Improvisar
Y no digamos nada sobre la improvisación. Si tengo en mente ocho cosas, a veces pienso en hacer una y de camino a ese sitio voy variando mi plan y sobre la marcha, hago cinco cosas que no tenía pensado. Pues en ese caso, si voy con mi marido prejubilado, no admite cambios, no deja margen a la improvisación por que entonces vamos a algún sitio no previsto que hace que nos entretengamos más y eso no lo admite. Sobre todo si la improvisación consiste en entrar en algún sitio a preguntar algo que le parece una bobada o incluso mantener una conversación con alguien en alguna oficina, lo que significa que yo me entretengo, dejo de estar con él y le resto tiempo del paseo. Total que a veces, cambiar de planes se convierte en un sinfin de explicaciones, muchas veces vagas e inconsistentes, por que si te paras a pensar, muchas cosas las hacemos siguiendo un impulso y claro como va conmigo en esos momentos, me para en seco y se pone a razonar conmigo el por qué hago las cosas. Y eso es desesperante, por que la mitad de las veces me resulta imposible explicar por qué hago las cosas y entonces quedo como una mema. La verdad es que no quiero darle la vulta a la discusión cuando pasa eso por que la pregunta se volvería hacia él: Ya que vienes de acompañante, respétame en lo que haga y no protestes, que además de todo el trabajo que tengo que hacer, además tengo que explicarlo y eso no me parece justo. ¿Te pregunto yo a tí que haces durante la mañana? ¿Te pido que me razones tus no actividades? Me siento fatal cuando pienso esto o cuando discutimos por los cambios de planes pero está perdiendo la capacidad de improvisar, que es algo que hace todo el que trabaja fuera de casa en una gran ciudad y cuando no tienes nada de tiempo, por que es la única manera de aprovecharlo. Total, que si voy con él, tengo que dejar de hacer muchas cosas para que no monte el lío, y mi actividad se reduce a una o dos cosas, para no cambiar muchos los planes.
Verbalizar
Desde que mi marido está prejubilado pasamos muchas horas juntos. En realidad, menos las que duermo y las que estoy en el trabajo, el resto de horas del día, todas estoy con él. Aprovechamos y vamos juntos a los recados, a pasear, a visitar a amigos y familiares, de compras, bueno esto último sólo si es por el centro de Madrid o al supermercado, por que a la compra semanal del mercado no viene. ¿Que ventajas tiene esto? Pues que a pesar de que son muchas horas, como por suerte creo que tenemos buena base, pues nos aguantamos bastante. Además es muy agradable tener a alguien siempre contigo y más si es alguien tan querido. Pero, ¿Cuales son los inconvenientes? Pues varios, uno de ellos es que tengo que verbalizar cualquier actividad que deseo hacer, y si es posible para que me entienda mejor mi marido, por orden cronológico. Y esto a veces, es muy dificil. Es decir, antes de salir, le tengo que informar de lo que quiero hacer, explicarlo, razonarlo y dar el orden de las tareas. A esto lo llamo yo verbalizar, por que lo que yo antes pensaba, me organizaba mentalmente y decía a mis hijos, a las cuatro de la tarde: "Oye, que me voy a hacer unos recados, volveré antes de cenar", ahora significa un esfuerzo mental tremendo, por que tengo que explicarle por qué y para qué. No le vale muchas veces simplemente salir, incluso si pregunta mucho le doy la opción de no venir, que tampoco es nada importante, que sólo voy a hacer cosillas, pero como quiere que vayamos juntos, a veces cualquier recado se convierte en una bronca, por que yo no me explico bien, o por que considera la actividad una tontería. Al final acabo por decirle, será una cosa tonta pero es lo que suelo hacer. Hay muchas tardes que tengo la sensación de que me utiliza para salir de casa y luego las cosas no salen como él pensaba y se mosque conmigo, pero yo no tengo la culpa, a mi me va bien como yo hago las cosas, no tenemos por que ser gemelos.
Días para mis padres
He pasado un mes y pico sin escribir nada en el blog por que he estado muy ocupada con mis padres. Mi padre falleció el pasado 19 de julio y por ese motivo he estado centrada en otras tareas y apenas he podido pensar en otra cosa, sobre todo por la ayuda que he podido prestarles y que me ocupaba mucho tiempo. En este caso, he de decir, que la compañía de mi marido ha significado mucho para mi, por que ha estado cerca de mi. En los momentos más difíciles, ha estado en un segundo plano pero visible por si le necesitaba. Eran momentos de vivir junto a los hermanos y mi madre, y yo siempre le veia por allí cerca, rondándome y muy atneto. Por un lado, casi le eché de menos por que no estaba acostumbrada al hecho de tenerle cerca y no hacerle caso. Pero bueno, se ha portado muy bien conmigo. Hace un año, el 15 de junio de 2006 murió mi suegra y yo procuré hacer lo mismo con él y sus hermanos, ayudarles, estar cerca y no ser un estorbo. En ese caso, como mi suegro ya no vivía, al morir su madre se cerró una etapa de su vida y comenzó una nueva, sobre todo con respecto a sus dos hermanos. La que necesitó ayuda y compañía fue mi suegra y como mi marido estaba prejubilado, era él el que podía estar más pendiente que yo. En ocasiones anteriores, cuando trabajábamos los dos, yo era la que llevaba a su madre al médico, a urgencias, la que bajaba a verla y la daba conversación hasta que él venía. Pero el último año de vida de su madre, mi marido le hizo mucha compañía. Pero ahora, con la muerte de mi padre, se nos abre otra etapa completamente diferente: la de atender a mi madre y pasar a tenerla en cuenta en nuestras actividades o al menos en algunas de ellas, y a eso no está muy dispuesto. Él ahora se encuentra en una situación rara, por que como está en casa, cualquier compromiso que yo pueda adquirir con mi madre o hermanos, le afecta directamente a la gestión de su tiempo. De todos modos, el tema de mi familia quedará de momento apartado de mis reflexiones de mujer de un prejubilado, y volveré sobre la gestión de su tiempo que es lo que ahora me preocupa.





