ROMA (Historia cronológica)

Hacia el año 1000 a.C.- Comienza la Edad del Hierro con la cultura de Villanova, cuyos representantes son los itálicos, llegados a la península en las oleadas de las grandes migraciones indoeuropeas. Se dividían en 3 grandes grupos:
1) Latino-faliscos
2) Umbro-sabelio u Osco-umbrios
3) Ilirios
La primera oleada fue la de los latinos, al poco llegaron los umbrios, cuya rama principal era la de los sabinos. Los sabinos del mediodía recibieron el nombre de samnitas y fueron los más enconados enemigos de la naciente Roma.
900.- Inmigración de los Etruscos. De origen desconocido. ¿Pueblos del Mar?
800.- Se establecen colonias fenicias en la parte occidental de Sicilia y Norte de África. Fundación de Cartago por la mítica Dido (Elisa), princesa tiria.
Cuando la Roma de Augusto hizo de la Historia un instrumento de la política imperial, quiso ofrecer a su público un cuadro detallado, completo y aleccionador del glorioso pasado de Roma.
Se disponía de abundantes archivos (la famosa Analística), que permitían seguir con bastante rigor los acontecimientos acaecidos desde el s.III a.C., pero las lagunas e inexactitudes se iban multiplicando en progresión geométrica según se remontaba uno en el tiempo, hasta llegar al s.VI que supone una barrera infranqueable. La falta de datos se paliará con abundante imaginación.
La "Analística" era un conjunto de listas (los Fastos) de magistrados civilies y militares, que ofrecían una razonable solvencia, aunque contenían bastantes falsedades, pues con el tiempo todas las familias ilustres buscaban tener antecesores en los Fastos.
Los Fastos marcaron para siempre la historiografía de Roma, haciendo de ella Annales, con la austera objetividad y concisión propias de éstos. Ni Salustio ni Tácito se explican sin la analística. Pero este modo sobrio, objetivo y aburrido de hacer historia no gustaba al público en general. Los griegos tenían un modo más hábil y ameno de escribirla, convirtiéndola en género literario, abriéndola al mito, a la leyenda; halagando a las familias poderosas al remontar su linaje a épocas heroicas y orígenes divinos.
Mecenas, ministro de Augusto, encargado de propaganda y cultura contaba para esta tarea con dos hombres idóneos: Tito Livio y Virgilio.
RESUMEN DE LA HISTORIA DE ROMA HASTA AUGUSTO:
- MONARQUÍA 753 - 509
- REPÚBLICA I 509 - 264 (Conquista de Italia)
- REPÚBLICA II 264 - 91 (Conquista del Mediterráneo)
- REPÚBLICA III 91 - 31 (Guerras Civiles)
- EPÍLOGO
Séneca ordenaba estas épocas en: Infancia, adolescencia, madurez, vejez y decrepitud.
Tanto Séneca, como los patriotas romanos consideraban la época de la República II -la era de los Escipiones- como la mejor de la Historia de Roma.
Pero vayamos al principio.
Todo comienza con un reino de Saturno en la colina del Capitolio.
Era Saturno divinidad agraria de origen etrusco. Su culto fue muy popular entre campesinos y esclavos. El día de las Saturnalia (17 de diciembre) se daba licencia a los esclavos para comportarse como libres y compartir la mesa de sus amos. Muy pronto se confundió con el Kronos griego, que, expulsado del Olimpo por Júpiter, se refugió en el Lacio (de latium, ocultarse), donde reinaba Jano, y le enseñó a él y a sus súbditos la agricultura y la ganadería, por lo que Jano, agradecido, le ofreció compartir su reino. De ahí el reinado bifronte de Jano: por un lado el Saturno pacífico, culto y productivo; por otro el belicoso y salvaje Jano (que simboliza la unión de romanos y sabinos).
Posteriormente desembarca en Italia el arcadio Evandro; viene de Palantio, su ciudad natal, con su hijo Palas (trasunto de Palas Atenea) y una hueste de seguidores. Huye por haber asesinado a Équemo, su padre mortal, y se establece en una colina a la que denominan Pallantium, que se deformó en Palatium (de ahí "palacio").
No se impusieron por la violencia, sino por la "autorictas" de Evandro, que conocía la miraculum litterarum o arte de la escritura, que le ha enseñado su padre real, Hermes; además su madre, Carmenta, tenía dotes proféticas (otras versiones la hacen su esposa). Probablemente "carmen" (huerta) y "carmen" (versos) están relacionados con ella. En Roma se le dedicó la Puerta Carmental.
Qué pinta aquí este Evandro es cosa que ignoramos, mas es de suponer que obedece a la obsesión sempiterna que los romanos tuvieron por buscar orígenes griegos que dieran lustre y luminosidad a su turbio pasado
Sigamos con la historia, cuando Hércules vadea el Tíber con los bueyes del extinto Gerión, el malvado Caco le birla las reses, por lo que el héroe se ve en la penosa necesidad de darle cumplido matarile. Los compañeros del muerto conducen al terrible hijo de Zeus ante Evandro para que lo juzgue. Éste, no sólo no lo condena, sino que le rinde pleitesía cuando conoce su divina alcurnia. Hércules, agradecido, erige un altar al pie del Palatino (donde más tarde se levantará también el Circo Máximo) que será el famoso Ara Máxima. Las dos familias más ilustres de la zona, los Poticios y los Pinarios, son elegidos a perpetuidad como oficiantes de la ceremonia.
Muchos años han pasado, Evandro es ya un anciano. La Guerra de Troya ha terminado y los aqueos sólo han perdonado a dos ilios: Antenor y Eneas. El primero se asentará en la zona del Véneto (patria de Tito Livio, que era padovano).
Eneas desembarca en tierras del Lacio y se dedica, junto con sus hombres a saquear la región. Latino, el rey del lugar, admirado de la nobleza y valor de los troyanos sellará un pacto de amistad con el invasor, y le concede la mano de su hija Lavinia. Por eso, la ciudad que funde Eneas se llamará Lavinio. Pronto llegará un hijo, que recibirá el nombre de Ascanio.
Tardíamente se incluirá a un tal Giulo, hijo de Ascanio, para justificar el origen divino de la gens Iulia. Hay que notar que "Eneas" proviene de "Aienias", la misma raíz que Venus, la Diosa Madre marítima..
Entonces entra en escena el despechado Turno, rey de los rútulos (cuya capital era Ardea) y antiguo prometido de Lavinia que, sumamente ofendido por el desprecio recibido, declara la guerra a Latino y a Eneas, obviamente.
Los rútulos fueron vencidos, pero a costa de graves pérdidas, la más dolorosa de todas la del propio rey Latino.
Turno pidió entonce ayuda a la floreciente potencia etrusca de Caere, y cuyo rey era Mecenio. Éste aceptó encantado la alianza, pues veía con preocupación el crecimiento de los troyanos.
Eneas a su vez pedirá ayuda al anciano Evandro. El joven Palas y los arcadios acudirán al combate en el bando de Eneas y los latinos. El troyano, para ganarse la adhesión de los latinos, unificó ambos pueblos llamándolos latinos indistintamente. Al cabo de los años lograrán la victoria, aunque Eneas también pereció en combate.
Varrón consideraba que Lavinio, por poseer los penates (dioses de la despensa -> "penus") de Roma, había sido la primera ciudad de estirpe romana fundada en el Lacio. En el foro de esta ciudad se alzaba una estatua de bronce de la Cerda Blanca y sus treinta lechones, vaticinio, según el dicho Varrón, de los 30 años que habían de transcurrir para que los lavinieses fundasen la tercera metrópolis del Lacio: Alba Longa; allí nacerá Rhea Silvia, madre de Rómulo y Remo. Entre la fundación de Alba y la de Roma mediaban unos 300 años que había que rellenar de alguna manera. Veamos cómo.
Ascanio dejó el gobierno de Lavinio a su madre, y él fundó otra ciudad en la falda del Monte Albano llamada Alba Longa.
Unos tres siglos más tarde Proca, descendiente de Ascanio y rey de los latinos, tuvo dos hijos: Numítor y Amulio. El primero de ellos, rey legítimo, fue depuesto por su malvado hermano, quien, además, le asesinó a todos sus hijos varones, solo respetó a Rhea Silvia (hija de Numítor, obviamente) aunque la recluyó en el templo de las Vestales para que no tuviese descendientes.
Cómo no, aparecerá un dios -Marte en este caso- que prendado de la hermosura de la muchacha la viola y la deja embarazada de dos gemelos: Rómulo y Remo. A partir de aquí los acontecimientos se precipitan siguiendo fielmente el guión de este tipo de situaciones: el malvado Amulio ordena encarcelar a su sobrina y que arrojen a los sobrinicos al Tíber. Afortunadamente los niños quedan en la orilla (donde luego crecerá la higuera Ruminal) y serán encontrados por una loba que, vencida por su instinto maternal (todas las hembras son iguales) los amamantará. Luego serán recogidos por el buen Faústulo, pastor ¡oh casualidad! del ganado regio. Entrega a los niños a Laurenta, su esposa; aunque según otra tradición sería una prostituta, entrelazando los símbolos guerreros de Marte -la loba- con los de la prostituta, que recibían el nombre de lobas y todas sus variantes, como por ejemplo "cachorras" (catullas, de ahí la palabra "cachonda").
El caso es que los muchachos crecerán en la agreste sociedad del lugar, compuesta por pastores, cuatreros y bandidos, logrando ser unos bestias de cuidado. Tras varias aventuras, Remo es apresado por Amucio, pero será rescatado por Rómulo y Numítor (que se ha enterado de que los chicos son sus nietos). Amulio recibirá su merecido, y Numítor recuperará el trono.
Romulo y Remo deciden entonces fundar una ciudad en los parajes donde había sido abandonados y criados. Acuden cientos de aventureros, nadie hace preguntas ni importa si se es libre o esclavo. A la hora de decidir quién dará nombre a la nueva ciudad, Rómulo se queda en el Palatino, Remo en el Aventino, aguardando ambos alguna señal de los dioses. Rómulo recibe el mejor augurio, con la aparición en el cielo de 12 buitres (animal de Marte) frente a la media docena que saca su hermano. Es el famoso augurium augustum que siglos más tarde secundará las pretensiones de Octaviano de ser el nuevo Rómulo (aunque preferirá el apodo de "Augusto").
Llevado del despecho, Remo se mofa del muro con que Rómulo ha rodeado el Palatino saltando sobre él. Rómulo monta en cólera y comete fratricidio; espera que sirva de lección a todos, y nadie se burle jamás de las murallas de Roma. Este enfrentamiento selló definitivamente el destino de las dos colinas. En adelante, el Palatino sería para los ganadores; el Aventino para la plebe. Entre ambos montes discurría el Circo Máximo, el perfecto amalgamador de las clases sociales; allí podían reunirse hasta doscientos mil ciudadanos. Ricos o pobres todos eran ciudadanos romanos.
21 - Abril - 753.- Fundación legendaria de Roma y comienzo de la cronología (ab urbe condita). Roma surgirá como ciudad franca, dando asylum a todo proscrito que allí quisiera afincarse. También es posible que derive de la famosa y terrible costumbre del Ver Sacrum, o "primavera sagrada", que consistía en sacrificar, en honor a Marte o a algún otro dios terrible, a todos los recién nacidos en la primavera del año en que hubiera habido alguna catástrofe que acarrease hambruna (guerra, enfermedades, desastres naturales...), para de esta forma dar a la comunidad más posibilidades de sobrevivir. Posteriormente se abandonó este rito tan cruel, y se substituyó por el voto de que esos recién nacidos (varones principalmente) abandonasen la tribu al llegar a la pubertad y buscaran otros lugares de asentamiento. Esta costumbre era habitual en todos los pueblos mediterráneos, pero principalmente entre los sabinos.
Es época de colonizaciones; en esa misma fecha también comienzan a establecerse colonias griegas en el sur de Italia y en la costa de Sicilia.
La mayor elevación de la campiña latina es el Monte Albano (Monte Cavo), y debió de ser el primer lugar ocupado por los nuevos colonizadores. La tradición nos habla de Alba Longa como la capital y centro nacionales de los recién llegados. En un antigo documento del 453 a.C., se nos dice que la nación latina comprendía treinta ciudades y que era un cuerpo político independiente.
En cuanto a Roma, estaba asentada en una zona pantanosa, altamente insalubre, pero su ubicación era altamente estratégica; este dominio del Tíber y el mar hizo que se llamara Roma (de rumm, popa), que quiere decir ciudad fluvial. Pronto se convirtió en un emporio comercial, y eso explica el hecho de que aparezca siempre sola, sin formar parte de ninguna confederación latina, ni siquiera de la albana.
Rómulo tenía fama de haber introducido en Roma usos etruscos (como el de los 12 líctores). Roma tiene una grandísima deuda con Etruria. También se atribuyen a Rómulo las primeras leyes del Derecho romano, la creación de un Senado compuesto de cien patres (origen del patriciado), la ampliación de la Urbs y la apertura de zonas francas para facilitar la repoblación. Rómulo creó tres tribus con derecho a voto, cada una dividida en diez unidades más pequeñas (curiae) que elegían de entre ellos a los componentes de la asamblea (comitia curiae) que refrenaban los poderes del rey.
Para conseguir mujeres, Rómulo organizó también unos juegos hípicos en honor de Neptuno. En realidad era una trampa para raptar a las hijas y consortes de los asistentes. Obviamente se desencadenó una guerra. Y como en la guerra -y en el amor- todo vale, Tito Tacio, rey de los sabinos, sobornó a Tarpeya, la hija de Espurio Tarpeyo, comandante de la ciudadela romana, para que franqueara el paso a sus hombres. A cambio de su traición ella les pidio "lo que lleváis en el brazo izquierdo", en referencia a los pesados torques de oro y joyas que portaban los sabinos. Pero también llevaban los escudos, que es lo que le arrojaron, muriendo aplastada.
A la mañana siguiente se produjo la espantosa batalla. Parecía que ambos ejércitos iban a exterminarse; entonces las sabinas se interpusieron entre los contendientes, diciéndoles que preferían morir a vivir huérfanas o viudas. Todos los corazones se ablandaron, y los contendientes se fundieron en un abrazo. A partir de ese momento sólo habrá un reino: Roma; y dos reyes: Rómulo y Tito Tacio. Se fusionan los latinos (Roma quadratta, sobre el Germal) con los sabinos (Viminal y Quirinal), formando la Liga Septimoncial (comunidad urbana de influencia etrusca: el nombre Roma también podría derivar de la gens etrusca Ruma). Para compensar, los romanos decidieron denominarse "Quirites", en honor de los sabinos; cuya etimología no está clara, según Tito Livio vendría de "Cures", la más importante ciudad de los sabinos. Desde entonces, "quirites" era la fórmula oficial para dirigirse a los romanos.
Si la aristocracia romana refleja el carácter sabino, la plebe refleja el latino, y del contraste entre la movilidad latina y la estabilidad sabina nació aquel lento, pero seguro, desarrollo de la constitución romana.
Los romanos nunca se avergonzaron del famoso rapto, sino todo lo contrario, y siguieron celebrando las carreras de caballos y mulas de las Cunsualia.
