A pain that I'm used to - Inseguridad social
Acabo de leer por ahí, por un comentario que dejé en cierto blog que me encanta que me llaman "Directivo del BBV".
Y que me falla la sociología.
No sé cual de las dos cosas me duele más.
Lo cierto es que lo tenía merecido.
En otro orden de cosas he podido ver el video de Miranda en la tele y creo que mi excompi tenía razón y van a ser número uno de los nosecuantos principales.
Os diré que he visto el trailer de la tercera temporada de House porque si os dijera que he visto el primer episodio estaría admitiendo que he cometido un delito. Y nada más lejos de mi intención. Hablo por supuesto de cometerlo. Ahí os dejo todo lo (legal) que he visto.
El sábado perdí todo mi gusto musical, mi saber estar y mi compostura y salí con zapato plano a bailar a bisbal y reguetón al ritmo de los hielos hasta caer extasiada y probablemente enferma por haber sometido a mi cerebro y mis oidos a tal tortura, a las seis de la mañana.
Aprendí ese pequeño truco para bailar ese tipo de cosas que consiste en que los hombros vayan al revés que la cadera. Cadera atrás, hombro delante, ojo lujurioso, cante de estribillo y copa en alto.
Todo lo que se necesita para triunfar en un solo movimiento...
Increible pero cierto, la que habla se despeinó, sudó y shaked that thing mientras Marc Anthony la animaba gritando que valió la pena...
Dudo que mis amigos me vuelvan a hablar después de esta confesión.
En mi defensa diré que les he visto hacer cosas peores por culpa del alcohol. Miento, no puede haber nada peor.
Lástima que encima me lo pasara pipa.
Y es que esto de que nadie te conozca en cinco kilómetros a la redonda empieza a tener su punto.
Entiéndanme bien. Amo Madrid, lo adoro y lo echo de menos tanto que me duele. Tengo una foto de Atocha de fondo de escritorio. Pero Alicante, con su permanente ambiente guiri, su puerto de bachata y su casco antiguo de pub oscuro me está dando la libertad de hacer cosas que JAMÁS haría en Madrid.
Ni por un chute de morfina en la médula.
Primero porque no tendría con quién.
Y segundo porque sería toda una falta de respeto a todos aquellos madrileños de adopción o por derecho que tendrían que volverme a ver tarde o temprano en esa maravillosa ciudad que en el fondo se queda pequeña.
Total, que acabé el sábado rendida a los pies de un banco, mirando al mar y hablando con un grupito de jovenzuelos de despedida de soltero.
24 años tenía el condenado.
Los amigos por ahí rondaban.
Todo eso y una mano rota.
Si, tengo una tendenitis y la mano vendada
Acabo de cogerme mi primera baja laboral.
Y no se crean que ha sido facil, un mundo de papeleos, caras largas, ventanillas y negativas que ha durado tres días.
Y un mundo de bromas al respecto del origen de mi tendinitis al entregar la baja en el trabajo.
Ah! También me he comprado esto:

Estoy segura de que cambiará mi vida.
Y que me falla la sociología.
No sé cual de las dos cosas me duele más.
Lo cierto es que lo tenía merecido.
En otro orden de cosas he podido ver el video de Miranda en la tele y creo que mi excompi tenía razón y van a ser número uno de los nosecuantos principales.
Os diré que he visto el trailer de la tercera temporada de House porque si os dijera que he visto el primer episodio estaría admitiendo que he cometido un delito. Y nada más lejos de mi intención. Hablo por supuesto de cometerlo. Ahí os dejo todo lo (legal) que he visto.
El sábado perdí todo mi gusto musical, mi saber estar y mi compostura y salí con zapato plano a bailar a bisbal y reguetón al ritmo de los hielos hasta caer extasiada y probablemente enferma por haber sometido a mi cerebro y mis oidos a tal tortura, a las seis de la mañana.
Aprendí ese pequeño truco para bailar ese tipo de cosas que consiste en que los hombros vayan al revés que la cadera. Cadera atrás, hombro delante, ojo lujurioso, cante de estribillo y copa en alto.
Todo lo que se necesita para triunfar en un solo movimiento...
Increible pero cierto, la que habla se despeinó, sudó y shaked that thing mientras Marc Anthony la animaba gritando que valió la pena...
Dudo que mis amigos me vuelvan a hablar después de esta confesión.
En mi defensa diré que les he visto hacer cosas peores por culpa del alcohol. Miento, no puede haber nada peor.
Lástima que encima me lo pasara pipa.
Y es que esto de que nadie te conozca en cinco kilómetros a la redonda empieza a tener su punto.
Entiéndanme bien. Amo Madrid, lo adoro y lo echo de menos tanto que me duele. Tengo una foto de Atocha de fondo de escritorio. Pero Alicante, con su permanente ambiente guiri, su puerto de bachata y su casco antiguo de pub oscuro me está dando la libertad de hacer cosas que JAMÁS haría en Madrid.
Ni por un chute de morfina en la médula.
Primero porque no tendría con quién.
Y segundo porque sería toda una falta de respeto a todos aquellos madrileños de adopción o por derecho que tendrían que volverme a ver tarde o temprano en esa maravillosa ciudad que en el fondo se queda pequeña.
Total, que acabé el sábado rendida a los pies de un banco, mirando al mar y hablando con un grupito de jovenzuelos de despedida de soltero.
24 años tenía el condenado.
Los amigos por ahí rondaban.
Todo eso y una mano rota.
Si, tengo una tendenitis y la mano vendada
Acabo de cogerme mi primera baja laboral.
Y no se crean que ha sido facil, un mundo de papeleos, caras largas, ventanillas y negativas que ha durado tres días.
Y un mundo de bromas al respecto del origen de mi tendinitis al entregar la baja en el trabajo.
Ah! También me he comprado esto:

Estoy segura de que cambiará mi vida.