Inmovilizada
Viernes noche. Comienzo de las vacaciones. Fin del proyecto hell. Soy libre de nuevo. Tres semanas para sacarse pelusas del ombligo mientras te tiras en el sofá con las mantas hasta la altura de los ojos y un enorme e interminable vaso de nesquick. Tres semanas con sus siete dias cada una para dedicarte a la nada más absoluta, para rascarte los pies y dedicarte a ver cómo te crecen las uñas. Iban a ser las tres mejores semanas de mi vida.
Y para empezarlas con buen pie, nada mejor que una resaca. De esas resacas de "no me pienso mover" para que el cuerpo se vaya acostumbrando a la completa inactividad.
Así que dispuesta a cogerme la primera gran cogorza del 2006 salí de casa rumbo al kilometro cero.
La temperatura no superaba los tres grados y debajo de mi abrigo solo había tirantes (hay que amortizar el vestido de nochevieja) pero daba igual. Esa noche tenía que ser fantástica aunque se me congelaran las entrañas.
Llegamos al Sitio1. Grupito chulo tocando en directo (pero qué mono que era el vocalista, madre). Dos cubatas (cacique, of course). Un chupito. Fin del miniconcierto. Inicio de la fiesta.
Durante aproximadamente media hora me dedico a mirar a mis amigas/os bailando como yo nunca seré capaz de bailar (va a ser que lo llevan en la sangre o algo) mientras apuro el tercero de los cubatas.
Rumbo al Sitio2.
Pese a que dos miembros del grupo lo odien, esta vez tengo suerte, pertenezco a la mayoría. Y el sitio lo adoro.
Irlandes internacional con más extrangeros que una cumbre en Ginebra. Caldero (tiene otro nombre más chic, pero nunca me acuerdo) de Coronitas y cubata a medias. Operación borrachera conseguida. En el servicio conozco a una canadiense y una estadounidense la mar de majas que uno al grupo a cambio de una coronita. A ellas les siguieron un italiano (juraba ser príncipe de Cerdeña), otro estadounidense, tres de Alcorcón, un madrileño con rastas, un inglés, un peruano, un ecuatoriano, cinco malagueñas, un argentino borde, uno que creo que era cubano, otra coronita, otro cubata...
Y es que cuando bebo no tengo criterio. Ni para hablar ni para beber. Me vuelvo la relaciones públicas del bareto de turno. Tanto que más de una vez mis amigos han tenido que taparme la boca y sacarme del local para que no acabe perdiendo las pocas neuronas que me quedan.
Viendo mi más que alcoholizado estado, mis amigas, sumidas en la vergüenza internacional, deciden poner rumbo al Sitio3. Con o si mi. Alguien me agarra de la mano, separandome de mi adorado Cacique y me arrastra a través de todo el local hacia la calle. En el "paseo" me percato de que ya no hay música. ¿Pero esto lo cierran?
El portero, un negrazo mamacita de metro noventa que ya me conoce (relaciones públicas, lo que yo te diga), se apiada de mi y me prohibe salir hasta que me ponga el abrigo (menos mal que hay gente que se preocupa por mi salud más que yo). Recuento de incidencias del Sitio2. Nos han robado una cartera, un abrigo y una chaqueta. A mi, afortunadamente, no me falta absolutamente nada.
Llegada al Sitio3. Ocho euros por entrar, consumición incluida.
Cubata.
Me encuentro con una mujer que lleva un cuaderno y un boli que va prestando a la gente para que escriba. Escribo una frase al uso y sigo adelante. Alguien me pide un cigarro, alguien se pone a hablar conmigo, consigo una invitación para comer en un mejicano (que majos son todos cuando salen de cena de empresa y una alcoholica sin remedio les da conversación), una de mis amigas va pidiendo drogas a todos y cada uno de los entes del local (prefiero no hacer comentarios al respecto). Me pierdo. Alguien me da sabediosqué con limón. Muy bueno gracias. Me dirijo al guardarropa y alguien me mete mano. No tengo tiempo de discutir, el abrigo me estorba demasiado. Pago un euro por deshacerme de la molestia, busco a mi gente. la encuentro, hablo, me rio, bebo más. Me siento. Seis de la mañana. Seguramente han pasado muchas más cosas que no recuerdo. Nos cierran el local. Recojo mi abrigo y salgo a la calle. Autobus (linea regular) previa parada en puesto ambulante para comprar cervezas.