Tito Tacio murió en extrañas circunstancias mientras celebraba un sacrificio ritual en Lavinio. Rómulo corrió un tupido velo y no investigó ni hizo nada para castigar a los culpables, incluso se renovó el tratado de paz, por lo que se piensa que él tuvo mucho que ver en este asunto. En cualquier caso fue el gran beneficiado.
Pronto se levantan en armas contra Roma las ciudades etruscas, primero Fidenas y luego Veyes. Que fueron vencidas.
Rómulo, iba siempre con su guardia personal de 300 hombres, los "céleres". Un día, pasando revista a las tropas, estalló una gran tormenta y Rómulo desapareció envuelto en una nube. Pasado el tiempo, corrió el rumor de que había sido asesinado y despedazado por los patricios, y que cada uno cogió uno de los trozos y lo ocultó entre sus ropas, para que todos pensaran que realmente había desaparecido.
En cualquier caso, había que elegir un nuevo rey. Los sabinos exigían que fuera de su etnia, pero los romanos no querían reyes extranjeros, así que los patricios se agruparon en diez decurias y comenzaron a gobernar por turnos. Esta forma de gobierno inspirará la figura del interregno (interrex) que es un magistrado interino que existe en época republicana, cuando se produce el fallecimiento o dimisión de dos cónsules antes de terminar el año.
Pero la plebe, con razón, comenzó a murmurar que ahora tenía cien tiranos en vez de uno, así que los patricios tuvieron que aceptar que el rey fuese elegido por la plebs y ratificado por los patres. El populacho no cabía en sí de contento.
716.- El propuesto era un hombre sabio, piadoso y de gran prestigio, natural de Cures: el sabino Numa Pompilio. El patriciado accedió.
El nuevo monarca pensó que era momento de hacer paréntesis tras tantos años de guerra y proceder a un ordenamiento jurídico y civil de la sociedad romana.
Primero construye al pie del monte Capitolio un templo en honor a Jano, el dios bifronte: abierto significaba que la ciudad estaba en guerra; cerrado, que la paz reinaba con los pueblos de alrededor. Sólo dos veces permaneció cerrado; la primera en el consulado de T. Manlio, al finalizar la 1ª Guerra Púnica; la segunda, tras la batalla de Actium.
También instituyó el calendario y el sacerdocio de Júpiter, de Marte y de las vestales, entre otros, logrando introducir la semilla de la piedad en el duro corazón de los romanos. Numa siempre estuvo asesorado por su esposa (o amante), la ninfa Egeria, quien ha pasado a ser epónimo de buena consejera. Fue una época de paz y prosperidad.
673.- El nuevo rey fue Tulio Hostilio, rey belicoso y anexionista. Lo primero que hizo fue organizar una guerra contra la hermana población de Alba. Como las fuerzas estaban muy igualadas, para evitar el mutuo aniquilamiento se acordó que dos grupos de trillizos representando a cada bando lucharan entre sí. Quien ganase la lid daría la victoria total a su pueblo, y el contrario se sometería. Los Horacios peleaban por Roma, los Curiacios por Alba Longa.
Comienza el combate. Al poco, caen muertos dos Horacios, mientras el tercero sigue ileso; los Curiacios están vivos pero todos heridos de distinta gravedad. Horacio finge la huida, y es perseguido por sus enemigos, mas como están heridos, se van separando en función de la gravedad de sus lesiones. De pronto se vuelve el romano y va matando a los tres albanos de uno en uno. Así es como Roma conquistó a los albanos.
Al regreso, una de las hermanas del único superviviente, enamorada de uno de los Curiacios, prorrumpe en llanto al enterarse de la muerte de su amado. Horacio, cegado por la ira la atraviesa con la espada: "¡Sic eat quaequmque romana lugebit hostem!" (Así acabe cualquier romana que llore al enemigo).
Horacio fue condenado a la horca por su execrable crimen, pero apeló a la justicia popular, y salió absuelto. No obstante hubo de ser purificado, para ello pasó por debajo del yugo, ceremonia humillante que se llamó desde entonces "viga de la hermana".
Pero Tulio Hostilio seguía buscando desesperadamente la guerra, aunque sus conciudadanos no estaban por la labor. Y la ocasión se presenta cuando Fidenas, una colonia romana, se alía con Veyes, la poderosa ciudad etrusca. Fidenas contaba con la promesa de traición de los albanos. Llegado el momento de la batalla, los de Alba abandonan el orden de batalla y dejan solos a los romanos, pero sin atreverse a tomar partido por ningún contendiente; lo mejor sería esperar el resultado y adherirse al ganador. Tulio se da cuenta de la jugada pero grita órdenes haciendo creer al enemigo que los de Alba se retiran para rodearlos. Muerden el anzuelo y huyen despavoridos. Alcanzados en el río fue masacrado elejército fideno-veyense. Entonces bajaron los albanos, frescos como rosas pensando que nadie se ha dado cuenta de su descarada traición.
Al día siguiente, Tulio alinea a ambos ejércitos, los albanos piensan que se va a celebrar el ritual de gratitud a los dioses; en lugar de eso son rodeados. Pero son perdonados, a cambio serán integrados en el pueblo de Roma, y su patriciado en el senado. Alba quedará despoblada; dice Tulio "como en otro tiempo el Estado albano se partió de uno en dos pueblos, así vuelva a ser uno solo". Tan sólo su jefe Metio Fufecio es condenado a muerte, siendo descuartizado en el acto atado a dos cuádrigas, simbolizando las consecuencias de estar en medio de dos conflictos opuestos. La deportación se hizo en silencio y sin rechistar. Una vez salió el último albano, el ejército procedió a destruir la fantasmal ciudad.
Con esta acción, Roma dobla su población y su ejército, así que el belicoso rey aprovecha para declarar la guerra y vencer a los sabinos. Paradoja donde las haya, pues todos creíamos que eran un solo pueblo desde la época de Rómulo, cuando las raptadas sabinas se interpusieron entre los contendientes y los romanos se autodenominaron quirites en su honor.
Luego vino una epidemia (castigo por atacar a los infelices sabinos, estoy seguro) que afectó a los romanos, incluido el rey. Para curarse, buscó algún conjuro mágico en los libros de Numa Pompilio. Y creyó hallar la solución realizando un sacrificio secreto a Júpiter Elicio, pero algo debió de hacer mal porque el tonante Jove lo achicharró con un rayo que, además, le quemó la casa.
641.- Hartos de guerra, nombraron rey al nieto de Numa Pompilio, Anco Marcio, que decidió seguir la política pía de su abuelo. Pero los aliados, pensando que esto era un signo de debilidad, se dedicaron a realizar incursiones por la campiña romana.
Pero como lo cortés no quita lo valiente, Anco instituye los rituales de guerra extraídos de los equículos (ecuos), consisitente en arrojar una vara de fresno con la punta endurecida al fuego, a modo de jabalina, dentro del territorio enemigo. Las ciudades latinas van recibiendo su correspondiente lanza de fresno, y son derrotadas una tras otra. La Urbe llega hasta el mar, y se funda la ciudad portuaria de Ostia.
También creó el cargo de pontifex maximus, o sumo pontífice, que significa "gran constructor de puentes". Esta desconcertante denominación puede sugerir que Anco Marcio fue el responsable de la construcción del primer puente sobre el Tíber, obra fundamental para convertir a Roma en itinerario comercial obligado. El Tíber constituía la vía principal de penetración natural en Italia central; desde Orte, 65 Kms. al norte de Roma, el Tíber era navegable hasta el mar. Anco Marcio fue un hábil político que supo convertir a Roma en el centro del nudo de comunicaciones de la Italia central (Etruria-Lacio-Campania-Magna Grecia y Tirreno-Adriático), enriqueciéndola y afianzándola para que pueda iniciar su salto a la conquista de Italia. Por esta época las ciudades-estado etruscas son las grandes potencias de la península, seguidas de las griegas y fenicias. Estamos hacia el año 600, y los etruscos han fundado la Liga de las 12 Ciudades.
Por aquel entonces, llegó a la ciudad un etrusco llamado Lucumón, exilado de Tarquinia. Al entrar en Roma, un águila descendió vertiginosa y le arrebató el bonete de la cabeza, para volver a depositárselo en una segunda pasada. Su mujer, la inteligente Tanaquil, lo consideró un espléndido augurio.
En realidad, Lucumón era hijo de Demarato de Corinto, un rico comerciante griego que huyó de su patria debido a unas revueltas sociales, y heredó la gran fortuna de su padre, pero era despreciado por los etruscos, que no aceptaban a este hijo de extranjero. Así que Tanagil convence a Lucumón para que abandone la hostil Tarquinia.
Digamos, antes de seguir que los Tarquinios representan la dominación etrusca de Roma, que duró más o menos un siglo, y está documentada por la arqueología, la prosopografía y ciertas insitituciones. Probablemente este Lucumón fuera un gobernador impuesto por los etruscos de Tarquinia.
El caso es que Lucumón y Tanaquil se establecen en la Urbe, cambiando él su nombre por el de Lucio Tarquino Prisco. Su gran fortuna y su habilidad para las relaciones sociales lo condujeron hasta el íntimo círculo del rey, llegando a ser consejero y amigo. Culminando con el testamento real, donde Anco Marcio nombra a Tarquinio tutor de sus hijos.
617.- Tras 24 años de reinado, el rey entrega su alma a los dioses. Tarquino no pierde tiempo y prepara una cacería para que los hijos del difunto puedan evadirse. Entre tanto, Tarquino convencerá a los patres para que lo elijan rey.
Conquistará la ciudad latina de Apiolas, y con el botín instaura unos juegos y embellece la ciudad. Guerreó contra los sabinos, arrebatándoles buena parte de su territorio, luego dominó a todo el pueblo latino.
Terminó la muralla que rodea la Urbs y desecó las insalubres lagunas por medio de cloacas.
Los romanos habían conquistado la ciudad de Cornículo, cuyo rey había muerto en el asalto. La reina de Cornículo y su hijo fueron a vivir al palacio de Tarquinio debido a su noble abolengo. Un buen día le brotó al muchacho una llama en la cabeza, Tanaquil, igual que el lejano episodio del águila con su marido, volvió a considerarlo un suceso premonitorio, y decidieron adoptarlo con el nombre de Servio Tulio. El chico acabó siendo yerno de Tarquinio y Tanaquil.
Entre tanto, los hijos del extinto Anco Marcio intrigaban, como era su oblicación. El golpe de Estado se llevó a cabo de la siguiente forma:
Dos pastores de la familia de Anco Marcio fingen una pelea a las puertas de palacio, pidiendo justicia. Los llevan a presencia del rey, y mientras uno explica su caso a gritos, para atraer la atención, el otro descarga un terrible hachazo en la cabeza del monarca. De ahí lo de "golpe" de Estado.
Mientras Tarquino agoniza, Tanaquil no pierde un segundo, le promete a Servio el trono si cumple sus instrucciones; a cambio le exige venganza. Luego abre las ventanas y le dice al pueblo que el rey se está reponiendo del ataque y que no hay que temer por su vida, hasta que se recupere pide al pueblo obediencia ciega a Servio Tulio.
578.- Servio, con manto púrpura y líctores, se sienta en el trono y se pone a gobernar; en ocasiones finge que ciertos asuntos los consulta con el rey. La farsa se mantiene hasta que el cadáver comienza a descomponerse, entonces se hace público el óbito, mas, para entonces, Servio ha consolidado su poder. Pero ahí no acaba la cosa, para no dejar cabos sueltos, Servio Tulio, casa a sus dos hijas con Lucio y Arrunte, los hijos del fallecido y la impagable Tanaquil.
En cuanto a los otros príncipes, o sea, los hijos de Anco Marcio, al ver que el magnicidio no ha servido más que para poner en peligro su propia seguridad, ponen tierra de por medio y se exilan en Suesa Pomecia.
Y como no hay nada mejor para salvar una crisis interna que una guerra, Servio Tulio la emprende contra Veyes, derrotándola y engrandeciendo su prestigio personal.
Luego asume la tarea de establecer una minuciosa jerarquía de las distintas clases sociales; para ello realiza un censo -precedente que quedará insititucionalizado para siempre- que le permite conocer los recursos de los ciudadanos para establecer su participación en la vida civil y militar de la Urbe, y en función de esos datos la dividió en tribus (de "tributo"). Ello permitió saber que Roma contaba con más de 180.000 hombres.
Además repartió entre la plebe tierras conquistadas (incorporando el Quirinal y el Viminal a la Urbe), para ganarse el favor popular, porque sabía que Lucio Tarquino estaba conspirando. También construyó una muralla que rodeara toda la ciudad (Muro Serviano).
Destaquemos también una institución que se atribuye a Servio Tulio, la del sacerdote llamado Rex Nemorensis (rey del bosque), función desempeñada en época imperial por un esclavo fugitivo a quien se podía desafiar rompiendo la rama de un determinado árbol (el famoso "Ramo de Oro" del libro clásico de Frazer). Si el retador lograba vencer al titular del sacerdocio, el cargo era suyo hasta que otro lo suplantase por el mismo procedimiento. Sólo esclavos huídos, que no tenían nada que perder, aceptaban en esta época un cargo que tal vez en otros tiempos era un gran honor, cuando de aquel rey mágico y poderoso dependía el bienestar de la tribu, pero que había que sacrificar y reemplazar cuando ya no tuviera energías para seguir suministrando su "medicina mágica". El Rex Nemorensis era pues un fósil religioso.
La esposa de Lucio era una bendita de dios, mientras que la hermana era una bruja que no paraba de incordiar a su marido, Arrunte, para que se rebelara. Pero Arrunte era de natural pacífico y no quería problemas. Así que la malvada se alió con su cuñado Lucio para asesinar a sus respectivos cónyuges, hecho lo cual se casarían ellos y darían el golpe de estado. Y ni cortos ni perezosos llevaron a cabo esa monstruosidad. La malvada Tulia, azuzaba sin descanso a su nuevo marido (y ex-cuñado) para que derrocara a su anciano padre.
Lucio Tarquino, escoltado de gente armada, se dirige al Foro y planta sus criminales posaderas en el trono de su suegro, luego envía heraldos para convocar a los patricios. Ante ellos explica su conducta, alegando que su suegro no merece la corona porque es un esclavo, además ha colmado de bienes y prebendas a la plebe en detrimento de los patres. En estas que llega el viejo rey y le pide explicaciones. Entre insultos y gritos el usurpador coge al anciano Servio en brazos y lo arroja por las escaleras. Se organiza un tumulto descomunal que es parovechado por el monarca para huir, aunque está muy mal herido. Pronto será alcanzado por los esbirros de Lucio que lo rematarán.
Tulia que llega en esos momentos subida a un carro, pasará varias veces por encima de su padre en un acto monstruoso sin parangón posible. Loca, poseída por el odio, se llenará de sangre y de oprobio. Para colmo, no le darán sepultura; "tampoco Rómulo la tuvo" se mofaba el asesino, a quien ya se llamaba Superbo.
Tanto crimen marcará el reinado de Lucio Tarquinio con el estigma de la fatalidad, y los dioses decidirán el final definitivo de la monarquía.
