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EL MUSEO DE LA HISTORIA
Blog de Historia de Fernando Crusellas Abián
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"Quien no conoce la Historia está condenado a repetirla"
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ANTIGUO TESTAMENTO

El Génesis contiene dos relatos distintos de la Creación. El primero de los cuales comienza en el capítulo I y nos habla de cómo Yahveh va creando las distintas partes del Universo a lo largo de una semana. La culminación es la creación del hombre; y ahí termina esta primera parte: en el capítulo 2, versículo 3.
En el siguiente versículo comienza una nueva historia: la creación del hombre y cómo perdió el Paraíso. Este segundo relato es el más antiguo, y su fecha sería de época Davídica-Salomónica (hacia el 950 a.C.); el relato que en el Génesis aparece en primer lugar (hasta el capítulo 2, versículo 3) data de los teólogos postexílicos (400 a.C.)
Los maestros judíos de la Antigüedad, como muchos cristianos después de ellos, prefirieron la ingenuidad teológica al análisis histórico o literario para explicar las contradicciones de los textos.
Para el cristianismo la pérdida del Paraíso por culpa del pecado supone el comienzo de una esperanza que culminará con la venida de Cristo para redimir a toda la humanidad.

GÉNESIS 1.- El comienzo del Génesis es muy parecido a la Teogonía de Hesíodo. De alguna manera, Yahveh asume el papel de un Caos eterno, sin principio ni fin, sólo que la Creación no procede de Él, sino que la hace surgir de la nada.

“En el principio creó Yahveh el Cielo (Ouranos) y la Tierra (Gaia); la Tierra, empero, estaba informe y vacía, y las tinieblas cubrían la superficie del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre las aguas”

Este “abismo” está relacionado, una vez más, con el Caos (Kaos) hesiódico, y ésa es su traducción literal: abismo (Muy curiosa también esa extraña imagen del Espíritu de Dios moviéndose sobre las aguas, cual alma en pena).
Ahora se nos muestra una realidad desasosegante, un amasijo informe de tierra, espacio y aguas infinitas donde reina la oscuridad. Para acabar con ese “caos” -en el sentido coloquial- Yahveh crea la luz. En el segundo día, el buen Dios, fabrica un magnífico firmamento a fin de separar las aguas terrestres de las celestiales y, al siguiente, organiza la Tierra canalizando ríos y mares y tapizándola con el manto vegetal.
Al cuarto día ordena el firmamento, colocando en su parte más alta los astros, para que “distingan el día y la noche, y señalen los tiempos o las estaciones, los días y los años”. A la mañana siguiente se levanta temprano para crear los animales marinos y las aves. Los animales terrestres los reserva para el sexto día, tanto los domésticos como los salvajes, todos van tomando forma. Guarda el Génesis una mención especial para los reptiles, animales que se arrastran por la tierra, pues en varias culturas, incluida la hebrea, arrastran (valga el retruécano) el estigma de impuros. Acabando el día “Creó, pues, Dios al Hombre a su imagen y semejanza: a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó”. A continuación los bendice y anima para que dominen el mundo y crezcan y se multipliquen «y añadió Yahveh: - "Ved que os he dado todas las yerbas, las cuales producen simiente de su especie, para que os sirvan de alimento a vosotros”».
Como podemos ver, no hay prohibiciones especiales, ni árboles de la Vida, ni de la Ciencia, ni tabúes caprichosos. Será en el siguiente capítulo, que bebe de otra tradición más esotérica y claramente mazdeísta, en donde se revise todo el proceso creativo del ser humano y, a pesar de los esfuerzos conciliadores, asistamos a un nuevo relato, totalmente distinto de lo leído hasta aquí.

GÉNESIS 2.- “Quedaron, pues, acabados los cielos y la Tierra, y todo el ornato de ellos. Y completó Yahveh al séptimo día la obra que había hecho; y en el séptimo día reposó de todas las obras que había acabado. Y bendijo el día séptimo”.
Pero la Tierra es un infinito desierto, “porque el Señor Dios no había aún hecho llover sobre la Tierra, ni había hombre que la cultivase”. Afortunadamente no todo es un páramo inhabitable, “salía, empero, de la tierra una fuente que iba regando toda la superficie de la Tierra”. Obviamente estamos ante una tradición mesopotámica: los ríos Tigris y Eúfrates riegan “toda la Tierra”.
Allí, sobre la marcha, forma Dios al hombre, con barro. Luego “le inspiró en el rostro un soplo de vida, y quedó hecho el hombre viviente con alma racional”.
Con esta nueva criatura va a tener Yahveh una deferencia muy especial: “Había plantado el Señor Dios, desde el principio, un jardín delicioso en que colocó al hombre que había formado, y en donde el Señor Dios había hecho nacer, de la Tierra misma, toda suerte de árboles hermosos a la vista, y de frutos suves al paladar; y también el Árbol de la Vida en medio del Paraíso, y el Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal”.
De allí partían 4 ríos –Pisón, Geón, Tigris y Eúfrates- que circulaban por regiones llenas de oro. Este paraíso es puesto por Yahveh a disposición del hombre, eso sí, a condición de que no coman del fruto que cuelga del Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal, “porque en cualquier día que comieres de él, infaliblemente morirás”.
Lanzada la admonición, termina Yahveh su obra creando a todos los animales, y los hace desfilar delante del homínido para que les ponga nombre, como reyezuelo de la Creación que es.
Por último crea a la mujer, el más maligno, astuto, fascinante y mortífero de los animales.

GÉNESIS 3.- Aquí se relata la consabida caída de Adán y Eva.

"Dijo entonces la serpiente a la mujer: - ¡Oh! ciertamente que no moriréis, sabe empero Yahveh que, en cualquier tiempo que comiereis de él, se abrirán vuestros ojos y seréis como dioses, conocedores de todo, del bien y del mal".
Y efectivamente, comido que fue el susodicho fruto -a instancias de la malvada serpiente- "se les abrieron a entrambos los ojos [...] Y dijo [Yahveh]: - Ved ahí a Adán que se ha hecho como uno de nosotros, conocedor del bien y del mal; ahora pues echémoslo de aquí, no sea que alargue su mano y tome también del fruto del árbol de conservar la vida, y coma de él y viva para siempre".
Así pues, Yahveh nos expulsó del Paraíso porque nos temía.




GÉNESIS 4 - 5.- Eva pare a Caín, y luego a Abel.
Las ofrendas de Caín, el agricultor, no son del agrado de Yahveh, parece ser que debido a la maldad de aquél; en cambio, los sacrificios del pastorcillo Abel son siempre bien recibidos por el Señor. Al final, como ya sabemos, la cosa acaba en tragedia.
Evidentemente, la leyenda exalta el modo de vida pastoril, frente a las culturas agrícolas. Recordemos que los israelitas comenzaron siendo tribus transhumantes que se desplazaban con sus ganados en busca de pastos, saqueando y rapiñando las ciudades que se dedicaban a la agricultura.



Y recordemos también que los grupos sacerdotales radicales hebreos adoptan una vestimenta pastoril (como fue el caso de Elías o Juan el Bautista), y que Yahveh era un dios patriarcal de pueblos pastores, frente a las divinidades fememinas de las culturas agrícolas.




Es curioso que D. Félix Torres Amat feche el asesinato de Abel en el 4003 a.C.

Ésta es la genealogía desde Adán a Noé:

Adán .............. a los 130 años engendró a Set
Set ..................." .... 105 .............." ............ Enós
Enós ............... " ..... 90 .............. " ............ Cainán
Cainán ............ " .... 70 .............. " ............ Malaleel
Malaleel.......... " .... 65 .............. " ............ Jared
Jared .............. " ..... 162 ............ " ............ Enoc
Enoc ............... " ...... 65 .............. " ........... Matusalén
Matusalén ..... " ...... 187 ............." ........... Lamec
Lamec ............ " ...... 182 ............." ........... Noé
Noé ................. " ...... 500 ........... " ........... Sem, Cam y Jafet
____________
SUMAN ... ............ 1556 años.

Hasta aquí, contamos con datos fiables. Cien años más tarde, o sea el 1656 desde la creación de Adán, comenzó el Diluvio.

GÉNESIS 6 - 10.- "Viendo los hijos de Dios la hermosura de las hijas de los hombres, tomaron de entre todas ellas por mujeres las que más les agradaron". Y de este bizarro cruce nace una nueva raza de seres portentosos: los gigantes.
Es evidente que se sigue la tradición helénica de los héroes. Esto se refuerza con la leyenda de Noé (Deucalión, en la mitología griega) y el versículo del holocausto ofrecido por Noé a Yahveh tras el Diluvio: "Y edificó Noé un altar al Señor y, cogiendo de todos los animales y aves limpios, ofreció holocaustos sobre el altar. Y Yahveh se complació en aquel olor de suavidad".
A los dioses olímpicos también les complacía el aroma de los bichos tostándose en los altares.
Hemos de hacer notar que cuando la Biblia habla de “los hijos de Yahveh”, se refiere a los ángeles, mas no en el sentido de el Espíritu de Yahveh más o menos materializado, sino de unos diosecillos menores, aunque similares en poder a Él, solo que supeditados a su mandato. De nuevo sería muy acertado hablar del símil olímpico.

Yahveh asiste desolado a la corrupción del género humano. Y se arrepintió de su creación, así que decide exterminar a toda la humanidad. ¿A toda?, bueno, no; al cabo echa cuentas y se percata de que Noé y su familia merecen seguir vivos por lo que se pone en contacto con él y le avisa con tiempo de lo que va a suceder.
Sin pérdida de tiempo, construye Noé un arca que le permitirá sobrevivir a él, a su familia y a un montón de bicharracos. Lo demás es de sobra conocido.
Resumiendo:
Desapareció por siempre jamás la estirpe de Caín, y todos nosotros somos descendientes de Noé y señora, y de Sem, Cam y/o Jafet (y las respectivas). Aunque bien es verdad que siempre nos cabrá la duda de si alguna de las nueras de Noé no sería vástaga del cainita. Yo, por tal me tengo.


Reúne Yahveh a Noé y su familia y repite el paripé que ya hiciera con Adán y Eva, bendiciéndolos a todos y exhortándolos a que se multipliquen y dominen la Tierra; de todo podrán comer, excepto –esta vez no serán manzanas de la Sabiduría- carne con sangre. Más adelante, cuando lleguemos a Moisés, se ampliará la lista de prohibiciones gastronómicas.




Al tiempo, Noé plantó una viña, bebió vino y se emborrachó, quedando desnudo en su tienda. Cam lo vio y les dijo a sus hermanos el estado en que se encontraba el patriarca, los cuales, sin mirar, cubrieron a su padre con una manta.
Enterado Noé de lo sucedido, maldijo a Cam por haberle visto la mingolina, y bendijo a Sem y Jafet, haciendo a los descendientes de Cam esclavos de la estirpe de Sem y Jafet.
Los descendientes de Jafet ocuparon las “islas de las naciones y las diversas regiones”. Nietos de Jafet son: Elisa (la Dido tiria, princesa que se enamoró de Eneas), Tarsis (epónimo de los tartesios) y Quitim (el antecesor de los romanos y otros pueblos mediterráneos).
Descendientes de Cam fueron Saba, Acad, Asur (el fundador de Nínive), los filisteos, fenicios, cananeos, babilonios... En definitiva todos aquellos epónimos de los pueblos que serán enemigos de Israel. De Sem derivan los propios israelitas y también los arameos, sabeos, elamitas, asirios y los de Ofir. Como vemos, se repiten algunos linajes.
Mención especial merece la figura de Nemrod, nieto de Cam, cuyo nombre significa “rebelde”, quizá porque se rebelara para erigirse en rey. Tuvo fama de ser un gran cazador, o sea un tipo rudo, cruel y sanguinario, habría fundado Nínive tras el fracasado proyecto de la torre de Babel (o sea de Babilonia).

GÉNESIS 11.- Se nos cuenta el episodio de la Torre de Babel, que aconteció en tierra de Sennaar. Suponemos que tiene que ver con los zigurats babilónicos. Es una inocente leyenda para explicar la diversidad de lenguas que utiliza el género humano.



Tras la dispersión de los malvados humanos que desafiaron a Yahveh, viene otra relación genealógica.

Noé ..................................... en el 1556 engendró a Sem
Sem ..................................... a los 100 años engendró a Arfaxad
Arfaxad ..................................... “ 35 .............................“ Sale
Sale .............................................“ 30 .............................“ Heber
Heber .........................................“ 34 .............................“ Faleg
Faleg ..........................................“ 30 .............................“ Reu
Reu .............................................“ 32 .............................“ Sarug
Sarug ..........................................“ 30 .............................“ Nacor
Nacor .........................................“ 29 ..............................“ Tare
Tare ...........................................“ 70 ..............................“ Abram, Nacor y Arán
________
Que suma 1946 años.



Y ésa es la fecha en que fue engendrado Abram (más adelante cambiará su nombre por Abraham, que es como lo conocemos) . Tanto él como sus hermanos nacieron en Ur, famosa ciudad caldea.
Arán tuvo tres hijos: Lot, Melca y Jesca. Arán falleció, y su hija Melca se casó con su tío Nacor. Abram, por su parte, matrimonió con Sarai.
Tare decidió ir en busca de mejores tierras, y partió junto con Abram, Sarai y Lot rumbo a Harán (viaje larguísimo de unos 500 Kms.), con ánimo de pasar luego a la tierra de Canaán. Pero no pudo lograr su objetivo, y en Harán murió.

GÉNESIS 12 - 13.- Es éste uno de los capítulos más importantes, en él se nos cuenta que Abram es elegido por Yahveh para ser origen de una gran nación. La introducción es abrupta, no se explica por qué ha sido merecedor de tan alto gallardón, ni qué virtudes adornaban al gran patriarca (más adelante veremos que era un tipo bastante lerdo), tan sólo le ordena que se ponga en marcha, y listo.




“Y dijo Yahveh a Abram: - Sal de tu tierra, y de tu parentela, y de la casa de tu padre, y ven a la tierra que te mostraré. Y yo te haré cabeza de una nación grande y bendecirte he, y ensalzaré tu nombre y tú serás bendito”.
Así que cogió los bártulos, a la Sarai y a Lot -el sobrino medio tonto- y se encaminaron hacia la misteriosa tierra de Canaán. Y vio que no era para tanto. Y por aquellos andurriales andaba transhumante cuando héteme aquí que sobrevino en la zona una gran hambruna que le obligó a bajar a Egipto para comprar grano.
Pero Abrán tiene miedo de que los egipcios lo maten para casarse con la bella (aunque estéril) Sarai, por lo que le pide que se haga pasar por su hermana; acabando la cosa en plagas y calamidades para el pobre Faraón que se quería casar con la Sarai.
Descubierto el enredo los deja regresar a Canaan, aunque con gran enfado del Faraón que no comprende la gracia.
De vuelta al hogar surgen roces entre Abram y Lot por el uso y disfrute de los pastos, así que deciden tomar caminos distintos. Lot se asienta en el fértil valle del Jordán, en la ciudad de Sodoma.
Marchado que fue el sobrino díscolo, Yahveh vuelve a sellar su pacto con Abram: “Levántate y ve recorriendo ese país a lo largo y a lo ancho, porque a ti he de dártelo”. Y lo que manda Dios bien mandado está; Abram, removiendo su pabellón, se pone en camino, yendo a morar junto al valle o encinar de Mambre, que está al pie de la ciudad de Hebrón, edificando allí un altar.

