La Ley de la compensación
En los pasados agitados días, me he dedicado a comentar con los amigos más cercanos esta reciente experiencia frustrada. Por que otra cosa que me ha dolido mucho y que creo que no he podido transmitir a mi marido es que no ha comentado nada a nadie. Es como si nada hubiera pasado. En parte, lo entiendo por que ha sido para él algo raro y fuera de su espacio habitual, pero para mi ha sido distinto. De hecho, he sido yo la que ha comentado con todo el mundo lo que me ha pasado. Sobre todo con los amigos más íntimos a los que quería transmitir mi angustia. Lo he comentado de muchas maneras, a veces directamente entrando en el tema a saco y quejándome de mi propia decisión o de la imposibilidad de hacer lo que realmente te apetece o a través de subterfugios, rodeos o casi parábolas. Y de entre todas las respuestas, ha habido tres que han coincidido y sobre todo dos de ellas provienen de amigos que me importan y a los que siempre tengo en cuenta. Sus palabras de consuelo se han referido a la Ley de la compensación. Me animan a pensar que no debo bloquearme en pensamientos negativos con esta historia por que a lo largo del tiempo veré que mi renuncia puede que sea compensada en el futuro. Al tratarse de una decisión propia, de dejar pasar una "oportunidad", la vida me compensará por que lo he hecho pensando en el bien de mi familia y de nuestra armonía. Y la verdad es que la idea me gusta. Es curioso pensar que a lo largo de lo que me queda de vida laboral puede que encuentre algún huequillo donde meterme y hacer cosas interesantes. Desde luego, solo me refiero a la vida laboral, por que por la parte personal, mi vida privada, cada día tengo pruebas de esa ley de compensación: estuve cerca de mi suegra cuando murió, estoy cerca de mi marido para consolarle, estoy cerca de mis hijos que, me dá la sensación, aún me necesitan y estoy cerca de mis padres que me necesitarán. De momento, me conformo y vivo mi vida sin otra aspiración que disfrutar de los mios y no complicarme la vida. Aparte de esta bitácora, que puede que sí me complique la vida. a veces me asusto pensando el impacto que tendrá en mi marido si lee esto alguna vez. Aunque puede que no lo lea nunca. Desde luego, nadie sabe que escribo esto y yo no se lo he dicho a nadie. Si alguien lo lee será por que se lo encuentre de pasada. Asique, volveré a mi tema: la vida de un prejubilado de banca.
El roce no hace el cariño
Esta bitácora me sirve para ordenar mis ideas y a veces lo que escribo puede resultar "delicado" para mi marido pero me resulta muy útil. Por que muchas vece, el roce no hace el cariño. Estás acostumbrada a ver a tu marido pocas horas al día, con una determinada actividad laboral, que es en lo que estamos todos y de repente, todo cambia: le ves todas las horas del día que estás en casa, su actividad es estar a tu lado o hacer sus cosas, por supuesto no "otras" que puedan descargarme de trabajo. He de decir en su favor que realiza tareas domésticas, pero no como si yo estuviera en casa. Cuando digo todo esto, él se siente fatal, lo se. Está empezando a sentirse como atacado por mi y se siente minusvalorado. Cuando le rectifico alguna acción o tarea de casa, me dice: ya salió la perfecta, nunca hago nada bien, siempre me echas la bronca...etc y se enfada y se retrae. Pero claro, yo tambien lo paso mal. Debido a esta actitud que toma y a que ha sido así de toda la vida, cuando yo tengo un problema, me lo tengo que guardar por que a la segunda vez que se lo comento se satura. Y me dice con gestos y apartándose de mi, que no quiere volver a oir más del tema. Realmente, aunque ya llevamos tiempo con esta nueva convivencia, hay días que se hace dificil. Sobre todo, cuando olvido como es él y le cargo de tareas o intento hacer cosas que me apetecen y a él no. En esos casos, sus razones para no participar o actuar bajo mi guía son que cada uno de nosotros debe asumir sus tareas y que por que ha de ser él el que haga las cosas mientras los demás, es decir mis hijos, no las hacen, y que él no va a ser el criado de nadie. ¡Ya te digo!. Y sobre todo, lo que más pasmo me causa es como cuenta a los demás su experiencia: casi, casi, todos dependemos de él y yo estoy descargada de tareas., pero eso ya lo analizaré otro día por que tiene su miga.
Por desgracia, todo se supera
Estaba yo en estas, superando que me he quedado en Madrid y no me he esperado a ver si me elegían para el puesto de Santander, cuandop han empezado a suceder acontecimientos que me han hecho pensar. Por que claro, una de las consecuencias de la decisión que tomé fue dedicarme a pensar que clase de vida hubiera llevado en Santander (maravillosa) y que clase de vida llevo en Madrid (casi maravillosa). Es decir, siempre pensaba, si estuviera ahora allí, pues estaría haciendo esto o aquello y, por supuesto, siempre idealizaba el estar en Santander. Eso me hacía sufrir y era algo que no podía evitar, por que la sensación de pérdida y cobardía me tenían exclavizada. Pero como la vida sigue, pues, por desgracia, sucedieron otras cosas que me hicieron olvidarme de mis propios problemas. Mi suegra enfermó de repente, y trás una semana en el hospital, murió. Fué una experiencia muy triste para mi marido y para mi tambien. Entonces empecé a pensar que por lo menos estuve con ella en sus últimos momentos y que si hubiera estado fuera no habría podido acompañarla y además no hubiera sentido tanta pena por la pérdida de un ser tan cercano. Pude estar con mi marido y ayudarle en todo lo que pude. Por otro lado, miraba a mi familia, a mis hijos, a mis padres y pensaba: la verdad es que creo que me necesitas por que mis hijos están a medio "criar" si se puede decir eso de una chica de 25 años y de un chico de 22, pero les falta el último empujón. Y mis padres están bien, dentro de lo que cabe, pero ahora es cuando empezarán a salirles muchas averías y hay que estar preparada para dedicarles tiempo. Y así con esos pensamientos me he ido consolando todo lo que he podido. Otra cosa que ya he ido superando es a hablar del desperdiciado cambio de situación con mi marido. Por que los primeros días, como me veía tan nerviosa por haber truncado la posibilidad de ser elegida, pues se cerró en banda y no abría la boca. También él empezó a sentirse culpable y evitaba el tema para que no le saliera yo por peteneras. Pero justamente, eso es lo que más me duele a mí, el no poder hablar del tema. Asique poco a poco, he ido metiendo en nuestras conversaciones eso de: y si yo hubiera podido estar en la selección, quizás...., o eso de: en esta ocasión, he puesto por delante vuestros intereses, pero la próxima ocasión de promoción que se me presente en la empresa, coy a poner por delante los mios, y vosotros tendreis que estar a mis intereses. Bueno, parece que ahora ya lo hemos entendido todos y ya veremos que depara la vida.