Cuarenta y cuatro años duró el reinado de Servio Tulio, y parece que su idea era acabar con la monarquía y no elegir sucesor, aunque esto bien pudiera ser un guiño de Tito Livio ante el rumor que corría mientras escribía su obra de que Octavio Augusto no se decidía por un sucesor y había pensado en volver a la República.
534.- Lucio Tarquinio fue apodado "superbo" por su conducta insolente y cruel. Se convirtió en un dictador sin escrúpulos que gobernaba sin respetar la ley ni la moral.
Dejó de consultar al Senado, y él hacía y deshacía a su antojo, asimismo encarcelaba y asesinaba arbitrariamente para quedarse con los bienes de los penados.
Mantuvo varias guerras, destacando la habida con los gabios, en vista de que no puede ganarla trama un plan. Envía a su hijo menor, Sexto, a Gabios, allí se hace pasar por un renegado que odia a su padre; tan bien cumple su papel que se gana la confianza de todos, llegando a ser nombrado jefe del ejército. Entonces envía un mensaje a su padre para que termine de darle instrucciones. Pero el malvado Superbo no dice una palabra al criado, y tan sólo se limita a cortar con un palo las amapolas que sobresalen en el jardín. Cuando el esclavo cuenta a su amo lo sucedido, Sexto comprende que tiene que acabar con los patricios de Gabios, e intriga para que se enfrenten entre sí. Al final la ciudad queda descabezada y sin líderes, y el Estado gabino termina por entregarse al rey de Roma sin derramar una gota de sangre.
Como se ve, es una historia fantástica y sin fundamento hecha con retazos de antiguas leyendas (caballo de Troya, ardid de Zópiro para que Babilonia vuelva a la obediencia de Darío, respuesta de Periandro a Trasíbulo...) que sólo pretende servir de enseñanza moral: desconfía siempre del enemigo. Idéntica leyenda se cuenta en el medioevo aragonés de Ramiro el Monje, es la famosa historia de la "Campana de Huesca".
Decide crear un grandioso templo en honor a Júpiter, en lo alto del monte Tarpeyo, al excavar los cimientos se descubre una cabeza humana en perfecto estado; será considerado un buen augurio, pues el significado era que Roma sería "cabeza del mundo", por eso se le llamó a ese lugar "Capitolio".
También construyó la gran cloaca subterránea, la Cloaca Máxima, una prodigiosa obra de ingeniería.
Un buen día una anciana llegó al palacio de Tarquino Superbo; le ofrecía nueve libros por un precio exorbitante. Tarquino se rió en su cara, y sin tiempo de reaccionar la vieja dio media vuelta y se marchó con su mercancía. Al poco volvió y le dijo al rey que había quemado tres de los libros, esta vez sólo traía seis, si quería comprarlos había de pagar lo mismo que la primera vez. Esta vez Tarquino no se rió, y empezaba a estar incómodo, pero le comentó, amable, que no era justo pedir por seis libros lo mismo que por nueve. Sin dignarse a responder, la mujer se marchó por donde había venido. Días más tarde regresó con tan sólo tres libros. Los otros habían sido pasto de las llamas, obviamente de nuevo pedía la misma cantidad. Tarquino, desesperado, aceptó el trato sin rechistar. La extraña vendedora del Circulus Lectoris tomó el dinero, se marchó y nunca jamás volvió a saberse de ella.
Se llegó a la conclusión de que la misteriosa dama era la inmortal Sibila, cuyas profecías eran infalibles (había vaticinado la Guerra de Troya), así que esos libros pasaron a ser sagrados y secreto de Estado. Siempre que Roma estuvo en un aprieto, los cónsules consultaban los libros sibilinos, cuyos enigmáticos mensajes en griego daban la solución.
NOTA.- Según Varrón, el Tarquino que recibió la visita de la Sibila, fue Tarquino Prisco, el quinto rey de Roma.
Al poco de la visita, aconteció un suceso terrorífico: una culebra salió de una columna de madera. El rey no sabía cómo interpretar el fenómeno. Para los asuntos de estado se consultaban exclusivamente a los reputadísimos adivinos etruscos, mas para esta aparición decidió acudir al Oráculo de Delfos. En su lugar irían sus hijos mayores Tito y Arrunte, acompañados por Lucio Junio Bruto, primo de los príncipes.
Era este muchacho hijo de Tarquinia, hermana del rey, y cuando vio cómo su tío asesinaba a los ciudadanos nobles -entre ellos a uno de sus hermanos- decidió no dar motivos para que se fijara en él, y deliberadamente se fingió imbécil, lo que le valió el sobrenombre de "Bruto". Y como bufón lo llevaban sus primos. Aunque Bruto llevaba como obsequio para Apolo un bastoncillo de oro oculto en otro de cuerno, símbolo enigmático de su carácter.
Llegados a Delfos, los tarquinios preguntaron cuál de ellos ocuparía el trono. Desde el fondo de la cueva se oyó esta respuesta: "El poder supremo de Roma lo tendrá aquel de vosotros que primero dé un beso a su madre". Así que empezaron a disputar sobre qué método de sorteo emplearían para decidir cuál de los dos besaría primero a la reina. Pero Bruto sintió un impulso especial y se arrojó al suelo, besando la Tierra, que, en definitiva, es la Madre primigenia.
De vuelta a Roma se está preparando la guerra contra los rútulos. La guerra es larga y tediosa, pues se basa en asediar las ciudades enemigas. En uno de los sitios, están bebiendo los jóvenes oficiales. Sexto Tarquinio y Colatino Tarquinio discuten sobre cuál de sus esposas es más bella. Borrachos como cubas se dirigen a galope hacia Roma para comprobarlo. Cuando ven a Lucrecia, la esposa de Colatino, todos convienen en que su hermosura es insuperable.
Mas la lujuria ha invadido el corazón del malvado Sexto, y a los pocos días acude en secreto a casa del estúpido de Colatino y viola a Lucrecia.
Tras el atropello, manda mensajes a su esposo y a su padre -Espurio Lucrecio- para que acudan a la casa de inmediato con sendos amigos de confianza. Espurio llega acompañado de Publio Valerio, Colatino viene con Lucio Junio Bruto. Desesperada y transida por el dolor explica lo sucedido; sin dar tiempo a los presentes de reaccionar, se clava una daga en el corazón.
Entonces, Bruto extrae el puñal ensangrentado del pecho de la desgraciada y sobre él jura vengarse de modo horrible tanto del miserable Sexto como de toda su corrompida familia.
Se dirigen al Foro, y allí Lucio Junio pronuncia un encendido discurso que asombra a todos, todos creían que era un retrasado, mas ahora se dan cuenta de su astucia; la vehemencia de su oratoria inflama a la multitud que toma las armas dispuesta a terminar con el tirano.
Junio Bruto está proclamando el régimen de la libertas, palabra con la que moriarán en los labios los que se creerán últimos defensores de la República en Farsalia. Aunque los revolucionarios pretendiesen que el movimiento había partido del pueblo y del ejército, ni uno ni otro mueven un dedo. La historia de la República romana, como la historia del Pontificado romano durante la Edad Moderna, la hicieron una treintena de familias. Quienes sostienen que la Historia no la hacen los pueblos sino los hombres, y más bien pocos, tienen un sólido argumento en la creación de la República romana.
Tarquino fue desterrado y se marchó con sus hijos a Caere, en Etruria. Sexto Tarquino fue a Gabios, pretendiendo gobernar como rey, pero los gabinos lo asesinaron (q.s.j.).
Hasta el fin de sus días, la República conservará el carácter aristocrático y elitista de sus fundadores, un selecto puñado de familias romanas, albanas (una de éstas fue la de los Curiacios) y sabinas. La República romana se parece tan poco a una república moderna como el Imperio romano a una monarquía moderna. Como decía Polibio: "El régimen de gobierno de los romanos reúne todas las ventajas de la monarquía, todas las ventajas de un régimen aristocrático y todas las ventajas de una democracia".
509.- A continuación, en los Comicios Centuriados, el prefecto de la ciudad nombró a dos cónsules conforme a las memorias escritas por Servio Tulio, y fueron Lucio Junio Bruto y Lucio Tarquinio Colatino. "Cónsules" significa "los que saltan al unísono" y es una palabra viejísima de la época en que los romanos eran un pueblo de pastores, y dos magos-sacerdotes dirigían la danza de la totalidad de la tribu. Con el tiempo, el resto de magistraturas también serán duales.
Los cargos son anuales, y los otorgan los Comicios Centuriados, es decir, el pueblo en cuanto ejército, o lo que es lo mismo, los hombres en edad militar.
Habían pasado 244 años ab Urbe condita.
Así pues, ya tenemos República. El cerebro de la nueva etapa será Lucio Junio Bruto.
La primera medida será completar hasta 300 el número de senadores, gravemente diezmado por las purgas criminales de Tarquinio, para ello llamó a los principales de la orden equestre, sabia medida para contentar a la plebe -sin que participe la gran mayoría- e introducir en la vida política a la burguesía capitalista (entre comillas, obviamente).
Los ritos religiosos realizados por los reyes los celebrará un rex sacrorum, parodia de soberano, a quien se podía dar impunemente el regio nombre, y que no gozaba de privilegio alguno; conservándole el título se daba satisfacción a los dioses sin disgustar a los mortales.
Se firma el primer pacto político de Roma; un tratado con Cartago reconociendo el monopolio comercial púnico en el Mediterráneo occidental, y el compromiso de éstos de no hostigar a los aliados de Roma, siempre y cuando no superen el sur de la línea del cabo de Palos en Hispania.
Los etruscos están en franca decadencia, tanto en tierra, como en el mar (su flota será exterminada en Cumas por Hierón de Siracusa en el 474). Este vacío de poder en el Lacio será el causante de que los belicosos pueblos de la montaña bajen a disputar la fértil llanura a los romanos.
Por último, como el pueblo murmuraba contra Colatino, por ser de la familia Tarquinia, Junio Bruto le ruega que dimita. Colatino y el resto de tarquinios se fue de la ciudad para instalarse en Lavinio. Como substituto, Bruto nombrará a Publio Valerio.
Pero todo el mundo sabía que pasada la sorpresa inicial, los Tarquinios reharían sus fuerzas y estallaría la guerra. Efectivamente , los jóvenes calaveras exilados van buscando adeptos para su partido monárquico. Entre los ganados para la sedición están los mismísimos hijos de Bruto: Tito y Tiberio. Los cabecillas de la trama en Roma era la familia Vitelio, una de cuyas mujeres estaba casada con Junio Bruto.
En una de las cenas de los conjurados en casa de los Vitelios, un esclavo se entera de la conspiración y avisa a los cónsules. Rápidamente son detenidos los traidores, se requisan los bienes de la familia real y se juzga a los reos.
La pena sólo podría ser la muerte. Y el cónsul que debía ordenarla era Lucio Junio Bruto. Todo el mundo estaba pendiente de sus hijos, pero él no titubeó. Los muchachos, en pie, atados a un madero, son desnudados, azotados y, finalmente, decapitados.
El esclavo que descubrió la trama fue recompensado con la libertad y la ciudadanía; y desde entonces fue norma proceder así con los esclavos que hiciesen un gran bien a la patria, llamando a esta forma de libertad "vindicta", pues el tal esclavo llamábase Vindicio.
Colatino recorría las ciudades etruscas reclamando ayuda. Fueron las más cercanas a Roma, Veyes y Tarquinia, las que apoyaron su causa.
Salen sendos ejércitos de las ciudades tirsenas para enfrentarse a las legiones romanas. Cuando se avistan ambas huestes, Arrunte Tarquinio, hijo de Colatino, espolea su caballo en busca de Junio Bruto; éste, encantado, lanza en ristre, acepta el duelo. El encontronazo es brutal, ambos contendientes ruedan por tierra mutuamente ensartados. Una gloriosa muerte de las que ya no quedan. La batalla es encarnizada, pero vencen los romanos.
Pasado un tiempo, de nuevo el pueblo murmura contra el cónsul superviviente, acusando a Valerio de querer ocupar el trono; la prueba es que se está construyendo una casa en lo alto de la colina Velia, y que será una ciudadela inexpugnable. También es extraño que no haya nombrado un segundo cónsul.
Publio Valerio, indignadísimo, habla al pueblo y lo convence de su lealtad: ordena reedificar su mansión en el valle, promulgando además leyes harto favorables a la plebe, lo que le valió el sobrenombre de "publícola", que parecía un trabalenguas lo de Publio Publícola. Para terminar, nombra nuevo cónsul: el anciano Espurio Lucrecio, que muere a los pocos días. Su puesto lo ocupará Horacio Pulvilio.
Y prosigue la guerra contra Veyes. Pero esta vez el dirigente etrusco es Larte Porsena, rey (=larte) de Clusio; que en realidad debía de ser el caudillo de los 12 reyes etruscos coaligados, si no, no se explica el terror del pueblo romano al saber que Porsena se dirigía hacia Roma. La idea era restaurar en el trono a los Tarquinios. Los romanos renuncian a presentar batalla y se ponen al resguardo de sus murallas.
El caso es que el ataque etrusco se produjo antes de lo previsto, y los defensores del Janículo huyeron como ratas. Entonces, Horacio Cocles, que estaba de centinela en el puente del Tíber, comprendió que tal y como estaban las cosas, si no se destruía ese único punto de acceso a la ciudad, la caída de Roma era inevitable. Así, el bravo Horacio detiene a los desertores y los arenga para que destruyan el puente mientras él junto con dos valientes, Espurio Larcio y Tito Herminio, detienen la embestida tirsena.
"¡Esclavos de reyes soberbios!", espetaba Horacio al enemigo, con actitud fiera y desafiante que hacía vacilar a los asaltantes. Los dardos caen sobre él, pero se cubre bien con el escudo. Los etruscos preparan una carga final para arrollar al insolente romano, y ya parece todo perdido cuando un terrible crujido deja ver que el puente se hunde. La patria está salvada. Cocles mirando al Tíber dice: "Santo padre Tiberino, yo te ruego que acojas estas armas y a este soldado en tus corrientes propicias", y tal como estaba saltó a las frías aguas. El dios fluvial debió de escuchar su oración pues, bajo una lluvia de flechas, consigue llegar a la otra orilla, donde fue recibido -huelga decirlo- como un héroe. Horacio Cocles fue colmado de bienes y honores y se le erigió una estatua en el Comitium. No era para menos.
Echado por tierra (por agua sería más acertado) el factor sorpresa, dispone el rey etrusco lo necesario para un largo asedio: la Urbs será rendida por el hambre.
Un nuevo héroe saldrá de las filas romanas: el joven Gayo Mucio. Logra infiltrarse en el campamento enemigo y se pasea como si fuese un recluta más buscando a Porsena. En ese momento se está distribuyendo la paga, y sentado junto al rey está un escribano, vestido también ricamente; como todo el mundo se dirige a él, cree el valeroso romano que ése es Porsena. Sin dudarlo, saca un cuchillo y se lo clava en el corazón.
