Yo personalmente la adoro.
Y es que nadie me hace sentir como ella.
Así que siempre que salgo procuro hacerlo en su compañía.
Salimos juntas buscando un lugar donde escondernos o una casa donde cobijarnos y, al fin, poder estar juntas, en soledad. Donde yo pueda acariciarla y ella me haga feliz. Cuando conseguimos un sitio tranquilo, no me importa quién esté con nosotras, para mi solo estamos ella y yo. No puedo esperar para sentirla entre mis manos y cuando ya está preparada acercarla a mis labios y besarla.
En ese momento se me olvidan todos los problemas. La vida empieza a tener un color mucho más agradable que el gris, y absolutamente nada ni nadie podría arruinar mi felicidad. No me importa con quién no voy a dormir esta noche, ni con quién dormía cuando no lo hacía sola. Ni el dinero, ni el trabajo, ni mi familia ni mis traumas y mis obsesiones tienen cabida en ese instante. Aunque sea solo por esa noche sé que voy a sonreir...
No, no se trata de una esperiencia lésbica (aunque ahora que lo pienso, tendría su punto). Se trata de la marihuana. Y es que he llegado a la conclusión de que, en mi caso, es el mejor de los antidepresivos.
Puede parecer que soy una colgada de la vida que necesita las drogas para sentirse bien. Pues si. Será eso. Pero hay que reconocerle el mérito de ser una medicina estupenda.
Quita el dolor de muelas, el dolor de cabeza, el dolor de espalda...
Cierto es que da hambre, pero estás tan bien sentada que por no levantarte a la cocina...
Aparte de eso cura las heridas que ningún otro medicamento puede curar, las heridas del alma.
Es el fin de la rutina, da igual que veas la misma película que siempre, el mismo episodio de futurama o de padre de familia, que vayas a los mismos sitios o veas a la misma gente. Todo es distinto, todo tiene un matiz que no tenía antes. Y te ries, te ries hasta un punto que crees de no retorno, esa sensación de que has soltado todo el aire de los pulmones y no puedes respirar porque sigues soltando aire. Es fabulosa.
Otra de sus maravillosas características es ese buen ambiente que crea. Nunca he visto a nadie ponerse de mal humor, buscar pelea, enfadarse, exigir, prohibir o llorar bajo su embrujo (acciones que si he visto tomar a gente alcoholizada). Todo el mundo es fantástico y agradable.
Pero sin duda la mejor sensación es ver todo como si fuera un simple espectador de la vida, como si estuviera viendo una película estupenda, como un juego de ordenador en primera persona pero sin escopetas, sin tiros, sin malos, sin guerras ni demonios.
En mi caso (extraño, por cierto) agudiza el ingenio. Me encantaría poder grabar alguna de las maravillosas conversaciones y colgarla aquí.
Por todo esto, he llegado a la conclusión de que el mundo sería un lugar mucho más tranquilo si todos los mandamases se reunieran en torno a una buena cachimba. Imaginaos una cumbre en Bruselas, con todos los presidentes europeos en ese estado. Imaginaos a Arbustito. Imaginaos a palestinos y judios.
Todo serían acuerdos de paz, "buen rollito", tranquilidad y sonrisas.
O no...
Quién no lo haya hecho se pierde un buen momento.
Ronroneo navideño...





