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Mujer Blanca Soltera Busca...
Acerca de
...alguien que le haga sentir especial, un mundo mejor donde vivir, un trabajo decente, un piso que se pueda comprar, las llaves, a jacks, un taxi...
Sindicación
 
Sucia, sucia, sucia
Hoy he venido andando a casa. Hace un sol radiante que me ha permitido enseñar los brazos a toda esa panda de ochenteros (me refiero a los que cuentan con más de ochenta primaveras) que me miran las tetas con lujuria y un palillo entre los dientes.
He pasado por la Puerta de Alcalá, por Cibeles, por Neptuno. He bajado por el Paseo del Prado y he llegado a Atocha. Y desde ahí hasta mi casa el camino ha dejado de estar lleno de flores y árboles y turistas y fotos para convertirse en la verdadera realidad de Madrid. Coches, asfalto, mujeres con carrito de la compra y falda de flores, mendigos con mirada ahogada en vino y jubilados mirando las obras.
Cuando he llegado a casa he tenido la tentación de romper un espejo con las manos. Un golpe desesperado a mi imagen para matar mi pasado. Y mi presente.
Supongo que veo demasiadas películas.
Tengo la necesidad desesperada de sangrar. De llenarme de sanguijuelas que me purifiquen, que se lleven todo ese veneno que me recorre y me contamina.
Como si así volviera a nacer en otra vida, en otro estado, en otro cuerpo.
Virginal e inmaculada física y mentalmente. Inocente y crédula.
Ayer leí en el suplemento del País que hay una operación estética para reconstruirse el himen. No sé si me parece vergonzoso o inútil.
Porque el verdadero himen que se rompe está en la médula. Y ese nadie puede reconstruirlo.
También estuve viendo Dirty Dancing en un intento por volver a los diez años, a ese cine con mi madre llevándome de la mano. Y lo único que conseguí fue una añoranza de cuando creía que el hombre de mi vida, el único que besaría mis labios y me abrazaría, sería un bailarín rebelde y con gafas de sol y cazadora de cuero que me enseñaría a bailar en el lago y me querría por quien soy sin importarle una mierda que tuviera la nariz más fea de todo el panorama cinematográfico. Para siempre y por la Iglesia. When I had the time of my life.

Dios, que malita que me pongo

Y me di cuenta que en el fondo sigo esperando lo mismo. Sigo anclada en ese cuento de hadas, solo que ahora resulta que el bailarín tiene otra serie de atractivos añadidos. Lástima del tiempo que se atrevió a mermar esos bíceps.

¿Hace falta decir algo?

Y no puedo culpar a los hombres por preferir a Nicole Kidman que a Teté Delgado cuando se trata de pasearla de camino a la cama. Porque personalmente prefiero al Patrick Swayze de Dirty Dancing que al gordo de Perdidos.




Las comparaciones son tan odiosas como Acebes


Al fin y al cabo solo hacen falta dos neuronas para follar y cuatro para amar. Y todos tenemos más de seis.
Y no soy más inteligente ni más simpática ni más cariñosa ni más complaciente ni más culta ni mejor en ningún aspecto que cualquier mujer de mi edad que tenga la mitad de mis medidas.
De vuelta a la cruda realidad en el momento en que salen los créditos.
Y yo, con los pelos como escarpias y como pez en el agua (no por lo resuelta sino por lo húmeda) me pego una ducha y me quedo parada ante ese espejo que bien se me podría haber ocurrido romper ayer y no puedo hacer otra cosa que llorar. Por lo que soy, por lo que seré (porque ya no hay tiempo para volver a tener diecisiete e irme con mis padres a un hotel con profesores de mambo) y porque me parezco mucho más a Teté de lo que me pueda parecer a Nicole. Y enciendo la tele y veo que ya no quedan bailarines así, ni hombres dispuestos a partirle el mentón al primero que atente contra mi honor, ya sea mi padre, el novio de mi hermana o Jesucristo Bendito.
Lástima.
Y hoy en el trabajo yo cuento la experiencia religiosa a la que fui transportada durante 95 minutos y 21 segundos y todos se ríen y yo me rió con ellos. Jajajajajaja de Janeiro.
Esta mujer qué cosas tiene.
Y me doy cuenta que Sabina se queja de vicio, que a él le robaron el mes de Abril y a mi me han robado quince años enteritos, con sus doce meses cada uno. O quizá he sido yo la que los he tirado a la basura, los he utilizado para probar sin darme cuenta de que no iban a reciclarlos. No hay contenedor amarillo para los sueños.
Y sin sangrar nada más que por los ojos tiraré los restantes.
Aunque en el fondo, tras toda esta capa de mujer autosuficiente que me he ido creando a base de hostias contra el suelo, tras toda esa fachada de madura y realista que ya no cree en el amor, tras todo ese conformismo barato que yo me vendo y me compro hablando de que no existe el hombre perfecto y que lo importante es que quieras y te quieran, donde reside la virginal, inmaculada, inocente y crédula niña de diez años que aún sigo siendo, seguiré manteniendo la esperanza de encontrar esa espalda bien torneada y esas manos masculinas que me van a enseñar a menear el culo (en ese sueño que se me viene a la cabeza mi culo no es realmente mi culo) sea cual sea la postura. A bailar también.