NOTA.- Hacia el 2000 a.C. grupos nómadas semíticos desestabilizan la zona del Creciente Fértil, llegando en sus correrías hasta Egipto.
En torno al 1800 a.C. esos grupos están altamente sedentarizados en la zona de Canaán. Este hecho viene corroborado por los textos de dos series epigráficas conocidas como Tablillas Execratorias.
La primera serie procede de Luxor, y habla de unos príncipes asiáticos considerados enemigos de Egipto; la época puede datarse en torno al 1850 a.C., y por la onomástica deducimos que los invasores son amorreos de Mesopotamia. En esta época debemos situar al patriarca Abram (o Abraham).
La segunda serie de dichos textos execratorios se sitúan hacia el 1800 a.C., proceden de Saqqara, y presentan un panorama más tranquilizador: los asiáticos de Canaán están sedentarizados, se dedican a la agricultura y han logrado la unificación política local. Aunque, como veremos más adelante, esto no impedirá que desde Palestina llegue a Egipto la invasión de los hicsos siglo y medio más tarde.

GÉNESIS 14.- Pero los reyezuelos cananeos entraron en guerra, y uno de los derrotados fue el de Sodoma, por lo que esta ciudad será saqueada por el enemigo, y su población hecha cautiva. Entre ellos estaba Lot y todo su clan.
“Cuando oyó Abrán que Lot, su sobrino, había sido hecho prisionero, escogió entre sus criados a 318, armados a la ligera” y fue tras los agresores. Una vez localizados, los atacó de noche y los puso en desbandada. Lot y toda su familia fueron liberados, y los rebaños y riquezas recuperados. Luego fue recibido con pompa y boato por los reyes de Sodoma y de Salem (la antigua Jerusalén = Hiero-Salem, o sea Sagrada-Salem). El de esta ciudad, en concreto, era el extraño rey-sacerdote Melquisedec, que parece trasunto del Mesías esenio: “Melquisedec, rey de Salem, presentando pan y vino, pues era sacerdote del Dios Altísimo, le dio su bendición diciendo: -¡Oh, Abram!, bendito eres del Dios excelso que crió el Cielo y la Tierra” (Génesis 14:18-19).

GÉNESIS 15 - 16.- Pero Abram se lamenta ante Yahveh de que no le da descendencia, y Éste lo tranquiliza: tendrá un heredero a su debido tiempo; y de paso le predice los 400 años de esclavitud en Egipto.
“Entonces el Señor firmó alianza con Abram diciendo: -A tu posteridad daré esta tierra, desde el río del Egipto hasta el grande río Eúfrates”.
Sarai, impaciente, ofrece a su marido su esclava Agar, egipcíaca ella. Abram la dejó preñada, y entonces se le subieron los humos a la esclava, así que Sarai la castiga duramente. Agar, harta de malos tratos, se fuga al desierto; agotada y perdida se para a beber junto a un arroyuelo y allí se le aparece un ángel del Señor que la guiará de regreso, a la vez que le predice que el hijo de sus entrañas será hombre fiero y belicoso que fijará “sus tiendas frente por frente a la de todos sus hermanos”.
Aunque Mahoma reivindicó el origen agareno de los árabes, en realidad los ismaelitas eran un grupo cercano a los judíos que vivían alrededor de Palestina: en Idumea, Moab y Amón.
Agar regresó al campamento de Abram y le parió el tan ansiado hijo. Púsole por nombre Ismael.

GÉNESIS 17.- Han pasado 13 años, y Yahveh vuelve a renovar la alianza con el Patriarca: “Y díjole Yahveh: -Yo soy Yahveh, y mi pacto será contigo, y vendrás a ser padre de muchas naciones”. De paso les cambia el nombre, tanto a él, que pasa a llamarse Abraham, como a su mujer que le dio el de Sara. Y dicta Yahveh un contrato verbal en que ofrece a la descendencia de Abraham la tierra de Canaán, a cambio les exige fidelidad absoluta y circuncisión del miembro viril; vuelve a asegurar el embarazo de Sara y que el niño que nazca se llamará Israel. Luego se retiró Yahveh a sus aposentos.
Visto lo visto, Abraham entiende que no le queda otra que cortar por lo sano, así que reúne a todos los varones a su cargo y se someten todos de modo tajante a la bonita ceremonia de la circuncisión.

GÉNESIS 18.- Un buen día aparecen 3 personajes delante de la tienda de Abraham. El relato es harto confuso, pues, aunque tienen aspecto de hombre (de hecho comen, beben y se lavan) son también una personificación de Yahveh. Sobre todo uno de ellos, que le confiesa que se dirigen a Sodoma y Gomorra para destruirlas. Abraham implora clemencia a este extraño ser, llamándolo Señor. Y mientras los otros dos se pierden de vista camino de Sodoma, Abraham negocia con este Yahveh humanizado la salvación de la corrompida ciudad. Al final tras decirle que evitaría la masacre si al menos hubiese 10 justos, desaparece.

GÉNESIS 19.- Nos enteramos que los otros dos personajes eran ángeles. Y la única explicación que se nos ocurre es que Yahveh ha tomado forma humana junto con dos de sus ángeles para bajar a la Tierra.
Los dos ángeles llegan a Sodoma, y Lot, que reconoce en ellos su calidad divina, los acoge en su casa. Pronto los sodomitas -“todo el pueblo, desde el más joven hasta el más viejo”- llaman a la puerta para que les entregue a tan apuestos varones. Éste, aterrado, les ofrece a sus propias hijas a cambio; pero la abyecta chusma no entra en razón ni quiere tratos con mujeres, sólo se calmarán teniendo trato carnal con los efebos, y comienzan a golpear a Lot. Por fin los ángeles entran en acción y dejan ciegos a los agresores; a continuación meten a Lot en la casa y le comunican que la decisión está tomada, no hay tiempo que perder, toda Sodoma va a perecer a fuego y azufre. Los yernos de Lot no le hacen caso, piensan que chochea, así que sólo parten el matrimonio y las dos hijas.




“Entonces llovió del Cielo sobre Sodoma y Gomorra azufre y fuego por virtud de Yahveh”.
La cosa acabó muy mal; la mujer de Lot quedó convertida en estatua de sal, y éste, temeroso (no era para menos) “fue con sus dos hijas a refugiarse en el monte y se quedó en una cueva”. En vista de que no ha quedado bicho viviente, las hijas deciden emborrachar a su venerable y anciano padre para acostarse con él y lograr descendencia. La mayor parió un hijo llamado Moab, epónimo de los moabitas; la pequeña dio a luz a Amón, padre de los futuros amonitas, que como es sabido serán enemigos irreconciliables de los israelitas, así pues amonitas y moabitas eran un pueblo abominable fruto del incesto.

GÉNESIS 20.- Abraham se dirige hacia el sur (siguiendo la transhumancia de sus ganados), y se asienta una temporada en Gerara. De nuevo comete la estupidez de dar a entender que Sara es su hermana, y también con la intención de que no lo maten, por lo que el gobernante del lugar –el rey Abimelec en este caso- repite la misma historia de Faraón que ya viéramos en el capítulo 12.
En este caso es Yahveh quien habla en sueños a Abimelec advirtiéndole que no toque a Sara, pues no es hermana sino esposa de Abraham. Indignado, el reyezuelo pedirá explicaciones al hebreo, y éste, aparte de alegar que tenía miedo, no fuera cosa que lo mataran, se cubre de gloria alegando que “por otra parte verdaderamente también es hermana mía, pues es hija de mi padre, mas no de mi madre, y yo me casé con ella”.
Abimelec debió de pensar que este hombre era idiota. En cualquier caso, Yahveh ha tomado la iniciativa dejando estériles a todas las mujeres de la tribu del cacique, así que Abimelec no quiere más problemas, colma de regalos a Abraham y lo autoriza a residir donde mejor le pluguiese. Acto seguido Yahveh levanta el maleficio.

GÉNESIS 21.- Y ya puesto en harina, “Visitó Yahveh a Sara, como lo había prometido y cumplió la promesa que le hiciera”.
Sutilmente se nos da a entender que es Yahveh quien la ha fecundado, por tanto Isaac, al igual que Jesús, sería un héroe, hijo de una mujer mortal y de un dios. En este caso “el Dios”.
Cuando Isaac nace, Abraham contaba con cien años justos. El niño crecía pero Ismael, todo un mozalbete, no cesaba de tocarle los cojones a su hermanastrito, por lo que Sara exige a su marido que ponga inmediatamente a la esclava y al bastardo en la calle. “Dura cosa pareció a Abraham esta demanda, tratándose de un hijo suyo”, pero Yahveh lo tranquiliza: el protagonista de esta historia ha de ser el pequeño Isaac, “bien que aun al hijo de la esclava yo lo haré padre de un pueblo grande por ser sangre tuya”.
Y la pobre Agar, provista de un pan y un odre de agua se internó con su hijo en el desierto de Bersabee. Yahveh le fue favorable, e Ismael “fue creciendo y vivió en los desiertos, y vino a ser un joven diestro en manejar el arco. Y fijó su residencia en el desierto de Faram, donde su madre lo casó con una mujer de la tierra de Egipto”.
Luego hizo Abraham un pacto con Abimelec, el reyezuelo de Palestina, jurándole que nunca le haría daño, ni a él ni a su linaje, “y habitó mucho tiempo como extranjero en la tierra de los palestinos”

GÉNESIS 22 - 23.- Isaac ya es un mozo, y Yahveh le pide a Abraham que, en prueba de fidelidad, le sacrifique a su unigénito; con el consabido final.
Tiempo más tarde murió Sara, y la enterró en lo que será la ciudad de Hebrón.

GÉNESIS 24.- Y viéndose Abraham ya viejo le pide a su caporal que vaya a la Mesopotamia, a la ciudad donde naciera –Harán- y busque a su hermano Nacor a fin de buscarle una esposa a su hijo dentro del mismo clan. Y le toma solemne juramento de que llevará a cabo su misión; en dicho ritual el que prometía cogía los testículos de su señor. Y así lo hizo el criado, poniendo su mano “debajo del muslo de Abraham”.
Llega, pues, el sirviente a Harán, y se sienta a la sombra del pozo donde las doncellas acudían a recoger agua. Al poco, acertó a pasar por allí la hermosa Rebeca; al punto comprendió el enviado de Abraham que ésa era la mujer elegida por Yahveh. Casualmente, la niña era sobrina nieta de Abraham, y estaba adornada con todas las gracias imaginables.

Melca # Nacor -> (hermano de Abraham # Sara)

Batuel -> (primo carnal de Isaac)

Rebeca -> (sobrina nieta de Abraham y sobrina 2ª de Isaac).

El criado le regala a Rebeca pendientes y brazaletes de oro y le solicita hospedaje. La muchacha va corriendo a casa y relata lo sucedido mientras muestra las joyas. Obviamente, el enviado de Abraham es acogido con grandes muestras de atención; inmediatamente expone el motivo de su viaje, y, tanto Labán –el hermano de Rebeca- como Batuel –el papá de la criatura- dan encantados su plácet.
Y así fue que el mayoral regresó a casa de su amo, seguido por Rebeca y sus doncellas. Y nada más llegar fue aquí te pillo aquí te mato: “Isaac, empero, después de haberle contado el criado cuánto había hecho, la hizo entrar en el pabellón de Sara, su madre, y la tomó por mujer”.

GÉNESIS 25.- Abraham, entre tanto, pensó que el muerto al hoyo y el vivo al bollo, y se buscó nueva esposa, que respondía por Cetura.
Luego el autor nos habla de la descendencia de Ismael, que tuvo doce hijos, y habitaron “el país desde Hávila hasta Shur, desierto que mira a Egipto, cuando uno entra en Asiria”.
Y pasó el tiempo, y mira por donde que Rebeca también era estéril. Pero Isaac oraba al Señor y, por fin, quedó preñada de dos gemelos.
Siguiendo la vieja tradición helena de los gemelos antagonistas, también estos serán enemigos, y ya pelean en el seno materno.

Seguimos con la genealogía:
Tare con 70 años engendró a Abraham (era el año 1946)
Abraham con 100 años engendró a Isaac
Isaac con 60 años engendró a Esaú y Jacob (año 2106)

Esaú nació primero, y era rubio y velludo. Asido a su talón lo siguió Jacob.
“Esaú salió diestro en la caza, y hombre de campo; Jacob, al contrario, mozo sencillo, gustaba de permanecer en las tiendas”. Esaú era el preferido de Isaac, Rebeca sentía debilidad por Jacob.
La rivalidad entrambos seguía siendo grande; ya se lo profetizó Yahveh a Rebeca mientras estaba embarazada y sentía dentro de sí los mamporros que se atizaban los nenes: “Dos naciones están en tu vientre, y dos pueblos saldrán divididos desde tu seno, y un pueblo sojuzgará al otro pueblo, y el mayor ha de servir al menor”; y se refería a los Idumeos –descendientes de Esaú- que habrían de ser sojuzgados por los israelitas.
Un día sobrevino el famoso episodio en que Esaú vende a Jacob su primogeniura a cambio de un plato de lentejas, y hace un pan como unas hostias.

GÉNESIS 26.- De nuevo se repite el episodio que ya viviera Abraham con Abimelec, seguramente una confusión en la tradición oral; veámoslo.
Sobreviene una hambruna, y Yahveh le dice a Isaac que no baje a Egipto, sino que vaya a Gerara, al país de Abimelec, rey de los filisteos. Una vez allí hace pasar a Rebeca como hermana, por temor a que le quiten la vida. Abimelec descubre el enredo y le afea tan estúpida conducta, no obstante le permite que se asiente en su territorio. En muy poco tiempo Isaac, bendecido por Yahveh, se hace inmensamente rico en cosechas y ganado, hasta tal punto llegó la cosa que Abimelec le dijo: “Retírate del país, porque te has hecho mucho más poderoso que nosotros”.
Tampoco se fue muy lejos, pues acampó en el torrente de Gerara, y siguieron los enfrentamientos con los pastores por el control de los pozos. Por fin acude Abimelec para firmar la paz con Isaac. Antes de seguir diremos que la Biblia llama filisteos a los moradores de esta zona, pero seguramente no lo eran, pues aún habían de pasar cuatro o cinco siglos hasta que se asentaran allí esta facción de los pueblos del mar.
Está claro que se nos están narrando los conflictos entre los antiguos habitantes de Palestina (que no eran filisteos) y los invasores semiticos (¿integrantes de la oleada que trajo también a los hicsos?) que poco a poco están penetrando en la tierra de Canaán.
Esaú, entre tanto, se casa con Judit y Basemat “las cuales, ambas dos, tenían agriado el ánimo de Isaac y de Rebeca” (ya se sabe que las nueras...).