Detenido al instante, desafía orgulloso al rey etrusco amenazándolo con que todos los jóvenes romanos harán como él, y tarde o temprano caerá bajo el acero. Amenazándolo con aplicarle carbones al rojo si no da más detalles, Mucio introduce su mano derecha en el fuego sacrificial que tenía al lado, dejando que se le queme la mano sin torcer el gesto. Porsena, asombrado y admirado deja marchar en paz al romano y decide firmar la paz con Roma. Éste corresponde con nobleza dándole los detalles de la conjura: 300 jóvenes esperan su turno para intentar el magnicidio. Mucio será apodado Escévola (zurdo).
En el tratado de paz, los romanos ofrecen compensaciones territoriales y rehenes como garantía.
Pero las heroicidades no eran patrimonio de los varones.
Una de las rehenes, Cloelia, logra escaparse, liberar al resto de sus compañeras y llevarlas sanas y salvas hasta Roma.
Pórsena pensaba que acabaría loco con estos romanos. Y entonces vuelve a escribirse otra página de caballerosidad: el etrusco pide que vuelva la valiente Cloelia, pues quiere honrarla como se merece. Los romanos confían en su palabra y le envían a la doncella. Porsena, a su vez, corresponde a esa confianza y devuelve a la mitad de los presos varones, y será la propia Cloelia quien los elija.
Los romanos le erigieron una estatua ecuestre femenina en lo alto de la Vía Sacra.
Parece ser que fue la inmemorial estatua ecuestre, que representaba a Venus, la que dio pie a esta fábula.
Todo esto acabó en una amistad sólida con los de Veyes, tanto que Pórsena devolvió todos los rehenes y los territorios del acuerdo de paz. Como consecuencia, Tarquinio se fue con la música a otra parte, es decir a Túsculum, para vivir desterrado junto con su yerno Mamilio Octavio. Éste caerá en la batalla del Lago Regilo, que enfrentaba a los de Túsculum con los romanos. Poco tiempo después, llega la noticia de que en Cumas ha muerto el último Tarquinio.
Por esa época, las largas guerras impiden a muchos campesinos recoger la cosecha, por lo que se van empobreciendo y llegan a ser esclavizados por deudas. Así que se produce una gran rebelión de la plebe.
Se reúne el Senado, pero no se pone de acuerdo sobre las medidas a tomar. En estas que llegan unos jinetes latinos diciendo que los volscos se acercan en formación de combate. Esta es la ocasión que estaba esperando la plebs; se niegan a combatir.
El cónsul Servilio proclama un edicto por el que se prohíbe que se encadene o aprese a ningún ciudadano romano -ni a su familia- que sirva en campaña, tampoco podrá perder sus bienes.
Ahora sí; con esta promesa todos los plebeyos con deudas corren a alistarse, sobre todo los encadenados. Los volscos son vencidos y con el botín y tierras conseguidas se alivia algo la indigencia de la plebe. Sin embargo, el otro cónsul, el orgulloso Apio Claudio, no quiere ratificar la promesa hecha por Servilio. De nuevo sobreviene el motín. Apio Claudio -"familia superbissima atque crudelissima in plebem romanam", en palabras de Tito Livio- no se amilana y pide que se nombre un dictador que meta en cintura a la chusma.
Se elige a Manio Valerio, hombre apacible que va a intentar hacer justicia. Y de nuevo se repite la historia, volscos, ecuos y sabinos se han sublevado. Valerio ratifica el edicto del cónsul Servilio y logra que se reclute el más numeroso ejército habido hasta entonces: diez legiones.
La victoria es aplastante; el dictador es conducido en triunfo a la ciudad.
El dictador era denominado "magister populi" (jefe del ejército) y tenía poder absoluto, su mando duraba seis meses máximo. Nombraba un segundo, que era el jefe de la caballería, "magister equitum".
Mas de nuevo el Senado vuelve a las andadas. Manio Valerio, decepcionado, echa en cara a los senadores su vileza: "No soy grato como promotor de la concordia. Pronto, por Júpiter, desearéis que la plebe romana tenga defensores parecidos a mí [...] asistiré mejor a la sedición, como ciudadano particular, que como dictador". Dicho lo cual dimitió. La plebe lo acompañó a su casa entre apalusos.
494.- De nuevo los ecuos amenazaban la paz. Pero el ejército se amotinó, y a propuesta de un tal Sicinio se retiraron al Monte Sacro. Un inmenso pavor reinaba en la ciudad ¿Estallaría una guerra civil? ¿Qué ocurriría si entre tanto surgía una guerra exterior? No había otra solución que llegara a un acuerdo. Así que enviaron a Menenio Agripa para que negociara con los insurgentes.
Menenio, que era un gran psicólogo, les habló del cuento del vientre y el cuerpo en huelga, para convencerlos de la necesidad de la unión y la concordia. Y, sobre todo, que el vientre eran los patres (sería por la mierda, digo yo).
Se acordó entonces que la plebe tuviera dos tribunos de la plebe propios, sacrosantos e inviolables con derecho de veto (intercessio). Los primeros en ser elegidos fueron Gayo Licinio y Lucinio Albino.
Más calmadas las cosas, se inició una guerra contra Coriolos, ciudad volsca. Ahí destacó el joven Gneo Marcio, que con un puñado de selectos guerreros, logró entrar en la ciudad e incendiarla. De esta forma se ganó Coriolos. El bravo Gneo Marcio fue honrado desde entonces con el apelativo de "Coriolano".
Sobrevino una gran hambruna porque no se había sembrado durante los tumultos del Monte Sacro. Así que los senadores compraron trigo en Etruria y en Sicilia. Al debatir a qué precio lo debían revender a la plebe, saltó Coriolano como una fiera: "Si quieren los precios antiguos, que devuelvan a los patres los derechos primitivos", en clara alusión contra la potestad tribunicia.
La plebs lo tomó como una provocación y se exigió un castigo para el heroico patricio. Citado a juicio se negó a presentarse (olé sus cojones) por lo que fue declarado en rebeldía. Se exiló en el país de los volscos, donde acogieron con los brazos abiertos a tan bravo soldado, hospedándose en casa de Atio Tulio.
Ambos logran soliviantar al pueblo volsco contra Roma. Se produce la guerra y Coriolano, al mando del ejército volsco, derrota una y otra vez a sus paisanos. A continuación saquea todo el territorio romano, excepto las tierras pertenecientes a los patricios, con lo que la discordia entre los quirites queda asegurada.
La plebe se niega a pelear, y ordena al Senado que se envíen embajadores para que Coriolano no acabe con la República. Pero nada doblega su voluntad de venganza.
Entonces llegan al campamento su madre, esposa e hijos. La visión de sus seres queridos y el discurso que le endosa su madre lo derrumba; prorrumpe en llanto y accede a retirar su ejército.
Y así es como Roma fue salvada de caer bajo las armas enemigas que mandaba un romano. Y no se sabe muy bien cuál fue el fin de Coriolano. Unos dicen que los volscos lo ejecutaron por traidor, otros que murió anciano, pero siempre triste y añorante de su querida y lejana Roma.
Sin embargo el peligro sigue, ecuos y volscos deciden atacar a la golpeada Roma, pero disputan sobre el general que dirigirá la empresa. Los ánimos se encrespan y acaba la cosa en lucha encarnizada que aniquilará a ambos ejércitos. Una vez más la diosa Fortuna ha sonreído a la gloriosa Urbe.
Poco después se promulgó la primera ley agraria. A ésta seguirán otras, y siempre polémicas, pues en el reparto de las tierras conquistadas siempre hay sectores de la plebe que se consideraban agraviados. Las rencillas entre los patres y la plebs habían llegado a tal extremo que la guerra civil parecía inevitable.
Veyes aprovecha la situación y se dedica a saquear el territorio romano. Como la plebe no está por la labor de entrar en combate, la gens Fabia decide dar ejemplo y pide ocuparse en exclusiva de dar a Veyes su merecido, ellos correrían con todos los gastos, tanto materiales como humanos. La gratitud del pueblos romano es indescriptible.
En realidad, la actitud de los fabios no era tan desinteresada, confiaban en obtener abundante botín con sus correrías por tierras veyenses, se trataba, en definitiva de pagarles con la misma moneda y de paso obtener beneficio.
A la mañana siguiente, 306 soldados patricios de la gens Fabia, parten hacia Veyes. seguidos por un número indeterminado de clientes y aventureros dispuestos a participar en el botín. El comienzo fue prometedor, los bandidos fabios saquean a su antojo, pero, precisamente por la impunidad con que actúan, se vuelven más y más osados, y esa presunción será su perdición, pues caen en una ingenua emboscada y todos son masacrados; todos excepto un adolescente que logra huir y será el tronco de la familia Fabia, que será siempre el más firme pilar de Roma.
Los tribunos no cesan de hacer demagogia, y las tensiones son constantes. Todo esto trufado con el sempiterno enfrentamiento con Veyes.
El tribuno Volerón consigue que se apruebe una ley por la que los tribunos serán elegidos por los comicios de la tribus, aumentando su número a cinco. El cónsul que se opuso a esta moción fue Apio Claudio, y no deja de atraer este hombre noble e íntegro.
455.- Los cónsules están bloqueados en la guera contra volscos y ecuos. Es menester elegir un dictador, y se deciden por el anterior cónsul: Lucio Quinto Cincinato, cuyo gobierno ha sido probo y rectísimo. Lo encuentran arando sus campos y le dan la noticia.
Se pone en acción, da órdenes precisas, respetado por todos nadie rechista. La victoria es total. Regresa triunfal a Roma, se celebran los fastos correspondientes y abdica. Volvió a uncir sus bueyes y siguió arando los campos. Ha pasado a la Historia como el prototipo de político íntegro y honesto.
451.- Se cambia la forma de Estado, y se pasa del consulado al decemvirato. Diez canallas que durante un tiempo sometieron a la plebe a penosa tiranía, hacían y deshacían sin consultar al Senado. Presentaron la Ley de las Doce Tablas, basadas en las de Solón, copiadas por una legación romana que viajó hasta Atenas (en realidad viajaron a la Magna Grecia).
Los sabinos saquean la campiña romana a placer. Los ecuos hacen lo propio en la vecina Tusculo, aliada de Roma. Las legiones romanas, desmoralizadas y sin el menor deseo de obedecer a sus jefes son derrotadas sistemáticamente.
Uno de los decemviros, el malvado Apio Claudio (familia superbissima atque crudelissima in plebem romanam, recuerden) intenta violar a Lucrecia, hija del respetable Lucio Verginio; con artimañas arguye que es hija de uno de sus esclavos y por tanto le pertenece. Verginio la asesina para evitar la deshonra.
El pueblo en masa se exila en el Monte Sacro. Los patricios y los decemviros se quedan solos. Éstos dimiten. Se vuelve al sistema consular.
La historia recuerda sospechosamente la violación de la otra Lucrecia por el malvado príncipe Tarquino, y que acarrea el final de la monarquía.
Los nuevos cónsules son Lucio Valerio y Marco Horacio, que gobernaron con ecuanimidad. Obviamente se llevó a juicio a los decemviros; el malvado Apio Claudio se suicida.
445.- Gayo Canuleyo propone la ley que permita el matrimonio entre patricios y plebeyos, así como que la plebe elija cónsules a quien desee, ya sean patricios o plebeyos. Los patres se llevan las manos a la cabeza. Bronca general, y la coalición ecuo-volsca a las puertas de Roma.
Canuleyo se planta y amenaza con que no consentirá ninguna leva en tanto no se aprueben sus leyes. Los patres aceptan la ley matrimonial (ius conubii), y la posibilidad de que la plebe pueda nombrar tres tribunos militares con potestad consular, sin considerar su origen. Paradójicamente los elegidos son todos patricios.
443.- Por primera vez la suprema magistratura es ocupada por tribunos militares en lugar de por cónsules: Aulo Sempronio Atratino, Lucio Atilio y Tito Cluilio.
Este nuevo tipo de Estado convenía más a una época de constante actividad bélica. Pero a los 3 meses de su entrada en funciones dimitieron los tribunos por un decreto de los augures y vuelven a elegirse cónsules. También se creó una magistratura específica para llevar a cabo los censos, eran dos personas elegidas por el pueblo, y se les llamó censores.
Luego vino una larga época de paz, empañada por el intento de Espurio Melio, de la orden equestre, de restaurar la monarquía (siendo él rey, claro). El asunto había sido que ante una hambruna generalizada, Espurio, hombre riquísimo, compró trigo a los etruscos y la repartió entre la plebe, ganándose de esta forma la adhesión del populacho. El siguiente paso iba a ser promover un levantamiento general.
Descubierta la trama se nombra a Cincinato, por segunda vez, dictador. Éste designa a Gayo Servilio Ahala jefe de la caballería. Espurio aterrado se esconde entre la plebe, pero Servilio azuza a su caballo y dándole alcance le rebana de un certero tajo la cabeza, poniendo perdido de sangre a todo el que estaba cerca. Cincinato dijo: "¡Bravo por tu valor, Gayo Servilio, la República está salvada!".
406.- GUERRA DE VEYES.
Fidenas, colonia romana, se pasó al Larte Tolumnio, rey de Veyes. Cuando Roma envió embajadores pidiendo explicaciones, Tolumio ordena que los asesinen. El larte veyense no podía figurarse en la que se había metido. Ante el inminente conflicto bélico se alía con faliscos y fidenos.
En Roma eligen dictador; esta vez será Lucio Quinto Cincinato, digno hijo de su padre.
Se produce el encuentro armado; los etruscos aguantan bien. Entonces, el tribuno militar Aulo Cornelio Coso reconoce al Larte Tolumnio; espolea su caballo y lo derriba de un lanzazo. El etrusco se incorpora, pero Cornelio echa pie a tierra y lo aplasta contra el suelo con su escudo, a continuación lo deja clavado en el suelo con su lanza.
Al pasearse luego con la cabeza de Tolumnio a modo de trofeo se produce la desbandada general de la coalición etrusca.
Los despojos de Tolumnio fueron considerados "opimos" y se depositaron en el Templo de Júpiter Feretrio, cerca de los de Rómulo. Éstos fueron los segundos despojos ópimos ab Urbe cóndita.
Al poco se reanuda la guerra (con nuevo dictador, Aulo Postumo) y Fidenas será tomada con el ardid de excavar una galería subterránea.
En este año los cartagineses llevan por primera vez un ejército a Sicilia para sofocar una sublevación de sículos.
De nuevo surge el conflicto con Veyes, se nombran 4 tribunos militares con potestad consular, que demostraría lo nocivo que es tener muchos jefes en una guerra, pues al tener cada uno un criterio, los ataques fueron descoordinados, terminando la campaña en ignominiosa derrota. Hay que hacer bien las cosas, y se elige un dictador: Mamerco Emilio, siendo el jefe de la caballería Aulo Cornelio.
Envalentonados por el revés romano, los de Veyes reciben aliados ansiosos de botín; el más importante Fidenas. De nada les va a servir la ayuda, porque vuelven a vencer los romanos.
La siguiente campaña es contra los volscos. El cónsul que ese año comanda el ejército era Gayo Sempronio Atratino, y como quiera que el ataque se hizo con precipitación y sin orden, el primer encontronazo es desastroso para la infantería, que huye despavorida. Viendo la derrota como inminente, el decurión de la caballería Sexto Tempanio, pide a sus hombres que echen pie a tierra y den ejemplo a esos cobardes que huyen. El combate fue encarnizado, y el resultado incierto; entonces llega la noche y cesan las hostilidades. Tanto Volscos como romanos habían dado la batalla por perdida abandonando ambos ejércitos sus campamentos. Sólo la caballería de Tempanio resiste en lo alto de la colina, pensando que están rodeados, pero dispuestos a vender caras sus vidas.
