logotipo

img_google
Ser mujer de un prejubilado de banca
Cosas que le pasan a la mujer cuando a su marido le prejubila el Banco.
Sindicación
 
Broncas
El caso es que yo tengo mi caracter, como cualquiera, pero como soy muy organizadora, también soy mandona. Quiero que todos hagan las cosas como yo creo que deben hacerse. Al principio de la prejubilación, yo quería que mi marido hiciera las cosas como yo quería, es decir como yo las había hecho durante los 28 años que llevábamos viviendo juntos. Yo creía que sólo podían hacerse así. Bueno, trás varios tirar y aflojas, él me convenció de que hay varias maneras de hacer una misma cosa, y que la mía no tiene por que ser la mejor ni la única. De acuerdo. Creo que en esos caso, ya no echaba la bronca, como él me decía. Probablemente, estaba muy regañona, aunque nunca he dejado de quererle y he procurado que la adaptación a su nueva vida no tuviera mayores consecuencias en nuestro matrimonio, que entiendo que está bien fundamentado. Pero claro, yo me pregunto, ¿Hasta cuando debo mantener el periodo de adaptación? Cuando educas a un hijo, le repites las cosas un millón de veces, pero acepta tu posición de autoridad y además a la vez un millón uno hace la cosa bien. Pero cuando estás ayudando a tu marido prejubilado, empezando cuando él tiene 50 años y cuando sigues ayudando a tu marido cuando tiene 52, resulta que ni él acepta que tu seas más que él, ni siquiera a través de tu experiencia, y además es cansino que alguien te repita lo mismo, durante dos años, como si fuera una regañina. Total, que si le digo algo que ya le he dicho otras veces, pues mi tono de voz es más agudo, y por tanto es "regañina" y su reacción es enfado y además ya no hago más. Tengo una posición dificil cuando veo que alguna tarea que pensaba que ya estaba resuelta, vuelve a presentarse. Bueno, intento tener paciencia, pero yo también estoy muy cansada y me tomo estos olvidos como desatenciones hacia mi persona, como que nadie valora lo que hago y que por supuesto, nadie quiere tomar mi testigo, por que es mucho trabajo. La pena es que si me muriera ahora, cogerían una asistenta para la casa y ellos aprenderían a cocinar y a hacer la compra. Siento decirlo así pero es que estoy un poco baja de moral.
 
Repetir las cosas
Pues vamos solo regular, por que las cosas se están complicando. Como mi marido ha estado estudiando y dedicado a su carrera universitaria (me resulta curioso decirlo, por que me siento como si yo me dedicara SOLO a trabajar fuera y dentro de casa, en fin!) pues ha pasado una época en la que no ha colaborado en casa como antes y ahora le está costando coger el ritmo. De momento lo que observo es que le gusta más la actividad intelectual que la doméstica, y ahora se ha planteado para hacer este verano un catálogo de libros y música. Me parece fenómeno por que yo tengo preparadas dos bases de datos de libros y música y no consigo meterle mano, por que no llego al ordenador, siempre acabo en la cocina. Pues nada, ayer mismo se ha puesto manos a la obra. Y en este caso, ¿Que tengo que objetar?. Pues que ocupa su mente en estas cosas y luego, cuando yo llego a casa de trabajar, me saluda, me cuenta y mientras yo me dirijo a la cocina a buscarme la comida por que no dejé nada hecho del día anterior y mientras abro el frigorífico, a ver que hay, me mira con ojitos de querer, de querer comer y le pregunto: ¿Has comido? y me dice que no, que me estaba esperando. ¿Esperando, para qué, para que te haga la comida? le pregunto y me dice que para comer juntos. ¿pero, es que no has visto que no había nada preparado y no se te ha ocurrido hacer algo para los dos? le digo, y me contesta que sí se había dado cuenta y que había pensado un algo, pero que como soy muy especial con mis dietas por si acaso no era de mi agrado y le echaba la bronca, que no ha hecho nada. Me quedé frita: A estas altura de nuestra vida, después de dos años de prejubilado y trás sucesivas conversaciones con él sobre el tema de la comida, que se pueden ver en artículos de 2006, todavía no toma la iniciativa, es como si se hubiera desentrenado. En cuanto se habitúa a una tarea doméstica, si existe un periodo que le altera la repetición, volvemos al principio. Total, que aparece mi hijo de 23 años y me dice que le ayude a algo, y le contesto que no puedo por que tengo que hacer la comida para su padre y para mí. Y me dice que por qué tengo que hacer eso cuando él se ha hecho su comida. Es decir, mi hijo, al menos, ya ha aprendido que cuando tiene hambre, debe mirar en el frigorífico y si no ve nada, coge lo que puedas y búscate la vida. Mi marido piensa en clave de pareja: No hay nada, si cocino algo, me toca comer solo. Espero a que venga ella y comemos juntos. Pero en el camino se le ha olvidado una parte: Cocino para los dos y me espero a que venga y comemos juntos.
 