GÉNESIS 27- 31.- Donde se explica la treta de Rebeca para que el viejo Isaac bendiga a Jacob.
Para evitar la previsible venganza de Esaú, pide Rebeca a su pequeño que huya a casa de su hermano Labán, en la lejana Harán. Excusa para repetir trasunto del noviazgo de Isaac, pues antes de partir es llamado por su anciano padre que –a lo hecho pecho- le renueva su bendición, de paso, alegando que las mujeres palestinas son insufribles (para muestra ahí estaban las dos esposas de Esaú) le pide que se case con alguna de las primas. Así lo hará.
Mientras tanto, Esaú ya está harto de que sus esposas no sean bien vistas en la familia, así que se casa con Mahelet, hija de Ismael, su tío bastardo.
Jacob ya está en camino, Harán cae muy lejos y ha de andar mucho. Cae la noche y se echa a dormir, reclinando su cabeza sobre una piedra. Sueña que una escala unía ese lugar con el Cielo “Y ángeles de Yahveh subían y bajaban por ella”. Dios le habla y renueva su alianza. Y Jacob llamó a ese lugar “Betel”.
Llega a su destino y le comenta a su tío Labán el objeto de su visita. Pronto queda prendado de su prima Raquel, y la pide en matrimonio. Labán acepta a condición de que sirva en su casa durante siete años. Pasado el plazo, Labán engaña al tierno de Jacob, y le mete en el saco de dormir a la hija mayor, Lía, la de los “ojitos dormilones”. Jacob se enfada pero se aviene a pasar otros siete años de servicio familiar para conseguir, de una vez, a Raquel, la de la “fina figura y hermoso semblante”.
Cómo no, y siguiendo la inveterada tradición bíblica, Raquel se muestra estéril. Gran disgusto familiar, porque, además, Lía está en racha y va pariendo un hijo tras otro: Rubén, Simeón, Leví y Judá. Raquel, celosa, obliga a Jacob a que se acueste con su esclava, Bala; con ella tendrá a Dan y Neftalí. Mas también llegan para Lía las vacas flacas, y deja de parir, así que también le mete en la cama a su marido una esclava para que se porte como un hombre con ella; la sierva responde por Zelfa, y da a luz a Gad y Aser.
Como no hay mal que cien años dure, Lía vuelve a quedar fecunda, y tiene a Isacar y Zabulón y, por fin, una niña: Dina. Por último, Raquel también queda embarazada, y el nuevo vástago se llamará José.
Luego Jacob se marchó con su familia, y se fue, como es habitual, de malas maneras, perseguido por Labán, y aunque luego hacen las paces está claro que el pueblo hebreo, como grupo errante que era, tenía enfrentamientos constantes con los pueblos autóctonos. Uno de los motivos por los que se enfada su tío es que Jacob huye robándole los ídolos familiares. Dato muy interesante.

GÉNESIS 32.- Jacob se entera de que Esaú viene a su encuentro, y lo invade un pánico atroz. Hace un despliegue de medios totalmente patético, dividiendo su ganado en lotes y enviándolo en avanzadilla como regalo para Esaú, esperando poder aplacarlo.
Y mientras espera el encuentro con su hermano se hace de noche; “quedose solo, y he aquí que se le apareció un personaje que comenzó a luchar con él hasta la mañana”.
Extraño pasaje, pues el rival no era otro que el mismísimo Yahveh en forma de ángel. En la riña sale vencedor Jacob, a pesar de que su oponente “viendo que no podía sobrepujar a Jacob, le tocó el tendón del muslo que, al instante, se secó”. Pero éste lo tiene bien cogido y no lo suelta, desoyendo las súplicas del ángel, que le advierte que ya está rayando el alba (¿acaso es un vampiro?) El ángel-Yahveh le cambia el nombre por el de Israel (“el hombre que ve a Dios” o “el hombre que vence a Dios”). Jacob sigue insistiendo en que no lo soltará hasta que le dé su bendición; Yahveh cede de mala gana, pero es que tenía que regresar al Cielo antes de la salida del Sol. Lo dicho, un vampiro.
En realidad estamos ante un pasaje politeísta en el que Jacob pelea con el dios de las tinieblas, y pacta con él inmunidad, pues tan terrible dios tenía potestad para diezmar los ganados. Es una especie de Apolo.

GÉNESIS 33.- “Y alzando después Jacob los ojos, vio venir a Esaú, y, con é,l cuatrocientos hombres [...] Entonces Esaú, corriendo al encuentro de su hermano lo abrazó, y estrechándose con su cuello y besándolo, echó a llorar”.
Así pues hubo final feliz. Luego tomaron caminos diferentes.
Jacob se asentó en “Salem, ciudad de los siquemitas, en la tierra de Canaán, y habitó cerca de la población; y compró la parte del campo en que había fijado sus tiendas de campaña a los hijos de Hemor, padre de Siquem, por cien corderos”.
Como sabemos, Salem es la ciudad santa por antonomasia, Hiero-Salem, o sea Jerusalén.

GÉNESIS 34.- “Salió un día Dina, hija de Lía, a ver las mujeres de aquel país. A la cual como viese Siquem, hijo de Hemor, heveo, príncipe de aquellas tierras, la deseó, y la violó”.
El miserable Siquem habla con su padre para que le consiga a Dina como esposa. Hemor habla con Jacob, la situación, obviamente, es muy tensa, pero llegan a un acuerdo: Todos los siquemitas se circuncidarán y de esta forma podrán matrimoniar ambos pueblos y convertirse en una sola nación. “Asintieron todos a esta propuesta, y circuncidaron a todos los varones”; pero, al tercer día, Simeón y Leví deciden vengar a su hermana, y pasan a cuchillo a todos los varones, para, a continuación, el resto de los hermanos saquear la aldea, secuestrando mujeres y niños.

GÉNESIS 35.- Evidentemente se había creado un problema. “Jacob, inmediatamente, convocada toda la familia, dio esta orden: -Arrojad los dioses extraños (ídolos) que hay en medio de vosotros y purificaos”. Se ve que Jacob sabe lo que se les avecina, y toda ayuda será poca.
Siguiendo instrucciones de Yahveh, se encaminan hacia Betel para erigir un altar. De paso, Dios infunde un grandísimo pavor a los siquemitas, que evita salgan en persecución del clan jacobino.
De todo lo cual deducimos que los israelitas debían de ser una tribu nómada belicosa que aterrorizaba a los habitantes del llano con sus incursiones devastadoras.
Jacob y su gente prosiguen su transhumancia. Camino de Efratá (que luego se llamará Belén) Raquel se pone de parto, dando a luz un varoncito: Benjamín; desgraciadamente ella muere en el trance.
Algún tiempo después, Rubén, se acuesta con Bala (o Bilha), que, recordemos, fue la esclava de Raquel con la que Jacob engendró a Dan y Neftalí. De este incesto se enteró Jacob, mas parece ser que no tomó ninguna medida al respecto.

GÉNESIS 36 - 37.- Tras agotarnos con la relación de los descendientes de Esaú, también llamado Edom (de ahí el nombre de Idumeos), se nos narra la emocionante historia de José.
Era José un muchacho repelente y engreído, “siendo de 16 años apacentaba el ganado con sus hermanos, y estaba con los hijos de Bilha y de Zelda, mujeres de su padre, e informaba a éste de las faltas de sus hermanos”. Un buen modo de hacer amigos.
La zona donde pasta el ganado está en Siquem, así pues no se han alejado mucho del lugar del delito. Otra prueba de que estos invasores (¿hicsos?) eran algo más que pacíficas tribus de pastores. Jacob (también llamado Israel) vive en Hebrón y se sirve de José para que le dé novedades acerca del ganado y de los hermanos.
Para los hermanos debía de ser una pesadilla la consuetudinaria presencia del fraternal comisario político, así que entre bromas y veras planean quitárselo de encima; y en esas están cuando lo divisan en lontananza, inconfundible con su amariconada túnica de colorines. En cuanto llega se abalanzan sobre él con muy malas intenciones; afortunadamente “pichabrava” Rubén, que por ser el primogénito se siente más responsable, impone su criterio de darle solamente un susto, y lo arrojan a una cisterna seca; luego deja a los hermanos y vuelve con los rebaños. Y héte aquí que acertó a pasar por allí una caravana ismaelita; de repente Judá tiene una brillante idea: venderles a Pepito como esclavo: “Y mientras pasaban unos negociantes madianitas, sacándolo de la cisterna, lo vendieron a aquellos ismaelitas por veinte siclos de plata, quienes lo condujeron a Egipto”.
Cuando volvió Rubén y se enteró de lo sucedido se le vino el mundo encima. Pero como el mal ya estaba hecho, han de buscar un engaño para disimular el desaguisado. Mancharon la túnica de José con sangre de un cabrito y le dijeron a Jacob que unas bestias lo habían devorado.
“Entretanto, los madianitas vendieron a José en Egipto a Putifar, funcionario de Faraón y capitán de su guardia”.

GÉNESIS 38.- Donde se nos cuentan las andanzas y descendencias de Judá, (que por algo sus descendientes serán los protagonista de la Historia de Israel). Posiblemente al cabrón de Judá le remuerda la conciencia, o quizá sus hermanos lo miran mal, el caso es que “por ese tiempo Judá, separándose de sus hermanos, se hospedó en casa de un vecino de Odollam llamado Hiram. Y vio allí a la hija de un cananeo llamado Sué, y casóse con ella”. Tuvo tres hijos: Her, Onán y Sela. Como Her era un malvado, Yahveh dispuso mandarlo pronto al otro barrio, por lo que Judá pidió a Onán que yaciera con la viuda de Her, llamada Tamar, para dar sucesión a su difunto hermano. Onán no estaba por la labor y “vertía en tierra para no dar descendencia a su hermano. Por lo que Yahveh lo hirió de muerte, en castigo por tan innoble acción”.
Judá no pierde la esperanza de tener nieticos. “Visto esto, dijo Judá a su nuera Tamar: -Mantente viuda en casa de tu padre, hasta que haya crecido mi hijo Sela”.
Al tiempo enviudó Judá, y un día se entera Tamar de que su suegro va a pasar por su pueblo para el esquileo de las ovejas. Ella sabía que el pequeño Sela estaba muy bien dotado pero hasta la fecha nadie respira su boca para dárselo como esposo. Así que se disfraza de ramera y queda apostada en el camino que va al pueblo. Judá la ve, muerde el anzuelo y se acuesta con ella a cambio de un cabrito; entretanto le llega la res pide a Judá tres prendas: el sello, el brazalete y el bastón.
Al poco, Judá envía un criado para que le diera el prometido cabrito a la puta de marras y recuperas las prendas, pero en el pueblo nadie sabe nada de esa extraña “mujer de la vida”.
A los tres meses avisan a Judá de que su nuera está preñada, “y dijo Judá: -Sacadla fuera para que sea públicamente quemada”. Entonces mandó Tara recado a Judá con las prendas que tenía en su poder, por lo que hábilmente dedujo que él era el padre, a la vez que rememora lo buena que estaba la nuera.
Tara parió gemelos: Fares y Zara. Parece ser que en Fares seguirá la linea sucesoria.

GÉNESIS 34 - 48.- Sigue la historia de José, y se nos cuenta cómo acaba en la cárcel por no querer seguir los torpes requerimientos del putón de la esposa de Putifar. El resto de la historia es conocida: gracias a sus dotes adivinatorias gana el favor de Faraón y lo nombra virrey de Egipto a la edad de 30 años, además “dióle por mujer a Asenet, hija de Putifar, sacerdote de Heliópolis”. Mucho Putifar sale en esta historia. Con ella tuvo dos hijos: Manasés y Efraím, que formarán dos tribus independientes, aunque integradas dentro de la confederación israelita.
Luego vendrá la época de vacas flacas, el encuentro con su familia, los distintos avatares y el final feliz, aposentando a su padre y hermanos en la tierra de Gesén. “José, según lo acordado con Faraón, dio a su padre y hermanos la posesión de Ramsés (Pi-Ramsés) el país más fértil de Egipto” (Génesis 47:11).
Antes de morir, bendice Jacob a sus nietos, y de modo especial a Efraím, a pesar de ser el menor, pues da a entender que en él seguirá la línea sucesoria marcada por Yahveh.

GÉNESIS 49.- Luego llama a sus hijos y los pone a parir; a Rubén, el primogénito, por aberse acostado con su madrastra; a Simeón y Leví los acusa de ser “hermanos en el crimen, instrumentos belicosos de iniquidad”, por haber vengado de modo tan desaforado la violación de su hermana. Enaltece, en cambio, a Judá, a pesar de ser el ideólogo de la ignominiosa venta de su hermano José, y lo compara con un león, anunciando que de su linaje surgirá el Mesías. Y sobre todo alaba de modo especial a José, su favorito.
Luego Jacob murió, y fue enterrado en Canaán.
“Pasadas todas estas cosas, habló José a sus hermanos en estos términos: -Depués de mi muerte os visitará Dios, y os sacará de esta tierra para la tierra que tiene prometida con juramento a Abraham, a Isaac y a Jacob. [...]
Vino a morir cumplidos ciento diez años de vida, y embalsamado fue depositado en Egipto dentro de una caja”.

NOTA.- Los textos jurídicos del archivo de Nuzi (aplicación de leyes consuetudinarias hurritas con notables influencias semíticas) contienen narraciones muy similares a los relatos patriarcales del Génesis.
Toda esta época de los patriarcas, refleja ese periodo seminómada de clanes semíticos que se dio entre los siglos XIX a XVI a. C.
Queda claro que por circunstancias que desconocemos se produjo una gran crisis en torno a estas fechas, probablemente una catástrofe climática, con prolongadas sequías que ocasionaron terribles hambrunas, y empujó a todas esas tribus transhumantes hacia Egipto. Y casualmente es entonces cuando hacen su aparición los hicsos.
Tradicionalmente se ha mantenido que los hicsos eran hurritas con grupos semíticos incorporados. Llegaron a Egipto desde Palestina hacia el 1650 a.C., aunque desconocemos casi todo de tal invasión. Hoy se cree que eran mayoritariamente semitas, y la onomástica así lo avala, incluso hay nombres muy cercanos a los bíblicos.
Los hicsos fueron expulsados un siglo después por Amosis, pero las invasiones siguieron produciéndose durante los siglos siguientes; textos egipcios de los siglos XIV y XIII a. C. nos hablan de grupos asiáticos que, angustiados, "no saben cómo van a subsistir, han venido suplicando un hogar en territorio del faraón, conforme a la costumbre de los padres de sus padres desde el principio". También conservamos la carta de un funcionario de fronteras que ha permitido el paso de semitas hambrientos hacia la localidad de Per-Atum, que seguramente se corresponde - y la homofonía es asombrosa- con la Pi-Tom de Éxodo 1:11.


ÉXODO
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ÉXODO 1 - 2.- Pasaron los años en Egipto, y los israelitas crecían y se multiplicaban. El nuevo rey de Egipto también se llamaba Faraón, y comenzó a oprimir a los hebreos, “y edificaron a Faraón las ciudades de Pi y Ramsés” (Cuyos restos arqueológicos se han encontrado).
“Después de esto, un varón de la familia de Leví se casó con una mujer de su linaje, la cual concibió y parió un hijo”.
Como el Malvado Faraón había ordenado liquidar a todos los bebés, su madre lo metió en un cesto y lo depositó sobre las aguas del Nilo, cerca del remanso donde se bañaba la princesa y sus esclavas. El plan da resultado, Moisés es salvado de las aguas; además su madre consigue hacerse pasar por nodriza y la hija de Faraón le encarga su crianza. “Cuando el niño creció, ella se lo llevó a la hija de Faraón. Él vino a ser para ella su hijo, y le puso por nombre Moisés, diciendo: -Porque de las aguas lo saqué”. Por eso no se comprende que se vea obligado a huir por haber matado a un capataz egipcio que maltraba a un hebreo. Y menos que por esa tontería Faraón quisiera matarlo; el caso es que marchó al país de Madián, allí sale en defensa de las hijas de Ragüel –sacerdote de dicho lugar- frente a unos pastores que pretendían expulsarlas de un pozo. Cuando éste se entera, acoje a Moisés con los brazos abiertos, y le falta tiempo para casarlo con su hija, la bella Séfora; de ella tendrá dos hijos: Gersán y Eliecer.

