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...alguien que le haga sentir especial, un mundo mejor donde vivir, un trabajo decente, un piso que se pueda comprar, las llaves, a jacks, un taxi...
Sindicación
 
San Valentón
Porque hay que tener mucha, pero mucha valentía para salir a cenar hoy fuera y ver a todos pididendo paella para dos mientras tú deboras una triste ensalada de ración.
Y más valiente hay que ser para, despues de la ensalada, sacar el paquete de tabaco y abrirlo como otras veces abrimos todos esos regalos que nos hicieron. Sabiendo más que de sobra lo que hay dentro pero poniendo cara de no tener ni idea.
Porque todo este ritual, todo ese amor, todo, se basa en la falsedad. Y entiéndanme bien. No digo que el sentimiento sea falso, ni mucho menos, digo que para retener ese sentimiento fingimos ser quien no somos, o amoldamos nuestros gustos, o sacrificamos o hacemos que sacrifiquen o nos reimos de cosas que antes no hacían gracia, o vamos a películas a las que jamás antes habíamos ido, y prometemos. Prometemos que cada San Valentín tendremos una mesa reservada y un regalo, y no dejaremos, y amaremos para toda la vida y agarraremos la mano de esa persona cuando pierda su vida, o buscaremos la suya cuando seamos nosotros los que nos vamos.
Y prometemos cosas que jamás seremos capaces de cumplir. Pero lo creemos, firmemente. Como las promesas de año nuevo.
Y un día dejamos de creer o abrimos los ojos. Y vemos cosas que no veíamos, manias estúpidas que nos sacan de nuestras casillas.
Recuerdo esa sensación, esos soniditos graciosos que él hacía al dormir y que con el paso del tiempo se convirtieron en ronquidos. Lo habían sido siempre. Siempre habían estado ahí, tapados y nublados por un sentimiento.
Porque todo amor, toda falsedad viene con fecha de caducidad. Y eso es lo primero que nos negamos a ver.
Siempre es para siempre, siempre es eterno, siempre envejeceremos junto a él o junto a ella, siempre lo amaremos hasta el último suspiro. Y siempre es demasiado tiempo.
Por eso ahora, en San Valentín yo salgo a cenar sola, a ver todas esas parejas jurándose amor eterno.
Porque a veces es bueno recordar que la falsedad autoimpuesta es el mejor de los estados, que hay gente que se engaña a si mismo por no engañar a otra persona, que escucha ruiditos graciosos mientras el otro duerme, que los reyes no son los padres...
Y me da igual que se lo hayan inventado los grandes almacenes, que lo que juran eterno no vaya a serlo, que sepamos qué hay dentro de la caja, que nos comportemos de forma distinta, que lo sacrifiquemos todo. Porque ese momento, ese sentimiento, supera con mucho todos los llantos cuando uno de los dos abra los ojos.
Vivir la mentira es mucho más bonito que vivir la realidad.
Y al fin y al cabo, San valentín es el Día de los enamorados, no de los enamorados correspondidos, así que levanto mi copa por todas aquellas veces en las que compartí mesa y regalos. Y brindo por volver a estar así algun día, por poder volver a mentirme y por volver a cerrar los ojos.

 
Comentario:
Animo, los mejores momentos son cuando superas los peores.
 
Comentario:
Hay que diferenciar lo que sentimos de lo que queremos sentir. En determinadas ocasiones queremos sentir algo e intentamos convencernos a nosotros mismos de que está sucediendo, de que es real. No queremos que la realidad estropee una ficción que percibimos harmónica, feliz. Pero la realidad, como la factura del móvil, siempre llega. Por mucho que metamos la cabeza en la tierra como las avestruces, nos alcanza, nos abraza y nos despierta, y al levantar, no sabemos muy bien donde estamos.
Creo que sucede demasiado a menudo y no exclusivamente en el amor, pero es de gran importancia conocer la gran influencia que sobre nosotros tienen las ilusiones, y como aquellos rockeros de los 70´s, busquemos "lo auténtico". Aunque sea infinitamente más dificil de alcanzar, el resultado ni siquiera es comparable a un sucedáneo. De la misma manera que sucede con el buen rock n´ roll.
No