Frío y verde
La humedad de aquellas paredes no parecía importar.
Tampoco el frío suelo ni aquel incesar repiqueteo de las gotas al caer en él, formando charquitos irregulares y llenando aquel lugar de reflejos.
Sus ojos aparecían de vez en cuando, iluminados por pequeños destellos y nublados por las sombras, como los de un ave nocturna. Nerviosa, jugueteaba con sus manos y las mordía a veces y restregaba sus pies desnudos contra el suelo, rasgandose la ropa.
Y era allí donde, inmersa en su locura, construía castillos y los deshacía, se apoderaba del tiempo y viajaba a su antojo. Podía volar, surcar océanos, enamorarse y dejarse enamorar.
Para qué necesitaba más si al menos en su mente podía soñar incluso que no existía.
Tampoco el frío suelo ni aquel incesar repiqueteo de las gotas al caer en él, formando charquitos irregulares y llenando aquel lugar de reflejos.
Sus ojos aparecían de vez en cuando, iluminados por pequeños destellos y nublados por las sombras, como los de un ave nocturna. Nerviosa, jugueteaba con sus manos y las mordía a veces y restregaba sus pies desnudos contra el suelo, rasgandose la ropa.
Y era allí donde, inmersa en su locura, construía castillos y los deshacía, se apoderaba del tiempo y viajaba a su antojo. Podía volar, surcar océanos, enamorarse y dejarse enamorar.
Para qué necesitaba más si al menos en su mente podía soñar incluso que no existía.
Maid of Orleans
Las voces me siguen y no dejan que descanse; me despiertan, me alteran...Son voces rudas y firmes, voces que en Su nombre me instan a servirle.
Y mis hombres mueren y yo no puedo dejar de escucharlas. A pesar de tantas vidas, a pesar de tantas muertes...insisten en que cumpla sus deseos y me arrastran a un infierno aquí en la tierra.
Al principio, mi fe era fuerte. Ahora me siento abandonada. Ya ni siquiera su apremio me infunde el valor que ahora me falta.
Y sigo contemplando miserias y penas, mientras mis hombres se apoyan en mi fe y no en la suya propia.
Las voces van ganando, van completando su victoria.
Ojalá no las hubiera escuchado, sabiendo que al final del cuento ellas mueren y a mí me matan.
Y mis hombres mueren y yo no puedo dejar de escucharlas. A pesar de tantas vidas, a pesar de tantas muertes...insisten en que cumpla sus deseos y me arrastran a un infierno aquí en la tierra.
Al principio, mi fe era fuerte. Ahora me siento abandonada. Ya ni siquiera su apremio me infunde el valor que ahora me falta.
Y sigo contemplando miserias y penas, mientras mis hombres se apoyan en mi fe y no en la suya propia.
Las voces van ganando, van completando su victoria.
Ojalá no las hubiera escuchado, sabiendo que al final del cuento ellas mueren y a mí me matan.