ÉXODO 3.- Estaba Moisés cuidando las ovejas de su suegro Jetró (clara contradicción con el capítulo anterior, donde se llama Ragüel) cundo ve arder una zarza que no se consumía.
El asunto era que el malvado Faraón había muerto y era momento de liberar al oprimido pueblo de Israel, por lo que Yahveh, en forma de llama, se le aparece a Moisés para exponerle su plan de fuga.
En el prolegómeno le deja claro que él, Moisés, ha sido elegido para la gloria, y para sacar al Pueblo Elegido del dominio egipcíaco y conducirlo “a una tierra que mana leche y miel, al país del cananeo y del heteo y del amorreo y del fereceo y del heveo y del jebuseo”, o sea ibamos a desvestir un santo para vestir otro, y encima vestirlo con harapos, pues era llevarlos de regreso al secarral que hubieron de abandonar unas generaciones atrás por culpa de las hambrunas generalizadas que esa tierra “de leche y miel” provocaba, y que fue el motivo por el que los hijos de Jacob-Israel fueron asentados en Egipto.
Yahveh, que es muy astuto, ha previsto que no salgan con las manos vacías: “Cada mujer ha de pedir a su vecina y a su casera alhajas de plata y oro y vestidos preciosos; vestiréis con ellos a vuestros hijos e hijas y despojaréis a Egipto”. O sea, expolio y choriceo abusando de la buena fe de los vecinos.

ÉXODO 4.- Pero Moisés era tartamudo y sentía terror a expresarse en público, por lo que Dios permite que sea Aarón, su hermano, quien hable en su nombre. ¿De dónde ha salido este hermano? ¿Por qué no murió asesinado al nacer como había prescrito Faraón?
Acabada la filípica, coge Moisé la burra y a su familia y se dirige a Egipto, cual ancestral Sagrada Familia.
Y enconces ocurre uno de los acontecimientos más extraños de la Biblia: “Estando Moisés en el camino, se le presentó el Señor en una posada, en ademán de querer quitarle la vida. Cogió al momento Séfora un pedernal muy afilado, y circuncidó a su hijo, y tocando con el prepucio los pies de Moisés le dijo: -Tú eres para mí un esposo de sangre.
Y el ángel lo dejó estar”.
Una vez más surge de modo absurdo la figura de Yahveh en forma de ángel hostil que amenaza al protagonista del relato bíblico.
“Entre tanto dijo el Señor a Aarón: -Ve al desierto a encontrarte con Moisés.
Y fue a su encuentro hasta Horeb, el monte de Dios, y lo besó”.

ÉXODO 5.- Llegan a Egipto dos hermanos y le imponen sus condiciones a Faraón. La respuesta de éste es hacer más penoso el trabajo de los hebreos, consecuencia de la intervención de Yahveh: “Yo endureceré su corazón, y él no dejará ir al pueblo”.

ÉXODO 6.- A pesar de todo, Yahveh monta en cólera por la actitud de Faraón, y amenaza con tomar medidas.
Luego viene la genealogía de Moisés: Leví engendró a Caat, éste a Amram; Amram se casó con su prima (o tía) Jocabed, con la que tuvo a Moisés y Aarón (nada se nos dice de la hermana mayor que dejó a nuestro protagonista en el cestillo de juncos). Destaquemos la homofonía del padre de Moisés, Amram, con Amón-Ra; habremos de tenerlo en cuenta cuando hablemos de la imposible pero fascinante posibilidad de que Moisés fuera, en realidad, el oscuro Akenatón, también llamdo Amosis, o sea A-Mosés, que castellanizado se queda en Moisés.
En este capítulo se superpone otra fuente narrativa, que provoca alguna reiteración. Por ejemplo Moisés vuelve a quejarse de su tartamudez y Yahveh –en vez de curarlo- opta por que sea Aarón el vocero de la causa:

ÉXODO 7 - 9.- “Entonces Yahveh dijo a Moisés: -Mira, yo te he puesto como dios para el faraón, y tu hermano Aarón será tu profeta. Tú le dirás a Aarón todas las cosas que yo te mando, y él hablará a Faraón para que deje ir de su tierra a los hijos de Israel. Mas yo endureceré su corazón, y multiplicaré mis prodigios y portentos en la tierra de Egipto”.
Ciertamente impagable eso de que “yo endureceré su corazón”, así tendrá ocasión de hacer exhibición de todo su arsenal de plagas variopintas y apocalípticas. Es lo que le va a D. Yahveh: el Apocalipsis.
Cada dos por tres habla Moisés y su hermano con Faraón, cuando es bien sabido que el rey de egipto era un ser divino al que no podía siquiera mirarse; por eso se hace difícil imaginar a dos esclavos hebreos consiguiendo audiencia con Faraón cada vez que les daba la gana.
Y como el corazón del hijo de Amón-Ra seguía pétreo, las plagas van cayendo, inmisericordes, sobre los egipcios.
Como dato anecdótico diremos que en Éxodo 9:26 se nos hace saber que los hebreos habitaban en la tierra de Gosén (o Gesén).

ÉXODO 10 - 12.- “Y dijo Faraón a Moisés: -¡Retírate de mi presencia, y guárdate de volver a mí, porque ese día morirás!
Respondió Moisés: -Así se hará; jamás volveré a ver tu cara”.
Y llega la última plaga: la muerte de todos los primogénitos egipcios. Cuando faraón contempla el cadáver de su hijo mayor, se derrumba y los deja marchar.

ÉXODO 13 - 14.- “Habló después el Señor a Moisés, diciendo: -Conságrame todo primogénito que abre el vientre de su madre, antre los hijos de Israel, tanto de hombres como de animales, porque míos son todos”.
Luego vendrá el desastre del Mar Rojo, y el pobre Faraón ahogado con todo su ejército en la mar océana; “Y seré glorificado en el exterminio de Faraón y de todo su ejército, y de sus carros y caballería”.

NOTA.- Hacia el 1580 a.C., Amosis expulsa a los hicsos de Avaris, su capital, y los persigue hacia Palestina, fundando el Imperio Nuevo. ¿Tiene esto alguna relación con la historia de Moisés?
Hay una teoría que nos habla de dos éxodos, uno el de los hiscsos, y otro en época de Ramsés II, relacionado con las primeras invasiones de los Pueblos del Mar. Incluso se afirma que la desbandada de los monoteístas solares tras la muerte de Akhenaton (Amenofis IV) en 1358 a.C. está asociado a uno de los dos éxodos; por no hablar de la curiosa teoría que identifica a Moisés con el susodicho Amenofis IV.
Intentando centrar el tema diremos que, por los relatos bíblicos, queda claro que no existía homogeneídad ni de acción ni de cronología entre las doce tribus. Diremos también que la Alianza del Sinaí, en la que Moisés aparece ejerciendo de mediador entre Yahveh y el Pueblo Elegido, es el fundamento de las pretensiones teocráticas del pueblo hebreo, y los ritos inherentes al pacto no son del todo desconocidos entre los viejos pueblos nomádicos, y las formulaciones de la Alianza recuerdan muy de cerca los contratos de vasallaje conocidos en diversos ámbitos del Próximo Oriente, especialmente entre los hititas.
Probablemente el Dios de Abraham fue un primitivo dios tribal que iba asociado a otras entidades menores. Las piedras de culto (como la de Jacob en Betel), los árboles sagrados (como la encina de Mambré) y el rito de Pascua podrían ser manifestaciones de este primitivo estadio con características pastoriles y transhumantes.
Con el Éxodo, Moisés coge ese dios tribal y lo monoteíza, dándole muchos de los atributos de Atón, pero adaptándolo al viejo dios pastoril, símbolo básico de un clan. Con la sedentarización, el Dios nomádico se hace Dios de santuario; el Dios patriarcal se sincretiza con el dios semítico-occidental "El", y, al igual que éste, recibirá culto en los centros religiosos fijos; los lugares altos y los bosques, y protege los ciclos agrícolas. Y en este nuevo contexto recibirá las denominaciones de El, Elhoím, El'Sadday y otras similares; a la vez se produce una transición de los viejos centros religiosos cananeos a referencias sagradas israelitas, y las fiestas agrícolas cananeas son asumidas por los judíos, así Pentecostés (época de la siega) o los Tabernáculos (vendimia).
Pero siempre pervivieron, en esta segunda etapa, grupos monacales, herederos de los antiguos sacerdotes monoteístas de Atón que, convenientemente evolucionados, se constituyeron en castas sacerdotales que mantuvieron siempre viva la llama del monoteísmo. Su autoridad moral era inmensa, lo que les permitía criticar la conducta de los reyes sin que éstos se atrevieran a tomar represalias.

ÉXODO 15 - 16.- Jolgorio y alegría generalizada. Los hombres comienzan a entonar himnos de alabanza al Señor. “Entonces María, la profetisa hermana de Aarón, tomó en su mano un pandero; y salieron en pos de ella todas las mujeres con panderos y danzas”. Suponemos que esta María también compartiría parentesco con Moisés.
Y de este modo tan alborozado comienza el éxodo por el desierto. Pronto se enterarán de lo que vale un peine. Sed, mucha sed y empalagoso maná.

ÉXODO 17.- Llegan las primeras batallas; “aparecieron los amalecitas y presentaron batalla a Israel en Rafidim”.
Josué será el general que afronte el encuentro. Moises ayuda con su magia desde la cima de un montaña observando los acontecimientos; “cuando Moisés alzaba las manos vencía Israel, mas si las bajaba un poco Amalec tenía ventaja”. Así que Aarón y Hur le sujetan los brazos a Moisés hasta la puesta del Sol. “Y Josué derrotó a Amalec y pasó a cuchillo a su gente. Entonces el Señor dijo a Moisés: -Escribe esto para memoria en un libro, y adviérteselo a Josué, a saber, que Yo he de borrar de debajo del Cielo la memoria de Amalec”.
Y es que, según Deuteronomio 25:18, los amalecitas habían atacado a traición a los israelitas, acuchillando a los rezagados.

ÉXODO 18.- Las noticias corren como el viento por el desierto, y Jetró (el antiguo Ragüel), suegro de Moisés y sacerdote de Madián acude a su encuentro acompañado de Séfora, Gersam y Eliezer, mujer e hijos de Moisés, respectivamente.
El sabio Jetró le aconseja que forme un gobierno militar para descargarle las ingratas tareas administrativas y de justicia. Y así lo hace, dividiendo al pueblo en decurias, cincuentenas, centurias, etc. colocando distintos jefes al frente. Luego, el sacerdote madianita vuelve a su pueblo.

ÉXODO 19 - 22.- Al tercer mes de su salida de Egipto, llegan los hebreos al desierto del Sinaí (más bien se refiere al monte Sinaí, que no sabemos cuál es), y llave prepara la grandiosa puesta en escena para su aparición en público.
Entre tanto nos entretiene con perlas como esta: “Yo soy Yahveh, Dios tuyo, el fuerte, el celoso, que castigo la maldad de los padres en los hijos hasta la tercera y cuarta generación de aquellos que me aborrecen” y entonces dicta los Diez Mandamientos y otras normas morales y judiciales.

ÉXODO 23.- Dice Yahveh a su pueblo: “Mira que yo enviaré al ángel mío para que te guíe y guarde en el viaje para que te guíe y guarde en el viaje hasta introducirte en el país que te he preparado [...] Y mi ángel irá delante de ti y te introducirá en el país del amorreo, y del heteo y del ferezeo y del cananeo y del heveo y del jebuseo, a los cuales yo exterminaré”.
No es la primera vez que habla de “ángel” en singular. “Ángel” es palabra griega que significa “mensajero”, ignoro el exacto significado en hebreo. Hasta ahora, el ángel del Señor es como su espíritu, una proyección pseudo-material de Si mismo.

ÉXODO 24 - 27.- “Luego subieron Moisés y Aarón, Nadab y Abiú, y los setenta ancianos de Israel. Y vieron al Dios de Israel; y la peana de sus pies parecía una obra hecha con zafiros, y como el cielo cuando está sereno”. Así pues, Yahveh no era una zarza siempre ardiendo, sino un viejo barbado subido a una peana de fina orfebrería. Afortunadamente nadie muere por haberlo visto. Todo un detalle.
Luego subió solo Moisés a lo alto del monte Sinaí; alli estará durante seis días esperando la llamada de Yahveh, y al séptimo se le aparece. Luego durante cuarenta le da instrucciones precisas de cómo fabricar el Arca de la Alianza, el candelabro de los seis brazos y el Tabernáculo. “Y pondrás en el Arca las Tablas de la Ley que yo te daré. Desde allí te intimaré Yo mis órdenes”. O sea, el Arca de la Alianza era el Teléfono Rojo de Yahveh.

ÉXODO 28 - 31.- Yahveh confirma a Aarón como el iniciador de la dinastía sacerdotal; pero tiene pinta de posterior interpolación.
También explica cómo desea que se le hagan los sacrificios: “Y de esta suerte ofrecerás el carnero, quemándolo todo entero sobre el altar; oblación que se hace al Señor, y hostia,cuyo olor le es sumamente agradable”. Exactamente igual que los sacrificios helenos.
Acabadas las instrucciones sobre el ritual de los sacrificios, pasamos a la parte económica: “Cuando formares el censo de los hijos de Israel, cada uno dará alguna cosa al Señor en precio de su rescate; y empadronados que estén, no habrá entre ellos ningún desastre”. Había que pagar medio siclo, o sea, diez óbolos. Ignoro si era impuesto anual.
Para fabricar todos los artilugios de culto, ya fuese labor de carpintería, de orfebrería, sastrería o perfumería, Yahveh elige a Beseleel, y como ayudante nombra a Ooliab.
Para terminar, Yahveh conmina a su pueblo a que se tome en serio los festivos: “Guardad mi sábado porque es sacrosanto para vosotros. El que lo violare será castigado de muerte. El que trabaje ese día perecerá de en medio de su pueblo”.
Y por si quedaba alguna duda vuelve a repetir que “cualquiera que en tal día trabajare será castigado con la muerte”. “Concluidos estos razonamientos en el Monte Sinaí, dio el Señor a Moisés las dos tablas de Piedra que contenían la Ley, escritas por el dedo de Dios”.

ÉXODO 32.- No es de extrañar que tardara 40 días en dar todas las instrucciones. Entre tanto, el pueblo, siempre ingrato, se aburre y cree que Moisés ha muerto entre tanto aparato eléctrico y nube tenebrosa, así que piden a Aarón la fábrica de un ídolo que suplante al invisible y poco agradecido Yahveh. Dicho y hecho. Las sortijas de oro de las israelitas, conveniente fundidas, dan lugar a un magnífico becerro dorado a imitación del buey Apis egipcio.
Yahveh, que es un dios celoso, monta en cólera y le dice a Moisés que va a exterminar a los israelitas, pero este ruega y suplica, y logra aplacarlo. Eso sí la venganza será apocalíptica. Moisés entra en el poblado, hecho una furia, rompiendo las Tablas de la Ley escritas por Dios y quemando el ídolo abominable. Después, “poniéndose a la puerta del campamento dijo:
- El que sea del Señor júntese conmigo.
Reuniéronsele luego todos los hijos de Leví, a los cuales dijo:
-Esto dice Yahveh, Dios de Israel: Ponga cada cual la espada a su lado. Pasad y traspasad por medio del campamento desde una a otra puerta, y cada cual mate al hermano y al amigo y al vecino.
Ejecutaron los levíticos la orden de Moisés, y perecieron en aquel día como unos veintitrés mil hombres.
Y Moisés les dijo:
- Hoy habéis consagrado vuestras manos al Señor, matando cada uno con santo celo al propio hijo y al hermano, por lo que seréis benditos.”

ÉXODO 33 – 39.- El pueblo se arrepintió y el celoso Yahveh quedó satisfecho con la escabechina. Luego hizo Moisés unas nuevas Tablas.
A continuación, Ooliab y su equipo de artesanos comienzan a fabricar el Tabernáculo y resto de objetos sagrados. Todo Israel se volcó haciendo donativos (tras la reciente experiencia todos estaban muy motivados), y, cuando acabaron la tarea, Moisés bendijo la obra.

ÉXODO 40 .- Yahveh le explica a Moisés cómo deben montar el Tabernáculo y el Arca: “Concluidas todas estas cosas, una nube cubrió el Tabernáculo del Testimonio y quedó todo lleno de la Gloria del Señor”. Esta nube, una especie de Espíritu Santo, los irá guiando en su largo peregrinar.

