Tengo ganas de merecerte. No de tenerte, o que me tengas, no de que me entrampes sin dejarme más salida que besarte. No quiero despertar una mañana a tu lado ni besarte antes de dormir. No quiero que me toques como otros me han tocado antes, como has tocado antes, no quiero enamorarme ni que te enamores. Solo verte desearlo por un segundo.
Nunca hubiera imaginado que te llegase a prestar la más mínima atención. ¿Prepotencia por mi parte? Me juré a mi misma que no me volvería a pasar.
No voy a actuar como una enamorada estúpida, no te preocupes, estamos a salvo. Y eso es lo mejor de todo, el no esperar nada, el saber de una atracción que mañana consideraré estúpida, hace que pueda ser yo misma si te encuentro de nuevo. No pretendo impresionarte, no utilizaré mi cerebro para suplir las carencias atrayentes de mi físico, no esperaré que estés por encima de nada ni que me mires con otros ojos. Simplemente te volveré a ver y volverás a ganar, volveré a quedar derrotada en la linea de meta pero con esa derrota del segundo puesto y no del último, aunque en esta carrera solo estemos tú y yo. Y sé que lo sabes, y no me importa. Tú no vas a preguntar y yo no voy a contestar. Y sabemos que se quedará en un "y si hubiera ocurrido" y que así es como mejor están las cosas.
Por eso no quiero nada de ti, porque no quiero que la rutina lo hunda, que mi infantilismo sentimental te ahogue, que un día nos despertemos juntos con la certeza de que será la última, no quiero que me dejes ni dejarte, que me hagas daño, que llores por mi culpa, no quiero echarte de menos. Prefiero recordarlo como lo que es, un encuentro de algo que buscaba pero que no se parece a lo que necesito. Un camino que acabaría en un barranco si empezara recorrerlo. Prefiero andar por terreno llano que subir la montaña y admirar la belleza del paisaje, porque todos los caminos acaban y ya he visto demasiados finales amargos.
Moldear los recuerdos de un sentimiento es mucho más fácil que mirar hacia atrás y arrepentirse de lo que has destrozado.
No sé dónde me está llevando todo esto pero me alegra que sea un sentimiento tranquilo, sin pasión, sin ganas ni miedos. Me alegra el ver todo esto desde fuera, por eso prefiero no ver en ti ningún atisbo de posibilidad. Prefiero saberte inalcanzable que empezar a desear que no lo seas.
No me decepciones
Y para empezarlas con buen pie, nada mejor que una resaca. De esas resacas de "no me pienso mover" para que el cuerpo se vaya acostumbrando a la completa inactividad.
Así que dispuesta a cogerme la primera gran cogorza del 2006 salí de casa rumbo al kilometro cero.
La temperatura no superaba los tres grados y debajo de mi abrigo solo había tirantes (hay que amortizar el vestido de nochevieja) pero daba igual. Esa noche tenía que ser fantástica aunque se me congelaran las entrañas.
Llegamos al Sitio1. Grupito chulo tocando en directo (pero qué mono que era el vocalista, madre). Dos cubatas (cacique, of course). Un chupito. Fin del miniconcierto. Inicio de la fiesta.
Durante aproximadamente media hora me dedico a mirar a mis amigas/os bailando como yo nunca seré capaz de bailar (va a ser que lo llevan en la sangre o algo) mientras apuro el tercero de los cubatas.
Rumbo al Sitio2.
Pese a que dos miembros del grupo lo odien, esta vez tengo suerte, pertenezco a la mayoría. Y el sitio lo adoro.
Irlandes internacional con más extrangeros que una cumbre en Ginebra. Caldero (tiene otro nombre más chic, pero nunca me acuerdo) de Coronitas y cubata a medias. Operación borrachera conseguida. En el servicio conozco a una canadiense y una estadounidense la mar de majas que uno al grupo a cambio de una coronita. A ellas les siguieron un italiano (juraba ser príncipe de Cerdeña), otro estadounidense, tres de Alcorcón, un madrileño con rastas, un inglés, un peruano, un ecuatoriano, cinco malagueñas, un argentino borde, uno que creo que era cubano, otra coronita, otro cubata...
Y es que cuando bebo no tengo criterio. Ni para hablar ni para beber. Me vuelvo la relaciones públicas del bareto de turno. Tanto que más de una vez mis amigos han tenido que taparme la boca y sacarme del local para que no acabe perdiendo las pocas neuronas que me quedan.