Al llegar el alba comprueban asombrados que están solos. Rápidamente intuye lo sucedido y, antes de que los volscos caigan en la misma cuenta, parte veloz hacia la Urbe.
Tras las lógicas muestras de alegría, pues ya daban la caballería por masacrada, Gayo Junio, tribuno de la plebe, se dirige al héroe: "Sexte Tempani, id quaero de te...", y le pregunta acerca de la conducta del cónsul Gayo Sempronio, pues era evidente su culpabilidad. Y Tempanio responde, con dos cojones, que no es cosa de soldado juzgar al general, que ya lo hizo el pueblo romano cuando en los comicios lo eligió cónsul; no obstante le saca la cara y ruega venia para retirarse, pues viene agotado por la fatiga y las heridas.
Al poco llegará Gayo Sempronio, y la anterior intervención de su jefe de caballería sirve para que no se le pidan cuentas. Pero dos años más tarde los tribunos pretenden chantajearlo y lo citan a juicio sobre este asunto a la vez que proponen ante el Senado una ley sobre reparto de tierras. Confían que Sempronio, como senador, apoyará la ley para hacerse grato a la plebe y lograr ser exculpado. Pero es un tío consecuente y vota en contra; como era de esperar, el populacho lo considera culpable por su acción en la guerra contra Veyes y es condenado a pagar 15000 libras de bronce.
Ese mismo año, la vestal Postumia fue acusada de incesto (¿no será de lujuria?) ya que se vestía con especial esmero, y ya se sabe cómo es la gentuza. Afortunadamente sale absuelta (de lo contrario habría sido enterrada viva), pero se le da la admonición de que en lo sucesivo sea más piadosa en el vestir. Y es que las vestales tenían mucho morbo.
También hubo una conjura de esclavos para incendiar la ciudad y aprovechar el revuelo para hacerse con las armas. La delación de dos traidores desbarató el plan. Menuda escabechina...
La plebe andaba revuelta con las arengas de sus tribunos: Espurio Mecilio y Marco Metilio. Habían presentado un proyecto para que todas las tierras conquistadas se repartieran por cabezas, lo que supondría la confiscación de casi todas las tierras de los nobles (?).
Los patres estaban desolados, y no sabían cómo hacerles frente. Apio Claudio (¡Vaya saga familiar!) halló el medio. Se explicó al resto de tribunos que, debido a la importancia sin igual de esta ley, una vez se aprobara, la popularidad de Mecilio y Metilio subiría como la espuma, cayendo los demás en el olvido y acabando por siempre sus carreras políticas. Que aquí ya nos conocemos todos.
Así que el resto de tribunos vetó dicha ley para evitar que sobresalieran sus compañeros. ¡Genial ardid el de Apio Claudio!
404.- El tribuno militar Marco Postumio Regilense dirigió una guerra contra la ciudad de Bolas, una vez conquistada rompió su palabra de repartir la tierra entre la plebs. El tribuno de la plebe Marco Sextio alborotó al personal enardeciéndose los ánimos hasta el punto de recibir a Postumio con una lluvia de piedras, causándole la muerte. Tan grave acto de indisciplina causó gran conmoción en la Urbs, aunque el veto tribunicio impidió una investigación y el castigo de los culpables.
± 400.- Tras la campaña contra Anxur, los patres deciden que los soldados reciban una paga del tesoro (stipendium), ya que hasta ese momento cada uno desempeñaba el servicio a su propia costa, y debido a que las guerras eran cada vez más largas, muchos no podían atender sus campos y se arruinaban. Con esta medida se ganaron el corazón de la plebe; pero los tribunos les decían que los estaban engañando, pues esa paga saldría de los impuestos extraordinarios que recaerían sobre ellos.
Para demostrar lo falaz de tal acusación, los patricios rivalizaron en llenar las arcas del Estado con carretadas de "aes rude", seguido de los equites que también hicieron generosas donaciones. Por último, todo el mundo aportó su granito de arena al erario público.
Tal estado de ánimo y la abundancia de recursos propició una gran campaña contra Veyes. Esta vez no sería una razzia para rapiñar botín, sino una lucha a vida o muerte para conseguir la hegemonía del Lacio, para ello se van a poner 80.000 hombres en pie de guerra..
Mientras en Roma se eligen 8 tribunos militares con potestad consular (el máximo número hasta entonces) en Veyes, hartos ya de las intrigas, optan por un monarca. Este hecho perjudicó gravemente a los veyenses, porque este rey había tenido una conducta insolente con otros pueblos etruscos y perdió muchos aliados.
Comenzó el sitio, pero la ciudad estaba bien defendidad y aprovisionada y se dispuso a pasar el invierno. Pronto surgieron las murmuraciones entre los sitiadores, pues nunca habían hecho la guerra en invierno, a su vez los tribunos sembraban cizaña diciéndoles que esa era la consecuencia de haber aceptado una paga. En estas que de nuevo interviene el gran Apio Claudio, contándoles la milonga de la Guerra de Troya, que duró diez años, fue por una mujer y tuvo lugar a cientos de millas del hogar; "Y a nosotros que estamos a menos de veinte millas, a casi la vista de nuestra ciudad, ¿nos echa atrás un año de asedio?". Mientras oían silenciosos y avergonzados, llegan noticias de que un ataque sorpresa veyense ha incendiado varias torres de asalto. Entonces los ciudadanos que por su censo eran del orden ecuestre pero no tenían caballos asignados por cuenta del Estado piden permiso para acudir al frente con sus propios cuadrúpedos. Esto provocó la alegría desbordante de todo el pueblo romano.
Fue ésta la primera vez que los equites empezaron a servir en el ejército con sus propios caballos. Su intervención fue decisiva para rehacer las máquinas destruidas.
Mas no todo eran mieles. Anxur se rebeló y expulsó a la guarnición romana; Veyes recibió el apoyo de capenates y faliscos, que atacaron de improviso el campamento romano mandado por el tribuno Manio Sergio. La única esperanza era que llegara en su auxilio el ejército que mandaba el tribuno Verginio; pero, como éste odiaba a Sergio, dijo que si necesitaba ayuda que la pidiera, y el otro, para no humillarse ante su rival, prefirió ser derrotado a rebajarse pidiendo auxilio de modo oficial.
Todo acabó en derrota, huída, gran cantidad de soldados muertos y ambos tribunos en Roma lanzándose acusaciones e improperios.
Así que se revocan todos los tribunados militares, se renuevan los cargos y se hacen nuevas levas.
La guerra sigue, pasan los años, y los gastos militares incrementados con el stipendium comienzan a ser onerosos. Los ánimos comienzan a exacerbarse. La solución viene en el viejo invento del chivo expiatorio: se juzga a los tribunos Lucio Verginio y Manio Sergio, por sus pasadas responsabilidades y son multados con diez mil libras de bronce cada uno.
Un arúspice veyense secuestrado por los romanos revela que la ciudad caerá si desecan el lago del Monte Albano. Así se hace. A la vez, habida cuenta los desastres militares que Roma está teniendo, se decide nombrar un dictador: Marco Furio Camilo. Como jefe de la caballería éste elige a Publio Cornelio Escipión. La situación dará un vuelco espectacular. Los éxitos se suceden imparables.
396.- Por último se decide excavar una mina a imitación de la del sitio de Fidenas. Todo sale a pedir de boca y Veyes es tomada y saqueada, y sus habitantes exterminados o vendidos como esclavos.
Se preguntó a Juno Regina, la Diosa Madre etrusca, si deseaba ser trasladada a Roma, y la imagen asintió. En la Urbs se le erige un templo en el Aventino acorde con su dignidad. También se consagró el Templo de la Mater Matuta, la Diosa Madre Itálica, en cuyo honor las mujeres oraban por la salud de los hijos de sus hermanas (pueri sororii).
El dictador Camilo entrará triunfal en un carro tirado por cuatro caballos blancos, como hará César varios siglos después.
Seguramente el sitio de Veyes no duró diez años, pero los historiadores romanos quisieron que esta gesta fuese su pequeña guerra de Troya.
Vistas las cosas, volscos y ecuos piden la paz, y Roma, exhausta, la concede.
Con la paz llegan las rencillas entre tribunos y patricios por el reparto del botín de Veyes.
Se inicia una campaña contra los faliscos, que deriva en el asedio de su capital, Faleria. Uno de los principales de la ciudad había confiado la educación de sus hijos al cuidado de un pedagogo. Éste sacó a los niños de la urbe y se dirigió al campamento romano para entregarlos como rehenes. El tribuno militar era Marco Furio Camilo, y asqueado por la villanía de este miserable, le demuestra el desprecio que siente Roma por los traidores atándolo desnudo y haciendo que los niños lo conduzcan a varazos de nuevo a la ciudad.
Quedarán los falerios tan asombrados por la noble conducta de los romanos que deciden ponerse bajo su advocación, "convencidos de que viviremos mejor bajo vuestra autoridad que con nuestras leyes". Enternecedor.
391.- De Clusio, un pueblo etrusco, llega una embajada pidiendo ayuda contra el ataque de los galos. Roma no hace mucho caso a esta invasión, mas pronto tendrá ocasión de arrepentirse por su pasividad.
Al poco, los galos se dirigen a la Urbs. De forma improvisada se envía un ejército a cortarles el paso, y lo hace en el 11º millario, en el río Allia.
18-Julio-387: ALLIA.- La táctica hoplítica de los romanos se muestra totalmente obsoleta contra la movilidad celta y sus largas espadas. Pronto cunde el pánico y los romanos se arrojan a las frías aguas del Allia buscando huir como sea. Muchos hallaron refugio en Veyes, unos pocos pudieron llegar a la Urbe. La plebe al conocer la noticia escapa despavorida, tal es el terror que inspiran los galos.
Los celtas -éstos eran de la tribu de los "senones"- no esperaban una victoria tan fácil. Al llegar a Roma ven que las puertas están de par en par, nadie las había cerrado en el caos de la huída. Los jóvenes y senadores se refugiaron en la Ciudadela del Capitolio, y los viejos patricios, para no ser una carga que menguara las provisiones, quedaron sentados a las puertas de sus mansiones esperando altivos la muerte. Llegan los bárbaros; al ver a los impasibles ancianos, como reyes en su trono, piensan si no serán estatuas; un galo se acerca despacioso a Marco Papirio que espera con su vara de marfil, símbolo de su dignidad senatorial, y le mesa las barbas para comprobarlo; el resultado es un terrible bastonazo que cruza la cara del curioso. Entonces comienza la carnicería.
Existía un sacrificio ofrecido regularmente en la colina Quirinal por la familia Fabia; y Gayo Fabio Druso decide llevarla a efecto. Vestido solemnemente (al estilo "gabino", con la toga ceñida y la cabeza cubierta) con los objetos para la ceremonia, se dirige al Quirinal. Su aspecto cuasi divino inspira un temor reverencial y supersticioso entre los galos; alguno le chilla amenazador, pero nadie se atreve a atacarlo. Fabio, ajeno a los gritos, sigue su camino. Tras completar el sacrificio regresa al Capitolio.
Por la noche, los galos consiguen hacer una torre humana y escalan la ciudadela, ya están a punto de llegar a la cima, cuando las ocas sagradas consagradas a Juno alertan a Marco Manlio; llega justo cuando el primer invasor ha puesto su pie en el Capitolio, el romano va sin espada, sólo porta un escudo, pero se lanza contra él y lo derriba. El galo arrastra en su caída a los demás compañeros. Parece ser que esta historia es cierta.
El centinela, que se había quedado dormido, también fue despeñado. Desde entonces, se celebraba una procesión en que se rendía culto a las ocas y se llevaba un perro crucificado, pues ningún can advirtió de la presencia de los intrusos.
Consumidos por el hambre, los sitiados deciden pactar.
Brenno, el caudillo galo (aunque parece ser que "brenno" era un título militar) exige mil libras de oro. Como quiera que la balanza que llevan los senones está desquilibrada Quinto Sulpicio, tribuno militar, la rechaza indignado. Entonces Brenno, insolente, pone su espada sobre las pesas y dice la frase más intolerable para un romano: "¡Vae Victis!".
Tito Livio concluye con un final feliz, en el que, cuando está a punto de concluir la pesada, llega el dictador Camilo y ordena que se anule esa farsa, que Roma ha de lograrse con hierro, no con oro, y bla, bla, bla; luego viene la lucha victoriosa. Los galos son exterminados y Camilo es celebrado como el "Nuevo Rómulo", "Pater Patriae" y "Segundo fundador de la Urbe". Una bonita fábula. Lo que sí parece cierto es que logró que sus conciudadanos no emigrasen a Veyes y reconstruyeran la Urbs. La pieza más preciada de Roma era la estatua (signum) de Vesta, un idolillo de madera al más puro estilo de nuestras Vírgenes mediterráneas, que Eneas habría salvado del incendio de Troya. Cicerón y otras fuentes dicen que era un Palladium (estatuilla de Palas, trasunto de Atenea). Este signum era llamado pignus imperii, o sea prenda o garantía del imperio. Fue uno de los argumentos empleados por Camilo para evitar el traslado de Roma a Veyes.
Por fin parten los galos y queda una Roma saqueada e incendiada. La mayoría del pueblo era partidario de abandonar la ciudad e instalarse en Veyes, pero el Senado rechazó esta propuesta de los tribunos.
Entonces comenzó una carrera contra reloj para recontruir la Urbe. Lo cual dio lugar a una situación anárquica (promiscue aedificari). Nadie se atuvo a un plan de ordenación urbana, ni siquiera para que las calles fuesen rectas: el objetivo era terminar antes de un año. Los invasores volverían seguro en la siguiente primavera. Los muros servianos fueron reconstruídos en toda su extensión y revestidos de cantería de piedra de grotta oscura.
Al mismo tiempo, se ha sacado lección del desastre ante los galos y se reforma el ejército. La nueva estructura será la acies triplex compuesta de tres filas -Astati, Principi y Triarii-, cuyas dos posteriores servían de reserva a la primera. Esta ordenación, que recuerda la falange dórica, ofrecía la ventaja de tener siempre tropas y fuerzas sobre el campo de batalla, y con ella sujetó Roma todos los pueblos de Italia y preparó su universal dominio.
El desastre que Roma acaba de padecer le supondrá un enorme desprestigio y la consecuencia será que muchos de sus vasallos van a plantearse la posibilidad de una rebelión. Además van a producirse encuentros armados con los samnitas por el control de Capua. La cosa quedará en tablas, y se firmará una tregua.
Es entonces cuando la Liga Latina, aliada de Roma, le hace a la metrópoli la exigencia de que, en adelante, uno de los dos cónsules y la mitad de los asientos del Senado, habrán de ser latinos.
La República no va a consentir amenazas ni exigencias, por muy poderosos que se crean los aliados, y les hará frente a todos juntos, derrotándolos en una batalla frente al Vesubio. El gran héroe fue Decio Mus, que se suicidó en magnífico sacrificio a los dioses azuzando a su caballo contra la vanguardia enemiga para que la batalla fuera propicia. Las legiones, enardecidas por esta acción, arrollaron al ejército latino.