LEVÍTICO
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Es el conjunto de leyes dadas por Yahveh, y que regulan toda la actividad del Pueblo israelita de modo minucioso y exhaustivo. Yahveh pormenoriza cómo han de ser los sacrificios y los rituales, consagrando por último a Aarón e hijos (S.L.) como sacerdotes suyos.

LEVÍTICO 9.- Establecida la teoría, viene su aplicación práctica. Aarón e hijos (S.L.) realizan el primer sacrificio, “y la gloria del Señor se dejó ver de toda la muchedumbre, pues un fuego enviado por Yahveh devoró el holocausto y los sebos que había sobre el altar. Lo cual, visto por las gentes del pueblo, hizo que se postraran sobre sus rostros y alabaron al señor”.
Por tanto, prueba superada.

LEVÍTICO 10.- “Pero Nadab y Abiú, hijos de Aarón, tomando los incensarios, pusieron en ellos fuego e incienso encima, ofreciendo ante el Señor fuego extraño, lo cual les estaba vedado. Por lo que un fuego venido de Yahveh les quitó la vida y murieron en presencia de Yahveh.”
Y aún les dijo Moisés a los supervivientes que si mostraban signo de duelo también perecerían.

LEVÍTICO 11 - 15.- Relación de animales inmundos que no pueden comerse ni tocar sus cuerpos muertos:
Camélidos; puercoespín; liebre; cerdo; cuadrúpedos no rumiantes (perros, gatos, etc.); animales acuáticos sin escamas (anguilas, ranas, marisco, etc.); aves rapaces; córvidos; avestruz; zancudas; abubilla; murciélago; insectos (excepto el saltamontes) y reptiles.

LEVÍTICO 16.- Donde se explica que en el día de la expiación un macho cabrío asume simbólicamente todos los pecados del pueblo y es soltado por el desierto. Es el famoso chivo expiatorio.
Todo este complejo sistema de culpas y ritos sacrificiales exculpatorios explica la figura redentora de Jesucristo y la necesidad de su muerte en la cruz.

LEVÍTICO 17.- Quedan prohibidos los sacrificios particulares. Sólo el sacerdote está autorizado para ello (explicación asimismo de la figura sacerdotal en el catolicismo). Quien quebrantare este precepto “será reo de muerte; y así sera exterminado de la sociedad de su pueblo, como si hubiere cometido un homicidio”.
También serán reos de muerte –incluidos los forasteros- aquellos que se alimenten de la sangre de los animales “por cuanto la vida del animal está en la sangre”.

LEVÍTICO 18.- (Preceptos sobre la castidad).
Queda prohibida toda relación de consanguinidad, incluidos padrastros, madrastras, tias/os y cuñadas/os.
También mantener relaciones sexuales durante la menstruación, así como la zoofilia, la sodomía y el adulterio. “Cualquier persona que incurriere en alguna de estas abominaciones será exterminada de su pueblo”. Para variar.

LEVÍTICO 19.- Se dan los mandamientos de la Ley de Dios, al menos en parte. Entre ellos:
- "Amarás a tu amigo como a ti mismo”.
- “Si un hombre tuviera cópula con una mujer que sea esclava, ya casadera, pero todavía no rescatada ni en libertad, serán ambos azotados, pero no muertos; pues ella no era libre”.
- “Ante la cabeza llena de canas ponte en pie y honra la presencia del anciano”.

LEVÍTICO 20 - 25.- Lo anterior se completa con: “El que maldijere a su padre o su madre, castigado sea con la pena de muerte”.
Los adivinos y pitonisas tenían que ser lapidados. Palabra de Yahveh, etc. etc.
Los sacerdotes sólo podían casarse con vírgenes de alto linaje y ninguno de los dos cónyuges podía tener defectos físicos.

LEVÍTICO 26.- Yahveh habla claro a los hijos de Israel: si cumplen sus preceptos, lograrán una vida paradisíaca, en caso contrario los castigará y torturará con saña.
La descripción de las plagas que les piensa enviar en cuanto se aparten de la Ley es algo francamente aterrador.
Decididamente es imposible que Éste sea el Dios del amor y el perdón. Claramente se ve que esta parte está escrita durante el Cautiverio, pues da por sentado que algún día serán sometidos por el enemigo: “Y a vosotros os dispersarán por entre las naciones, y desnvainaré mi espada en pos de vosotros, y quedará yerma vuestra tierra, y arruinadas vuestras ciudades”. Aunque dejando, al final, la puerta abierta a la esperanza, afirmando que no los abandonará del todo. Y es que, el el fondo, Yahveh no es mala persona.

NÚMEROS
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Llámanse así estos libros por su alusión a los censos, datos y cifras varias.

NÚMEROS 1 - 2.- Al segundo año de la salida de los hijos de Israel de Egipto, Yahveh ordena a Moisés que haga un censo; sólo se contarán los varones de más de veinte años (o sea los hombres en edad de empuñar armas).
El cómputo fue de 603.550 indivíduos, sin contar a los levitas, que estaban por entero consagrados a Dios; si bien éstos montaban, desmontaban y trasladaban el Tabernáculo y el Arca, los cuales andarían en torno a los 50.000 miembros, que era la media de varones adultos por tribu. Cifra, evidentemente, de todo punto exagerada.

NÚMEROS 3 - 5.- Vuelve a insistir Yahveh en que se le consagren todos los primogénitos: “Desde que maté los primogénitos en la tierra de Egipto, consagré para Mí todo lo primero que nace en Israel, así de hombre como de animales, todos son míos”.

NÚMEROS 6 - 10.- Se marcan las normas del nazareato, o sea de los hombres consagrados al servicio de Yahveh.
Estoy totalmente convencido de que Jesúcristo no nació en Nazaret (ni tampoco en Belén), porque Nazaret nunca ha existido. El Hijo de Yaveh vino al mundo en algún lugar de Galilea; lo de nazareno, nazareo o nazoraios se debe a su condición de varón entregado a Dios. Igual condición que tenía el Bautista o tantos y tantos profetas e iluminados que por Palestina pululaban en el s.I.

NÚMEROS 11.- “Entre tanto se suscitó murmullo en el pueblo, como quejándose contra el Señor por el cansancio, lo que habiendo oído Yahveh, enojóse, y encendido contra ellos fuego de Yahveh devoró a los que estaban en la extremidad del campamento”.
Pasada la chamusquina, el pueblo, relapso y contumaz, quéjase de nuevo amargamente porque no comía carne. El maná, dulzón y empalagoso, está bien como postre o en el desayuno, pero los pobres hebreos estaban totalmente empachados tras llevar meses sin probar otra cosa. Yahveh respondió: “Sí, el Señor os dará carne para que comáis, no un día, ni dos, ni cinco , ni diez, ni veinte ¡¡¡SINO POR TODO UN MES ENTERO HASTA QUE OS SALGA POR LAS NARICES Y OS CAUSE NÁUSEAS!!!”. Palabra de Dios etc. etc.
Y así ocurrió, bandadas interminables de codornices iban cayendo sobre el campamento israelita. Los hebreos se pusieron a gusto de codornices, pero al día siguiente “todavía tenían las carnes entre los dientes y no se habían acabado aún semejante vianda, cuando de repente, irritado el furor del Señor contra el pueblo, lo castigó con una plaga sobremanera grande. Por cuyo motivo fue llamado aquel lugar Quibrot-hata avah (sepulcro de concupiscencia) porque allí quedó sepultado el pueblo glotón”.

NÚMEROS 12.- Aarón y su esposa, María, murmuraban contra Séfora, la mujer etíope (y por tanto negra como el carbón, pues Madián se halla en la actual etiopía) de Moisés. De paso dejaban caer que ellos dos sí que eran israelitas puros, y que también el Señor les hablaba. Aquello olía a conspiración. Entonces Yahveh descendió en forma de nube y dejó las cosicas claras a la intrigante pareja: Moisés era su favorito y el jefe de los indios, y les dijo que lo consideraba “el hombre más manso de cuantos moraban en la Tierra [...] porque Yo a él le hablo boca a boca, y él ve claramente a Yahveh, y no por enigmas o figuras”.
Esta última frase es muy importante pues nos sugiere que los israelitas tenían un concepto antropomorfista de la imagen de Yahveh. Él no quería que se realizasen imágenes suyas, ni que conocieran su nombre por la creencia supersticiosa de que a través de las imágenes y los nombres se puede dominar tanto a personas como a dioses, espíritus, ángeles o demonios. Pero Yahveh, está claro que tiene una forma parecida al ser humano, y un nombre.
Después del diálogo vino el ajuste de cuentas, pues el Señor nunca da puntada sin hilo, y María fue castigada con una repentina lepra. Aunque gracias a la mediación del “manso” sólo le duró una semana.

NÚMEROS 13.- Moisés envía 12 hombres (uno por tribu, supliendo a Leví la de Efraím) para que reconozcan la misteriosa tierra de Canaán, a fin de comenzar la conquista. El jefe de los exploradores es Josué, efraimita y hombre aguerrido, como se corresponde con su belicosa tribu.

Efraím (del hebreo, 'doblemente fecundo'), fue el hijo menor de José y de Asnat. El poderío de este clan entre las demás tribus de Israel y su precedencia sobre la de Manasés (el hermano mayor de Efraím) se augura en Génesis 48. Los efraimitas habitaron en una de las zonas más fértiles de Palestina. Su territorio abarcaba lo que más tarde se denominó Samaria. Tenía por límites: al norte, la tribu de Manasés, al este el río Jordán, al sur la tribu de Benjamín, y al oeste el mar Mediterráneo y la tribu de Dan. Según 1 Samuel, Silo (una importante ciudad de los efraimitas) fue el primer lugar donde se instaló de forma permanente el Arca de la Alianza. La tribu de Efraím siempre aparece caracterizada como una de las más belicosas de Israel. Criticaron a Gedeón (1 Jue. 8,1) por no solicitar su asistencia en la guerra contra los madianitas y protestaron ante Jefté (Jue. 12,1) por no haber sido llamados a participar en la batalla contra los amonitas. Dos de los efraimitas más importantes que recoge la historia bíblica son Josué, conquistador de Canaán, y el profeta Samuel.
Tras la muerte de Saúl, primer rey de Israel, los efraimitas se unieron con las demás tribus de Israel, a excepción de Judá, nombraron rey a Isbaal —hijo de Saúl— y se rebelaron contra David (2 Sam. 2,8-10). En el siglo X a.C., tras la muerte del rey Salomón, por quien habían estado muy oprimidos, los efraimitas —bajo el mando de Jeroboam— se sublevaron contra el hijo y sucesor de Salomón, Roboam. Los efraimitas, aliados con todas las tribus de Israel (a excepción de Judá), Simeón, Leví y parte de la tribu de Benjamín, formaron el Reino del Norte, o Israel (1 Re. 12).

Al cabo de 40 días, regresan los exploradores con un enorme racimo de uva, que sólo podía ser llevado entre dos hombres. Ciertamente la Tierra Prometida mana leche y miel, pero sus habitantes son fieros y terribles: “Allí vimos unos hombres descomunales, hijos de Enac, de raza gigantesca, en cuya comparación nosotros parecíamos langostas”, dijeron desolados los del comando.
Probablemente tan aterradores enemigos fueran indoeuropeos, rubios, altísimos.

NÚMEROS 14.- Los israelitas se desmoralizan y cunden las defecciones. “Y así dijéronse unos a otros: -Nombremos un caudillo y volvamos a Egipto”.
Josué recrimina al pueblo su cobardía y las turbas responden con amenazas de lapidarlo. Yahveh interviene: enviará una peste que acabará con el Pueblo Elegido. Moisés intercede y al final el castigo queda en hacer vagar a los hebreos por el desierto durante cuarenta años, hasta que con el tiempo muera la actual generación; nadie de los que estuvo en Egipto pisará la Tierra Prometida. Eso sí, los exploradores, culpables de haber desmoralizado al pueblo, son afligidos con una plaga y mueren de penosa enfermedad. Tan sólo serán perdonados Josué y Caleb.
Ante un panorama tan desolador, los hebreos deciden huir hacia delante y conquistar la tierra de Canán. A buenas horas.
El Señor les ha retirado su gracia y, tal como ha pronosticado Moisés, sus paisanos sufren una aplastante derrota a manos de amalecitas y cananeos.
No quedaba otro remedio que resignarse a su errante destino.

NÚMEROS 15.- “Aconteció, estando los hijos de Israel en el desierto, que hallaron a un hombre cogiendo leña en día de sábado, y lo presentaron a Moisés y Aarón y a toda la sinagoga [...] y dijo el Señor a Moisés: -Muera sin remisión ese hombre; mátelo todo el pueblo a pedradas fuera del campamento.
Y, habiéndolo sacado afuera, lo apedrearon, y quedó muerto como el Señor lo había mandado”
Aprovechando la coyuntura, les dice Yahveh cómo ha de vestir el buen hebreo: túnica orlada por una franja que rodeará el manto, y cuyos cabos llevarán unos lazos o flecos de color cárdeno.

NÚMEROS 16.- Pero he aquí que Coré, primo de Moisés (y Aarón, claro) encabezó una sedición de 250 preclaros varones israelitas, y presentándose delante de los hermanos les espetó con chulería: “-Básteos ya lo hecho hasta ahora; puesto que todo este pueblo es de santos y en medio de ellos está Yahveh ¿Por qué causa os ensalzáis tanto sobre el Pueblo del Señor?”.
Moisés acepta el órdago y lo desafía, a él y sus secuaces, a que se presenten al día siguiente provistos de incensarios para saber a quién prefiere Yahveh como casta sacerdotal.
Llegado el día de la prueba, todos los amigos de Coré junto con sus familias, tiendas y enseres son tragados por la tierra, “y cubiertos de tierra bajaron vivos al infierno (Sheol)”. Todo Israel echó a correr aterrado.
Entre tanto, de la zona aaronita salió un fuego que abrasó vivos a los 250 díscolos que, incensario en mano, todavía no se habían repuesto del espectáculo de sus colegas tragados por la tierra. Así dejaba Yahveh zanjada la cuestión de sus preferencias.
“Al día siguiente, toda la multitud de los hijos de Israel murmuraba contra Moisés y Aarón diciendo: -Vosotros habéis dado la muerte al Pueblo del Señor”.
Los hermanísimos hubieron de refugiarse en el Tabernáculo huyendo de sus airados paisanos; afortunadamente Yahveh salió en su defensa: “Y dijo el Señor a Moisés: -Retiraos de en medio de esa turba, que ahora mismo voy a acabar con ellos”. Catorce mil setecientos hombres cayeron fulminados, hasta que Aarón, a instancias de Moisés, acudió allí con el incensario para aplacar a un Yahveh fuera de control.

NÚMEROS 17.- Donde tiene lugar el notable milagro del florecimiento de la vara de Aarón, con el propósito de disipara cualquier duda sobre el designado por Yahveh para ocupar la disputada plaza de Sumo Sacerdote.
Pero da igual, este pueblo es duro de cerviz, como muy bien repite Yahveh hasta la saciedad, y no comprende la violenta conducta del Señor Todopoderoso: “Los hijos de Israel dijeron a Moisés: -He aquí que nos vamos consumiendo y pereciendo todos. Cualquiera que se acerca al Tabernáculo de Yahveh es herido de muerte. ¿Hemos de ser todos aniquilados hasta no quedar ninguno con vida?”.
Moisés dio la callada por respuesta.

NÚMEROS 18 – 19.- Donde se fijan los emolumentos, deberes y obligaciones de los levitas: exención de combatir, bebida y comida gratis y un buen sueldo, la ofrenda de los diezmos. Y es que ser cura ha sido siempre un chollo.