Casa, por fin casa. Dios mio. No. No puede ser. Me han robado el movil. Mi movil.
Vacío el bolso encima de la cama. Nada. No está, no te empeñes en buscarlo. Completamente borracha llamo para anular la tarjeta.
Depresión. Mi agenda. Mis fotos. Mis melodías polifónicas...
Lo he perdido todo. Siento una inseguridad total y me da miedo salir de casa. Me meto en la cama esperando que un sueño reparador me permita ver las cosas de otra manera. Pero no. Al levantarme sigo encontrandome igual. Inmovilizada. No puedo llamar a nadie ni contestar el teléfono a nadie. Estoy completamente perdida en el mundo de la tecnología.
Es curioso como un aparatejo del que no sabíamos nada hace apenas diez alos se convierta en un apéndice corporal, una extensión de nosotros mismo sin la cual la vida se hace harto complicada. Y es que la falta del teléfono movil te hace retroceder cinco siglos en el tiempo, incomunicada y perdida en mitad de la nada.
El lunes me compro un Nokia 6101 con emepetrés y videos musicales. Le voy a incorporar un sistema remoto antirobo que consta básicamente en una barrita de TNT que detonará cuando pulse el botón rojo del panel de mandos que voy a instalar en casa. Así, al hijodeputa que ose coger lo que no es suyo, le explotará en las manos, o con un poco de suerte, en el bolsillo izquierdo trasero del pantalón.
Aprovecho para decir a quien tenga en este momento mi Sharp nuevecito que Dios se lo pague con una sífilis galopante.
Por lo menos, aún me queda Internet
Y para empezarlas con buen pie, nada mejor que una resaca. De esas resacas de "no me pienso mover" para que el cuerpo se vaya acostumbrando a la completa inactividad.
Así que dispuesta a cogerme la primera gran cogorza del 2006 salí de casa rumbo al kilometro cero.
La temperatura no superaba los tres grados y debajo de mi abrigo solo había tirantes (hay que amortizar el vestido de nochevieja) pero daba igual. Esa noche tenía que ser fantástica aunque se me congelaran las entrañas.
Llegamos al Sitio1. Grupito chulo tocando en directo (pero qué mono que era el vocalista, madre). Dos cubatas (cacique, of course). Un chupito. Fin del miniconcierto. Inicio de la fiesta.
Durante aproximadamente media hora me dedico a mirar a mis amigas/os bailando como yo nunca seré capaz de bailar (va a ser que lo llevan en la sangre o algo) mientras apuro el tercero de los cubatas.
Rumbo al Sitio2.
Pese a que dos miembros del grupo lo odien, esta vez tengo suerte, pertenezco a la mayoría. Y el sitio lo adoro.
Irlandes internacional con más extrangeros que una cumbre en Ginebra. Caldero (tiene otro nombre más chic, pero nunca me acuerdo) de Coronitas y cubata a medias. Operación borrachera conseguida. En el servicio conozco a una canadiense y una estadounidense la mar de majas que uno al grupo a cambio de una coronita. A ellas les siguieron un italiano (juraba ser príncipe de Cerdeña), otro estadounidense, tres de Alcorcón, un madrileño con rastas, un inglés, un peruano, un ecuatoriano, cinco malagueñas, un argentino borde, uno que creo que era cubano, otra coronita, otro cubata...
Y es que cuando bebo no tengo criterio. Ni para hablar ni para beber. Me vuelvo la relaciones públicas del bareto de turno. Tanto que más de una vez mis amigos han tenido que taparme la boca y sacarme del local para que no acabe perdiendo las pocas neuronas que me quedan.
Viendo mi más que alcoholizado estado, mis amigas, sumidas en la vergüenza internacional, deciden poner rumbo al Sitio3. Con o si mi. Alguien me agarra de la mano, separandome de mi adorado Cacique y me arrastra a través de todo el local hacia la calle. En el "paseo" me percato de que ya no hay música. ¿Pero esto lo cierran?
El portero, un negrazo mamacita de metro noventa que ya me conoce (relaciones públicas, lo que yo te diga), se apiada de mi y me prohibe salir hasta que me ponga el abrigo (menos mal que hay gente que se preocupa por mi salud más que yo). Recuento de incidencias del Sitio2. Nos han robado una cartera, un abrigo y una chaqueta. A mi, afortunadamente, no me falta absolutamente nada.