Viendo mi más que alcoholizado estado, mis amigas, sumidas en la vergüenza internacional, deciden poner rumbo al Sitio3. Con o si mi. Alguien me agarra de la mano, separandome de mi adorado Cacique y me arrastra a través de todo el local hacia la calle. En el "paseo" me percato de que ya no hay música. ¿Pero esto lo cierran?
El portero, un negrazo mamacita de metro noventa que ya me conoce (relaciones públicas, lo que yo te diga), se apiada de mi y me prohibe salir hasta que me ponga el abrigo (menos mal que hay gente que se preocupa por mi salud más que yo). Recuento de incidencias del Sitio2. Nos han robado una cartera, un abrigo y una chaqueta. A mi, afortunadamente, no me falta absolutamente nada.
Llegada al Sitio3. Ocho euros por entrar, consumición incluida.
Cubata.
Me encuentro con una mujer que lleva un cuaderno y un boli que va prestando a la gente para que escriba. Escribo una frase al uso y sigo adelante. Alguien me pide un cigarro, alguien se pone a hablar conmigo, consigo una invitación para comer en un mejicano (que majos son todos cuando salen de cena de empresa y una alcoholica sin remedio les da conversación), una de mis amigas va pidiendo drogas a todos y cada uno de los entes del local (prefiero no hacer comentarios al respecto). Me pierdo. Alguien me da sabediosqué con limón. Muy bueno gracias. Me dirijo al guardarropa y alguien me mete mano. No tengo tiempo de discutir, el abrigo me estorba demasiado. Pago un euro por deshacerme de la molestia, busco a mi gente. la encuentro, hablo, me rio, bebo más. Me siento. Seis de la mañana. Seguramente han pasado muchas más cosas que no recuerdo. Nos cierran el local. Recojo mi abrigo y salgo a la calle. Autobus (linea regular) previa parada en puesto ambulante para comprar cervezas.
Casa, por fin casa. Dios mio. No. No puede ser. Me han robado el movil. Mi movil.
Vacío el bolso encima de la cama. Nada. No está, no te empeñes en buscarlo. Completamente borracha llamo para anular la tarjeta.
Depresión. Mi agenda. Mis fotos. Mis melodías polifónicas...
Lo he perdido todo. Siento una inseguridad total y me da miedo salir de casa. Me meto en la cama esperando que un sueño reparador me permita ver las cosas de otra manera. Pero no. Al levantarme sigo encontrandome igual. Inmovilizada. No puedo llamar a nadie ni contestar el teléfono a nadie. Estoy completamente perdida en el mundo de la tecnología.
Es curioso como un aparatejo del que no sabíamos nada hace apenas diez alos se convierta en un apéndice corporal, una extensión de nosotros mismo sin la cual la vida se hace harto complicada. Y es que la falta del teléfono movil te hace retroceder cinco siglos en el tiempo, incomunicada y perdida en mitad de la nada.
El lunes me compro un Nokia 6101 con emepetrés y videos musicales. Le voy a incorporar un sistema remoto antirobo que consta básicamente en una barrita de TNT que detonará cuando pulse el botón rojo del panel de mandos que voy a instalar en casa. Así, al hijodeputa que ose coger lo que no es suyo, le explotará en las manos, o con un poco de suerte, en el bolsillo izquierdo trasero del pantalón.
Aprovecho para decir a quien tenga en este momento mi Sharp nuevecito que Dios se lo pague con una sífilis galopante.
Por lo menos, aún me queda Internet
Tranquilos, no me estoy metiendo con ninguna de las problemáticas nacionales, lo mio es mucho más simple. Soy colombiñola.
Mejor será que me explique.
Tras unos meses de convivencia con una mujer bastante ida de los tiros (completa y absolutamente loca, se merece un post aparte) acabé compartiendo piso con una gafìpástica (me va a odiar) estudiante de periodismo.
En un principio todo iba bien. A mi me parecía una intelectual más, con sus estudios, un trabajo en la que la explotaban, sus salidas de fines de semana (salía el viernes y volvía el domingo), sus libros, su agenda y su ropa en ocasiones punkarra, en ocasiones gótica, en ocasiones indescriptible.
Pero de repente, era inevitable, acabamos hablando. Pasó como suelen pasar estas cosas, de forma natural. Creo que fue por un café o un filete o un DVD. De repente, sin que nada pudiera indicar que ocurriría, nos dirijimos la palabra.