Un, dos, tres, chachacha. Ufffff

Y entonces me opero y me reconstruyo el himen y todo lo que pasó antes ya no importa porque uno no es lo que ha vivido sino lo que está viviendo. And I will have the time of my life para hacerle tortitas entre polvo y polvo.
 
Approaching depression
Mañana de domingo de resaca y obligaciones. Con un café recalentado en mi boca y el rimel de la noche anterior esparcido por los ojos. Un camisón que antes no lo era y un cartón de Lucky retándome desde la mesa. Todo lo que se necesita para sonreir.
Wolfsheim me grita su approching Lightspeed una y otra vez desde el winamp porque no quiero escuchar ninguna otra cosa. Hoy es uno de estos días en que me encantaría ser una postmoderna liberal y fumar con boquilla y hablar de los hombres como quien habla de cigarros y rememorar conquistas de sábados y amantes con un gintonic en la mano y unas medias de malla. A las nueve de la mañana. Con ese rolplay de eterna suicida que se mata poco a poco y ya no hay nada que le haga emocionarse. Para bien o para mal. Pero cada uno es lo que es y yo desgraciadamente hoy y afortunadamente mañana no soy así.
No tengo ojos jóvenes que parecen antiguos ni sonrisas apenadas ni sujetadores negros de encaje que se dejan ver cuando cae el tirante de ese vestido con escote y falda corta que muchos han subido o arrancado o ayudado a bajar la cremallera.
No soy un personaje de novela al que evocan escritores empapados en alcohol que dejan su sangre en el papel. Y su vida.
No lo soy y me gustaría serlo.
No lo soy y me asustaría serlo.
En su lugar me levanto entre el despertador que me recuerda las obligaciones familiares que hoy me sobrellevan y los alaridos de mi gata que lo ayudan.
Salgo de mi habitación saltando los montones de ropa, testigos indiscutibles de mi salida nocturna, y arrastro mi alma hasta la cocina en busca de algo que, ya tarde, humedezca mis labios. Un café sustituto de besos y caricias, de saliva y humedades que ya no recuerdo. Un café caliente y sexual. Me encanta ponerme dramática.
Y me pongo a escribir de lo que no soy y debo llevar ya cinco cigarrillos mirando el reloj de cuando en cuando. Y tengo que irme y no quiero. Y alargo la hora de ducharme y voy acortando el tiempo que necesito para parecer una persona decente.
Porque hoy solo quiero escribir. Bien o mal. Hoy quiero pasar un domingo de música recordatorio y word. Hoy quiero rememorar cosas que no me han sucedido. Hoy quiero tener nostalgia de lo que jamás me ocurrió. Hoy quiero verme tocando fondo con un vaso de tubo y dos hielos y una botella de whisky barato. Y marcas en las muñecas.
Hoy quiero ser otra. Más dramática, más acabada, más dolida y más aullante.
Pero ya no hay más tiempo. Ya no puedo evitarlo más. Y cuando vuelva volveré a escribir. O habré olvidado quién quería ser y pondré una lavadora y jugaré a Los Sims o me veré una película mil veces vista o encenderé la Play Station para ver a Yuna hacer el gilipollas (nunca segundas partes fueron buenas) y me comportaré como lo que soy, como una más de las muchas que intentan escribir para parecer otra aunque solo sea sobre el papel. O la pantalla.
Y no lo consiguen porque para ser Ella hay que saber escribir.
Y hay que saber llorar
 