NÚMEROS 20 - 21.- Por enésima vez se amotina el pueblo, harto de pasar sed y de errar sin rumbo fijo durante cuarenta años. Yahveh indica a Moisés una roca para que la golpee con su cayado; al instante brota una fuente de aguas frescas y cristalinas. A esa fuente se la llamó Meriva, que significa “contradicción”, “pues allí contendieron los hijos de Israel contra Yahveh y Él manifestó en ellos su gloria”.
Por alguna razón, Moisés y Aarón ofendieron al Señor grandemente; parece ser que dudaron o cuestionaron alguna orden suya, el caso es que Dios los castiga con no entrar en la Tierra Prometida.
Luego, desde Cades, envía Moisés mensajeros al rey de Idumea para que les permitiera cruzar su reino. Apela a él como hermano, ya que los idumeos son descendientes de Esaú; pero Edom, su rey, les salió al paso con gente armada impidiéndoles seguir. No les queda otra que dar media vuelta camino del monte Hor (Horeb?), y bordear la frontera. Allí muere Aarón siendo substituido en el sumo sacerdocio por su hijo Eleazar.
No debían de estar pasando los israelitas por un buen momento, y como a perro flaco todo son pulgas pues Arad, rey de los cananeos, les presenta batalla y los derrota. Entonces los hebreos hacen un voto a Yahveh: si les da la victoria ante Arad, arrasarán las ciudades cananeas. Así sí; el Señor misericordioso y eterno acepta encantado el trato. Todos los vencidos son pasados a cuchillo.
Sin embargo el trato no funcionó con los idumeos pues siguieron su peregrinar sin atreverse a cruzar su frontera, con el enorme rodeo que ello suponía. Así que, para variar, el pueblo, duro de cerviz y bastante idiota, comienza a murmurar; y digo lo de idiota porque a estas alturas ya tenían que saber todos cómo las gasta Yahveh con los disidentes; en este caso no hará una excepción y les envía una plaga de serpientes venenosas que provocan la consiguiente mortandad. Arrepentida la chusma, Moisés fabricó una bicha de bronce que curaba a cuantos la miraban.
Era en realidad esta imagen un idolillo sospechosamente emparentado con el caduceo de Asclepio, dios de la medicina, y con el culto egipcio al dios-serpiente Ptah, sanador por excelencia. Esta pagana estatua se mantuvo durante siglos hasta que fue derruida por Ezequías (2 Rey. 18:4) “Porque hasta aquel entonces le quemaban incienso los hijos de Israel. Y la llamó Nejustán”.
Siguieron, pues, los hebreos con su triste peregrinar entre el Escila y Caribdis de la frontera amorreo-moabita. “Desde allí envió Israel embajadores a Sehón, rey de los amorreos” para que les dejara atravesar su reino. Obviamente la respuesta fueron nones, y la consecuencia fue un encuentro armado en Jasa. Yahveh fue propicio a su pueblo y los amorreos fueron aplastados, siendo ocupado su reino. “Dando después la vuelta subieron por el camino de Basán, y les salió al encuentro Og, rey de Basán”. De nuevo, con la ayuda de Yahveh, gana el Pueblo Elegido; “mataron, pues, también a este rey con sus hijos y a toda sus gente sin dejar hombre vivo, y se apoderaron de su tierra”.

NÚMEROS 22.- “Pasando adelante, acamparon en las llanuras de Moab, cerca del Jordán, donde al otro lado está Jericó”.
Balac, rey de los moabitas, viendo lo que se le venía encima, contactó con Balaam, mago y adivino que vivía en tierra amonita para que maldijese a los hebreos. Un absurdo recurso de magia.
Pero Balaam, advertido por Yahveh, se niega a tal acción. Como le insistera Balac, el Señor le consiente que vaya a la Corte de Balac.
Levantóse Balaam de mañana, y aparejada su borrica marchóse con los consejeros de Balac. Mas hete aquí que Yahveh, voluble como es, se echa otra cuenta y envía a un ángel para que se pare delante de la burra. Ésta, aterrada, se negaba a seguir avanzando. Balaam, que no veía al fiero arcángel, la molía a palos. Hasta que por obra y gracia de Yahveh, la jumenta se pone a hablar, recriminando a Baal su conducta. El mago, cosa rara, no se asombra del fenómeno, y se lía a discutir con la pollina; Yahveh, harto de cháchara, permite que Baal pueda ver al ángel, espada en mano, y cae postrado de hinojos. El angélico alter ego del Sumo Hacedor le recuerda que debe seguir al pie de la letra las instrucciones divinas, a lo que Balaam no pone objeción alguna.

NÚMEROS 23 – 24.- Balaam y Balac están en lo alto de una colina, desde la que se divisa el campamento israelita, preparando un altar de sacrificios.
Balac no cesa de presionar a Balaam para que maldiga a sus enemigos, pero el mago sigue en sus trece, por lo que es despedido con cajas destempladas. Balaam concluye profetizando que Israel dominará toda esta tierra y que “saldrán navesde la costa de Quitim, que humillarán a Asiria y humillarán a Heber, pero también ellos serán destruidos”. Como ya sabemos, Quitim son los “bárbaros”, los extranjeros allende el Mediterráneo. Quizá se refiera a los Pueblos del Mar, a los macedonios de Alejandro o directamente a los romanos.
“Con esto se levantó Balaam, y regresó a su pueblo. Balac, asimismo, volviose por el camino por donde había venido”.

NÚMEROS 25.- Los hebreos pronto congeniaron con las moabitas (la famosa ley del “tiro de las dos carretas”) e, instigados por ellas, adoraron a Bel-fegor.
A Yahveh le falta tiempo para tomar cartas en el asunto, y exige a Moisés que comience a colgar al personal. Además la práctica seria de la religión cananea contemplaba la prostitución ritual (tanto femenina como masculina), por lo que Finees, hijo de Eleazar (y nieto de Aarón), llevado de su celo puritano, cogió una lanza, entró a la casa de una ramera madianita que estaba yaciendo con un israelita, “y los envasó a entrambos juntamente, al hombre y a la mujer, por las mismas partes pudendas”. Con lo que Yahveh le confirmó una alianza de eterno sacerdocio. Por lo demás esta acción sirvió para apaciguar al Señor, que ya había enviado una peste que produjo veinticuatro mil muertos. La teoría de la prostitución sagrada cobra fuerza al saber que la “ramera”asesinada era Cozbi “hija de Sur, príncipe nobilísimo de los madianitas”. Y de postre “habló después Yahveh a Moisés diciendo: -Conozcan los madianitas que sois sus enemigos y pasadlos a cuchillo”.

NÚMEROS 26.- Y tras tanta batalla y escabechina generalizada, Yahveh ordena que se haga un censo de los varones en edad de guerrear, para preparar el asalto a la Tierre Prometida. El caudillo que lo llevará a cabo será el benjaminita Josué (yoshua).
Sólo Josué y Caleb eran de la generación anterior, pues los demás habían muerto o les faltaba poco, “por cuanto el Señor tenía predicho que todos habrían de morir en el desierto. Y así es que ninguno de ellos se quedó, sino Caleb, hijo de Jefone y Josué hijo de Nun”

NÚMEROS 27.- “Dijo también Yahveh a Moisés: -Sube al monte Abarim, y contempla desde allí la tierra que Yo he de dar a los hijos de Israel”. A continuación le ratifica que morirá en seguida, sin poder entrar en la Tierra Prometida y ratifica a Josué como su substituto; a éste le encarga que se coordine con Eleazar –el Sumo Sacerdote- antes de dar ningún paso.
Todo está ya listo para el gran asalto.

NÚMEROS 28 – 30.- Yahveh da las últimas instrucciones legales sobre sacrificios, fiestas y compromisos de votos y juramentos.

NÚMEROS 31.- Para abrir boca: “Habló el Señor a Moisés diciendo: -Toma primero venganza de lo que han hecho a los hijos de Israel los madianitas”.
Dicho y hecho; todos los varones fueron pasados a cuchillo, las aldeas incendiadas, los bienes saqueados y las mujeres y niños cautivados.
Pero Moisés considera que las mujeres madianitas eran las responsables de todo este desasigado por haber seducido a los ingenuos israelitas y se ve en la obligación de hacer la siguiente matización: “Matad, pues, todos cuantos varones hubiere, aun a los niños, y degollad a las mujeres que han conocido varón, reservaos solamente a las niñas y a todas las doncellas”.
Arriesgado fue enmendarle la plana al Sumo Hacedor, que ya sabemos cómo las gasta en cuanto le llevan la contraria, pero en este caso debió de parecerle bien la enmienda a la totalidad, por ser consecuente con la vieja filosofía del “más vale que sobre...”

NÚMEROS 32.- Las tribus de Rubén y Gad piden permiso para quedarse en tierra de Madián, mas para que no puedan acusarlos de cobardía se comprometen a formar parte del ejército que conquiste la Tierra Prometida.
Recordemos que los hebreos van a entrar a Palestina desde el otro lado del Jordán, y que madianitas, amorreos y moabitas habitaban en la actual Jordania.
“Con esto, Moisés dio a los hijos de Gad y a los de Rubén y a la media tribu de Manasés, hijo de José, el reino de Sehón, rey amorreo, y el reino de Og, rey de Basán, y el territorio de ellos con sus ciudades al contorno”.

NÚMEROS 33.- “Dejando los montes de Abarim, pasaron a las campiñas de Moab, a orilla del Jordán, enfrente de Jericó. Y allí fijaron sus tiendas, desde Betsimot hasta Abelsatim, en los campos más llanos de los moabitas. Aquí fue donde el Señor dijo a Moisés: -Intima a los hijos de Israel, y diles: -Pasado que hubiereis el Jordán, y entrados en la tierra de Canaán, exterminad a todos sus moradores [...] y si no quisiereis matar a los habitantes del país [...] Yo haré contra vosotros todo lo que tenía resuelto hacer contra ellos”.

NÚMEROS 34 - 36.- Donde describe Yahveh cuáles serán los límites de la Tierra Prometida: Por el Sur el desierto de Tsin (Sinaí?); por el Norte el monte “altísimo” (monte Hermón?); al Este el río Jordán; y al Oeste el mar Mediterráneo.
En resumen, la frontera natural era, por un lado el Mediterráneo, por el otro el Jordán; el extremo norte lo marcaban los altos del Golán, y por el Sur el Mar Muerto y el Sinaí.
Los capítulos 35 y 36 matizan leyes sobre homicidios y herencias.

DEUTERONOMIO
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DEUTERONOMIO 1 - 2.- Como su propio nombre indica (Deutero=otro, Nomio=tratado), este libro bíblico es una segunda versión de Éxodo, Levítico y Números; normalmente una repetición resumida, pero también una continuación.
Y comienza la obra con una rápida pincelada del peregrinar israelita, y cómo han llegado a esta situación.
En el segundo capítulo se nos aclara que los hebreos no conquistaron las montañas Seir porque Yahveh se las dio a Esaú y sus descendientes, lo que les obligó a pagar impuesto de paso al atravesar sus tierras. Lo cual se contradice con Números 20:21, donde queda claro que el rey de la zona, Edom, no los dejó pasar por su territorio.
Tampoco se enfrentan a moabitas y ammonitas por ser herederos de Lot.

DEUTERONOMIO 3 - 6.- Prosigue narrando la victoria contra Og, rey de Basán, “Y exterminamos aquella gente como habíamos hecho con Sehón, rey de Hesebón, acabando con todas las ciudades, con hombres, mujeres y niños; y cogimos los ganados y los despojos de las ciudades, con lo que nos hicimos entonces dueños de la tierra ocupada por los dos reyes amorreos que habitaban de este lado del Jordán [...] Es de saber que Og, rey de Basán, era el único que había quedado de la casta de los gigantes. Se muestra su cama de hierro en Rabbat, ciudad de los hijos de Ammón, la cual tiene nueve codos de largo y cuatro de ancho”.
Los hijos de Israel siguen su inexorable avance dejando un reguero de sangre y desolación a su paso. Esta tierra de Transjordania se la adjudica la tribu de Rubén y Gad, mas ellos se compromenten a participar en la conquista de Palestina, en solidaridad con los hermanos de las restantes tribus. Por último, la reiteración de que Moisés no pisará la Tierra Prometida; sí lo hará Josué, “pues es él quien ha de conducir a ese pueblo y quien distribuirá la tierra”.
Los siguientes capítulos son un recordatorio de las leyes dadas a Moisés.

DEUTERONOMIO 7 - 16.- “Cuando el Señor Dios tuyo te introdujere en la tierra que vas a poseer y destruyere a tu vista muchas naciones: al heteo y al gergezeo y al amorreo y al cananeo y al ferezeo y al heveo y al jebuseo; siete naciones mucho más numerosas y robustas que tú, y te las entregare, y has de acabar con ellas, sin dejar alma viviente”.
Luego prosigue con mandamientos y admoniciones en una lista terrorífica e interminable; haciendo especial hincapié en la obligatoriedad de matar a todo aquel que predicase una religión distinta de la hebrea, incluso si son amigos o familiares, tanto hermanos como cónyuges o hijos: “Tú serás el primero en alzar la mano contra él, y después hará lo mismo todo el pueblo: Muera cubierto de piedras, por cuanto intentó separarte del culto de Yahveh tu dios” (Deut. 13:9-10).
Y si en alguna de las ciudades conquistadas se tuviese la certeza de que sus nuevos vecinos judíos se han pasado al paganismo, entonces “inmediatamente pasarás a cuchillo a los moradores de aquella ciudad, y la arrasarás con todas las cosas que en ella haya, matando incluso las bestias [...] y quede la ciudad como un sepulcro y monumento sempiterno. No será jamás reedificada” (Deut. 13:15-16).

DEUTERONOMIO 17 - 18.- Nadie será condenado a muerte por el testimonio de un solo hombre. Pero sí por el de dos o más. “La mano de los testigos será la primera en tirar piedras para matarlo, y después todo el pueblo acabará de apedrearlo, a fin de extirpar al malo que hay en medio de ti”.
Si hubiere dudas se consultará al Sanedrín y a los sacerdotes, quienes, junto con el Sumo Sacerdote, dictarán sentencia. Y quien no obedezca tal sentencia será muerto.
Lo que nos trae a la mente el juicio y Pasión de nuestro Señor, y concluimos que todo el proceso se ajustó a tiempo y forma.

DEUTERONOMIO 19.- Dispuso Yahveh que habría ciudades-refugio donde pudiesen estar seguros los fugitivos por homicidio involuntario.

DEUTERONIMIO 20.- A las ciudades no cananeas con las que Israel entre en guerra, primero se les dará oportunidad de rendirse, si lo hacen se les perdonará la vida, y pasarán a ser tributarios; mas si deciden pelear se pasará a cuchillo sólo a los varones, siendo respetados mujeres y niños.
En cambio con las ciudades cananeas no habrá misericordia, “sino que a todos sin distinción los pasarás a cuchillo; a saber: al heteo, al amorreo, al cananeo, al ferezeo, al heveo y al jebuseo, como Yahveh, tu dios, te tiene mandado”.

DEUTERONOMIO 21 - 33.- “Cuando un hombre cometiere delito de muerte, y sentenciado a morir fuere colgado en un patíbulo, no permanecerá colgado su cadáver en el madero, sino que dentro del mismo día será sepultado: porque es maldito de Dios el que está colgado del madero”. Por eso Jesucristo jamás se imaginó que moriría en un madero, porque esa ignominiosa muerte lo hacía maldito a los ojos de Yahveh. Él pensaba más en el filo de la espada, como le acaeció al Bautista.
En los siguientes capítulos se reiteran leyes diversas; en concreto destacan las relativas a la virginidad, que solían acabar en lapidamiento. Hay que señalar también las terribles admoniciones del capítulo 28 si el Pueblo Elegido osara apartarse del camino marcado por Yahveh.
En Deut. 29:23 se nos dice que, además de Sodoma y Gomorra, también fueron aniquiladas Adama y Seboím.