Fue increible. Después de dos largas horas de convivencia acabamos conociendonos
A esa frase le siguieron muchas otras hasta que al final supimos incluso nuestros nombres.
Y es que vivir bajo el mismo techo une mucho y 10 horas es demasiado tiempo como para no socializarse.
Con el tiempo mi soledad y su buen gusto para escoger la gente que le rodea nos convirtieron en amigas. Hasta que ahora puedo considerarla casi mi hermana "del medio".
Pero no todo el monte es orgasmo ni es oro todo lo que reluce (puede ser plata, tranquilamente).
Por muy increible que pueda parecer, en pleno siglo XXI, ahora que el sentirse español o catalan o vasco o salmantino es de suma importancia, ahora que el patriotismo es el tema de moda, esta mujer ha conseguido que yo dude completamente de mis raices. Y es que es inmigrante. Bueno, extranjera. Vamos, que no es de aquí (hay que tener cuidado con las sensibilidades del tema). Más concretamente de Colombia (ale, concretando, poco más y digo, no, es del sur).
La primera vez que eché valor suficiente para acompañarla un sábado (creedme, hay que echarle valor, al menos, la primera vez. Vosotros no la habeis oido contar sus peripecias) me llevó a una casa chévere donde había un monton de parces que ni el hijoeputa!!!!.
Estuvimos pasándolo bacano toda la noche, de cháchara y luego los manes les sacaron a bailar, severa rumba, ole...
Tras ese acercamiento cultural tan divino, siguieron muchísimos fines de semana más. Algunos de ellos en su faceta gótica, otros en su faceta intelectual, otros en su faceta rumbera y otros en su faceta colombiana. Y en todas estas facetas y gracias a ellas he ganado y he perdido mucho. He conocido a muy buena gente (algunos de ellos incluso comparten nacionalidad conmigo, que bueno es sentir que hay alguien dentro del grupo para entablar conversacion facilona).
Pero tanto su Rys Meyers particular como yo hemos llegado a una triste conclusión: En todo esto hemos perdido algo.
El idioma.
Ha pasado de manera inadvertida, se ha ido colando en nuestra vida. Primero fueron palabras sueltas (emputarse, caneca, hueva, gonorrea, cuadras, paisa, y su magnifico "tsutsui")
Luego fuie ese pequeño canturreo, esa dejadez al final de la palabra clave, como queriendo alargarla lo suficiente como para que tú, en tu estado (generalmente gaseoso, es decir, returro -fumada-) seas capaz de procesarla y traducirla.
Como hicieron los romanos con el latín.
A modo de conquista.
De contraconquista.
De ese modo empezamos a decir cosas que jamás hubieramos ni siquiera imaginado "andas refrito" (¿con o sin avecrem?) , "quihubo", "no me sea tan pendejo"...
Hasta que acabas tratando a los hombres de manes y al resto de ustedes.
Luego están los chinos, los viejos, las viejas (sobre todo las viejas refritas), los malparidos...
Jonathan y yo hemos pensado en ponernos cintas del Quijote mientras dormimos, escuchar a Sanchez Dragó e incluso, como último remedio, leer a Javier Marías. Pero sabemos que todo eso no son más que tonterías que no sirven de nada porque el problema es mucho más importante que un acento, una palabra o una frase.
La contraconquista es inminente e imparable.
A mi, al menos, ya me han conquistado. Llevo una bandera amarilla, azul y roja en el corazón
No solo no pretendían acostarse juntos sino que estabamos en medio de un gabinete de crisis postnovia. A eso hay que ayudar. Me levanto de la cama como buenamente puedo y mientras ellos apuran mi chivas 12 años (guardado especialmente para estas ocasiones en las que hace tanta falta) yo preparo mi cafetera.
Tres horas después, cuando conseguimos que él cayera rendido por la pena en la cama de mi compañera (y mi compañera acabara cayendo rendida por el alcohol en mi cama) salgo camino del trabajo (previa ducha antiresaca). Y aquí estoy, en mi puesto de trabajo, con un montón de cosas por hacer, mi moca blanco starbucks de los domingos y un goloso muffin de frambuesa que promete llevarme a algo parecido al mejor orgasmo de mi vida. Todo un domingo de resaca lleno de momentos por disfrutar. Eso si, para comer hoy toca tortilla de aspirinas con cervecita para nivelar el ph... (siempre me he preguntado qué coño es eso del ph a nivelar, aparte de la mejor escusa del mundo para seguir con mi alcoholismo de fin de semana)
Ahora acabo de recordar esa idea feliz para el post ¿o no era esa?
