Dos lavavajillas
Tenemos dos casa, una en la ciudad y otra en la sierra. Mi prejubilado marido va conociendo poco a poco a los electrodomésticos. Le ha costado conocer a los de la ciudad, con que a los de la sierra le cuesta un poco más. Este fin de semana ocurrió una cosa graciosa, puse la máquina friegaplatos a última hora, mientras nos preparábamos para marchar y cuando oí que habia acabado, le grité: ya ha terminado, recoge el lavavajillas y nos vamos. En esto que no oia movimiento, solo un silencio sepulcral. Temiéndome lo peor, le dije: Que pasa, ¿hay algún problema? y me contestó: Es que no se si ha acabo o no, no lo veo. Añadí: Quizás si miras a la luz roja que está al lado de la palabra FIN te orientes algo. Vaya es verdad, me dijo. Pero bueno, le dije riendo, ¿Que esperabas, que la máquina se manifestara pro si misma?. A veces, me resulta increible ver a mi marido y a veces a mi hijo, mirar los electrodomésticos con incredulidad y sobre todo esperando una señal, como si la máquina fuera a orientarles. No la mires, busca en el panel alguna luz o palabra escrita que te oriente. La máquina friegaplatos de la ciudad ya está dominada, aunque le falla el orden para colocar los platos y vasos y sobre todo el tema de los cubiertos: ¿Por que tienen que ir hacia arriba, si es mejor ponerlos hacia abajo? Realmente, como en todo, yo me pregunto, si yo he podido leerme un folleto de puesta en marcha y uso de cada electrodoméstico que hay en casa y asimilar su funcionamiento, ¿por qué él no puede asimilar las explicaciones que le doy? Por que se piensa que lo hago para fastidiarle, pero no es así, le repito las cosas para que asimile el correcto funcionamiento como me ha tocado hacerlo a mí. Si yo puedo, él también.





