Puesto en Santander
Me he encontrado en el correo del trabajo que han convocado una promoción para una jefatura en las dependencias de mi empresa en Santander y después de leer las condiciones, me parece que encajo y me voy a animar a pedirla. Mi marido y yo siempre hemos comentado que nos gustaría pasar los últimos años de mi vida laboral fuera de Madrid por que a esta ciudad ya no hay quién la soporte. Justamente, le comenté hace pocos días a un compañero de Santander que en cuanto saliera algo, que no me lo pensaba y me iba para allá. He presentado la solicitud, lo comenté en casa con él y me vino a decir, bueno, ya veremos. Es su manera de decirme que no adelante acontecimientos, por que yo lo que habitualmente hago con algo que me entusiasma es tenerlo presente a cada momento y no me lo quito de la cabeza. Se lo dije a mis hijos y a ellos les gustó la idea. Imagínate, se largan tus padres y tu te quedas a placer en casa. Bueno, les he dicho que solo ha sido una petición y que esto no es tan fácil. Ahora solo queda esperar. Profesionalmente me parece bien el trabajo, aunque un compañero me ha dicho que el puesto es un poco comemarrones, pero al fin y al cabo, es lo que vengo haciendo desde siempre. ¡Que fuerte! ya me estoy poniendo nerviosa. La verdad es que oportunidades así no salen muchas, por que casi siempre piden titulados superiores y en este caso no, solo piden la titulación media como méritos. Yo, en mi empresa, pido todas las plazas, por si suena la flauta.
Universidad
Ya tiene la nota del acceso para mayores de 25 años: 7,7 sobre 10. Muy buena nota. Ha superado el acceso y está muy satisfecho. Los demás también por que cuando estamos contentos, todo va fenomenal. Ya hace planes de futuro, ya está viendo los planes de estudios y las asignaturas del próximo curso. Mis hijos y yo nos alegramos mucho y nos fuimos a cenar para celebrarlo. Por supuesto pagó él, pero fuimos a un sitio mono pero sencillo. Me sentí muy bien, los cuatro cenando, mis hijos ya tan adultos y tan conversadores con nosotros, charlando de sus cosas y de las nuestras. Ratos como este son muy agradables. Mi marido tan orgulloso de haber conseguido superar unas pruebas que le suponen poder hacer una carrera y a la vez tener un objetivo/entretenimiento o como le llames. La verdad es que supongo que a veces se sentirá desfasado por que mis hijos y yo desarrollamos mucha actividad y él va a nuestro lado, unas veces conmigo, otras con mis hijos, y probablemente se sienta raro. Creo que no ha pensado la posibilidad de trabajar. A mi no me desagradaría, pero ya se verá como vá la cosa. De momento, está contento y eso es bueno.
Cada vez me rio menos
Sinceramente, cada vez me rio menos. Y ya no me hacen gracia sus tonterias. Cada vez que cumplimos años, acumulamos una experiencia y disfrutamos más de las cosas, yo al menos me siento así, cada vez me siento con más capacidad de hacer cosas nuevas. Y supongo que él tambien, pero a la vez, estoy cada día más cansada, trabajo mucho fuera de casa, mis hijos, aunque tienen 24 y 22 años, todavía me hablan y me cuentan sus cosas y me dan mucha tarea. Él no se da cuenta de que ya ha pasado un tiempo de adaptación y que no estaría mal que aún hiciera más cosas en casa. Pero eso es impensable y es algo que debo asumir. De acuerdo, lo asumo, pero luego cuando hablamos él y yo y quiere que me ria, pues no me hace gracia. Es decir, que no tengo humor. Sobre todo cuando veo que vemos las cosas de manera muy diferente. Por que yo, su situación de LIBERTO como yo le digo, la hubiera enfocado de otra manera. Ya he reconocido que me da envidia pero a la vez aún no he notado el beneficio para mi. En cuanto a las tareas de casa, no quiero ser ingrata pero aunque viene bien lo que hace, en realidad se limita a cuatro cosas y no amplía. Pero bueno no voy a ser quejica. Lo importante es que estamos bien y tranquilos. También podía buscarse un trabajo o algo que le suponga un ingreso, pero nada. De momento va a hacer el acceso a la universidad y va a estudiar el próximo curso. Está muy ilusionado y yo tambien, así tiene algo que sea una rutina. Pero todos estos pensamientos me rondan cuando hablo con él, y cuando hace sus bromas, yo creo que se me nota en la cara que no le voy a reir las gracias no vaya a ser que se acostumbre y cuando yo le exija algo más, me mire con cara rara, como diciendo: yo eso no lo hago que no es mi competencia.
