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Ser mujer de un prejubilado de banca
Cosas que le pasan a la mujer cuando a su marido le prejubila el Banco.
Sindicación
 
Arreglos
Casi, que debido a mi caracter, lo que más me inquietaba era la facilidad con la que se había adaptado a no hacer nada. Por que en realidad, tampoco tenía grandes planes, sino dejar pasar el tiempo, a ver que nos trae... Y claro, le veíamos leyendo, viendo la tele, paseando, yendo a la biblioteca, escuchando música, navegando por internet, jugando al solitario en el ordenador, en fin, esas cosas, que empezamos a pensar que necesitaba nuestra ayuda y guía. Es decir, empezamos a darle ocupaciones pensando que se aburría. Además, tambien parecía predispuesto, o al menos, eso nos pareció. Asi que, cuando se estropeó la cerradura de la puerta de casa, llamé al cerrajero. Sabiendo que estaba mi marido en casa, cuando el cerrajero me indicó que pasaría a primera hora a repararla, pensé: ¡Que bién!, por fin no tengo que pelear para conseguir que vengan a casa a la hora que a mi me conviene, que suele ser por la tarde y que es la hora a la que a los operarios nunca les viene bien. Así que, lo apañé con el de la cerradura y cuando llegué a casa le dije a mi marido: Mañana vendrán a reparar la puerta sobre las 10 o así. Les dices lo que le pasa, que la arreglen y le s pagas. En ese momento, su cara fue en poema: ¿Con quién has contado? ¿Como sabes que no tengo algo que hacer? ¿Y si tuviera que salir?. Me quedé de piedra. Yo entendía que él entendería que al estar en casa, una de sus ocupaciones, podría ser la de atender a todos lo que tienen que venir a casa a hacer algo. Pero resultó que esa ocupación no le satisfacía. ¡Toma, ya te digo! Ni a mí tampoco. Ni se imagina mi marido lo que es recibir en casa a un cerrajero cabreado despues de obligarle a que venga por la tarde, cuando tu casa le queda fuera de la ruta organizada. Yo, además de ama de casa, tambien trabajo fuera y cuando llego a la tarde, estoy tan cabreada como el cerrajero, y sobre todo, cuando me pasa la factura por el arreglo. Bueno, pues eso es lo que experimentó mi marido cuando vió la factura. Y cuando yo llegué, además de darme la charla por haberle cargado con el ingrato encargo de atender al operario, también me echó la charla por no haber contado con él para esta clase de reparaciones, por que, señores: ahora, me proponía que podría realizar todos estos arreglos caseros. Ahí ya no dije nada. A través de mi experiencia, puedo afirmar, que a mi marido y a mi voluntad de manitas, no nos falta, pero somos un poco desastres. Por eso me quedé sorprendida, no por otra cosa. Pero esa conversación no quedó ahi....
No