en el bordillo de la acera
Sentada en un bordillo de la calle, sola, me pongo a pensar en todas las cosas que he hecho en el pasado. Y me siento sola, completamente sola. A pesar de la cantidad de gente que transita en ese momento por esa calle me siento sola.
No he hecho nada especial, ni importante y no he ganado nada. Y no me refiero solo a lo material. No he ganado ninguna amistad, ni ningún amor y desde luego no me siento realizada. Sí, lo sé debería moverme y empezar a hacer cosas en vez de quedarme aquí sentada compadeciéndome de mi misma. Debería levantarme y comenzar una revolución. Debería irme a ayudar a un país del tercer mundo, debería plantarme delante de los jefes de gobierno o de cualquier ricachón y así creer que he salvado el mundo.
Pero no lo haré. Por que en vez de eso estoy aquí sentada pensando en que no he hecho nada en mi vida que valga la pena. No lo haré porque no es mi estilo, porque en vez de eso prefiero ver la tele o escuchar música o plantarme en un mundo imaginario y utópico en el que todo sale bien y todo el mundo es feliz. Porque al fin y al cabo así es como nos gustaría vivir a todos. Porque a pesar de no estar conectada con esta mierda de realidad así consigo instantes de felicidad. Aunque sea una mierda y un mezquindad. Aunque sea una ilusa y una fantasiosa. Sí, me he imaginado cantando como Janis Joplin, o acompañando a Kurt Cobain en sus últimos días. Hasta me he paseado por los más grandes e importantes festivales de música y cine. He ganado el premio del jurado en Cannes y el del público en Sundance. He ganado tres Oscars al mejor guión, a la mejor directora y a la mejor película. Y la gente se ha quedado flipada con mi película y se ha prendado de mi. Todos los grandes actores del celuloide me desean, como amante o como directora, pero todos me quieren. Desde Elijah Wood a Robert De Niro pasando por Edward Norton y Al Pacino. Incluso Sean Penn quiere hacer una peli conmigo.
Las mujeres también me adoran porque no soy una modelo de 1'80 con voluptuosas curvas y no voy por la vida como si fuera una diva. Soy sincera. Y por eso la gente me quiere. Porque no voy de nada. Porque no soy nada. Y no me importa porque realmente para la gente nadie es nada. Lo único que nos importa son las personas que queremos y como ya las queremos tal y como son, no necesitamos que sean nada.
He sido entrenadora del Real Madrid y he ganado la Champions, la intercontinental y la liga en la misma temporada. Y he jugado y entrenado con los mejores jugadores. He sido amiga de Butragueño, Laudrup, Raúl y Zidane. He visitado a Gasól y a Raúl López en Memphis y en Utah, he comido con ellos e incluso me he ido de vacaciones con ellos. Rafa Pascual ha sido mi profesor de voleibol. Y he visto como Magüi Serna y Ruano les bajaban los humos a las Williams. He recorrido con Fernando Alonso todos los premios del Mundial y me he llenado del champán de la botella al terminar campeón del mundo. He saltado de ilusión al ver que Sete ha ganado a Rossi y Pedrosa ha sido campeón del mundial y Pablo Nieto ha ganado su primer mundial. Y he gritado y abrazado a mi familia y gente desconocida, y he saltado, y he cantado cuando la selección española de fútbol ha ganado el mundial frente a Argentina después de derrotar a Francia dos años antes en la Eurocopa. Y en todos esos momentos he sonreído, he reído, he sido feliz. Aunque solo fuera en mi imaginación. He sido feliz.
Pero en realidad no he hecho nada. Y dudo que lo vaya a hacer. Porque no es mi estilo y no creo que para ser feliz tengas que triunfar y ser alguien importante. Creo que se puede ser feliz sin ser importante. Y se pueden lograr grandes cosas sin triunfar. Pero son solo pensamientos que acuden a mi cabeza mientras estoy aquí sentada en el bordillo de la acera de enfrente de mi casa esperando a que alguien me haga compañía.
No he hecho nada especial, ni importante y no he ganado nada. Y no me refiero solo a lo material. No he ganado ninguna amistad, ni ningún amor y desde luego no me siento realizada. Sí, lo sé debería moverme y empezar a hacer cosas en vez de quedarme aquí sentada compadeciéndome de mi misma. Debería levantarme y comenzar una revolución. Debería irme a ayudar a un país del tercer mundo, debería plantarme delante de los jefes de gobierno o de cualquier ricachón y así creer que he salvado el mundo.
Pero no lo haré. Por que en vez de eso estoy aquí sentada pensando en que no he hecho nada en mi vida que valga la pena. No lo haré porque no es mi estilo, porque en vez de eso prefiero ver la tele o escuchar música o plantarme en un mundo imaginario y utópico en el que todo sale bien y todo el mundo es feliz. Porque al fin y al cabo así es como nos gustaría vivir a todos. Porque a pesar de no estar conectada con esta mierda de realidad así consigo instantes de felicidad. Aunque sea una mierda y un mezquindad. Aunque sea una ilusa y una fantasiosa. Sí, me he imaginado cantando como Janis Joplin, o acompañando a Kurt Cobain en sus últimos días. Hasta me he paseado por los más grandes e importantes festivales de música y cine. He ganado el premio del jurado en Cannes y el del público en Sundance. He ganado tres Oscars al mejor guión, a la mejor directora y a la mejor película. Y la gente se ha quedado flipada con mi película y se ha prendado de mi. Todos los grandes actores del celuloide me desean, como amante o como directora, pero todos me quieren. Desde Elijah Wood a Robert De Niro pasando por Edward Norton y Al Pacino. Incluso Sean Penn quiere hacer una peli conmigo.
Las mujeres también me adoran porque no soy una modelo de 1'80 con voluptuosas curvas y no voy por la vida como si fuera una diva. Soy sincera. Y por eso la gente me quiere. Porque no voy de nada. Porque no soy nada. Y no me importa porque realmente para la gente nadie es nada. Lo único que nos importa son las personas que queremos y como ya las queremos tal y como son, no necesitamos que sean nada.
He sido entrenadora del Real Madrid y he ganado la Champions, la intercontinental y la liga en la misma temporada. Y he jugado y entrenado con los mejores jugadores. He sido amiga de Butragueño, Laudrup, Raúl y Zidane. He visitado a Gasól y a Raúl López en Memphis y en Utah, he comido con ellos e incluso me he ido de vacaciones con ellos. Rafa Pascual ha sido mi profesor de voleibol. Y he visto como Magüi Serna y Ruano les bajaban los humos a las Williams. He recorrido con Fernando Alonso todos los premios del Mundial y me he llenado del champán de la botella al terminar campeón del mundo. He saltado de ilusión al ver que Sete ha ganado a Rossi y Pedrosa ha sido campeón del mundial y Pablo Nieto ha ganado su primer mundial. Y he gritado y abrazado a mi familia y gente desconocida, y he saltado, y he cantado cuando la selección española de fútbol ha ganado el mundial frente a Argentina después de derrotar a Francia dos años antes en la Eurocopa. Y en todos esos momentos he sonreído, he reído, he sido feliz. Aunque solo fuera en mi imaginación. He sido feliz.
Pero en realidad no he hecho nada. Y dudo que lo vaya a hacer. Porque no es mi estilo y no creo que para ser feliz tengas que triunfar y ser alguien importante. Creo que se puede ser feliz sin ser importante. Y se pueden lograr grandes cosas sin triunfar. Pero son solo pensamientos que acuden a mi cabeza mientras estoy aquí sentada en el bordillo de la acera de enfrente de mi casa esperando a que alguien me haga compañía.