Por cierto, lo que si recuerdo fue mi obra benéfica del día. Cuando iba a subirme al taxi dos personas más estaban esperando resignados porque "YO LO VI PRIMERO". Sin dudarlo un segundo y sabiendo lo que jode tirarse horas (sí, a veces son horas, en plural) esperando un taxi, les pregunté dónde iban y, ni corta ni perezosa, les dije que subieran. Destino Lavapiés. Al fin y al cabo me pilla de camino y les alegro la noche (claro está, dentro de mis posibilidades de alegrar noches). Viva yo y mi buen hacer, a ver si es verdad eso de que todo lo que uno hace se le devuelve triplicado y el próximo fin de semana aparece un Clark Gable que me invita a compartir su taxi. La noche de ayer, ahora que lo pienso, sería merecedora de un post para ella solita.
Disculpen la mala letra y construcción del post, pero hoy no doy más de si
Hace ya dos años de todo esto y aún sigue fresco en la memoria. Mucho más que el día que te conocí, la primera vez que hablé contigo o el día que fuimos a recoger a nuestros "niños". Infinitamente más que el día en que empezamos a vivir juntos, que aquel anillo que sellaba nuestro compromiso y que la tarjeta beige del primer ramo de rosas que me enviaste.
Recuerdo fotograma a fotograma, pues es así como pude vivirlo todo, irreal e indefinido. Recuerdo los días previos y los meses previos y el día en que todo empezó a marchitarse.
Recuerdo los gritos de mi corazón ahogados en mi garganta y convertidos en susurros, recuerdo haber hecho todo lo que podía hacer mientras tú asistías estático al fin de nuestro mundo. Durante meses solo te vi observar y esperar como un cuervo a que muriera para acabar devorando lo que quedaba de mi. Y en ese proceso en que te convertiste en el peor de los carroñeros yo aún intentaba guardarte conmigo, por mucho que me advirtieran que acabarías sacándome los ojos.
Y recuerdo cada desplante y cada esperanza que siguieron después hasta que finalmente dejaste claro lo poco que te importaba.
Hubiera bastado un mínimo de preocupación, una llamada, un mensaje, un suspiro de alivio cuando descubriste que estaba bien. Ese día tuve suerte. Por partida doble.
Y aunque mi vida esté en ruinas y deba recomponerme, trocito a trocito, el alma y el corazón. Aunque a ese puzzle le falten piezas que serán imposibles de reemplazar, aunque ya no vaya a volver a ver a mis gatos, aunque aún quede en mi cama un sitio que nadie se atreve a llenar, hoy, dos años después, me he cansado de llorar. Ya no puedo dar más ni hundirme más en la miseria en que quise convertir mi vida sin ti. Hoy he salido a flote y he tomado aire, y he visto el sol, y las olas y un universo de colores que no podía ni siquiera imaginar. Y aunque esa herida se haya convertido en una hernia que va a seguir sangrando, al menos ahora puedo ponerme en pie y seguir el camino, dolorida pero viva. Y ya sabes lo que dicen, lo que no te mata te hace más fuerte
Gracias a Dios, mi tia fue mucho más caritativa con mi cultura y empezó a regalarme libros de los que quería beber con pajita para que sus letras me empaparan.. Así descubrí "Rabicún" ese maravilloso planeta con dos ciudades, y el libro que me ha venido a la cabeza y que es el causante de este post. Nacida en domingo.
Os juro que he buscado hasta la saciedad ese libro para comprarlo de nuevo pero no ha habido forma de encontrarlo. Hasta he pedido una consulta bibliográfica en La casa del libro.
Después de éste vinieron muchos más, incluso tenía una estantería reservada para mi colección particular de "El pequeño vampiro", a mi gusto mucho más fantástico que Harry Potter y mucho mejor escrito. Con la adolescencia llegaron "Rebeldes", todo lo que producía María Gripe y los catalanes Andreu Martín y Jaume Rivera, sobre todo los de mi querido detective, Flánagan.
Y me refugié en ellos. No me considero buena lectora, ni justa, ni entendida. Incluso tengo "pecados capitales" (como alguno de mis gafipásticos amigos se empeña en llamarlos (I love you, you know, even though you talk me in english about a lot of things I try hard to understand...and I couldn't)) tales como haber leido "El código DaVinci" y no haber podido con "Ulises" o "El Perfume".
