A destajo
Bueno, hoy lo voy a dedicar a quejarme más de lo habitual. Estoy agotada. Cada día hago más cosas, tanto en casa como fuera. Ayer mismo, cumplí con mi horario en el trabajo, limpié la casa, hice, la cena, la comida del día siguiente, puse una lavadora, atendí al cerrajero que vino a dar un presupuesto para la comunidad de vecinos, hablé con el administrador y un vecino, le redordé a mi marido que hoy tenemos dentista (yo le acompaño y le concierto la cita) y le indiqué a mi hijo que le había concertado hora en el taller para que llevara su coche en cuanto acabe los exámenes. Me duché, cené y vi una película para distraerme. A todo esto, cuando yo despliego mi actividad, mi marido se retrae. Ayer acabó sus exámenes y vino tan contento. Yo le entiendo: en ese momento él quiere que yo me siente a comentar con él todo lo que ha sufrido con los exámenes y que luego nos demos una vuelta juntitos y tran tranquilos. Pero no entiende que no podemos estar perdiendo el tiempo, que cada semana tiene unos compromisos y que si además viernes, sábado y domingo nos vamos a la casa de la sierra, hay que hacer cosas en la casa de diario y no podemos estar pensando en las musarañas. Él lo deja todo para luego, y así no se lleva una casa, por que cuando él deja las cosas para luego, cuando llega ese luego, me encuentro con mi trabajo, con el suyo y con el de todos. Ayer se quejaba un compañero de trabajo diciendo que él hace la compra y que hace otras cosas y que su mujer no trabaja y que vive muy bien. Y yo le contesté: igual que mi marido. Se quedó de piedra. Ahora, cada vez que oigo a un hombre quejarse, tengo argumentos para callarle la boca. Con un hombre prejubilado en casa y yo trabajando dentro y fuera de casa, puedo dar ejemplos muy variados.





