lo largo de los años vas cambiando, pero existe un poso que debe estar unido a los genes de cada uno. Si eres una persona poco habladora, por mucho que te cambie la vida, aunque hables un poco más con los años, aunque te relaciones con mucha gente, todo el mundo dirá que eres de pocas palabras. Muchas de las actitudes que mi marido y yo tenemos como pareja y como personas, ya las teníamos cuando éramos novios, pero entonces como que te aguantas más. Pero claro, con el tiempo, tambien se reduce tu umbral de paciencia. En parte, ante el acontecimiento, es decir la despedida de su trabajo, me sentía partícipe de su alegría y de su entusiasmo. ¡Qué felicidad! Liberarte de horarios, presiones, atascos... Pero yo, internamente, no sentíalo mismo de cara al futuro. ¿Cómo cambiaría mi vida? ¿Sería a mejor o a peor? ¿Qué hace un marido en casa?
 
Cómo empezó todo
Todo empezó con la moda de las empresas de prejubilar a sus empleados. La noticia corrió veloz por los despachos y todos y cada uno de los trabajadores hemos soñado alguna vez con que esa situación se diera en nuestra empresa y además nos la ofrecieran. Sobre todo las mujeres, que andamos sobrecargadas de trabajo. Es un sueño dejar uno de los dos trabajos que tenemos, y como el de casa no podemos abandonarlo aunque queramos, pues soñemos con la posibilidad de dejar el trabajo remunerado. Supongo que os parecerá un comentario feminista, pero es mi realidad y, según he oido, la de muchas otras chicas. Tambien hay que tener en cuenta que solo se ofrece la prejubilación a aquellos que tienen de 50 años en adelante, como poco, con lo que ya te cogen un poco cansado. Por tanto, para que estés entre los elegidos tienes que estar en una empresa que oferte esta prejubilación, que tengas más de 50 años y por último, que te interese económicamente, ya que se reducen tus ingresos a una edad relativamente temprana. Bueno, pues de repente, un día, me di cuenta de que mi marido cumplía todas esas condiciones y que existía la posibilidad de que el Banco lo prejubilara. Bueno, para ser precisos y que nadie se eche las manos a la cabeza, a mi marido no lo paga la Seguridad Social (es decir, no de nuestros impuestos), le paga el Banco hasta que se jubile a la edad reglamentaria. Sobre todo empecé a darme cuenta de esto, cuando la conversación entre nosotros giraba en torno al MONOTEMA. No cabía otra opción, él ya lo tenía decidido: si se lo ofrecían, lo cogería. Y yo, por supuesto, le dije que le apoyaría y que contara conmigo. Y así transcurrió nuestra vida con nuestros dos hijos, nuestra gata y el MONOTEMA, que ya era como de la familia. Yo procuraba imaginarme mi vida posterior al HECHO y me decía: ánimo, fuerza y coraje. Procuré prepararme y acoger el HECHO con la mejor de mis sonrisas, pero nunca pude imaginar lo que pasaría......