Lo sé, soy una lectora callejera, plana e inculta sin el más mínimo sentido del gusto (igual que musicalmente soy un desastre) pero adoro los libros. Y los adoraba más antes, cuando tenía el tiempo para saborearlos y reirlos o llorarlos, cuando podía llevarlos por la calle y sacarlos de paseo, cuando tenía un recreo de media hora tremendamente aprovechable.
Cuando leerlos no se convertía en una monotonía de viaje largo en tren o mañana somnolienta en el metro.
El último de los libros que pude leer así fue una trilogía de Alice Cooper (la escritora, sí, hay una que se llama así) y cuyo título es "El señor del tiempo". Literatura fantástica al más puro estilo Dungeons&Dragons pero con un toque femenino en la escritura que, quieran que no, se nota, mucho.
Así que ahí tengo un libro de esos serios, de los serios de verdad, nada de ochos ni códigos. Ahí me está observando Henry Miller retándome a que me atreva con su "Trópico de Capricornio". Y la verdad es que hoy no me apetece dormir sola, Henry ¿te vienes a la cama, guapo?
En la menestra puedes encontrar unas seis clases distintas de verde. ¿Por qué? Pues porque es una menestra de VERDURAS. Y las verduras son verdes. Salvo la zanahoria . Es un círculo con tres clases de naranja que rompe la monotonía cromática de mi menestra verde. Si la zanahoria es una verdura ¿por qué no es verde? Si las verduras son verdes ¿por qué la zanahoria no lo es? ¿Por qué no hay un nombre distintivo para las verduras de otros colores, por ejemplo, naranjudas, blancudas (coliflor), moraduras (lombarda)? En caso de que la zanahoria no sea una verdura, sino una hortaliza (cosa probable) ¿por qué se camufla (muy mal camuflada) en una menestra de VERDURAS? Me encantaría hablar con alguien que supiera de estas cosas pero así como sé que el especialista en animales se llama zoólogo no tengo ni idea de cómo se llama el especialista en plantas. Teniendo en cuenta que el zoo es donde están los animales en cautiverio, ¿podría ser invernaderólogo?, ¿jardinólogo?, ¿verdurólogo?, ¿menestrólogo?, ¿astrólogo?, ¿Paco Porras? ¿Tendría que conformarme con un biólogo sin especialización?
De repente se me han quitado las ganas de comerme la zanahoria.
Es el miedo a lo desconocido, que me invade cuando menos me lo espero.
Así que ahí la dejo, rodeada de una salsa verde...
Un momento.
¿La salsa verde no es eso que acompaña a la merluza? ¡Pero si esa salsa es blanca!
¿El mundo de la cocina está lleno de daltónicos o es que yo me aprendí los colores mal?
Me encuentro muy mal, creo que me estoy mareando.
Malditos enigmas de la naturaleza.
Os dejo con una pregunta para la reflexión. Antes de que alguien plantara el primer naranjo ¿de qué color eran las zanahorias? o lo que es lo mismo ¿deben las naranjas el nombre a su color o es el color quien se lo debe a la fruta?
Pero volvamos al tema que nos ocupa. Decía yo que había que hablar de las rebajas. Una época del año para gastar dinero. Pero hay algo que me inquieta, después de las cenas, los regalos, los viajes, las fiestas, los cotillones... ¿A alguien le queda dinero para las rebajas? Yo personalmente me declaro en bancarrota. Y más después de lo de ayer.
Yo pensaba que "las rebajas" era un término genérico, que bajaba de precio desde un chalet en la sierra hasta el papel higiénico. Pero no amigos, no. Cuan equivocada estaba yo.
Como los reyes en vez de asomarse por mi casa me tiraron el carbón desde la ventana (lástima de climalit, oye) pues decidí que yo era quien mejor iba a saber regalarme algo. Así que corta, perezosa pero decidida me acerqué a "los grandes almacenes" en busca de un reproductor de mp3. Lo había visto, sabía lo que quería. Era cuestión de minutos.
Y fue cuestión de minutos
- ¿Qué desea?
- Eso
- ¿Color?
- Rosa
- Efectivo o tarjeta
- Tarjeta. Para regalo, por favor. Gracias
- A usted
- Un placer
De pálida que me puse me volví transparente.