345.- Roma va sofocando las sediciones y recupera su ascendiente sobre el Lacio.
Se aprueba la Ley Licinia-Sextia. Por ella, la jefatura del Estado estaría en adelante en manos de tres magistrados con imperium, dos cónsules -que reemplazarán al praetor maximis como jefes del ejército- y un pretor responsable de la alta judicatura, y secundariamente, jefe de un ejército en caso de extrema necesidad. Uno de estos tres cargos podría ser desempeñado por un plebeyo. Antes de que termine el siglo los plebeyos podrán acceder a todas las magistraturas.
340.- Sigue la guerra contra los latinos. El cónsul Tito Manlio Torcuato ha prohibido los duelos personales para evitar que se confraternice con el enemigo. Su hijo, desobedeciendo estas órdenes, cae en una provocación y mata a un caudillo latino, logrando así la victoria. Tito Manlio le dio la corona triunfal por su hazaña y luego lo mandó decapitar por indisciplinado. De ahí la expresión "órdenes manlianas" (Manlia imperia) referido a los castigos severísimos o desproporcionados.
GUERRAS SAMNITAS (326 - 272)
Como ya hemos visto, durante el s.V hubo una bonanza económica que produjo excedentes de población y movimientos expansivos, tanto de los galos del norte de Italia, como de los mismos pueblos de la península, en especial de los oscos y de los samnitas, que acaban con las ciudades griegas y etruscas. Roma logró frenar el avance samnita y tras firmar una tregua sofocó las insurrecciones latinas. Pero el enfrentamiento con el pueblo sabino era inevitable.
326.- El origen de la 2ª Guerra no está claro. Parece ser que el nuevo movimiento partió de Paleópolis. Esta ciudad, gemela de Nápoles, fue elegida por los samnitas para iniciar la reconquista de la Campania. La ciudad se rebeló y Roma envió dos ejércitos consulares para reducirla. Los samnitas y los nolenses enviaron refuerzos. Y comenzó la guerra.
321.- (HORCAS CAUDINAS). Gavio Poncio Telesino, será el jefe samnita. Se tenderá una trampa a los cónsules Tito Veturio Calvino y Espurio Postumio, haciéndoles creer que Luceria, llave de la Apulia, está asediada y su caída es inminente. Los dirigentes romanos, para llegar antes, toman un atajo: la garganta de las Horcas Caudinas (furculae caudinae). En cuanto ven al enemigo asomar por los acantilados saben que han caído en la ratonera. Todo un ejército con sus dos cónsules a la cabeza, atrapados sin remedio en un estrecho desfiladero.
Pero los samnitas no querían iniciar una guerra de exterminio, así que se limitaron a quitarles las armas, exigir la retirada romana de la zona y humillarlos haciéndolos pasar bajo el yugo. Los cónsules aceptaron las condiciones; seiscientos caballeros quedaron rehenes y el resto del ejército fue liberado. Pero el Senado no ratificó el tratado: Injussu populi nihil sancire posse quod populum teneat, y consideró a Valerio y Postumio únicos responsables, así que fueron devueltos al enemigo. Gavio Poncio se negó al indigno holocausto, dando a Roma una lección de magnanimidad.
De esta derrota aprendió Roma que:
a) Su ejército debia ser más maniobrable y rápido.
b) Se necesitaban buenas comunicaciones con Roma.
c) Había que rodear el Samnio de Colonias fieles a Roma para asfixiarlo.
Así pues, se reformó el ejército; el censor Apio Claudio "el ciego" construyó la Vía Apia (312), y se firmó una larga tregua para poder crear las susodichas colonias asfixiantes ("propugnacula imperii" las llamará Tácito). Según iba cerrando el dogal en torno al Samnio, Roma iba machacando a los aliados traidores o simplemente tibios.
Viendo el panorama, los samnitas vuelven a la guerra, y viendo que sus aliados van siendo derrotados por Roma, decide buscar el apoyo de los galos senones, el demonio de Roma.
295.- TERCERA GUERRA SAMNITA.- El condotiero samnita Gelio Egnacio, al frente de la coalición formada por samnitas, sabinos, galos y etruscos, aplasta al cónsul Quinto Fabio Ruliano. La novedad de los carros galos fue la clave de la victoria.
Rápidamente, Roma rehace su ejército y pone en pie de guerra a 40.000 hombres. En este segundo encuentro, la vanguardia romana se vio desbordada de nuevo por el ímpetu de los carros galos, pero la heroica actuación de Decio Mus, sucesor de aquel íntegro romano de igual nombre, hizo que se alcanzase la Victoria de Sentino.
A partir de entonces, los samnitas ya no levantan cabeza, y se vieron obligados a
290.- Pedir la paz. Afortunadamente, Roma se comportó de modo noble con ellos, correspondiendo a la benévola actitud que los samnitas tuvieron en el pasado. Según otras versiones el Samnio fue prácticamente arrasado. Vaya ustéasaber.
287.- Al ser promulgada la Lex Hortensia de plebiscitis, que daba valor legal a las decisiones de la Asamblea y de los tribunos de la plebe, la larga lucha por la igualdad social había concluido. Si en un principio nobleza y patriciado eran una misma cosa, ahora podían los plebeyos acceder a la nobleza (optimates), pero nunca al patriciado, que era una casta cerrada a la que sólo se llegaba por nacimiento.
282.- Conquistado el Samnio, era inevitable el roce con las ciudades griegas del sur.
El apoyo prestado por Roma a Turi y otras ciudades contra los lucanos afectó el área de influencia de la riquísima Tarento. Éstos destruyeron cinco naves de una flotilla romana de diez que había anclado en el puerto. Roma tenía un gran respeto por los ejércitos griegos y el Senado no declaró la guerra inmediatamente. Y como el que da primero da dos veces, Tarento, que no contaba con ejército propio, llamó a un condotiero que aspiraba a ser el nuevo Alejandro:
el rey Pirro de Epiro. Cuando fue llamado a Italia ya estaba en decadencia. Recordó a los sicilianos que su hijo Alejandro tenía derechos a la corona de Siracusa, por lo que iba a combatir a la vez contra romanos y cartagineses. Olé sus cojones. Obviamente Roma y Cartago no tardaron en establecer un tratado de cooperación por el que ninguno de los dos pueblos celebraría acuerdos de paz por separado con el epirota.
Pirro mandó por delante a sus generales Cineas y Milón, para que tantearan al cónsul Emilio. Luego él, en
280.- desembarcó con sus 20 mil mercenarios, tres mil caballeros tesalios y 26 elefantes. Los tarentinos le habían asegurado que a su llegada toda Italia se pondría en pie de guerra contra Roma, y conseguiría hacerse con un imponente ejército de no menos de 350 mil infantes y veinte mil caballos. Ya se veía el epirota como rey de Italia.
El Senado romano cuidó de que estas promesas no se hicieran realidad. Llamó a las armas a los proletarios y creó tres cuerpos de ejército:
- Uno fue enviado a guardar la Etruria
- Otro, conducido por Valerio Levino, presentaría batalla a Pirro.
- Un tercero quedó defendiendo la metrópoli.
Además se mandaron poderosas guarniciones a las ciudades sospechosas exigiéndoles rehenes. Estas medidas lograron su propósito y nadie se movió cuando llegó Pirro.
280.- El primer encuentro armado se produce en Heraclea.
Valerio planteó bien la batalla, pero no consiguió la victoria.
Siete veces se lanzaron las legiones sobre la falange, y otras tantas se estrellaron impotentes contra aquella muralla de lanzas; al mismo tiempo, la caballería romana, desordenada por los elefantes, no supo hacer frente a la de Tesalia.
Sin embargo el resultado no fue tan malo para la República, si los romanos habían dejado sobre el campo 7.000 hombres, Pirro ha perdido 4000; un auténtico desastre para el griego si se considera la escasez relativa de sus fuerzas y los inmensos recursos del enemigo (que además jugaba en casa). Milón dice a Pirro: "Con victorias como ésta no necesitamos derrotas". Y no le faltaba razón, además la clave de la batalla ha sido la novedad de la falange y de los paquidermos. En el siguiente encuentro ya no habrá factor sorpresa. Así que decide proponer a Roma que deje en paz a Tarento y que sean aliados contra Cartago.
El Senado responde a Cineas que mientras Pirro pise suelo itálico no habrá paz. Cineas le dijo a su soberano que, al hallarse delante de los padres conscriptos, le pareció encontrarse en un congreso de reyes, y que las artes de corrupción por él intentadas habían encontrado en la virtud de los senadores un baluarte inexpugnable. ¡Qué tiempos aquellos!
Entonces decide un ataque sorpresa contra Roma, para ello era preceptivo que los pueblos del sur y la Etruria se levantasen a su paso. Pero nada, prácticamente nadie se movió. Así que cuando estaba a cinco millas de Roma se vio estrechado por dos ejércitos consulares. No le quedó más remedio que retirarse.
Durante el invierno, Roma intentó negociar la liberación de los prisioneros de Heraclea, casi todos de la caballería y pertenecientes, por tanto, a las primeras familias de la ciudad. Pirro seguía en sus trece, sin paz tampoco habría devolución de rehenes.
279.- Y hubo guerra. El siguiente encuentro se produjo en Ascoli; de nuevo otra "victoria pírrica". Esta vez, el Alejandro de pacotilla, renuncia a alianza con Roma, deja libres a los prisioneros de Heraclea y decide abandonar el suelo de la península; la única cosa que solicita es que la República deje en paz a Tarento y que rompa su compromiso con Cartago, puesto que su próximo campo de operaciones será Sicilia donde piensa batirse contra los púnicos.
278.- Llega Pirro a Sicilia, y al poco se hace con un ejército imponente: 30 mil infantes, 2500 caballos y 200 naves. A finales del año siguiente se ha hecho dueño de la isla. Tan sólo el Lilibeo sigue inexpugnable en poder de Cartago. De nuevo se le enciende la bombilla: irá a la misma Cartago. Para eso necesita una nueva armada y más dinero. Pero los sicilianos no hacen caso a sus pretensiones. Indignado, firma la paz con los cartagineses y vuelve a la península.
275.- Roma envía dos ejércitos consulares a las órdenes de Cornelio Lentolo y Manio Curio Dentato. La preocupación de Pirro es que no logren unir sus fuerzas, y lo consigue, presentándole batalla a Curio Dentato en los campos de Beneventum (que hasta entonces se habían llamado "Malaventum"). Esta vez llevaban los romanos aprendida la lección. Recibieron a los elefantes con dardos incendiarios que los enloquecieron y sembraron el terror en las filas griegas.
Tras esta derrota, Pirro vuelve a Épiro, dejando a su general Milón en Tarento jurándole que regresará pronto.
273.- Ptolomeo II, uno de los "cuatro grandes", firma con Roma un tratado de amistad; hecho éste muy significativo, pues significa que Roma comienza a ser considerada como una gran potencia.
272.- Llega la noticia de que Pirro ha muerto en Argos. Milón entrega la ciudad a los romanos y se marcha con sus mercenarios y su peculio a tierras de mejor fortuna.
Roma fue clemente con Tarento, y le dio el status de aliada.
La República era, por fin, dueña de toda Italia.
LAS GUERRAS PÚNICAS
Cartago fue fundada el año 813 a.C. por la aristocracia exilada de Tiro, acaudillados por Elisa (Dido) la viuda del gran sacerdote de Melkart, éste había sido asesinado por su cuñado y usurpado el trono.
Muto era rey de Tiro y tenía tres hijos, Elisa, Ana y Pigmalión. A la muerte del rey, la corona pasó a Pigmalión.
Elisa (también conocida como Dido) se había casado con Siqueo, tío suyo y sacerdote del templo de Melkart. Pigmalión que ansiaba apoderarse de los tesoros del templo asesinó a Siqueo; afortunadamente Elisa pudo escapar en barco junto con ochenta tirios hostiles al malvado rey y todas las riquezas de su marido.
Al llegar a Chipre, los compañeros de Elisa raptaron a otras tantas muchachas, que atendían como sacerdotisas el templo de Afrodita, y las hicieron sus esposas.
Por fin desembarcaron en el norte de África, en la actual Túnez, y allí fueron recibidos por los libios. Elisa acordó comprarles el territorio que pudiese abarcar una piel de toro. Los indígenas aceptaron encantados. Pero ella, muy astuta, cortó la piel en finísimas tiras, uniéndolas entre sí y logrando delimitar con ellas una extensión considerable que sería el asiento de su nueva ciudad: CARTAGO.
Por supuesto, Elisa fue aclamada como reina indiscutible de la urbe.
Los nuevos pobladores y sus esposas son felices, los hijos van llegando y la población cartaginesa comienza a crecer. Únicamente Elisa está sola.
Mas hete aquí que una noche, en medio de una tempestad, arriban a la costa unos naúfragos que, rápidamente, son llevados a presencia de la reina.
De entre todos destaca su jefe, un apuesto joven llamado Eneas; es un príncipe troyano que ha logrado escapar de la terrible guerra que durante diez años ha mantenido su país contra los aqueos. Poco a poco le va contando las proezas de uno y otro bando, de cómo los griegos han ganado la contienda gracias al ardid del "Caballo de Madera", cómo su ciudad fue incendiada y saqueada y cómo él logró escapar a la muerte haciéndose a la mar; y aunque pudo salvar a su anciano padre, sacándolo a hombros, no pudo evitar que su esposa, Creúsa, perdiese la vida. También le cuenta que su madre es la diosa Afrodita y que el propio Júpiter le ha dicho que ha de llegar a las costas de Italia para que sus descendientes funden una ciudad que será la más poderosa que jamás haya conocido la Historia, y sigue hablando de todas las fantásticas aventuras que lo han llevado errante por todo el Mediterráneo, y por último le relata cómo, ya camino de Italia, la pasada tormenta lo arrastró a él y sus hombres a las costas de Cartago.
Al acabar su narración, Elisa está perdidamente enamorada del troyano, y le ofrece su hospitalidad hasta que las naves queden reparadas.
Los días pasan y Elisa trata de retenerlo a toda costa; durante una cacería se desata una tormenta que los obliga a refugiarse en una cueva. Allí encienden una hoguera para secar sus ropas, y entonces caen apasionadamente uno en brazos del otro.
Cuando falta poco para que amanezca, Elisa está profundamente dormida, recostada feliz en el pecho de Eneas; es entonces cuando Júpiter se aparece y le recuerda a éste su sagrada misión. Con el corazón desgarrado el héroe troyano se levanta en silencio y se hace a la mar.
Cuando Elisa se despierta, todavía alcanza a distinguir las velas del barco de su amado a punto de perderse en el horizonte. Rota por el dolor reaviva las llamas de la hoguera donde vivieron su gran momento de amor y se arroja al fuego para terminar así con su vida.
En el s.VI, Tiro sufre treinta años de sitio por Nabucodonosor, lo que provoca un largo exilio de artesanos y comerciantes que son bien acogidos en Cartago. Ahí comenzará su arrollador despegue.