Asistenta
Bueno, antes de seguir quejándome, tengo que decir que me he quedado sin asistenta. Este es otro hecho lamentable que a una mujer trabajadora le afecta en lo más hondo. La asistenta ha decidido tener otro tipo de trabajo más estable que el de limpiar casas, lo cual me parece estupendo por que es lo mejor para ella. Mientras decidía que hacer, si buscar otra persona o que, pues mi hija me dijo que ayudaría en casa y mi hijo y mi marido algo dijeron. Así pues, me animé a no traer a nadie extraño a casa y limpiar entre todos. Pero eso no funcionaba muy bien, por que si yo tengo que centralizar todo durante la semana y además irme los fines de semana a la casa de la sierra, pues no me quedan días libres. Así que de vez en cuando, mientra le salía otro trabajo mejor a esta mujer, venía algún sábado a casa a limpiar por que durante la semana trabajaba en un almacén. Entonces protestaba mi hijo por que decía que era el día en el que se quedaba en casa durmiendo y el ruido de la asistenta le molestaba. Yo le decía que se aguntara. Después la asistenta se quedó sin trabajo, y le dije que viniera entre semana. Yo la avisaba puntualmente para que coincidiera con alguno de los míos en casa, ya que no pensaba darle la llave de mi domicilio de manera permanente, si no que cada vez que viniera, le abrieran la puerta. Pero un día falló el sistema: por un lado la asistenta que no se entera por que recibe llamadas mías en su móvil y no las contesta por no gastar, y después que cuando llama la asistenta a casa, evidentemente a deshora y cuando yo no estoy, mi marido le dice que no hace falta que venga. Total, que me cabreé con los dos, a la asistenta le dije que no la llamaría más por que no nos ponemos de acuerdo y con mi marido por decirla que no hace falta que venga. Claro, como hago yo la limpieza, si la hiciera él con la misma intensidad que yo, ya verías como la hubiera dicho que viniera cuanto antes. Y lo que ocurre es que lleva varios años acostumbrada a no tener que hacer la limpieza de casa, que ahora no encuentro tiempo ni fuerzas para dicha tarea. De momento, la única que trabaja para la casa es mihija, por que mi marido y mi hijo están estudiando. Ya les espero este verano, cuando hayan terminado la universidad, a ver que hacen.
 
Descentrada
La verdad es que estoy dencentrada y no se por que, o al menos no se a que atribuirlo. Quizás a todo o quizás a nada. Mientras que yo hago las tareas doméstica o cualquier otra cosa, él está en casa dedicado a sus cosas, recogiendo apuntes, leyendo y cuando paso por su lado, con el friegasuelos en la mano, el delantal puesto y sudando por la actividad, me mira sonriendo con arrobo, como diciendo: ¡Cuanto te quiero!. Y yo le miro con indiferencia, por no mirarlo con desprecio, por que sería muy desagradable. De todos modos, él lo nota. Evidentemente, no estoy cariñosa en esos momentos ni en toda la tarde y el hombre está detrás de mí para tocarme la mano o acariciarme. Pero es que no se dá cuenta de que lo que espero de él no son caricias sino TRABAJO. Tío, trabaja en casa, que si tu vienes de un exámen, yo tambien vengo de quemarme las pestañas delante de un ordenador, que me levanto a las 6:30 de la mañana, y que no paro de trabajar en todo el día, y que estoy agotada. ¡Como se lo puedo decir sin que se enfade! Todo lo que yo le diga de hacer tareas se lo toma como un ataque personal y me dice que ya hace muchas cosas y que no es para tanto. En fín, que me encuentro rara por que no puedo dejar de hacer las cosas de casa, cuando las hago trabajo de mala leche y a última hora estoy que no me aguanto ni yo. Yo siempre he hecho las tareas de casa con mucha alegría y voluntad, pero no hay nada más contraproducente que estar limpiando los muebles de la cocina y que tu marido prejubilado que está sentado a la mesa diga: bueno, me voy para no molestar. Pero si nadie te ha dicho que molestes, lo que te estoy diciendo con la mirada es que me ayudes. ¿No te doy pena?.
 