DEUTERONOMIO 34.- “Subió, pues, Moisés a la llanura de Moab, al monte Nebo, sobre la cumbre de Fasga, en frente de Jericó, y mostróle el Señor toda la tierra de Galaad hasta Dan, y toda la de Neftalí, y la comarca de Efraím y de Manasés, y todo el país de Judá, hasta el mar Occidental (Mediterráneo), y la parte meridional, y la espaciosa vega de Jericó, ciudad de las palmas, hasta Segor”.
Y allí muere, con 120 años de edad.

JOSUÉ
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NOTA.- Es cierto que la arqueología demuestra que hubo destrucciones de ciudades palestinas a finales del s. XIII a.C., pero no tienen nada que ver con las brutales y sangrientas carnicerías de que nos habla el "Libro de Josué". Sencillamente no hubo tal campaña homogénea y rápida, sino que, poco a poco, cada tribu iba logrando sus pequeñas conquistas, jamás espectaculares ni definitivas, y siempre ligadas a una gran integración con la población local.

JOSUÉ 1 - 6.- Muerto Moisés, ordena Yahveh a Oseas (nombre auténtico de Josué, pues éste sólo era su apodo, que significa “salvador”. Recordemos que así se llamaba también Jesucristo) que cruce el Jordán e inicie la conquista de Canaán. Le recuerda cuáles serán los límites del nuevo territorio (en esta nueva versión quedan ampliados): “Vuestros términos serán desde el desierto (Sinaí) y desde el Líbano hasta el gran río Eúfrates; toda la tierra de los heteos (hititas) hasta el mar grande que cae a poniente será vuestra”.
El nuevo caudillo envía dos exploradores a Jericó, que se hospedan en casa de Raab, una prostituta que los ocultó, incluso mintió a sus conciudadanos, que los andaban buscando. A cambio de tan noble acción los israelitas perdonaran la vida tanto a Raab como a su familia.
Todo el pueblo atraviesa el Jordán, que se quedará seco en el tramo que vadean, trasunto del episodio del Mar Rojo.
Cruzado este nuevo Rubicón, la suerte está echada; ya están en tierra de Canaán. “Entonces dice Yahveh a Josué: -Hazte unos cuchillos de pedernal y restablece otra vez la circuncisión entre los hijos de Israel.”
Llegados a los alrededores de Jericó, se encuentra Josué con un personaje armado, es un ángel del ejército de Yahveh que está allí para ayudar.
Yahveh le da a Josué la solución para derribar la inexpugnable muralla de Jericó: el pueblo de Dios dará vueltas durante seis días en redor de la ciudad y al séptimo rematará con un toque sacerdotal de trompetas. Caídos que fueron los muros de la plaza, los hebreos entraron en tromba “y pasaron a cuchillo a todos cuantos había en ella, hombres y mujeres, niños y ancianos: matando hasta los bueyes, las ovejas y los asnos”. Tan sólo se salvan Rahab, la ramera (aunque también podría traducirse como “mesonera”), y su familia. Después incendiaron la ciudad y a otra cosa, mariposa.

JOSUÉ 7 – 8.- “Pero los hijos de Israel quebrantaron el mandamiento, y se apropiaron parte del anatema. Porque Acán, hijo de Carmi, hijo de Zabdi, hijo de Zaré, de la tribu de Judá, tomó alguna cosa de lo destinado al anatema, por lo cual se enojó Yahveh contra los hijos de Israel”. La venganza fue simple y efectiva (amén de santa); héte aquí que la siguiente ciudad a tomar era Hai, más bien un poblacho, así que los israelitas pensaron que un pequeño destacamento de tres mil hombres bastaría y sobraría para la conquista.
Mas fueron ignominiosamente derrotados por los haítas. Josué se rasgó las vestiduras, se tiró al suelo y desolado se lamentaba a Yahveh. Entonces aparece el Señor, y le hace saber al desolado caudillo que no van a ganar ni un torneo de petanca mientras no aparezca el que ha sustraído el botín reservado al anatema. Y para facilitar las cosas se realizará un sorteo público ante notario que nos permitirá dar con el sacrílego. Y, mira por dónde, el premio gordo le toca a Acán -hijo de Carmi, hijo de Zabdi, hijo de Zaré, de la tribu de Judá-, que decide cantar de plano: “Vi entre los despojos una capa de grana (púrpura?) muy buena, y 200 siclos de plata, y un lingote de oro de 50 siclos; y llevado de la codicia lo tomé y escondí bajo tierra en medio de mi tienda, y enterré el dinero en un hoyo”. Inmediatamente es apresado y, junto con su familia, ganado y posesiones, conducido al desierto. Allí mueren lapidados a manos del pueblo, luego encienden una inmensa pira “y fue consumido de las llamas su cuerpo y todo cuanto poseía”.
Salvado esta escollo ya puede tomarse Hai, y por si hubiere duda Yahveh anima a Josué para que actúe con “la ciudad de Hai y su rey como trataste a Jericó y al rey de ésta”. Como buen estratega que es, el Señor recomienda el viejo, mas no por ello menos eficaz, ardid de la emboscada en retaguardia: cinco mil hombres quedan ocultos a las afueras de Hai, mientras Josué provoca a los haitas que al final salen en su persecución y caen en el garlito. La victoria fue absoluta, “los que perecieron en esta jornada, entre hombres y mujeres, fueron doce mil”. A continuación se repartió el botín, se le pegó fuego a la ciudad y se ahorcó al rey. Amén.

NOTA.- Hacia el 1350, unos dos siglos más tarde de la expulsión hicsa, encontramos en Tell-el-Amarna referencia a grupos de bandas armadas que desde Palestina ponen en peligro la frontera oriental de Egipto: son los habiru o hapiru.
De nuevo se hace inevitable la asociación de "habiru" con "hebreos", y la conquista de Canaán por Josué, aunque cronológicamente hay diversas deficiencias e históricamente está demostrado que los "habiru" eran bandas de desarraigados, muchas veces contratados como mercenarios y que nos recuerdan mucho más a grupos errantes del tipo de los bagaudas de fines del Imperio Romano.
En cualquier caso, todo esto puede conciliarse, pues queda claro que los habiru eran semitas y también es evidente que las conquistas de Josué no tenían la unidad política y étnica que nos relata la Biblia. Los textos egipcios nos cuentan que los habiru fueron sojuzgados hacia el 1275 por Ramsés II que los tuvo esclavizados para realizar sus magnas obras arquitectónicas.
De todo lo cual debemos deducir que la Biblia mezcla varias tradiciones de las tortuosas relaciones entre israelitas y egipcios muy cercanas en el tiempo, creándose las leyendas de Josué, la estancia en Egipto, la esclavitud, la liberación de Moisés, el Éxodo y la conquista de Canaán.
La primera mención histórica de los israelitas data del 1234 aproximadamente la encontramos en la llamada "Estela de Israel", en la que el faraón Merempthá deja constancia de su victoria sobre israelitas, libios y otros "Pueblos del Mar".

JOSUÉ 9.- Habida cuenta el cariz que van tomando los acontecimientos se coaligan todos los pueblos cananeos para frenar la pesadilla hebrea; salvo los gabaonitas que, muertos de miedo envían una embajada fingiéndose embajadores de un país lejano que pretenden negociar un pacto. Cuando los hebreos descubrieron el ardid ya estaban bajo palabra, así que no podían hacerles ningún daño, aunque, eso sí, los condenaron a servir de criados que les suministrasen leña y agua “al lugar que el Señor escogiese, como lo hacen hasta el presente”. Resumiendo: los gabaonitas cometieron defección para pactar una rendición honrosa frente a los terribles invasores, y se hicieron vasallos de Israel.

JOSUÉ 10.- Adonisec, rey de Jerusalén, es el caudillo de la coalición cananea, y convocan a cinco reyes amorreos para conquistar la traidora ciudad de Gabaón. Sus habitantes envían un desesperado mensaje de auxilio a Josué: “No rehúses socorrer a tus siervos”. Evidentemente había un pacto de vasallaje. “Al punto, Josué subió de Gálgala, y con él los guerreros más valientes de todo su ejército”
Su victoria fue espectacular. El Señor también aportó su granito de arena, o de hielo por mejor decir, pues castigó al campo cananeo con una terrible granizada, de suerte que “fueron muchos más los que murieron del pedrisco que los pasados a cuchillo por los hijos de Israel”.
Como pronto va a llegar la noche, y Josué no quiere dejar un enemigo con vida, invoca al Sol y a la Luna para que detengan su curso, y Yahveh dio “curso” a tan singular petición, seguramente por ir cargada de buenas intenciones: “Y paróse el Sol y la Luna hasta que el pueblo del Señor se hubo vengado de sus enemigos”.
A pesar de todo, los cinco reyes cananeos –de Jerusalén, Hebrón, Jerimot, Laquis y Eglón- logran esconderse en una cueva; vano empeño pues son localizados y ahorcados. Esa cueva les servirá de sepultura.
Es de admirar que, en esta brillante campaña, no ha perecido ni un solo israelita, lo que anima a Josué a proseguir con la blitzkrieg y tomar Maceda, Lebna, Laquis, Eglón, Hebrón, Dabir, Asedot y otros lugarejos de menor importancia. “De esta suerte arrasó Josué too el país montuoso, el meridional y el llano, y también a Asedot con sus reyes: no dejó allí cosa con vida, sino que mató a todo ser viviente, como se lo tenía mandadó Yahveh, dios de Israel”.

JOSUÉ 11 - 12.- Enterado de esto Jobín, rey de Hazor, envían mensajeros al resto de pueblos cananeos para formar una nueva coalición que frene a las hordas hebreas. El choque tendrá lugar en las Aguas de Merom. Yahveh habla con Josué y le asegura la victoria: “-Yo te entregaré a todos esos para que sean pasados a cuchillo a vista de Israel. Harás desjarretar sus caballos y quemara sus carros”.
Y así sucedió. Todas las ciudades fueron ocupadas sin resistencia por los israelitas, pues estaban desguarnecidas; y tal y como había ordenado Yahveh, todos sus habitantes fueron pasados a cuchillo sin compasión. En total, desde que cruzaron el Jordán, han sido sometidos 31 reyes cananeos y toda la población exterminada. Esto se llama genocidio.

NOTA.- En la primera mitad del s. XV (época de Amarna) la mayor ciudad de Canaán era Hazor, en la alta Galilea, 14 Km. al norte de Tiberíades; era un estratégico enclave en las rutas de caravanas, sobre todo las de estaño. Unos cien años más tarde, Hazor, fue desruida completamente; la fecha vendría a coincidir con la supuesta conquista israelita liderada por Josué, y las Escrituras corroboran la saña de Josué contra Hazor. Sin embargo, muchos historiadores ponen en duda la autoría del caudillo hebreo en esta hazaña, porque esta ciudad quedaba muy al norte.

JOSUÉ 13 - 22.- “Era Josué anciano y de edad avanzada, cuando el Señor le dijo: -Tú estás viejo, y tienes ya muchos años, y queda por conquistar y dividir en suertes una tierra dilatadísima”. De nuevo repite Yahveh cuáles serán los límites de la Tierra Prometida y las tribus que deben ser exterminadas (todas).
En el versículo 22 leemos que “los hijos de Israel pasaron también a cuchillo, como a todos los demás, al adivino Balaam, hijo de Beor”. Así pues, no le sirvió de nada al mago amonita su negativa a maldecir a los hebreos y desairar a Balac, rey de los moabitas (Números 22). Mas le hubiera valido unir su magia a la espada de Balac. Suponemos que en realidad Balaam, o Baalam, significa “adorador de Baal”, y seguramente era un sacerdote baalamita.
Buena escarda hicieron los hebreos en la tierra de Canaán, que no dejaron uno vivo, “pero a los jebuseos, que habitaban en Jerusalén, no pudieron exterminarlos los hijos de Judá; y así el jebuseo continuó habitando en Jerusalén, con los hijos de Judá hasta el presente” (Josué 15:63). Habrá que esperar la llegada del rey David para que Jerusalén sea definitivamente conquistada.
En posteriores capitulos (Josué 17:12) nos enteramos de que muchas ciudades cananeas no pudieron ser sojuzgadas y se convirtieron en meros tributarios de los israelitas.
Probablemente estos truculentos relatos de genocidio y poblaciones enteras pasadas a cuchilo no deje de ser una invención que obligaba a los hebreos a creer una pureza racial que, con toda seguridad, nunca se dio. En cualquier caso, la convivencia con las tribus cananeas debió de ser algo habitual.
La conquista termina, y Josué agradece a las tribus de Rubén y Gad su lealtad y cooperación, despiediéndolos en paz para que regresen a sus territorios del otro lado del Jordán. Pero llegados a su tierra construyen un altar sacrílego; las demás tribus les piden explicaciones, y los amenazan con ir a la guerra. Ellos se justifican diciendo que ese altar no es para ofrecer holocaustos sino como homenaje a Yahveh. Y todos quedaron conformes.
Luego Josué y Eleazar entregaron su alma al Señor.

JUECES
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Los dos siglos aproximados que cabría atribuir a la época de los jueces quedan estirados en las Escrituras hasta más del doble, y se nos presentan en sucesión ininterrumpida de líderes con poder sobre todo Israel, cuando su alcance era muy localizado (muchas veces exclusivamente tribal) y, los hechos narrados, simultáneos.

JUECES 1.- “Muerto Josué, los hijos de Israel consultaron a Yahveh diciendo: -¿Quién marchará delante de nosotros contra el cananeo, y será nuestro caudillo para continuar la guerra?
Y respondió el Señor: -La tribu de Juda marchará delante de vosotros”
Sigue la campaña bélica; sólo participa la tribu de Judá, ayudada por la de Simeón. En Bezec matarán a diez mil cananeos y ferezeos.
“Entre tanto huyó Adonibezec [literalmente “señor de Bezec”]; mas yéndole al alcance lo prendieron y le cortaron los pulgares de pies y manos”.
Luego, los judíos toman Jerusalén y la arrasan, lo cual se contradice con la posterior versión de que fue conquistada por David.
“Y el Señor estuvo a favor de Judá, quien se hizo dueño de las montañas; pero no pudo exterminar a los moradores del valle porque tenían muchos carros falcados”. Tampoco el resto de tribus lo tenía fácil; en realidad había una tolerada convivencia con los cananeos.