No creo que lo vea
A pesar que al principio dije que estos comentarios los vería mi marido con el tiempo, la verdad es que creo que es mejor que no, por que se sentiría ofendido. A mi me basta con escribirlos por que es mejor así y por que es dificil desahogarse con alguien y que no te malinterprete. Incluso mi marido podría malinterpretarme. Pudiera parecer que me rio de él, pero no es así, de hecho todo lo que escribo son cosas que pienso de ahora y de siempre y no por eso he dejado de quererle, es solo que hace cosas curiosas que cuando las analizo, me hace comprenderle mejor y a estar cerca de él. Por ejemplo, es una persona que se siente observada continuamente cuando en realidad nadie le mira ni se da cuenta de que está allí. A todo esto, yo voy con él y no noto nada de particular, si acaso las miradas habituales hacia alguien que entra en un lugar. El otro día, subimos al autobús y nos situamos de pie pegados a las barras del centro, cerca de los asientos. Su mirada se cruzó con la de un señor que estaba sentado solo. El autobús arranca, y al momento el señor se levanta de su asiento y vuelve a cruzar la mirada con mi marido, el cual se pone a hacerle señas de que no con la mano, que no se levante. A todo esto sin cruzar palabra, yo le veo que le dice que no a un señor, incluso por dos veces y con ademanes de que no queríamos los asientos. Entonces el señor le dice casi extrañado, que no le estoy haciendo ningún favor, que me tengo que bajar en la próxima. Yo lo contemplé todo y me pareció asombroso como una persona que su filosofía es pasar desapercibido, de repente se cree el centro de atención por cruzar una mirada. Yo seguí a su lado como si no pasara nada, ni siquiera comentamos el tema, y seguimos charlando de otra cosa. Se siente en evidencia en muchos momentos y lo pasa fatal si tiene que entrar en un sitio que hay mucha gente y preguntar, como si todo el mundo fuera a mirarle, cuando en realidad en esos casos es cuando menos nos miran. De hecho, son cosas que ya ni hablamos pero yo tengo que hacerle muchos recados por que todavía le da corte comprar el periódico, comprar tabaco, pedir en un bar. Bueno, eso ya de pedir en un bar es horrible, me pregunta ocho veces que que voy a tomar como para tomar carrerilla para cuando le pregunte el camarero, y luego cuando le pregunta, me mira y me pregunta: ¿Que vas a querer? y al final tengo yo que pedir lo mio y lo suyo. Antes, cuando trabajaba, lo tenía como algo anecdótico pero ahora que estamos juntos más tiempo hay días que no lo soporto, por que además le encanta entrar en un bar y tomarse un cafe, pero ya para mi es un suplicio, aparte de un gasto tonto. La gente entra a tomarse un cafe y estar un rato sentados, no a pagar 1,20 euros, tomarse el cafe y salir corriendo. De todos modos, ya me estoy cansando de ciertas cosas de su forma de ser y ya no me hacen tanta gracia como antes.
Segundo problema
Bueno, me parece que a partir de ahora van a ser todo problemas. De momento no he podido escribir nada en el mes de abril por que he tenido mucho trabajo y no tuve tiempo para concentrarme en estas sinceras líneas. El día 1 de marzo, mi marido se trajo a mi suegra a casa por que se encontraba mal y había que tenerla bajo cuidades y con una limentación adecuada. Respecto de mi suegra, nada que comentar, son cosas de la edad y de la mala planificación. Además es un tema externo a la pareja que lo que hay que hacer es evitar que no afecte. Ese día me llamó mi marido alarmado de como veía a su madre y me dijo que la subía a casa para que la cuidáramos. Yo le dije que de acuerdo con la decisión que tomara y que contara conmigo. Estuvo en casa 17 días, durante los cuales se recuperó y transcurrido el periodo de recuperación volvió a su casa. Esos días fueron complicados por que mi marido actuaba sobrecogido con su madre por verla en ese estado y yo tenía que hacer de sargento para que comiera, se aseara y cumpliera con el ritmo de casa. De hecho, casi parecía que la dieta que debe cumplir se la había puesto yo y no el médico. La verdad es que supongo que mi suegra me estará agradecida, a mí personalmente, por el trabajo que tuve que hacer para ella y a su hijo por la atención que le dedicó, por que, claro, como él está en casa, pues le tocó estar todo el día con ella, haciéndola compañía. De hecho, le dije a mi marido que esta situación se había dado solo por que él estaba en casa, si no hubiera sido imposible que yo tuviera que atender a una persona mayor, estando sola y trabajando fuera de casa. Tambien mis hijos ayudaron con ella, sobre todo mi hija de 24 años. En fin que fueron unos días tensos por que, al fin y al cabo, una persona nueva en la casa afecta a las rutinas y nosotros y nuestros hijos dejamos de hacer muchas cosas por atender a esta mujer. Yo pasé días de muchos nervios por que estaba muy cansada y me parecía que no apreciaba la comida que le daba, por que a pesar de ser dieta especial, intentaba que tuviera cierto sabor, pero a veces no podía ser y se moría de asco. El caso es que esos días pasaron y parece que se ha recuperado la normalidad en mi vida, aunque eso es dificil, por que soy muy inquieta. Siempre me busco algo por que estoy pendiente de cualquier aspecto de la vida. A veces esto es un gran contraste con mi marido y puede generarnos alguna incomodidad.





