Y es que una, señores y señoras es imbecil. Es algo que me viene de serie desde que nací y que se fue acrecentando con un par de traumas y tres o cuatro complejos.
Tengo la mala costumbre de pensar que los hombres que me interesan se pueden fijar en mi para cualquier cosa salvo para todo lo relacionado con el sexo y que cualquier proposición que se me haga al respecto es de todo menos en serio. Una broma, un coqueteo. Y lo más gracioso de todo es que soy muy dada a ese tipo de coqueteos y vaciles cuando tengo absolutamente claro que no va a pasar nada.
Eso hace que la gente piense que soy una mujer que entiende perfectamente el juego, que sabe perfectamente qué es lo que un hombre le está pidiendo y que no se anda con gilipolleces.
Pero nada más lejos de la realidad.
Cuando la situación es propicia y la persona me gusta mis neuronas entran en estado vegetativo y vuelvo a tener quince años...
El ser humano tiene una serie de protocolos de actuación basados en gestos y frases que generalmente hacen que el interlocutor comprenda a la perfección lo que se le está pidiendo.
Lo hemos visto en películas y series, lo hemos leído en el Pronto y lo hemos vivido en más de una ocasión.
Frases como "¿salimos fuera a dar una vuelta?" suelen dejar bastante claras las intenciones que tienes.
En mi caso no.
-Voy a pedirme un cubata ¿quieres algo?
- De beber no
- Pues aquí no sirven nada más que bebida, ¿quieres un cigarro?
Este es solo una de las muchas situaciones propicias que corté de raíz el viernes.
-¿Quieres que te acompañe a casa?
- Estoy borracha pero voy en taxi, creo que puedo ir sola, gracias.
Creo que cualquier comentario al respecto sobra.
Tras comentar el tema con algún que otro amigo común y con mi adorada Fataliax hemos llegado a las siguientes conclusiones:
1.- Hablamos demasiado
2.- Soy imbecil
3.- Él tampoco es que sea el hombre más lanzado del universo
4.- Es lo mejor que podía haber pasado dadas las circunstancias
Pero me jode. Me jode porque me gusta, porque me duele el no saber que podría haber pasado, porque estoy casi segura de que cualquier próximo viernes que podamos volver a beber juntos él no se acercará y yo estaré demasiado tensa para dar el primer paso. Porque ahora sé que ya no hay nada que hacer.
La he cagado. Y ningún mail, ni mensaje, ni conversación va a poder cambiarlo.
Y sí, es una verdadera lástima.