JUECES 2 - 3.- No tarda mucho Yahveh en mandar un ángel que recrimina a los israelitas su blandura y cobardía por haberse aliado con los naturales del país en lugar de exterminarlos que es lo que procede. “Al decir el ángel de Yahveh estas palabras a todos los hijos de Israel, alzarón éstos el grito y se pusieron a llorar”.
Mas pronto pasó el arrepentimiento, porque la generación siguiente olvidó el nombre de Yahveh, “abandonándolo a Él (abandonando a “El”) para servir a Baal y a Astarot [...] De lo cual, irritado el Señor contra los israelitas, los entregó en manos de los saqueadores, que los cautivaron u vendieron a los enemigos locales; y no pudieron oponerse a sus adversarios ”.
De vez en cuando, Yahve, que es misericordioso y omnipotente, proveía de jueces a ese pueblo de dura cerviz para que los devolviera al redil, mas todo en vano; por lo que el Señor resolvió que los cananeos volvieran a fortalecerse. “Estas son las naciones que dejó subsistir el Señor, con el fin de instruir por medio de ellas a Israel: [...] cinco sátrapas de los filisteos, y todos los cananeos y sidonios y heveos habitabitantes del monte Líbano desde la cordillera de Baal-Hermón hasta la entrada de Emat”.
La consecuencia de tanto contubernio fue la paganización generalizada; Yahveh es desplazado por Baal y Astarot.
“Y airado el Señor contra los hijos de Israel, entrególos en manos de Cusán Rasataim, rey de Mesopotamia; y le estuvieron sujetos ocho años”.
Surge un juez llamado Otoniel, que derrotó y sojuzgó a Cusán Rasataim, “Rey de Siria”. Es de imaginar que este Cusán sería algún reyezuelo sirio; tengamos en cuenta que en la Biblia suelen confundirse los territorios de Siria y Mesopotamia.
Durante cuarenta años hubo paz.
Muerto Otoniel, los hebreos sufren el dominio de Eglón, rey de Moab, que había hecho coalición con amonitas y amalecitas.
Entonces surge la figura de Aod, ambidextro él, y miembro de la comitiva israelí que iba a entregar los tributos a Eglón. Aod consigue quedarse a solas con el dignatario moabita. En un descuido le arroja con la mano izquierda una daga que llevaba oculta y se la clava en el vientre, con tal fuerza que hasta la empuñadura penetró en los intestinos “y al instante los excrementos salieron por sus conductos naturales”.
Después de esto, Aod acaudilla a los hijos de Israel para infligir una ignominiosa derrota a los moabitas que los mantuvo en paz durante 80 años.
“Después de Aod floreció Samgar, hijo de Anat, que mató 600 filisteos con una reja de arado; él también fue defensor y libertador de Israel”. Otras versiones cambian el arma homicida por una quijada de burro, evidente trasunto de las aventuras de Sansón, que a su vez lo son de las llevadas a cabo por Hércules, y las hercúleas derivan de las mesopotámicas de Gilgamesh.

JUECES 4 - 5.- Y el ciclo infinito sigue: conducta disoluta y pagana de Israel, castigo y sojuzgamiento, arrepentimiento, envío por parte de Yahveh de un juez libertador, euforia, caída en el pecado, vuelta a empezar.
En este caso, el opresor es Jabín, rey de Canaán, y su general Sísara. Contaba el cananeo con 900 carros falcados, y durante 20 años los había sometido de modo cruel.
“Vivía en aquel tiempo Débora, profetisa, mujer de Lapidot, la cual regía al pueblo”. Débora mandó llamar a Barac, y le dijo que se pusiera al frente de un ejército de diez mil hombres, pues Yahveh le daría la victoria frente a Sísara. Y así fue.
El general cananeo acaba huyendo a pie, mientras su ejército es masacrado. Logrará cobijarse en la tienda de una tribu aliada; Jahel se llamaba la mujer que lo acogió. Mas en estos días de mudanza de nadie te puedes fiar, Jahel oculta al fugitivo bajo un montón de pieles y entonces aprovecha para colocar una puntiaguda estaca sobre su cabeza y dar un tremendo mazazo que acaba con la vida de Sísara.
“Estuvo después todo el país en paz cuarenta años”.

JUECES 6 - 8.- Muerto Barac, son los madianitas quienes oprimen a los hebreos. Yahveh envía un ángel a la casa de Joaz (o Joas), y le dijo al pequeño de la familia, Gedeón, que el Señor lo reservaba para ser el caudillo de su pueblo. Éste, dubitativo, tiene huevos de probar a Yahveh con dos estúpidas pruebas de magia exigiéndole que llenara de rocío un vellocino mientras el campo sobre el que estaba quedaba seco y viceversa. Gedeón fue llamado Jero-Baal, que significa “el que lucha con Baal” por haber destruido el altar de Baal que su padre había edificado; aunque también podría ser Hiero-Baal, “el sagrado de Baal”, y sería en realidad un adorador de Baal. Yo me inclino por esta segunda y herética versión.
Gedeón, investido por Yahveh de tan altísima autoridad, reúne un ejército de 32 mil hombres. Pero el Señor no quiere tanta gente, al objeto de que toda la gloria recaiga sobre Él; de modo que al final el ejército queda en partida de bandoleros: sólo 300 mardanos que atacaron de noche con gran estruendo y alboroto, lo cual provocó enorme pánico y desazón entre los madianitas que, entre tanta confusión y negra obscuridad se mataron entre sí.
Gedeón fue en persecución de los reyes madianitas Ceebe y Salmana. En Socot hizo un alto para pedir provisiones, y sus habitantes se las negaron. “Replicóles él: -Cuando Yahveh haya entregado en mis manos a Cebee y a Salmana, yo destrozaré vuestros cuerpos contra las espinas y abrojos del desierto”. Terrible y crudelísima amenaza que no dejó de llevar a cabo en cuanto hubo prendido y ejecutado a los reyezuelos de Madián.

JUECES 9.- Gedeón tuvo 71 hijos. Uno de ellos, Abimelec, logró convertirse en caudillo de Siquem, y al mando de una partida de la porra, asesinó al resto de sus hermanos, para no tener rivales en el trono. Tan sólo escapó de la degollina Joatam, el menor de ellos, que juró venganza.
Abimelec fue un odioso tirano, y el pueblo se sublevó contra él. Precisamente, estaba una torre rebelde cuando un pedrusco lanzado por una mujer desde las almenas acabó con su vida. Q.s.j.

JUECES 10 – 12.- Tras sucederse varios jueces (Tola, Jair...), los israelitas cayeron en la total depravación del paganismo, así que el Señor los arrojó en brazos de sus enemigos.
Por aquel tiempo había formado una partida de bandoleros un tal Jefté, hijo bastardo de Galaad, que había sido expulsado por sus hermanastros del hogar familiar.
Este Jefté fue nombrado Juez y caudillo israelita. El primer paso era sacudirse el yugo amonita, “hizo un voto al Señor diciendo: -Si entregares en mis manos a los hijos de Amón, la primera persona que saliere de los umbrales de mi casa y se encontrare conmigo cuando yo vuelva victorioso te la ofreceré en holocausto”.
La victoria fue apoteósica, y al regresar a casa salió a recibirlo su única hija. Jefté se rasga las vestiduras y le cuenta a la muchacha su terrible promesa; la muy tonta se resigna a su suerte y tan sólo pide que se le permita vagar dos meses por los montes en compañía de sus amigas llorando su virginidad, costumbre que se mantendrá entre las jóvenes hebreas todos los años. Evidentemente es un trasunto del episodio de Agamenón y su hija Ifigenia en Áulide.

JUECES 13 – 16.- Pues érase una mujer estéril a la que se apareció el Ángel del Señor anunciándole que parirá un hijo, tal hijo será un “nazareno” (nazoraios), un hombre consagrado a Dios “cuya cabeza no tocará navaja, no beberá vino ni sidra ni comerá cosa inmunda, y él ha de comenzar a libertar a Israel del poder de los filisteos”. Emocionadísima, corrió a contárselo a su marido, Manué, de la tribu de Dan, que se quedó encantado por la noticia. Cuando nació en niño le pusieron por nombre Sansón.
Con el tiempo Sansón bajó a Tamnata; y viendo allí una mujer filistea se enamoró de ella y le dijo a sus padres que la quería por esposa; éstos, israelitas de pura cepa, no iban a consentir que su querubín fuese a emparentar con una guarra fililistea. Pero como tiran menos dos carretas que poitrine de filistea los padres no tienen otra que reblar.
Sansón era un chulo piscina malcriado y propone a los jovenzanos del lugar el famoso acertijo del panal de miel en la calavera del león que desencadenará el delictuoso affaire de las túnicas. Por lo demás conviene que el querido lector vea la sin par película de D. Cecilio Blount de Mille “Sansón y Dalila”.
“Apoderóse de él después el espíritu del Señor, y fuese a Ascalón, donde mató treinta hombres, y quitándoles los vestidos se los dio a los que descifraron el enigma. Y enojado sobremanera volvióse a la casa de su padre. Entretanto su mujer, creyéndose abandonada, tomó por marido a uno de los amigos y compañeros de Sansón en las bodas”.
Cuando éste se entera se enciende en cólera, y ya puesto a incendiar ata teas encendidas a los rabos de 300 raposas y las soltó por los trigales filisteos, con lo que se perdió toda la cosecha.
Los filisteos a su vez, ya que no podían apresar a Sansón, quemaron a la ex-novia y al padre de ésta. No obstante pronto dieron con su paradero: una cueva en Judea, y fueron a prenderlo; craso error, pues él solo, con una quijada de burro, mató a mil filisteos sin despeinarse. “Y Sansón, elegido juez, gobernó a Israel veinte años en tiempo de guerra de los filisteos” (Jueces 15:20).

JUECES 16.- “Fue después Sansón a Gaza donde vio a una mujer pública y entró en su casa”. Los filisteos lo descubren y ponen centinelas en la puerta, a continuación cierran las puertas de la ciudad y se preparan para darle su merecido.
A media noche, Sansón se levanta sigiloso del lecho y logra burlar la vigilancia de los guardianes; llega hasta la muralla mas, encontrando las puertas atrancadas, las arranca de cuajo y se las lleva hasta lo alto de un monte.
“Después de esto enamoróse de una mujer que habitaba en el valle Sorec llamada Delihlah”. Y esa zorra fue su perdición.
Sansón acabó con las cuencas de los ojos vacías haciendo de burro en un molino. Dagón se moría de risa.
En un banquete multitudinario ritual en honor de este dios, llevan a Sansón para que haga de payaso. “Es de advertir que el edificio estaba lleno de hombres y mujeres, y se hallaban allí todos los príncipes de los filisteos, y cerca de tres mil personas de ambos sexos, mirando desde las azoteas y techos del edificio las burlas que se hacían de Sansón”.
Pero les salió el pan en una torta, como es de todos sabidos, pues al grito de “muera yo con los filisteos”, el circo acabó en tragedia. Luego acudió su familia y lo enterraron en el sepulcro de su padre, el gitano Manué.
Parece ser que Sansón sería nombre de raíces indoeuropeas, que significaría “hijo del Sol” (similar al inglés sun-son); y toda su historia una leyenda típica de héroe solar.

NOTA.- Fueron los filisteos el peor enemigo de Israel; estaban asentados en la zona costera del sur de Palestina (de ellos tomó su nombre la región), donde llegaron de rebote hacia el año 1200 a.C. tras ser rechazados en el delta del Nilo por Ramsés III. Formaban parte de la coalición de los llamados Pueblos del Mar, y eran llamados "peleset" por los egipcios. La Biblia les adjudica un origen cretense, y no podría descartarse una procedencia egea, aunque también podrían haberse helenizado una vez asentados en canaán como consecuencia de intercambios comerciales con pueblos micénicos. Así pues, casi llegaron a la vez filisteos e israelitas. Probablemente los fillisteos no eran muy numerosos, pero tenían una elevada cultura, monopolizaban en la región el trabajo del hierro y tenían una sólida y eficaz organización militar, a lo que hay que añadir la indiscutible superioridad que les conferían sus armas de hierro y sus carros de guerra. Nunca llegaron a ser totalmente sojuzgados, antes bien, hasta el reinado de David ellos tenían la hegemonía en el sur y centro de Palestina. Si no lograron hacerse con el control de la zona es porque estaban organizados en ciudades-estado, y nunca quisieron unirse; estrategia que sí utilizaron los israelitas, y eso, a la postre, les dio la victoria y el control de Palestina.

JUECES 17.- “Hubo en aquel tiempo un hombre de las montañas de Efraím, llamado Micás”. Este Micás manda fundir 200 monedas de plata (creo que en aquel tiempo no había acuñación de moneda) para fabricar un ídolo, que coloca en su casa y ni corto ni perezoso se autonombra sumo sacerdote. La Biblia lo justifica: “En aquellos días no había rey en Israel; sino que cada cual practicaba lo que le parecía mejor” (Jueces 17:6).
Al poco tiempo conoció Micás a un joven levita y lo convenció para que se quedara en su casa como sacerdote a cambio de un buen sueldo. Y pensó Micás: “Ahora estoy convencido de que Yahveh me será favorable, pues tengo conmigo un sacerdote del linaje de Leví”.

JUECES 18.- Este episodio de Micás parece que sucede al poco de morir Josué, pero históricame no tiene ningún sentido.
“En aquellos días no había rey en Israel, y la tribu de Dan andaba buscando tierra para habitar”. Cinco danaítas partieron en misión exploratoria, y paran en casa de Micás. Allí conocen al levita y le piden augurio para su misión, el cual les dice que el éxito será rotundo. Y en efecto, encuentran una pacífica ciudad, Lais, que reúne todos los requisitos para ser asaltada impunemente. De vuelta al campamento los danaítas organizan un ejército de 600 hombres y se preparan para la invasión. Como les pilla de camino, paran otra vez en casa de Micás y roban las vestiduras sagradas y el idolillo; al descubrirlo el levita le ordenan callar y le proponen que vaya con ellos como sacerdote, proposición a la que accede. Micás entra en escena y le recrimina su traición, de paso exige a los danaíta que le devuelvan sus pertenencias; éstos lo convencen con el sólido argumento de que puede darse por contento con seguir vivo.
Sigue la tropa su camino, “y llegando a Lais hallaron aquel pueblo tranquilo y descuidado, y lo pasaron a cuchillo e incendiaron la ciudad”. Y en aquel chamuscado solar se quedaron a vivir los danaítas y colocaron el ídolo de Micás.
Lo cuál demuestra que la idolatría siguió vigente mucho tiempo entre los israelitas.

JUECES 19.- Es la historia del terrible crimen de los gabaonitas, de la tribu de Benjamín; trasunto de la historia de Sodoma con Lot y los ángeles, y el final del rapto de las sabinas. La cosa acabó en guerra civil y en el cuasi exterminio de la tribu benjaminita.
Y así, con este hecho ta execrable, acaba el libro de los Jueces, y se vuelve a insistir machaconamente en que “en aquellos días no había rey en Israel, sino que cada cual hacía lo que mejor le parecía”.


LIBRO DE RUT
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RUT 1.- Este libro es una prolongación del anterior tratado.
Debido a la hambruna, un judío de Belén se vio obligado a emigrar a la tierra de Moab junto con su familia. Este hombrecico respondía por Elimelec, y su mujer Noemí. Pero al poco murió Elimelec, dejando viuda y dos hijos. Noemí, con grandes esfuerzos fue sacando adelante a los dos mardanos, y cuando estuvieron en edad de merecer matrimoniaron con mujeres moabitas: Orfa y Rut.
Mas, poco dura la alegría en casa del pobre, pues a los diez años ambos muchachos fallecieron, con lo que se incrementó el número de viudas grandemente.
Noemí, sin ya nada que la ate a esa región, decide regresar a Judá, pero las nueras le dicen que no la abandonarán. Loable actitud. La anciana no quiere que las chicas se entierren en vida cuidando a una vieja, y las anima a permanecer en Moab y buscar nuevo marido. “Orfá besó a su suegra y volviose, mas Rut se quedó”, y ante la insistencia de la suegra díjole el famoso discurso. Noemí quedó convencida, agradecida y admirada por tanta lealtad y abnegación; eso era una nuera.
En Belén fue recibida con grande alborozo, mas Noemí dijo a sus paisanos: “No me llaméis Noemí (graciosa) sino Mara (Amara=amarga) porque el Todopoderoso me ha llenado de amargura”.
Rut decide sacar a las dos adelante, y pide permiso para recoger las espigas sobrantes de los segadores que servían a Booz, un rico agricultor que, casualmente, era pariente consanguíneo de Elimelec.
Quedó Booz prendado del recato, belleza y noble proceder de la muchacha, que no había consentido en dejar abandonada a su suegra, así que decide ayudarla de forma discreta al principio y al poco directamente la pone en plantilla como espigadora.
Sabedora Noemí de que el patrono de Rut es B