Fire Walk With Me
Son la una y veinte de la mañana y tengo que despertarme a las seis y media.
Pero no puedo dormir
No puedo dormir porque soy estúpida.
Cuando tenía ocho años era mucho menos estúpida de lo que soy ahora.
Me he quedado sola en casa. Una buena noche para haber reflexionado sobre qué es lo que voy a hacer con mi vida (eso os lo explico mañana) pero en vez de eso he agotado mi tiempo haciendo algo que no debería haber hecho.
Por fin, despues de dos semanas de sesiones intensas hoy he decidido terminar de ver Twin Peaks.
Y en estos momentos lo único que puedo decir es que, una vez más, David Lynch ha decidido que yo no duerma.
Ocurrió por primera vez hace cuatro años cuando armada de valor y con un novio agarrado con fuerza del brazo me decidí por primera vez y tras miles de intentonas a ver la maldita serie. Se repitió cuando decidí ver Mullholand Drive. Y hoy, cuando pensé que ya no podría vencerme lo ha vuelto a conseguir.
Soy una cagada. Sí. Cagada. Una miedica llora, una asustadiza chilla, una impresionable empieza a pensar. Yo no. Yo, como todas las cagadas del mundo, soy incapaz de apagar la luz, de mirar al pasillo sin recelo, de parpadear sin hacerlo a la velocidad de la luz y sobre todo y probablemente durante semanas, de mirarme al espejo sin que me de un ataque al corazón.
Me he quedado sin tabaco y creedme que en esta situación no es nada bueno.
¿Salir a comprarlo? Ni de coña abro yo la puerta de casa y me enfrento a la oscuridad de las escaleras de mi portal, que deben de ser las más tétricas de todo Madrid. Y eso lo pensaba antes de acojonarme como una niña inmadura y estúpida (¿Alguien a visto "Los Sin Nombre? Pues igualitas las muy cabronas).
Y soy una imbecil porque cuando era una niña inmadura y estúpida evitaba por todos los medios cualquier cosa que me pudiera dar miedo. Me negué a ver hasta Historias de la Cripta, cambiaba de canal los sábados por la mañana cuando ponían Pesadillas, no era capaz de ver Thriller (si Michael Jackson de normal ya acojona verlo de Zombie acabó conmigo) cuando anunciaron IT tiré mi payaso de cerámica a la basura (nunca me gustó cómo me miraba) y puedo decir que soy una de las pocas personas que no han visto ninguna de las mil peliculas de Pesadilla en Elm Street. Pero ahora no. Ahora me tengo que hacer la valiente porque "ya tengo edad suficiente para no dejarme acojonar por esas cosas". Y una mierda. Tengo tensas hasta las pestañas.
Lo peor de todo es que ni siquiera son películas de miedo, con que salga una posesión por mínima que parezca ya me han jodido la noche. Hasta con Ghost lo paso mal (aunque Whoopy Goldberg se lo tuviese merecido. Ella, no su personaje).
Ha sido así desde que tengo uso de razón. Los sueños, los espíritus y todos los males intangibles me han podido.
Cuando era pequeña, mi bisabuelo, al ver el pánico irracional que tenía a "todas estas tonterías" solía decirme "De los vivos me libre Dios que de los muertos me libro yo" a lo que yo respondía llorando algo así como "¡¡¡¡¡¡los muertos no existen!!!!".
Patética. Lo sé. Pero a él le hacía gracia.
Quizá sea porque, de un modo u otro, siempre he creído en esas cosas. Y porque si hay algo que verdaderamente me aterre es no ser consciente de mis actos. Perder la cabeza. Y no poder luchar contra ello. Al fin y al cabo un violador tiene gónadas con lo cual se le puede hacer daño pero ¿Como le arrancas los huevos a un espíritu?
Ya. Estoy como una cabra. Y algún estudiante o estudioso de psicología achacaría todo esto a una frase desafortunada que tuvo mi madre en mi infancia(la tuvo, y me pasé una semana pensando que tenía el demonio dentro). ¿Veis como estoy de los tiros?
Fatal. Estoy fatal. Pero bueno, al menos me queda la esperanza y el consuelo de que, cuando vuelva a ver a Bob y Laura Palmer, a los cincuenta, divorciada y alcoholica, podré meterme en la cama muerta de miedo y volverme a sentir de nuevo como cuando era niña...
No todo el mundo puede decir lo mismo
Que pasen buena noche, yo agarraré a mi gata con fuerza y me veré una de Disney para compensar (todas menos El Rey León, que se le aparece el espíritu del padre)
 
