International [insert new name]
Aquí la que escribe tiene serios problemas con su nacionalidad.
Tranquilos, no me estoy metiendo con ninguna de las problemáticas nacionales, lo mio es mucho más simple. Soy colombiñola.
Mejor será que me explique.
Tras unos meses de convivencia con una mujer bastante ida de los tiros (completa y absolutamente loca, se merece un post aparte) acabé compartiendo piso con una gafìpástica (me va a odiar) estudiante de periodismo.
En un principio todo iba bien. A mi me parecía una intelectual más, con sus estudios, un trabajo en la que la explotaban, sus salidas de fines de semana (salía el viernes y volvía el domingo), sus libros, su agenda y su ropa en ocasiones punkarra, en ocasiones gótica, en ocasiones indescriptible.
Pero de repente, era inevitable, acabamos hablando. Pasó como suelen pasar estas cosas, de forma natural. Creo que fue por un café o un filete o un DVD. De repente, sin que nada pudiera indicar que ocurriría, nos dirijimos la palabra.
Fue increible. Después de dos largas horas de convivencia acabamos conociendonos
A esa frase le siguieron muchas otras hasta que al final supimos incluso nuestros nombres.
Y es que vivir bajo el mismo techo une mucho y 10 horas es demasiado tiempo como para no socializarse.
Con el tiempo mi soledad y su buen gusto para escoger la gente que le rodea nos convirtieron en amigas. Hasta que ahora puedo considerarla casi mi hermana "del medio".
Pero no todo el monte es orgasmo ni es oro todo lo que reluce (puede ser plata, tranquilamente).
Por muy increible que pueda parecer, en pleno siglo XXI, ahora que el sentirse español o catalan o vasco o salmantino es de suma importancia, ahora que el patriotismo es el tema de moda, esta mujer ha conseguido que yo dude completamente de mis raices. Y es que es inmigrante. Bueno, extranjera. Vamos, que no es de aquí (hay que tener cuidado con las sensibilidades del tema). Más concretamente de Colombia (ale, concretando, poco más y digo, no, es del sur).
La primera vez que eché valor suficiente para acompañarla un sábado (creedme, hay que echarle valor, al menos, la primera vez. Vosotros no la habeis oido contar sus peripecias) me llevó a una casa chévere donde había un monton de parces que ni el hijoeputa!!!!.
Estuvimos pasándolo bacano toda la noche, de cháchara y luego los manes les sacaron a bailar, severa rumba, ole...
Tras ese acercamiento cultural tan divino, siguieron muchísimos fines de semana más. Algunos de ellos en su faceta gótica, otros en su faceta intelectual, otros en su faceta rumbera y otros en su faceta colombiana. Y en todas estas facetas y gracias a ellas he ganado y he perdido mucho. He conocido a muy buena gente (algunos de ellos incluso comparten nacionalidad conmigo, que bueno es sentir que hay alguien dentro del grupo para entablar conversacion facilona).
Pero tanto su Rys Meyers particular como yo hemos llegado a una triste conclusión: En todo esto hemos perdido algo.
El idioma.
Ha pasado de manera inadvertida, se ha ido colando en nuestra vida. Primero fueron palabras sueltas (emputarse, caneca, hueva, gonorrea, cuadras, paisa, y su magnifico "tsutsui")
Luego fuie ese pequeño canturreo, esa dejadez al final de la palabra clave, como queriendo alargarla lo suficiente como para que tú, en tu estado (generalmente gaseoso, es decir, returro -fumada-) seas capaz de procesarla y traducirla.
Como hicieron los romanos con el latín.
A modo de conquista.
De contraconquista.
De ese modo empezamos a decir cosas que jamás hubieramos ni siquiera imaginado "andas refrito" (¿con o sin avecrem?) , "quihubo", "no me sea tan pendejo"...
Hasta que acabas tratando a los hombres de manes y al resto de ustedes.
Luego están los chinos, los viejos, las viejas (sobre todo las viejas refritas), los malparidos...
Jonathan y yo hemos pensado en ponernos cintas del Quijote mientras dormimos, escuchar a Sanchez Dragó e incluso, como último remedio, leer a Javier Marías. Pero sabemos que todo eso no son más que tonterías que no sirven de nada porque el problema es mucho más importante que un acento, una palabra o una frase.
La contraconquista es inminente e imparable.
A mi, al menos, ya me han conquistado. Llevo una bandera amarilla, azul y roja en el corazón
Tranquilos, no me estoy metiendo con ninguna de las problemáticas nacionales, lo mio es mucho más simple. Soy colombiñola.
Mejor será que me explique.
Tras unos meses de convivencia con una mujer bastante ida de los tiros (completa y absolutamente loca, se merece un post aparte) acabé compartiendo piso con una gafìpástica (me va a odiar) estudiante de periodismo.