Mantenían contactos no sólo con las comunidades de la cuenca occidental del Mediterráneo, sino también con las del Atlántico, llegando hasta Madeira y las islas Canarias ("Periplo de Hannón"), y por la costa atlántica de Hispania llegaron hasta Bretaña, Inglaterra e Irlanda ("Viaje de Himilcón"). Su principal enemigo eran las colonias griegas, y habitualmente se alió con los etruscos frente a este disperso y común rival.
Poco a poco, Cartago fue rebañando colonias a los griegos: Córcega (535), Cerdeña y Baleares. En el 479 sufrio una aplastante derrota en su intento de ocupar Sicilia, y por un tiempo se olvidó de la mayor isla del Mediterráneo.
En el 409, Segesta pidió ayuda púnica contra otras ciudades sicilianas, las cuales fueron arrasadas, y sobre ellas se construyó la colonia de Agrigento. Siracusa hizo todo lo posible por evitar la hegemonía y expansión de los cartagineses, la última baza que jugaron fue la de Pirro, que como hemos visto acabó en fracaso. Parecía que nada iba a salvar a Siracusa de caer en manos púnicas.
Cartago y Roma eran vecinas, afortunadamente sus intereses económicos no chocaban frontalmente (la República era campesina, los púnicos comerciantes), y como se tenían mutuo respeto, procuraron no tener ningún roce. El conflicto de Pirro era agua pasada, y los tratados renovados especificaban claramente las respectivas áreas de influencia: Italia sería para Roma, y las islas para Cartago.
265.- Agatocles, rey de Siracusa había llevado a la isla un gran contingente de mercenarios campanos y samnitas para hacer frente a los cartagineses. Muerto el monarca (288), se quedaron sin paga, y decidieron arrojarse sobre Mesina, matando a sus habitantes y dándose el nombre de "mamertinos" (de "Mamers" el Marte de los oscos).
Durante las guerras de Pirro, colaboraron con los cartagineses. Tras la partida del epirota los mamertinos siguieron impunemente con sus actos de bandidaje en toda Sicilia, hasta que en el 268 tomó el mando de Siracusa un joven oficial llamado Hierón -que dos años después se proclamará rey- y los combatió enérgicamente hasta el punto que han de pedir ayuda exterior. Una parte de los bandidos lo hace a Cartago, y otra a Roma.
Mientras los púnicos enviaron un reducido contingente dirigido por Aníbal Giscón, los romanos desembarcaron un ejército consular al mando de Apio Claudio Caudex. Fue ésta una decisión difícil, pues no deseaban enfrentamientos ultramarinos, pero la ocasión la pintan calva y tampoco había que permitir una hegemonía cartaginesa a las puertas de Italia. Costó mucho tiempo reunir un ejército consular y conseguir la enorme flota (que sería cedida por los aliados de Locri, Tarento, Elea y Nápoles) que transportara las tropas hasta Sicilia.
Los mamertinos logran expulsar a la guarnición cartaginesa de Mesina, y Hanón, el comandante púnico decide regresar a la patria, pues allí ya no pintaba nada. Cuando llega a Cartago es condenado a muerte y crucificado por traidor.
Los intentos romanos por cruzar el mar a la luz del día son vanos, pues la flota cartaginesa los intercepta inmediatamente. Sin embargo los púnicos todavía no desean iniciar un conflicto serio con Roma y les devuelven barcos y prisioneros. Pero Caludio no se desanimó y pasó el estrecho de noche, logrando desembarcar en Mesina.
Hierón debió de pensar que los romanos eran una versión magnificada del terror mamertino, porque decide aliarse con sus seculares enemigos, los cartagineses, y pone sitio a Mesina. Pero no conocían a Roma, Claudio sale de improviso y ataca el campamento siracusano, obteniendo una gran victoria; al día siguiente hace lo propio con el campamento púnico, con idéntico resultado. Mesina queda libre de sitiadores.
263.- Animados por estos éxitos iniciales, en el segundo año de campaña, el Senado decide enviar dos ejércitos consulares (unos 40 mil hombres), capitaneados por Manio Valerio Máximo y Marco Ostacilio Crasso, que avanzan imparables por la isla. Así las cosas, Hierón decide aceptar la protección de la República durante quince años al módico precio de cien talentos anuales; lo cual fue providencial para los romanos, que ya comenzaban a presentar serios problemas de abastecimiento debido al férreo bloqueo marítimo cartaginés; Hierón tampoco saldrá mal servido, pues el tratado le asegurará la permanencia en el trono. De todas formas, Manio Valerio pasó por ser el conquistador de Mesina, y ganó para sí y sus descendientes el cognomen de "Mesala", nombre dado por los oscos a la ciudad; los Valerios Mesala seguiran figurando en los fastos consulares hasta época imperial, y una de las descendientes, Mesalina, llegará a ser esposa de Claudio, y otra de Nerón.
262.- Cartago se dio cuenta que se había dejado robar la cartera, y -a buenas horas- envía dos flotas, una al mando de Hanón a Cerdeña para bloquear las costas italianas, y otra capitaneada por Aníbal Giscón a Agrigento, la principal ciudad de la colonia cartaginesa: allí desembarcan 50 mil hombres.
Pero la República no se arreda, Lucio Postumio Megello y Quinto Mamilio Vitulo sitian Acragas (Agrigento); como en aquel tiempo los romanos no tenían experiencia ni medios para afrontar con éxito el asedio de una ciudad de esta envergadura, se limitan a rodear la ciudad de fosos defensivos a fin de rendirla por hambre. Entonces comprende Aníbal su error de haber aglomerado tanta gente allí dentro: a los cinco meses, los alimentos escasean y envía desesperadas peticiones de ayuda a Hanón. Éste desembarca a unos 30 Kms. al norte de la ciudad con 50 mil infantes, 6 mil jinetes y 60 elefantes. Lo primero que hace es atacar el almacen de víveres de los romanos, así que éstos pasan de sitiadores a sitiados. Luego la caballería númida se estrenó con su famosa táctica de la "falsa huída" que, como era de esperar, fue todo un éxito, los romanos mordieron el anzuelo y sufrieron graves pérdidas.
Pero los romanos no se desanimaron, aunque a partir de entonces, y en los dos meses siguientes, se niegan a presentar batalla; tan sólo se producen escaramuzas intimidatorias. Pero la situación de los de Acragas es insostenible, y aníbal insta a Hanón a que ataque de una vez, asegurándole que él realizará una salida impetuosa que cogerá en pinza a los romanos. Pero la realidad fue muy otra, pues el ejército de Hanón fue barrido, y la intentona de Aníbal fue un rotundo fracaso. Vista la situación, éste decide escapar por la noche, y la gran mayoría de sus hombres lo consigue, pero a costa de dejar inerme a la urbe. En pocos días caía la ciudad, que fue salvajemente saqueada y sus habitantes vendidos como esclavos.
El dominio completo de Sicilia era tarea ardua y complicada, primero por lo abrupto del terreno, que imposibilitaba la maniobrabilidad de grandes ejércitos, y luego porque el control real de la isla pasaba por la toma de innumerables ciudades-estado sólidamente fortificadas que se encontraban, además, al lado del mar; este último aspecto impedía un bloqueo eficaz, debido a la aplastante superioridad de la marina cartaginesa. Por tanto, si Roma quería mantener la hegemonía en la isla, necesitaba construir una flota que pudiera medirse con la armada cartaginesa. Por ahora sólo disponía de restos de la marina de guerra etrusca y griega.
Durante toda la antigüedad, la táctica naval consistía en herir el flanco de los barcos enemigos con los espolones de hierro que cada buque llevaba en la proa bajo la línea de flotación, y por eso la tripulación se componía sólo de remeros. Hasta que a los romanos se les ocurrió la fábrica de un ingenioso artificio consistente en unos puentes volantes provistos de acerados garfios (corvus, debido a su parecido con el pico de un cuervo, aunque ha pasado a la historia por su nombre griego de "corax") que se arrojaban sobre la nave enemiga en el acto de llegar junto a ella. A través de ellos los legionarios embarcados abordaban la galera enemiga.
Cuenta la leyenda, falsa con toda seguridad, que fue el joven Arquímedes el inventor del revolucionario sistema. Lo más probable es que fuese algún marino griego aliado de Roma. El buque estrella de las guerras púnicas fue la "quinquerreme", que no sabemos exactamente cómo estaba diseñada. Polibio nos dice que los romanos comenzaron a crear su flota de "quinques" a partir del modelo de un barco púnico encallado. Este tipo de nave era muy rápida y potente pero menos maniobrable que la "trirreme" ateniense.
260.- Batalla de Milae. 120 naves romanas, mandadas por el cónsul Marco Duilio se enfrentan a las 130 del desdichado Aníbal. Se pone en práctica el uso del ingenioso artificio de los garfios y los púnicos pierden 80 naves. Al conocerse la noticia, la Capital enloquece de alegría. Duilio era un novus homo, y fue agasajado como nunca antes se había hecho con ningún otro cónsul; él, celebró este primer triunfo naval romano decorando el estrado de los oradores del Foro con las proas o "rostrata" de las naves capturadas.
Con respecto a Aníbal, diremos que tuvo un final muy desgraciado, pues fue ejecutado por sus propios oficiales. Los errores se pagaban bien caros en el bando púnico.
256.- El Senado, desbordado por la euforia, decide invadir Cartago. 330 buques, cuatro legiones embarcadas y dos cónsules al mando: Lucio Manlio Vulso y Marco Atilio Régulo, se diririgen al cabo de Bon.
Obviamente, la metrópoli africana echó el resto para bloquear la flota enemiga; Cartago no podía permitirse una nueva "Mila", y 350 barcos al mando de Hanón y Amílcar se lanzaron en busca de la escuadra latina. El encuentro se produjo cerca del Cabo Ecnomo.
Al principio, la ventaja pareció decantarse del lado cartaginés, pero al final volvió a imponerse la táctica del corvus. La moral cartaginesa se vino abajo cuando vieron los barcos de Amílcar abandonar la lucha. Esta vez perdieron los cartagineses 94 buques, 30 hundidos y 64 apresados, frente a sólo 24 por parte de Roma. Fue la más grande batalla naval de la Antigüedad.
Tras unos días de reorganización y descanso, los cónsules arriban a la costa y se apoderaron de Clipea. Los libios los reciben como libertadores; las cosas se prometían más fáciles de lo planeado, así que Manlio partió, dejando en África a Régulo con 40 naves, 15 mil infantes y 500 caballos.
Cartago se prepara para el combate, los generales al mando serán Asdrúbal (el hijo de Hanón) y Bostar. A la vez, se ordena a Amílcar que deje Sicilia y acuda de inmediato con 5 mil infantes y 500 jinetes a defender la patria; lo que nos hace suponer que las tropas de Cartago no eran muy numerosas. En total debían de contar los púnicos con 20 mil hombres.
Para forzar la batalla campal, Régulo avanza saqueando cuanto encuentra a su paso. Los cartagineses lo interceptan mientras los invasores están sitiando la ciudad de Adys, muy cerca de la capital. En vez de esperar el ataque púnico, Régulo emprendió un ataque sorpresa al campamento enemigo, durante la noche, que se vio coronado por el éxito; aunque poco faltó para que acabara en desastre. Era propio de los dirigentes romanos llevar a cabo acciones arriesgadas, casi temerarias, pues sus cortos mandatos y el deseo de gloria los incitaban a terminar pronto con los conflictos.
A continuación cae Túnez, la última etapa antes de llegar a Cartago. El Senado cartaginés, temeroso, pidió la paz, bastante habían tenido ya en este annus horribillis. Entonces, el romano, dejándose llevar por la soberbia, puso exigencias tales que, en la práctica, suponía solicitar la desaparición como Estado de Cartago. No se puede empujar a nadie a la desesperación, y ante esta tesitura los púnicos contrataron a un prestigioso oficial espartano llamado Jantipo al que encargaron la misión de que entrenara un ejército capaz de enfrentarse al de la República.
La batalla se produjo en campo abierto, en una llanura cerca de Túnez; los cartagineses contaban con 12 mil infantes, 4 mil jinetes y cien elefantes. Los mastodontes iban en vanguardia convenientemente alejados de la infantería para que no la arrollaran si por un casual huían en estampida.
A pesar del pánico inicial que provocó la aparición de las fieras, la infantería romana soportó bastante bien el embate; el problema radicaba en la angustiosa inferioridad numérica de la caballería, y eso lo sabía Régulo, mas éste confiaba en que su poderosa infantería hundiría el centro cartaginés antes de que la caballería enemiga tuviese tiempo a rodearlo; pero esta vez la falange púnica, bien entrenada por Jantipo, aguantó perfectamente el ataque romano, y también ayudó mucho la presencia de los elefantes que restó potencia a la carga legionaria. El caso es que las fuerzas de la República sufrieron una estrepitosa derrota. Sólo pudieron salvarse 2000 romanos, que lograron arrollar el ala derecha púnica y regresar en orden hasta el campamento; entre estos no estaba Régulo, que había caído prisionero.
Los romanos culparon del desastre a la carga de los paquidermos, lo cual hizo que durante años las legiones de Sicilia se negaran a entablar combate si el enemigo traía elefantes, pero, como hemos visto, la derrota se debió a la inferioridad numérica de la caballería.
Jantipo, conocedor del carácter púnico, sabía que su victoria iba a suscitar celos y rencillas soterradas, así que abandonó Cartago y se dirigió a Egipto para vender sus servicios a los Ptolomeos.
A Régulo se le permitió volver a Roma para que presionara al Senado a fin de que firmase la paz, haciéndole jurar solemnemente que regresaría (de todos modos, moralmente estaba obligado a volver, porque, de no hacerlo, las represalias caerían sobre los prisioneros romanos). Pero, lejos de intentar convencer a sus conciudadanos para que detuviesen la guerra, el derrotado cónsul los apremió para que no cejaran en su empeño hasta lograr la victoria. Luego volvió, como había prometido. Los cartagineses, en vista del resultado de las negociaciones consideraron, con razón, que Régulo les había tomado el pelo, lo torturaron salvajemente arrancándole los párpados y luego fue pateado por los elefantes hasta morir. Los cartagineses, ciertamente, tenían unos prontos terribles.
En vista de que Roma no puede acabar la guerra por la vía rápida, decide centrarse en la segunda opción, la dura, larga y costosa segunda opción: conquistar Sicilia palmo a palmo.
Pero antes debía rescatar a los supervivientes de Clipea. Y hacia allí se enviaron 350 naves al mando de los cónsules Servio Fulvio Paetino Nobilior y Marco Emilio Paulo. Los cartagineses les cerraron el paso con 200 buques, y el resultado fue un nuevo desastre púnico, 114 barcos acabaron en el fondo del mar; y aún podían darse por contentos, pues la expedición latina se limitó a rescatar a sus compatriotas y nada más. Lamentablemente, al regresar, pasaron por la traicionera costa sudoeste siciliana con la intención de impresionar a las ciudades que seguían afectas a Cartago, desoyendo los consejos de los capitanes experimentados, pues en esa época del año era muy fácil toparse con una tormenta, y ese lado de la isla no tenía puertos seguros. La fatal admonición se cumplió, un temporal deshizo la flota romana; sólo 80 barcos se salvaron.