Al mirar el recibo del aparatito descubrí que no solo no estaba en rebajas sino que había subido su precio. Por encima del IPC. Ni que me hubiera comprado una central eléctrica o un autobus, al parecer son las cosas que más suben por encima del IPC año tras año (y digo yo, ¿Para qué quiere alguien una central eléctrica? ¿qué más nos da que suban por encima del IPC?. ¿Qué? ¿Que se refieren a los servicios que prestan estas empresas? No, no, no, yo lo he oido claramente en un informativo "Las centrales eléctricas suben por encima del IPC" y los de los informativos saben hablar y exponer las cosas utilizando el vocabulario adecuado, que no son como los diarios gratuitos).
El caso es que al salir de allí decidí hacer una visita a La Plaza de Los Dromedarios, a comprar medicinas y descubrí que estas tampoco están en rebajas.
Llegué a casa en medio de un ataque de pánico. Me daba la sensación de ser Bill Murray en atrapado en el tiempo. El día de las rebajas no llegaría jamás. Cogí el teléfono y llame a mi asistente de pánico
- Paqui, a que día estamos
- Holaquetalyomuybiengracias. Nueve de enero del dosmil seis
- La rebajas ya han empezado ¿verdad?
- Sí claro
- Entonces cómo te explicas lo de mi mp3 y mis medicinas ¿eh? ¿cómo?
- Las rebajas son básicamente en moda y complementos pritiguoman
- Pero... entonces no tienen sentido
- ¿Por qué?
- Se supone que ya nos han regalado cosas de esas en navidad
- Si, pero ahora toca comprarse algo que conjunte divinamente con lo que te han regalado
- Claaaaro. No entiendo.
- A ver. Supón que te han regalado unos pantalones preciosos, pero son morados.
- Me lo supongo, me cuesta pero me lo supongo
- Y abres tu armario y te das cuenta de que todo lo que tienes es azul. ¿Qué haces?
- ¿Descambio los pantalones por unos azules?
- No
- (mierda, sabía yo que me equivocaba). Entonces?
- Entonces vas a las rebajas y te compras unos zapatos negros, una camiseta negra, un bolso negro y una chaqueta morada
- ¿Y no te sale eso más caro que comprarte un pantalón azul?
- Ehhhh, lo cierto es que sí, pero puede que te apetezca tener algo morado
- Si tuvieras ese tipo de arrebatos no tendrías todo el armario azul
- Déjalo
- Ahhhhhhhhh, ya entiendo... Tú me has comprado unos pantalones morados y no me lo quieres decir...
-...
- ¿Paqui? ¿Estás ahí?
- Pip pip pip...
Así que hoy me he comprado unos pantalones morados. Pero no ha servido para nada. Ya tengo zapatos negros y camiseta negra.
Viendo que era incapaz de entender esto de las rebajas selectivas decidí quedar con Paqui para que me explicara exactamente la utilidad que tienen.
Ir de compras es agotador. Ir de compras en rebajas es un suicidio por agotamiento.
Me he comprado dos faldas, tres pantalones, cuatro camisas, dos chaquetas, un abrigo, tres pares de zapatos, una colonia, un lapiz de ojos, cinco pares de calcetines, un juego de toallas, un bolso, un anillo, tres collares, dos pulseras y una capa de tuno. He tenido suerte de que aún quedara mi talla, que al parecer en seguida se acaban las cosas. Y, como dice Paqui, me he gastado mucho menos dinero de lo que me hubiera gastado si no estuvieramos en rebajas. Aunque, si no fuera por las rebajas, no me hubiera comprado tantas cosas.
Ahora que lo pienso ¿para qué quiero yo una capa de tuno?
Yo personalmente la adoro.
Y es que nadie me hace sentir como ella.
Así que siempre que salgo procuro hacerlo en su compañía.
Salimos juntas buscando un lugar donde escondernos o una casa donde cobijarnos y, al fin, poder estar juntas, en soledad. Donde yo pueda acariciarla y ella me haga feliz. Cuando conseguimos un sitio tranquilo, no me importa quién esté con nosotras, para mi solo estamos ella y yo. No puedo esperar para sentirla entre mis manos y cuando ya está preparada acercarla a mis labios y besarla.
En ese momento se me olvidan todos los problemas. La vida empieza a tener un color mucho más agradable que el gris, y absolutamente nada ni nadie podría arruinar mi felicidad. No me importa con quién no voy a dormir esta noche, ni con quién dormía cuando no lo hacía sola. Ni el dinero, ni el trabajo, ni mi familia ni mis traumas y mis obsesiones tienen cabida en ese instante. Aunque sea solo por esa noche sé que voy a sonreir...