Women's world
Hoy estoy de mala leche. El día se ha ido nublando (literal y metafóricamente) según pasaban las horas.
Esta tarde tengo que desafiar al tiempo y a los taxis para llegar a chamartin antes de las 7 y pagar el alquiler si no quiero que mi casero abuse de su poder y me cobre el aval, dejándome en pelotas y con un pufo en el banco de cojones.
Habemus Morosum.
Así que aprovechando mi mala leche visceral voy a abordar un tema que he dejado para momentos como este, más que nada porque me hierve hasta la cera de las orejas cada vez que me cruzo con un especimen de estas características.
Al contrario de lo que la gente piensa no son seres distinguibles a primera vista. Hay de varios tipos, se ocultan entre la gente y hasta que no entablas conversación con ellas no eres consciente de quién tienes enfrente.
Hay tres tipos básicos de esa clase de calaña. Las que solo lo son cuando hablan con hombres, las que solo lo son cuando hablan con mujeres y las de verdad, las que han hecho de esto un escudo para no aceptar la relidad de su existencia. Estoy hablando, como no, de las feministas. Y entiéndase por feminista toda mujer que cree que el hombre es un ser inferior, no igual, inferior.

Las que solo lo son cuando hablan con hombres
Son mujeres como pueden ser otras. El 80% se depila, se pinta los labios, se pone minifalda y se tiñe de rubia. El 20% restante se tiñe de otros colores mucho más modernos y transgresores
Pero tras esa apariencia de barbie última generación, de Bratz moderna e independiente, se esconde una fiera temible dispuesta a devorar las entrañas a todo hombre que se la cruce en una conversación.
- Ufff, estoy "matao", menudo día en el curro
- Si es que no podeis con nada, sois unos mierdas. Yo sin embargo me he levantado, he llevado a los niños al colegio, he hecho la comida, he puesto una lavadora, he ido a trabajar, he vuelto, he bañado a los niños, he preparado la cena, he ido a la peluquería, he salido de copas y mírame. Como una rosa. Si es que no valeis para nada.
Mentira
Esa maravillosa ama-de-casa-ejecutiva-agresiva está destrozada. Le duelen los pies, la espalda, está deprimida, quiere matar a los niños y es alcoholica.
Yo personalmente salgo de trabajar, llego a mi casa y digo "Uff, estoy matá, menudo día en el curro".
Intentan parecer más fuertes, más inteligentes, más modernas y más sabias que cualquier olímpico, filósofo, diseñador o premio nobel masculino. Excepto si es gay.
Pero no lo son. Y lo saben.
Así que después de pegarle el hachazo al pobre hombre que se atrevió a cruzar dos palabras con ella, llama a las amigas, queda para ver sexo en Nueva York (intentan llevar el mismo estilo de vida pero ganando 800€), se toman un café con leche descremada (desnatada es muy vulgar) y se van a comprar ropa que realce su... inteligencia, fuerza y sabiduría.
La forma de "ganarse" a estas mujeres, queridos amigos del sexo opuesto, es simple. Solo se necesita llevarles la corriente, ganarles una batalla dialéctica o ser gay (o, en su defecto, metrosexual). Si consigues una de las tres cosas ya es tuya. Por supuesto que si lo que quieres es llevártela a la cama empieza a mantener una conversación con ella sobre la liberación sexual femenina. Por mucho que te deteste la tendrás en la cama en cinco minutos. Todo antes de parecer una estrecha.

