Universidad
Entre los planes que ha hecho mi marido para su nueva etapa en casa está el ir a la Universidad. Durante el curso pasado ha hecho un curso de acceso para mayores de 25 años y ha superado la prueba con buena nota. Por fin está en la Uni. La carrera que ha elegido es Geografía y está animado, aunque cuando hace ciertos comentarios, yo le puntualizo que la Universidad no es un suministrador de vieajes ni le van a dar un puesto de trabajo. Él ya se imagina ayudando a los profesores o colaborando, gratis por supuesto, con expediciones geográficas. El caso es que mis puntualizaciones no le hacen mucha gracia, pero a veces le dá a sus planes un aire de gran empresa que me cansa un poco. Comprendo que lo hace para animarse y para darse una motivación, pero me siento un poco rara, metida en mi rutina diaria, sin apenas tiempo para tener objetivos ni tiempo libre. Me siento como una exclava de la gente de micasa y es poque ya llevo muchos años dedicada a la familia. Mientras los hijos han sido pequeños, yo me hededicado a atenderlos, llevarlos al médico, al colegio, a estar con ellos por las tardes, a comprarles ropa, hacerles la comida, limpiar la casa, y además mi trabajo fuera de casa en la oficina, mientras mi marido estaba tambien en su trabajo y llegaba tarde a casa, de tal manera que se encontraba las cosas hechas. De alguna manera, cubría su falta de tiempo con un sobreesfuerzo mio. Ahora ha pasado el tiempo, las situaciones laborales cambian, además somos más viejos, y resulta que yo sigo haciendo lo mismo. Él es el único que ahora mismo está haciendo lo que quiere. Se ha planteado esta prejubilación como un premio a su vida y se está dedicando a hacer cosas variadas. Ya he dicho que hace tareas de casa, pero solo con escucharle los grandes planes que tiene en la Universidad, pues me parece que hay algo que se le escapa. Ya le he puesto de manifiesto que YO ESTUDIÉ UNA CARRERA UNIVERSITARIA DURANTE LAS TARDES y DURANTE 6 CURSOS, mientras trabajaba y mientras atendía sus necesidades domésticas, con mayor o menor fortuna. Por tanto que no me cuente milongas. Tanto a mi hijo, estudiante universitario como a mi marido, les he dicho que no me toquen las narices que yo sé perfectamente de que me están hablando.





