Again and again
Uy Dios mío, cuanto polvo!!!!!!!!!!!!
Entiendanme, después de tanto tiempo sin darle a las teclas se acumula.
No, no pretendo darle a la frase ningún doble sentido.
El otro día hice algo que ya apenas recordaba.
Besar.
Besar sabiendo positivamente que eso era todo lo que iba a pasar esa noche, besos y caricias externas. Absolutamente nada más.
Dirán algunos que es algo que se echa de menos y que hice bien en pararlo ahí.
La verdad es que si le quitas las mariposas, las flores, los círculos de colores y la cantidad de endorfinas o la mierda que sea lo que sueltas en esas condiciones (no, por favor, no nos pongamos obscenos)...
Si le quitas todo eso lo que queda realmente es un santo calentón.
Así que centrémonos en las cosas bonitas.
Me encanta el juego, el prebeso. Es lo más mágico de todo, pasar la noche tonteando, riendo, bebiendo de su copa y dedicándole alguna que otra mirada de soslayo.
El saber que va a pasar pero no saber cuando.
La espera.
Y se hace mucho más divertido cuando ya conoces a esa persona con anterioridad.
Porque crea más incertidumbre.
Hablar toda la noche sin saber si son confesiones de amigo borracho o simplemente otro tipo de intenciones mucho más físicas. Mientras el ambiente casi se saborea, dulzón, un montón de señales químicas que se huelen a metros de distancia.
Aunque se permita fumar en el local.
Y la excitación va en aumento.
La música está alta y él se agacha (en mi caso se agacha mucho) y te habla al oido. Te pasa una mano por la espalda como si se hubiera caído o te sostiene con fuerza por si eso agudiza tu oído. Luego bailas.
Y el alcohol hace su trabajo y te te sientes la reina de Saba (¿se escribe asi?). Y lo sientes acercándose por detrás. Más endorfinas. Y te agarra o se queda a una distancia poco prudencial. Y empiezas a bailar para él. Y vuelves a beber y él vuelve a hablar
Y cuando ya ha pasado tanta noche que se oyen las gaviotas llega el momento de la verdad. ¿Te irás en Taxi?
Y cuando se ofrece a llevarte sabes que acabas de ganar la partida. Como con una escalera de color en cada mano.
Pero cuando llegas y el coche para vuelven a asaltarte las dudas.
(Quizá se le está pasando el colocón)
-Bueno, dos besos, ya te veo por ahí si eso
(Ahí viene, beso de rigor en la mejilla, es tu turno, ve a la mejilla, no seas tonta, ve a la mejilla directa)
Pero se para el tiempo, como diria Hiro Nakamura, y tú salvas a la cheerleader (a.k.a. porrista) y al mundo y lo que haga falta porque unos labios se interpongan entre los tuyos y tu objetivo.
Y sucede
Y cuando abres los ojos tienes 15 años, un subidón que ya quisiera la cocaína y la respiración entrecortada...
Y dejas que suceda una y otra vez, y le muerdes y te muerde y el ambiente se va calentando más de lo debido.
Y en ese momento es cuando llega el calentón. Tratarémoslo en posteriores entregas
Permanezcan...
...atentos
Entiendanme, después de tanto tiempo sin darle a las teclas se acumula.
No, no pretendo darle a la frase ningún doble sentido.
El otro día hice algo que ya apenas recordaba.
Besar.
Besar sabiendo positivamente que eso era todo lo que iba a pasar esa noche, besos y caricias externas. Absolutamente nada más.
Dirán algunos que es algo que se echa de menos y que hice bien en pararlo ahí.
La verdad es que si le quitas las mariposas, las flores, los círculos de colores y la cantidad de endorfinas o la mierda que sea lo que sueltas en esas condiciones (no, por favor, no nos pongamos obscenos)...
Si le quitas todo eso lo que queda realmente es un santo calentón.
Así que centrémonos en las cosas bonitas.
Me encanta el juego, el prebeso. Es lo más mágico de todo, pasar la noche tonteando, riendo, bebiendo de su copa y dedicándole alguna que otra mirada de soslayo.
El saber que va a pasar pero no saber cuando.
La espera.
Y se hace mucho más divertido cuando ya conoces a esa persona con anterioridad.
Porque crea más incertidumbre.
Hablar toda la noche sin saber si son confesiones de amigo borracho o simplemente otro tipo de intenciones mucho más físicas. Mientras el ambiente casi se saborea, dulzón, un montón de señales químicas que se huelen a metros de distancia.
Aunque se permita fumar en el local.
Y la excitación va en aumento.
La música está alta y él se agacha (en mi caso se agacha mucho) y te habla al oido. Te pasa una mano por la espalda como si se hubiera caído o te sostiene con fuerza por si eso agudiza tu oído. Luego bailas.
Y el alcohol hace su trabajo y te te sientes la reina de Saba (¿se escribe asi?). Y lo sientes acercándose por detrás. Más endorfinas. Y te agarra o se queda a una distancia poco prudencial. Y empiezas a bailar para él. Y vuelves a beber y él vuelve a hablar
Y cuando ya ha pasado tanta noche que se oyen las gaviotas llega el momento de la verdad. ¿Te irás en Taxi?
Y cuando se ofrece a llevarte sabes que acabas de ganar la partida. Como con una escalera de color en cada mano.
Pero cuando llegas y el coche para vuelven a asaltarte las dudas.
(Quizá se le está pasando el colocón)
-Bueno, dos besos, ya te veo por ahí si eso
(Ahí viene, beso de rigor en la mejilla, es tu turno, ve a la mejilla, no seas tonta, ve a la mejilla directa)
Pero se para el tiempo, como diria Hiro Nakamura, y tú salvas a la cheerleader (a.k.a. porrista) y al mundo y lo que haga falta porque unos labios se interpongan entre los tuyos y tu objetivo.
Y sucede
Y cuando abres los ojos tienes 15 años, un subidón que ya quisiera la cocaína y la respiración entrecortada...
Y dejas que suceda una y otra vez, y le muerdes y te muerde y el ambiente se va calentando más de lo debido.
Y en ese momento es cuando llega el calentón. Tratarémoslo en posteriores entregas
Permanezcan...
...atentos





