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Mujer Blanca Soltera Busca...
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...alguien que le haga sentir especial, un mundo mejor donde vivir, un trabajo decente, un piso que se pueda comprar, las llaves, a jacks, un taxi...
Sindicación
 
Tocando Fondo
Pues si, he tocado fondo. Eso me pasa por pesarme.
Viendo lo que he tenido que ver (esa aguja de la báscula subiendo y subiendo) he mantenido una larga conversación conmigo misma. Una parte de mi decía: Pero qué más dará. No me digas que ahora, a estas alturas, te vas a poner a seguir los canones de belleza absurdos de las niñas monas anorexicas. Venga ya, la belleza esta en el interior, vales mucho por quien eres, por como eres, no por lo que se ve
Mi otro yo solo dijo una frase. Eso si, fue concluyente: ¿No por lo que se ve?. Y una mierda
Fin de la conversación
Así que me he ido al super y he comprado litros y litros de gazpacho. Durante el día, cuando tenga hambre, gazpacho, que tiene bien de vitaminas. Y para cenar filete a la plancha (habrá que echar el aceite como si fuera mercromina, con cuidado y cuentagotas) e infusión, que son muy sanas y quitan el hambre.
Así todo el santo verano, hasta que para jugar al escondite me valga con ponerme de perfil.
Y es que, por mucho que nos empeñemos en negarlo, el bikini se ve mucho más bonito sin lorzas que con ellas. Y apetece que a una le digan cosas bonitas, le seduzcan... Y eso a las que tenemos lorzas no nos pasa por muy sensibles, inteligentes, cultas, simpáticas y bellas interiormente que seamos (que algunas ni eso). Porque, seamos sinceros, tú estas tomando una copa y se acerca alguien y te dice: He notado que eres una persona con una riqueza interior tal que me ha impresionado. Si quieres podemos irnos a mi casa y mantener interesantes conversaciones en frente de una copa de vino mientras me voy enamorando de tu forma de reir. Pues no. La realidad es mucho más triste. Tu y tus amigas conoceis al hombre perfecto, interesante, inteligente, culto, sensible sin ser ñoño, irónico, simpático... Y a ti y a tu belleza interior se os hace la boca agua, tanto que olvidais que, sea como sea, sigue siendo un hombre. Y os tirais horas y horas hablando, intercambiando opiniones, riendo. Toda la noche. Estás que no te lo crees. Y tu amiga Clara, más simple que una lechuga la pobre, se acerca con su sonrisa y su talla 36 y dice ¿Y ese Vermeer del que hablais quien es? ¿Uno de Erasmus? Fin. Perdiste. Su incultura junto con su frescura despiertan tanta ternura...
Vamos, que está tan buena...
Así que te vuelves a casa como te fuiste. Y tu amiga Clara se queda con Mr. perfecto, que está dispuestísimo a enseñarle todo lo que quiera mientras tu te conviertes en su mejor amiga, aquella mujer a quien le contará lo bien que le van las cosas con la simple de Clara.
Pues se acabó. No más conversaciones interesantes, no más amiga de nadie.
Llámame Clara
No