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...alguien que le haga sentir especial, un mundo mejor donde vivir, un trabajo decente, un piso que se pueda comprar, las llaves, a jacks, un taxi...
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Esto es Madrid
Y lo echaré de menos.
He pasado la última semana despidiéndome de mi ciudad favorita. La mejor de todas las pocas en las que he tenido el gusto de vivir o subsistir.
Antes de que Rocío Jurado "saliera por primera vez del féretro", como se le oyó a una "periodista" el día de autos, me senté en el Starbucks de Génova a disfrutar uno de mis últimos Moka blanco & Muffin en dos años, mirando la Plaza de Colón con esa bandera patriótica ondeando y ese hombre en pololos señalando sabe Dios dónde se encuentren sus sueños. Y los míos.
He tomado cervezas en el ABC de Serrano, he pasado por los escaparates, tengo prohibida la entrada, de Dolce&Gabanna (D&G que suena mucho mas fashion and international), Channel, Escada, Burberry. He ido de compras por Goya. He paseado por el retiro en sentido contrario a la feria del libro, no intencionadamente pero sí por desconocimiento. He pasado la tarde bebiendo cócteles en el HardRock, he visitado Sol y sus irlandeses y el Museo del Jamón. He conocido las caras más "one versus another" a las que yo, como defensora del antiradicalismo y del “noseexactamentemuybiendequevoymezclofaldahippie concorpiñodecorreasysandaliadetacón” puedo acceder de Madrid, desde el pijerío moderado de cañas y asiento en la Plaza de Santa Ana hasta el bar más extraño del puto mundo.
Y ayer conté con el mejor cicerone de la ciudad, gracias guapo (no te linko porque para qué), que me mostró el Madrid de verdad, el Madrid de drogas en la calle, de los barrenderos parlanchines y amables, de la maldita semidiscoteca de remixes y subidones cuyo nombre no logro recordar. Empezaba por S. Mayúscula. Y el surrealismo del “café con churros” con todo el gotiqueo evanescente (esa frase no es mía) madrileño al pleno tomando la última copa. Y nosotros demostrándoles que no solo los vampiros se acuestan al amanecer. He visto a una mujer de morado que bien merecería un post aparte. He discutido narices torcidas y perfecciones de una mujer que a mi parecer tenía un regusto macarrilla de gótica del Zara que dejaba todo su demás a la altura del betún de las botas de su compañero el de la cresta.
Y he acabado fumando en casa de uno de nosotros y bebiendo a las nueve de la mañana el néctar colombiano que debe ser bebida de los dioses porque solo ellos son capaces de aguantarlo sin rendirse. Y he discutido o más bien, me he limitado a recibir varapalos, sobre cosas que solo se pueden discutir a esas horas y en ese estado o un día depresivo y tocapelotas a las dos de la mañana, con insomnio y obligaciones. Y he vuelto a oír nombrar a Hegel a razón de dos veces por minuto. Y he sobrevivido a los sarpullidos que me causa la sola mención de su nombre.
He dormido en un sofá como tantas veces y he despertado a la hora siguiente, aún borracha y con problemas de pulso en busca desesperada de un taxi que no se deje influir por la pinta de yonkie y el rimel corrido y me deje en mi casa para que me ponga a escribir porque estoy enferma y no me apetece irme a la cama.
Y todo eso es Madrid y es lo que me gusta de esta ciudad. Que tras esa fachada de capital cultural y obras y gallardones y moralejas, en cuanto permite que se ponga el sol se convierte en un caos de ideas e ideologías baratas enfrentadas. Y por primera vez en dos años un Policía Municipal (con mayúsculas también) nos ha pedido amablemente que dejáramos de beber cerveza en la calle, que son las nueve de la mañana. En la plaza de la Luna, donde lo más legal que se puede hacer es beber cerveza. Antes también se podía ir al cine. Versión Original.
Y así me he dado cuenta de lo que pierdo. Y no se trata de bares ni situaciones. Se trata de ellos. De todos ellos que han intentado hacer de mi una mujer moderna que deja las albarcas en la puerta de casa para saber quienes coño son Franz Ferdinand y por qué le gusta a todo el mundo. Otra cosa es que lo consigan. Al menos sé que son de Glasgow (I think).
Y que han hecho tambalear todo lo que creo y todo lo que pienso porque sé que el mundo sería más feliz si todos pensaran como ellos, ya sea por el mejor reparto de la riqueza que por la invasión de los zombies o por la inexistencia de un dios que no seamos nosotros mismos.
Así que voy a levantar la última cerveza de hoy, a las dos y media de la tarde y voy a brindar con la pantalla por todos ellos.
Y acabo de caer en cuenta que no me tenía que haber movido de aquella casa. Que estaba invitada a una maravillosa paella de domingo y por mi manía de salir corriendo de los sitios me la voy a perder.
O eso o pago otro taxi.
Discúlpenme pero tengo que hacer una llamada.

Vale, ha quedado un post de mierda con lo que podía haber sido, pero qué quereis, el mamonazo de Hegel ha acabado con mi última neurona. Necesito un cerebro nuevo.
Ya sé qué voy a comer hoy...
 
Comentario:
NO SALEN LOS COMENTARIOS!!!!!!!!!
OH-MY-GOD
 
Comentario:
Gracias guapísima...
Ya quisiera yo ser increible.
En cuanto al vestido... nada que hacer contra tu milhojas.
Ni a la altura del zapato
:)
Un besazo
 
Comentario:
Te ocurren cosas increibles porq eres una mujer increible, y por cierto, tu vestido nuevo tb es increible...
No