254.- En tan sólo tres meses la República ha rehecho su armada, consiguiendo botar 220 naves. Como las incursiones a la costa africana son muy peligrosas por culpa de las impredecibles tormentas, deciden limitar sus ataques exclusivamente a Sicilia, así, logran arrebatar Palermo a los púnicos, que ya sólo conservan las plazas de Lilibea y Deprano.
251.- Por fin reacciona Cartago. Un ejército al mando de Asdrúbal desembarca frente a los muros de Palermo y le pone sitio; para amedrentar a los romanos hace ostentosa muestra de sus elefentes, poniéndolos a tiro de los arqueros, que no pierden la oportunidad y los fríen a flechazos, repitiéndose lo ocurrido en Heraclea: los paquidermos, enloquecidos, se precipitan entre sus propias filas sembrando el caos. Momento que aprovechó el jefe romano Lucio Cecilio Metello para contraatacar y lograr una nueva victoria. Gran número de elefantes fueron apresados y enviados a la Metrópoli para que acabaran sus días en espectáculo circense.
250.- Cartago busca la paz, pero Roma sigue contumaz en su empeño por conquistar toda la isla.
A estas alturas, convertida la República en una potencia imperialista, el mandato anual de los cónsules se está conviertiendo en un grave lastre para el buen fin de las prolongadas operaciones bélicas. Los máximos dignatarios de ese año fueron los ineptos Publio Claudio Pulcher y Lucio Junio Pullo.
El primero pretendía atacar sorpresivamente Drepano, pero realizado el ritual de echar grano a las gallinas sagradas, se consideró que el momento no era propicio porque las aves no querían comer. Ni corto ni perezoso, cogió el cónsul a las gallináceas y las arrojó por la borda, "¡pues que beban!" exclamó desafiante. Efectivamente el ataque fue un desastre, pues, en su arrojo, dejó desamparada la retaguardia y el comandante cartaginés Aderbal destruyó la flota romana; de 120 buques sólo 30 se salvaron. El Senado condenó a muerte al sacrílego Claudio Pulcher, aunque al final la cosa sólo quedó en multa. La litera de su hermana Claudia fue detenida por la multitud, y la niña, en vez de amedrentarse dijo, en un derroche de arrogancia, que deseaba que su hermano perdiese otra batalla para que se ahogaran unos cuantos ciudadanos pobres más. ¡Vaya familia!.
En cuanto a Lucio Junio Pullo, también fue vencido por Aderbal.
247.- A Drépano siguieron varios desastres más, se calcula que en 15 años de guerra naval, Roma había perdido 50 mil ciudadanos, sin contar los aliados. Pero Cartago seguía sin saber aprovechar estas ventajas, y se limitó a mandar a Sicilia al noble Amílcar Barca, padre del gran Aníbal y discípulo de Jantipo, con un grupo de mercenarios para que llevase una labor de guerra de guerrillas. Durante años, el anciano militar fue la pesadilla de Roma; aunque con esa táctica jamás podría Cartago arrebatarle la isla a la República.
243.- Roma está exhausta y el Estado ya no tiene recursos para construir nuevas flotas, entonces los ciudadanos en un acto de patriotismo encomianble aportan dinero, cada uno en la medida de sus posibilidades, para botar una nueva escuadra., y aunque todos reciben pagarés para que recuperen lo prestado cuando acabe la guerra, no deja de ser una acción ejemplar.
Logran construirse 200 quinquerremes, y el cónsul Cayo Lutacio Cátulo será quien intente el asalto definitivo contra los últimos bastiones cartigeneses. Tras entrenar con esmero y dedicación a sus tripulaciones se lanza al ataque.
241.- En cambio los cartagineses hace tiempo que se han dormido en los laureles y, por primera vez, tanto en calidad de barcos como en tripulaciones Roma aventajaba a Cartago. El encuentro se produjo en la Islas Égates; la victoria de la Urbs fue aplastante.
Con una flota diezmada y con Sicilia en poder romano, Cartago no está dispuesto a realizar un solo sacrificio más. Fue el propio Amílcar quien aconsejó a su Gobierno negociar la paz:
Cartago renunciaba a Sicilia y pagaría a Roma 2.200 talentos como indemnización de guerra, que los comicios romanos -¡vae victis!- subieron en mil más.
Así terminaba, después de veinte años de duración, la 1ª Guerra Púnica.
Roma no se olvidó de sus aliados itálicos, que tanta fidelidad habían demostrado. Para premiarlos concedió el voto a muchas ciudades, e inscribió a los nuevos ciudadanos en dos tribus, la Velina y la Quirina, con las cuales subió a 33 el número de aquellas, que ya fue inalterable.
El censo de este año dio 260 mil capita civum, o sea 32 mil ciudadanos menos que en el año 265. Este había sido el coste para Roma de la conquista de Sicilia.
Como a perro flaco todo son pulgas, los 20 mil mercenarios que Cartago tenía en Sicilia volvieron a África. Pero el Senado púnico no tenía dinero y les dio muchas promesas pero ninguna moneda. El resultado lógico fue un motín que puso en peligro la propia existencia del Estado. Tuvo que ser el viejo Amílcar quien, después de tres años de durísimo batallar, sofocase la sublevación.
238.- Los mercenarios de Cerdeña también se amotinaron, y sus jefes púnicos tuvieron que huir apresuradamente. Entonces los sardos, aprovechando la anarquía resultante se sublevaron, dieron muerte a los soldados y se declararon independientes. Roma pensó que no podía consentir esa situación y mandó una flota para pacificar la isla.
Cartago protestó por esta usurpación, y el Senado respondió declarándole la guerra. Los púnicos renunciaron a Cerdeña y hubieron de pagar 1.200 talentos más para aplacar a los insolentes romanos. A partir de entonces la familia Barca asume el liderato de la Metrópoli africana, con una nueva estrategia: la conquista de Hispania para conseguir dinero y soldados a fin de poder hacer frente a la orgullosa República. Será Amílcar quien comience la campaña.
Más complicado para la República fue reducir a obediencia tanto a los sardos como a los corsos, pero al final se logró. Sólo fue cuestión de sangre y tiempo.
La conquista de las tres mayores islas del Mediterráneo dio a Roma ocasión para introducir en su organización político-social el sistema provincial, poniendo al gobierno de cada provincia un praetor.
235.- Se cierran las puertas del Templo de Jano.
229.- Mientras tanto en Hispania el avance Cartaginés va siendo imparable. No obstante, Amílcar muere en una emboscada de los oretanos. Aunque una leyenda dice que se sacrificó voluntariamente para poder así salvar la vida a sus pequeños Aníbal y Asdrúbal. Lo substituye otro Asdrúbal, en este caso su yerno y lugarteniente, con quien, dicen las malas lenguas, mantenía el finado relaciones homosexuales. Ya puestos diremos que, nuevamente las malas lenguas, aseguran que Asdrúbal, por no perder la costumbre, era amante de su cuñado Aníbal. ¡Vaya usté a saber!.
Asdrúbal toma como esposa la hija de uno de los reyes iberos, con esto fortalece la adhesión de los indígenas. Firmará el Tratado del Ebro, por el que Cartago renuncia a cruzar el Ebro a cambio de que Roma reconozca las conquistas púnicas, excluyendo las ciudades helenizadas de la costa, aunque este particular no queda claro. Además funda la capital de la nueva Iberia y la llamó Cartago Nova, con intención de confirmar la posición autónoma del nuevo reino y proclamar la futura independencia de Cartago. Pero en el 221 caerá asesinado por oscuras intrigas.
227.- Las naciones griegas piden ayuda a Roma frente a la amenaza de la piratería iliria. Una embajada romana se entrevistó con la reina Teuta de Iliria. La muy ladina se excusó diciendo que ella poco podía hacer para contener la piratería, entonces uno de los embajadores le respondió con insolencia, y Teuta lo mandó matar. No hubo más remedio que abrir el Templo de Jano.
226.- Ante la vista de la potente escuadra romana los piratas se evaporaron. Incluida Dª Teuta. Pero pronto dieron con ella los romanos y le impusieron unas condiciones durísimas de paz.
Toda Grecia se volcó en muestras de gratitud hacia la República. Atenas confirió al pueblo romano la ciudadanía honoraria y su admisión a los misterios de Eleusis.
225.- Los galos de la Cisalpina vuelven a desenterrar el hacha de guerra, y se alían con sus colegas del alto Ródano. La razón de este repentino alzamiento fue una ley agraria propuesta por el tribuno Cayo Flaminio, y votada por las tribus a pesar de la oposición del Senado. Aquella ley mandaba el reparto entre los ciudadanos más pobres de las tierras que en el 471 (?) habían sido tomadas a los Senones. Y es que en Roma gran parte del pueblo estaba pasando hambre.
Desde Allia, cada vez que los galos empuñaban las armas, toda Roma era invadida por la histeria. Y eso no era bueno para los celtas, pues las medidas que se tomaban para reprimir las sublevaciones eran desmedidas. Por de pronto un oráculo anunció que los galos ocuparían suelo romano, así que el Senado, ni corto ni perezoso, hizo enterrar vivos a dos galos de distinto sexo. Hecha la salvajada, la República aprestóse para la guerra. Preparó un ejército de 150 mil infantes y siete mil jinetes, repartido en tres cuerpos. Los bárbaros contaban con 50 mil peones y 20 mil hombres tanto a caballo como en carros.
En un primer encuentro los galos deshicieron el primer ejército romano. Satisfechos con tan temprano éxito regresaron a su patria con el botín y los prisioneros, mas fueron interceptados por los otros dos ejércitos consulares. Esta vez los celtas fueron abatidos: 40 mil muertos y diez mil prisioneros les hicieron las legiones.
222.- Con la caída de Mediolanum (Milán) toda la Galia Cisalpina queda por fin sometida. El cónsul Marco Claudio Marcelo mató por su propia mano al jefe galo Britomaro en la batalla de Clastidium, despojándolo de su armadura y accediendo al spolia opima, el mayor honor para un romano, muy por encima del triunfo. Como manda la tradición, sus despojos fueron consagrados a Júpiter Feretrio.
2ª GUERRA PÚNICA (218 - 201)
221.- Asdrúbal es asesinado, y su hijo mayor Aníbal, de 26 años, asume el mando.
219.- Roma renueva su alianza con Sagunto, a pesar de estar en zona de influencia cartaginesa. Esta ciudad se había convertido en un nido de intrigas contra la dominación bárcida, y Aníbal cree llegado el momento de terminar con la política de contemporización de su tío Asdrúbal. La hora del desquite ha llegado: Aníbal pone sitio a Sagunto.
Roma no da crédito a la osadía del joven Barca, y envían una embajada para hacerle recapacitar. Aníbal ni se dignó recibirlos. En ocho meses cayó la ciudad ibera.
Afortunadamente para él, la República estaba ocupada en acabar con la rebelión del rey Demetrio en Oriente que ponía en peligro la hegemonía romana en Grecia, objetivo logrado en pocos meses.
Otra legación romana, encabezada por Marco Fabio, fue directamente a Cartago, exigiendo que se le entregase al díscolo Aníbal. Pero el senado cartaginés se declaró solidario con su general. Marco Fabio concluyó diciendo que bajo su toga traía la paz o la guerra que eligieran. La respuesta fue que eligiera él mismo.
Aníbal sabe que no hay tiempo que perder, su plan es tan genial como descabellado: invadir Italia desde el norte; sus aliados serán los galos, todavía resentidos por la reciente guerra en la que han salido perdedores y humillados. Con el ejemplo galo, piensa, pronto se le unirán etruscos y samnitas; una vez que toda la península esté amotinada, la orgullosa República caerá como un higo maduro. No obstante, antes de marchar, envía a Cartago un cuerpo de 14 mil infantes y 1200 caballeros iberos, para asegurarse la fidelidad de la urbe. Igualmente trae a Hispania un nutrido contingente de soldados libios que puso a las órdenes de su hermano Asdrúbal, pidió rehenes a las principales ciudades iberas y los pone a todos a buen recaudo en la fortaleza de Sagunto.
Roma tampoco se entretiene, arma 220 naves y las manda con cuatro legiones, unas a Sicilia y otras a Hispania.
Primavera-218.- Sale de Cartagena el ejército expedicionario: 90 mil infantes, 12 mil caballos y 37 elefantes (qué manía con los elefantes).
El primer problema surge al cruzar el Ebro, pues esas tribus están sin pacificar y ofrecen gran resistencia. Aníbal ha de emplearse a fondo y no escatimará medios ni crueldad para que sirva de aviso a navegantes. Luego deja un contingente de diez mil infantes y mil jinetes al mando de Hannón como fuerza pacificadora.
Entonces decide que su ejército sigue siendo muy numeroso y que así nunca va a llegar a Italía, por lo que elije un selecto contingente de tropas y deja que el resto se vaya o deserte. Sobre todo prefiere que deserten, pues así se ahorra las pagas. En total 10 mil hispanos son licenciados, tres mil carpetanos desertan junto con un número indeterminados de libios, que podrían ascender a varios miles.
Existe una teoría, según la cual, estos miles de libios no regresaron a su país, bien por miedo a ser ejecutados por los cartagineses, bien por el temor a cruzar toda Hispania plagada de tribus hostiles; el caso es que decidieron asentarse en la ribera alta del Ebro, viviendo del pillaje y el pastoreo y raptando a las mujeres de las tribus vecinas para tener descendencia. Éstos libios serían los antecesores de los vascos. Y la idea no es tan descabellada como pudiera pensarse.
El paso de los Pirineos supone también grandes pérdidas. Cuando Aníbal entra en el valle del Ródano su ejército está reducido a la mitad, y los galos de esta parte no siempre aceptan el paso por sus tierras de la soldadesca extranjera, pero consigue cruzar el gran río, junto con sus inseparables paquidermos.
En este tiempo, el cónsul Publio Cornelio Escipión había llegado a Massilia (Marsella) con su armada, camino de Hispania. Allí supo que el enemigo ya estaba atravesando el Ródano, y decide presentarle batalla cuanto antes. Aníbal también se entera, por los galos, de la presencia romana. Las dos vanguardias de exploradores se encontraron y enfrentaron, dejando varios centenares de muertos sobre el terreno. Los supervivientes regresaron a sus campamentos respectivos; Escipión, a toda prisa se dirige al encuentro de Aníbal, pero éste no quiere perder el tiempo combatiendo con el romano, toda su estrategia se basa en llegar rápidamente a Roma, y no le conviene este enfrentamiento, así que se aleja río arriba.
Esta noticia desorienta a Escipión, y no sabe si: continuar la persecución, volver rápidamente a Italia por la vía genovesa para darle cuartel en el Po antes de que los cartagineses se recuperen de las penalidades de la expedición, o dividir su propio ejército, enviando una parte a Hispania y la otra a Pisa para unirse al ejército pretoriano y así coger a Aníbal en tenaza.
Se decide por esto último, su hermano Cneo "Calvo" toma el mando del mayor contingente camino de España, mientras que Publio, con el resto vuelve a Italia por mar. ¿Hizo lo correcto? ¿Qué habría ocurrido de haberse decidido por cualquiera de las otras dos? Eso jamás lo sabremos, pero, habida cuenta la situación, Publió eligió lo más sensato.
No