En un principio todo iba bien. A mi me parecía una intelectual más, con sus estudios, un trabajo en la que la explotaban, sus salidas de fines de semana (salía el viernes y volvía el domingo), sus libros, su agenda y su ropa en ocasiones punkarra, en ocasiones gótica, en ocasiones indescriptible.
Pero de repente, era inevitable, acabamos hablando. Pasó como suelen pasar estas cosas, de forma natural. Creo que fue por un café o un filete o un DVD. De repente, sin que nada pudiera indicar que ocurriría, nos dirijimos la palabra.
Fue increible. Después de dos largas horas de convivencia acabamos conociendonos
A esa frase le siguieron muchas otras hasta que al final supimos incluso nuestros nombres.
Y es que vivir bajo el mismo techo une mucho y 10 horas es demasiado tiempo como para no socializarse.
Con el tiempo mi soledad y su buen gusto para escoger la gente que le rodea nos convirtieron en amigas. Hasta que ahora puedo considerarla casi mi hermana "del medio".
Pero no todo el monte es orgasmo ni es oro todo lo que reluce (puede ser plata, tranquilamente).
Por muy increible que pueda parecer, en pleno siglo XXI, ahora que el sentirse español o catalan o vasco o salmantino es de suma importancia, ahora que el patriotismo es el tema de moda, esta mujer ha conseguido que yo dude completamente de mis raices. Y es que es inmigrante. Bueno, extranjera. Vamos, que no es de aquí (hay que tener cuidado con las sensibilidades del tema). Más concretamente de Colombia (ale, concretando, poco más y digo, no, es del sur).
La primera vez que eché valor suficiente para acompañarla un sábado (creedme, hay que echarle valor, al menos, la primera vez. Vosotros no la habeis oido contar sus peripecias) me llevó a una casa chévere donde había un monton de parces que ni el hijoeputa!!!!.
Estuvimos pasándolo bacano toda la noche, de cháchara y luego los manes les sacaron a bailar, severa rumba, ole...
Tras ese acercamiento cultural tan divino, siguieron muchísimos fines de semana más. Algunos de ellos en su faceta gótica, otros en su faceta intelectual, otros en su faceta rumbera y otros en su faceta colombiana. Y en todas estas facetas y gracias a ellas he ganado y he perdido mucho. He conocido a muy buena gente (algunos de ellos incluso comparten nacionalidad conmigo, que bueno es sentir que hay alguien dentro del grupo para entablar conversacion facilona).
Pero tanto su Rys Meyers particular como yo hemos llegado a una triste conclusión: En todo esto hemos perdido algo.
El idioma.
Ha pasado de manera inadvertida, se ha ido colando en nuestra vida. Primero fueron palabras sueltas (emputarse, caneca, hueva, gonorrea, cuadras, paisa, y su magnifico "tsutsui")
Luego fuie ese pequeño canturreo, esa dejadez al final de la palabra clave, como queriendo alargarla lo suficiente como para que tú, en tu estado (generalmente gaseoso, es decir, returro -fumada-) seas capaz de procesarla y traducirla.
Como hicieron los romanos con el latín.
A modo de conquista.
De contraconquista.
De ese modo empezamos a decir cosas que jamás hubieramos ni siquiera imaginado "andas refrito" (¿con o sin avecrem?) , "quihubo", "no me sea tan pendejo"...
Hasta que acabas tratando a los hombres de manes y al resto de ustedes.
Luego están los chinos, los viejos, las viejas (sobre todo las viejas refritas), los malparidos...
Jonathan y yo hemos pensado en ponernos cintas del Quijote mientras dormimos, escuchar a Sanchez Dragó e incluso, como último remedio, leer a Javier Marías. Pero sabemos que todo eso no son más que tonterías que no sirven de nada porque el problema es mucho más importante que un acento, una palabra o una frase.
La contraconquista es inminente e imparable.
A mi, al menos, ya me han conquistado. Llevo una bandera amarilla, azul y roja en el corazón
Comentario:
Eso sí, el "che boluda" no se comparte con ningún país, jeje!
Comentario:
Es interesante conocer otras culturas, pero convivir con ellas es una experiencia unica, vivirla, eso es especial.
Comentario:
¿Pero tú tienes corazón? :p Mira que eres borde. Un besito, de corazón (jejeje)
Comentario:
¿Una bandera en el corazón? ¿Y no te duele?
Yo en el corazón llevo únicamente un par de ventrículos, dos aurículas y poco más. Vamos, lo necesario para vivir.
Yo en el corazón llevo únicamente un par de ventrículos, dos aurículas y poco más. Vamos, lo necesario para vivir.