No, no se trata de una esperiencia lésbica (aunque ahora que lo pienso, tendría su punto). Se trata de la marihuana. Y es que he llegado a la conclusión de que, en mi caso, es el mejor de los antidepresivos.
Puede parecer que soy una colgada de la vida que necesita las drogas para sentirse bien. Pues si. Será eso. Pero hay que reconocerle el mérito de ser una medicina estupenda.
Quita el dolor de muelas, el dolor de cabeza, el dolor de espalda...
Cierto es que da hambre, pero estás tan bien sentada que por no levantarte a la cocina...
Aparte de eso cura las heridas que ningún otro medicamento puede curar, las heridas del alma.
Es el fin de la rutina, da igual que veas la misma película que siempre, el mismo episodio de futurama o de padre de familia, que vayas a los mismos sitios o veas a la misma gente. Todo es distinto, todo tiene un matiz que no tenía antes. Y te ries, te ries hasta un punto que crees de no retorno, esa sensación de que has soltado todo el aire de los pulmones y no puedes respirar porque sigues soltando aire. Es fabulosa.
Otra de sus maravillosas características es ese buen ambiente que crea. Nunca he visto a nadie ponerse de mal humor, buscar pelea, enfadarse, exigir, prohibir o llorar bajo su embrujo (acciones que si he visto tomar a gente alcoholizada). Todo el mundo es fantástico y agradable.
Pero sin duda la mejor sensación es ver todo como si fuera un simple espectador de la vida, como si estuviera viendo una película estupenda, como un juego de ordenador en primera persona pero sin escopetas, sin tiros, sin malos, sin guerras ni demonios.
En mi caso (extraño, por cierto) agudiza el ingenio. Me encantaría poder grabar alguna de las maravillosas conversaciones y colgarla aquí.
Por todo esto, he llegado a la conclusión de que el mundo sería un lugar mucho más tranquilo si todos los mandamases se reunieran en torno a una buena cachimba. Imaginaos una cumbre en Bruselas, con todos los presidentes europeos en ese estado. Imaginaos a Arbustito. Imaginaos a palestinos y judios.
Todo serían acuerdos de paz, "buen rollito", tranquilidad y sonrisas.
O no...
Bien, analicemos con frialdad el notición.
Un ídolo mediático, el hombre de los sueños de muchas quinceañeras habla de la lluvia dorada en una revista como el que habla de beber coca-cola.
A mi personalmente me parece que el señor Martin tiene todo el derecho del mundo a hacer con su vida de ocio y distracción lo que buenamente quiera, igual que Kate Moss, pero contarlo en una revista para que todo el mundo se entere ya me parece un poco de falta de ética (no como Kate Moss que a la pobrecita la traicionó cualquier Judas que seguramente lo celebró poniéndose hasta las patas).
Pero aparte de todo esto y de las ganas que se me han quitado de darle a ese hombre dos besos si me lo encuentro por la calle, lo que más me preocupa es ¿Donde demonios quedó el glamour del mundo del famoseo?
Hubiera entendido perfectamente que algo así lo hubiera dicho Dinio, algun ex gran hermano o el mismísimo Joaquín Sabina.
Eso te lo esperas.
Pero con esto de la libertad se está perdiendo todo el misterio.
Imaginaos que Audrey Hepburn, tras rodar "Desayuno con Diamantes" hubiera salido en una revista confesando que le encantaba el griego y que disfrutaba como nadie haciendo un 69, por ponernos en practicas sexuales algo escandalosas para la época.
Pues no. No señores. Eso debería estar prohibido.
Lejos de todo eso, las personas con un sitio destacado en esta sociedad deberían hablar de cuentos de hadas y deberían contestar a esas preguntas con mentiras.
Es más
A esa gente no se le debería hacer esas preguntas.
Porque una sabe perfectamente lo que se encuentra por ahí, una ya ha dejado de esperar al principe azul que la ame como nadie ha sabido amarla. Porque cuando sales a la calle y algún borracho que no sabe si te sobran veinte kilos o es que ya ve doble te salta alguna barbaridad, en esos momentos, una se reserva la esperanza de que algun día aparezca Charles Boyer, Marlon Brando o Humphrey Bogart y le muestre otro mundo, en el que el dinero da glamour y caballerosidad en lugar de vicio y corrupción. Y de repente te das cuenta de que vives en el siglo XXI y que de alguno de estos personajes no queda más que cenizas. Y al intentar buscar un referente más cercano en edad solo se encuentra lluvias doradas, perros con nocilla, felaciones con prostitutas interrumpidas por la Policia, sexo en los retretes de un parque, ratones en calcetines y demás prácticas que, por cercanía, mejor las realizas con el que te acaba de soltar el improperio.