Llegada al Sitio3. Ocho euros por entrar, consumición incluida.
Cubata.
Me encuentro con una mujer que lleva un cuaderno y un boli que va prestando a la gente para que escriba. Escribo una frase al uso y sigo adelante. Alguien me pide un cigarro, alguien se pone a hablar conmigo, consigo una invitación para comer en un mejicano (que majos son todos cuando salen de cena de empresa y una alcoholica sin remedio les da conversación), una de mis amigas va pidiendo drogas a todos y cada uno de los entes del local (prefiero no hacer comentarios al respecto). Me pierdo. Alguien me da sabediosqué con limón. Muy bueno gracias. Me dirijo al guardarropa y alguien me mete mano. No tengo tiempo de discutir, el abrigo me estorba demasiado. Pago un euro por deshacerme de la molestia, busco a mi gente. la encuentro, hablo, me rio, bebo más. Me siento. Seis de la mañana. Seguramente han pasado muchas más cosas que no recuerdo. Nos cierran el local. Recojo mi abrigo y salgo a la calle. Autobus (linea regular) previa parada en puesto ambulante para comprar cervezas.
Casa, por fin casa. Dios mio. No. No puede ser. Me han robado el movil. Mi movil.
Vacío el bolso encima de la cama. Nada. No está, no te empeñes en buscarlo. Completamente borracha llamo para anular la tarjeta.
Depresión. Mi agenda. Mis fotos. Mis melodías polifónicas...
Lo he perdido todo. Siento una inseguridad total y me da miedo salir de casa. Me meto en la cama esperando que un sueño reparador me permita ver las cosas de otra manera. Pero no. Al levantarme sigo encontrandome igual. Inmovilizada. No puedo llamar a nadie ni contestar el teléfono a nadie. Estoy completamente perdida en el mundo de la tecnología.
Es curioso como un aparatejo del que no sabíamos nada hace apenas diez alos se convierta en un apéndice corporal, una extensión de nosotros mismo sin la cual la vida se hace harto complicada. Y es que la falta del teléfono movil te hace retroceder cinco siglos en el tiempo, incomunicada y perdida en mitad de la nada.
El lunes me compro un Nokia 6101 con emepetrés y videos musicales. Le voy a incorporar un sistema remoto antirobo que consta básicamente en una barrita de TNT que detonará cuando pulse el botón rojo del panel de mandos que voy a instalar en casa. Así, al hijodeputa que ose coger lo que no es suyo, le explotará en las manos, o con un poco de suerte, en el bolsillo izquierdo trasero del pantalón.
Aprovecho para decir a quien tenga en este momento mi Sharp nuevecito que Dios se lo pague con una sífilis galopante.
Por lo menos, aún me queda Internet
Comentario:
Un argentino...típico...jaja!encima en tierras lejanas...peor! por eso preguntaba la definición, jejeje!
Comentario:
Me cansa depender tanto de la tecnología, asi que he regalado mi pda y me he comprado una agenda de las de toda la vida, con la cual estoy muy contenta.
Ahora estoy valorando lo del móvil, que es posible que tb lo regale como ya he hecho otras veces o quizás le mande de vacaciones al fondo de un cajón.
Saludos
Ahora estoy valorando lo del móvil, que es posible que tb lo regale como ya he hecho otras veces o quizás le mande de vacaciones al fondo de un cajón.
Saludos
Comentario:
Vaya, que mala suerte lo del móvil. Es muy cierto que se ha convertido en parte de nosotros mismos, y ciertamente ha supuesto una revolución en cuanto a las relaciones sociales en general. Hoy en día el que no tiene móvil (hay alguien que no lo tenga?) lo tiene crudo en su vida social.
Espero que aparte de eso, por lo menos fuese una buena noche ;)
Saludos.
Espero que aparte de eso, por lo menos fuese una buena noche ;)
Saludos.
Comentario:
Un argentino borde es ese argentino que no te promete la luna porque se cree que cualquier mujer la aceptaría viniendo de él así que en vez de eso tensa músculo y pone de cara de "loquita estás por mi". un poco patético
Comentario:
podrías definirme un argentino borde? Muero por saberlo así empiezo a usar la frase,jaja!