Las que solo lo son cuando hablan con mujeres
Sin lugar a dudas, mis favoritas. Quedan en grupos de cinco a tomar café y poner verde a todo hombre conocido al menos por una de ellas. Utilizan frases típicas y trilladas como "Lo único que merece la pena es el pene", "Solo valen para follar", "Que tuvieran ellos que aguantar un parto" o "El día que aprenda a poner la lavadora le doy un premio". Son las inventoras de los chistes feministas, los fordwars feministas y los anuncios de bombones. Su serie favorita no es Sexo en Nueva York sino Mujeres Desesperadas. Para ellas un hombre es incapaz de hacer una cama, planchar una camisa o freir un huevo (que se lo digan a Adriá). Delante de las amigas sus novios son puros objetos sexuales y clasifican a los hombres según la dureza de su culo o el tamaño de sus biceps (no quiero ponerme ordinaria, pero hay más clasificaciones). Pero a pesar de todo quieren a sus novios/maridos porque, pobrecitos, donde irian sin ellas.
La forma de ganarse a este tipo de feministas es facil, apúntate a un gimnasio o independízate. Si eres un desastre te criticará pero despertarás su instinto maternal y si eres un chico ordenado y limpio la sorprenderás tanto que se lo contará a sus amigas (y te tomará por gay). Eso sí, siempre, seas como seas, intentará "mejorarte".
Para llevártela a la cama invítala a cenar, sé un caballero y ábrele la puerta del coche. Vamos, compórtate como un machista y será tuya.

Las verdaderas
Estas mujeres son un caso aparte. No solo el hombre es inferior sino que es de otra especie. Son independientes y odian la belleza y sus subproductos. No soportan los concursos de belleza, los anuncios ni las actrices (a no ser que sean gordas o feas o viejas).
Ni que decir tiene que jamás, desde que pueden hacer con su cuerpo lo que quieran, se han depilado, teñido, puesto falda o tacones, usado sujetador o limado las uñas. NUNCA.
Para ellas el aspecto físico es deleznable y lo verdaderamente importante es el interior de las personas (léase mujeres). Para ellas todo hombre solo piensa en el sexo, en tetas y en mujeres de revista porno. Ellos no saben lo que es una mujer de verdad, solo buscan rubias oxigenadas y estúpidas que les bailen el agua y les coman la cabeza (o lo que haya que comer).
Utilizan vocabulario soez y juran que nadie puede hacer un cunnilingus a una mujer mejor que otra mujer.
Generalmente, todo este trauma viene desde el instituto, cuando su mejor amiga Puri, en pleno desarrollo y con las cejas depiladas, se tiró a su mejor amigo Marcos, con las hormonas que se le salían por los poros. En ese momento ella pasó a un segundo plano tanto para Puri como para Marcos y eso jode. A ella seguramente le gustaba uno de los dos y eso hizo que odiara tanto al traidor/a como a su acompañante.
La forma de ganarse a este tipo de mujeres es cambiándose de sexo o convirtiéndose en su mejor amigo. No te voy a explicar como te puedes cambiar de sexo (todo lo que se me ocurre es demasiado obvio) pero sí puedo intentar explicar como te puedes convertir en su confesor. Tienes que ser hippie, jurar que eres inferior, estar en contra del sistema y por supuesto nunca debes mirar el escote de ninguna mujer. Para ti el cuerpo de las mujeres debe ser secundario (solo el de las mujeres, el tuyo cuídalo porque tampoco son tontas). Por cierto, bajo ningún concepto se te ocurra tirarte a una tía buena y que ella se entere. Perderás todo lo que habías ganado.
Para llevártela a la cama (tú verás, es cosa tuya) solo tienes que llevártela de copas, ponerte cariñoso, poner verde a todo aquel que entre con una novia trofeo del brazo y sobre todo a toda novia trofeo con frases como "Mírala. Parece anoréxica. Y pintada como una puerta. Que pena me dan" o "Tiene pinta de ser de esas que cruzas dos frases con ella y te duermes". Que se note que para ti el físico no solo es secundario, es un estorbo. Si aún quieres seguir adelante, ánimo.

Todas ellas escuchan a Bebe y son seguidoras de cualquier moralismo barato sobre malos tratos, aborto, igualdad...
Su ídolo es Cristina del Valle (Amistades Peligrosas) y me juego el cuello a que ninguna sabe por qué el 8 de Marzo es el día de la mujer trabajadora.
Y lo que más me duele de todo es que se están comportando como aquellos hombres a los que critican. Si quieres vencer al "enemigo" no te pongas a su altura...