Llamadme antigua, retrógada, puritana o estrecha. llamadme como querais, pero cuando pienso en mi hombre ideal, en la escena que quiero vivir no pienso en lluvias por muy doradas que sean y prefiero pensar en ese beso sujetada por unos brazos fuertes
Tal que así

Así...

Así...

O incluso así

Parece que Papá Noel, lejos de traerme nada de lo que le he pedido, se ha llevado mi inspiración. Es eso o que aún no he repuesto todas las neuronas que maté a la entrada del año. Curioso, porque como ya no puedo fumar en el trabajo he reducido considerablemente mi dosis de barritas de cancer con excitantes consumidas a lo largo del día. En lugar de eso bebo café.
Ayer por la noche, puede que fuera por el aburrimiento, la soledad o por puro masoquismo me dió por leerme la dichosa ley
No tiene desperdicio. Pero lo que más me ha preocupado es el dato que ha todo el mundo le ha pasado inadvertido. ¿Os acordais de esos cigarrillos de chocolate que todos comprábamos de niños?. Prohibidos. Increible pero cierto, incitan a los niños a fumar.
Y es que es incluso mas dura de lo que esperaba...
La primera sorpresa me la llevé el día dos cuando iba camino del trabajo. Iba yo feliz por la calle con un frio de tres pares de uvas con mi cigarro cuando una señoritinga con abrigo de imitación de marta, mamut u otro animal exótico que no conozco, me miró como si estuviera exudando antrax por cada poro de mi piel
- Tendrían que prohibirles fumar hasta en la calle
- ¿Perdón?
- Sí, debería estar prohibido
- Vamos a ver, señora, ¿Me he metido yo con usted acaso?
- Sí, me ofende verla echando humo como una chimenea
- No voy a entrar en polémicas, que parece que tiene ganas de discutir y no estoy dispuesta a darle ese placer. Buenos días y feliz año nuevo.
Ahí la dejé, gritando como si el abrigo fuera un disfraz, imitando a algún animal viejo, extinto y grande. Como un mamut.
El resto del día pasó entre sorpresa y sorpresa y salida a la calle.
Y es que nos tratan como apestados, cosa que no me parecería del todo mal si al menos se molestasen en disimular.
No ha faltado el típico listodeloshuevos que ha venido con una sonrisita y la frasecita de "Hace bueno en la calle, ¿eh? Apetece un cigarrito¿eh?. Mira que como te vea desenfundar el mechero te denuncio¿eh? jejeje"
Y me acuerdo de todos esos cigarros que no he fumado por respeto, de todas aquellas veces que me he cambiado de sitio, me he levantado y he salido a fumar a la calle por no molestar, de todos los cigarros que he apagado a medias, de todas las ventanas que he abierto, de todas las ganas que me he aguantado cuando fumar era completamente legal. Solo y exclusivamente por respeto, por educación, por no tocar los cojones. Y me arrepiento, me arrepiento de haberme comportado como una persona con semejantes energúmenos insoportables, intolerantes y graciosillos que intentan ser sarcásticos poniendo un "¿eh?" detrás de cada frase por si no has pillado la coñita que se trae. Se cree el ladrón que todos son de su condición y van y te toman por gilipollas.
Así que ahora, cuando voy por la calle y estoy en un semáforo, esperando que el muñequito verde me invite a cruzar, con mi cigarro en la mano, y a alguien se le ocurre mirarme como si fuera un nazi (de los de verdad, de los de hace más de medio lustro) y yo llevara en la chaqueta la cruz de David, en lugar de apartarme como hacía antes, me acerco y contamino su maravilloso abrigo de piel, de imitación, de paño, de pluma de pato francés criado en libertad, de plástico o de mamut con toda la fuerza que aún le queda a mis pulmones.
Porque el día que me prohiban fumar en la calle y me venga un ¿eh?-ista a tocarme la moral, al menos, no me arrepentiré de nada.
¿Alguien tiene un Kalashnikov para dejarme?