A destajo
Bueno, hoy lo voy a dedicar a quejarme más de lo habitual. Estoy agotada. Cada día hago más cosas, tanto en casa como fuera. Ayer mismo, cumplí con mi horario en el trabajo, limpié la casa, hice, la cena, la comida del día siguiente, puse una lavadora, atendí al cerrajero que vino a dar un presupuesto para la comunidad de vecinos, hablé con el administrador y un vecino, le redordé a mi marido que hoy tenemos dentista (yo le acompaño y le concierto la cita) y le indiqué a mi hijo que le había concertado hora en el taller para que llevara su coche en cuanto acabe los exámenes. Me duché, cené y vi una película para distraerme. A todo esto, cuando yo despliego mi actividad, mi marido se retrae. Ayer acabó sus exámenes y vino tan contento. Yo le entiendo: en ese momento él quiere que yo me siente a comentar con él todo lo que ha sufrido con los exámenes y que luego nos demos una vuelta juntitos y tran tranquilos. Pero no entiende que no podemos estar perdiendo el tiempo, que cada semana tiene unos compromisos y que si además viernes, sábado y domingo nos vamos a la casa de la sierra, hay que hacer cosas en la casa de diario y no podemos estar pensando en las musarañas. Él lo deja todo para luego, y así no se lleva una casa, por que cuando él deja las cosas para luego, cuando llega ese luego, me encuentro con mi trabajo, con el suyo y con el de todos. Ayer se quejaba un compañero de trabajo diciendo que él hace la compra y que hace otras cosas y que su mujer no trabaja y que vive muy bien. Y yo le contesté: igual que mi marido. Se quedó de piedra. Ahora, cada vez que oigo a un hombre quejarse, tengo argumentos para callarle la boca. Con un hombre prejubilado en casa y yo trabajando dentro y fuera de casa, puedo dar ejemplos muy variados.
 
Dos lavavajillas
Tenemos dos casa, una en la ciudad y otra en la sierra. Mi prejubilado marido va conociendo poco a poco a los electrodomésticos. Le ha costado conocer a los de la ciudad, con que a los de la sierra le cuesta un poco más. Este fin de semana ocurrió una cosa graciosa, puse la máquina friegaplatos a última hora, mientras nos preparábamos para marchar y cuando oí que habia acabado, le grité: ya ha terminado, recoge el lavavajillas y nos vamos. En esto que no oia movimiento, solo un silencio sepulcral. Temiéndome lo peor, le dije: Que pasa, ¿hay algún problema? y me contestó: Es que no se si ha acabo o no, no lo veo. Añadí: Quizás si miras a la luz roja que está al lado de la palabra FIN te orientes algo. Vaya es verdad, me dijo. Pero bueno, le dije riendo, ¿Que esperabas, que la máquina se manifestara pro si misma?. A veces, me resulta increible ver a mi marido y a veces a mi hijo, mirar los electrodomésticos con incredulidad y sobre todo esperando una señal, como si la máquina fuera a orientarles. No la mires, busca en el panel alguna luz o palabra escrita que te oriente. La máquina friegaplatos de la ciudad ya está dominada, aunque le falla el orden para colocar los platos y vasos y sobre todo el tema de los cubiertos: ¿Por que tienen que ir hacia arriba, si es mejor ponerlos hacia abajo? Realmente, como en todo, yo me pregunto, si yo he podido leerme un folleto de puesta en marcha y uso de cada electrodoméstico que hay en casa y asimilar su funcionamiento, ¿por qué él no puede asimilar las explicaciones que le doy? Por que se piensa que lo hago para fastidiarle, pero no es así, le repito las cosas para que asimile el correcto funcionamiento como me ha tocado hacerlo a mí. Si yo puedo, él también.
 
No bajar la guardia
Procuro no bajar la guardia para mantener el tono de trabajo. Por que según se aproximan las vacaciones de la Universidad, la cosa va cambiando. Ahora mi marido lleva el ritmo de los estudiantes. Lleva dos meses haciendo trabajo a toda pastilla y dedicándole todo el tiempo del mundo. Siempre en el cuarto del ordenador, con sus pitillos y el portatil encendido, rodeado de libros. Y lo que hasta ahora hacía: NADA, NO TIENE TIEMPO. Vive absorbido por los estudios, ya no sale para recoger lavadoras, tenderlas o planchar. Es decir, que lo que había conseguido realizar en casa, ahora, en este periodo ha dejado de hacerlo. Evidentemente, al contrario que cuando lo empezó a hacer, que lo anunció a bombo y platillo, ahora ha dejado de atender esta tarea en silencio. Yo me he dado cuenta, evidentemente y también en silencio, me he puesto a planchar. Él me ha visto planchando pero como sabe que no le puede dedicar tiempo, pasa resoplando a mi lado, como dieciendo. Hay que ver, que mal voy de tiempo. Así pues, menos mal, que sigo con mi marcha. No merece la pena discutir ni presionarle por que veo que le cuesta centrarse y bueno, entiendo que es este periodo y que luego entre él y mi hijo, que está igual, voy a pasar un verano increible. Harán la comida, la cena, la colada, plancharán, se recogerán sus habitaciones. Yo solo me limitaré a hacer la compra semanasl, la del supermercado, limpiar la casa y recoger mis propias cosas. ¿Será verdad esto?