De compañeros de trabajo y úlceras
Dicen que no hay nada peor para una mujer que otra mujer.
Me he pasado toda mi vida negándolo y, aunque lo seguiré haciendo, tengo que reconocer, así, entre nosotros, que tienen razón.
Yo era más o menos feliz en mi trabajo, digo más o menos porque estar rodeada de pijos e insoportables (hay de los dos) 12 horas al día, pues como que tampoco es para tocar las castañuelas pero bueno, lo llevábamos bien. Ellos no se metían conmigo, yo no me metía con ellos. Alguna que otra mirada fulminante pero la cosa no iba más allá. Yo era la única mujer entre tanto machito insoportable así que sufría sola y en silencio los chistes machistas y las bromitas estúpidas.
Un buen día, así, de sopetón, llego a mi mesa y, sorpresa, sorpresa, puedo divisar a lo lejos una falda.
Yo, adorable, como siempre, me acerco a dar la bienvenida a semejante especimen (lo de que era un especimen semejante, lo noté después) y me encuentro con un escrutinio de mi ser que, he de reconocer, no me habían realizado jamás. Ni los hombres con los que he dormido, ni mi médico, ni mi ginecólogo habían revisado tan bien y en tan poco tiempo cada centrímetro, cada arruga, cada pliegue. Por primera vez en mi vida me sentí observada, como si estuvieran invadiendo mi intimidad. Terminado el retrato robot puso cara de asco a lo cual respondí con la mejor de mis sonrisas.
- Hola soy Ofelia, encantada
- Isabel
y me da la espalda
Encantadora
Pues los días van pasando y la niña se va creciendo en su labor como si fuera directora general.
Bien es cierto que yo lo de que me den órdenes no lo llevo muy bien, lo llevo casi tan mal como que me miren de arriba a abajo a ver que modelito traigo puesto, cada día, segun entro por la puerta.
Y claro, entre que ella ya se jura jefe de proyecto y yo paciencia tengo muy poca, esta el ambiente que se corta con cuchillo.
Hay que reconocerle a la muchacha su buen hacer poniendo cachondo al personal, hasta ha habido invitaciones bastante explícitas por su parte, cosa que le hace ganarse la simpatía del sector masculino, es decir, todos los demás y la completa desaprobación y enhojo del sector femenino, es decir yo.
Hoy, y ya para rematar la faena, se ha puesto a organizar mi trabajo como si se tratase del suyo, precisamente hoy que no tengo yo el día para mucha fiesta. Así que he estado a puntito de levantarme, arrancarla el bazo (sí, el bazo, no el brazo) y matarla a golpes con él.
Ya lo he probado todo, yoga, meditación, tai-chi, clases de preparto (por aquello de inspirar, expirar) y nada, que no hay manera, que la chiquita me sigue irritando (por decirlo sin perder los pocos papeles que me quedan) igual o más que el primer día. De la bilis que me despierta me va a acabar saliendo una úlcera.
Lo más triste de todo, y eso es algo que sé, es que llegará el día en que la tenga de jefe y me tenga que morder la lengua y decirle si bwana y todas esas cosas porque desgraciadamente, en el mundo en el que estamos, las personas como ella llegan lejos. Yo creo que es porque son pluriempleadas, todas tienen su trabajo y además, tanto trabajando como en sus ratos libres se dedican a la profesión más antigua del mundo, la de joder, sea de la forma que sea. Ese matiz, claro está, va en función de la persona que jode y sobre todo de la persona jodida
Me he pasado toda mi vida negándolo y, aunque lo seguiré haciendo, tengo que reconocer, así, entre nosotros, que tienen razón.
Yo era más o menos feliz en mi trabajo, digo más o menos porque estar rodeada de pijos e insoportables (hay de los dos) 12 horas al día, pues como que tampoco es para tocar las castañuelas pero bueno, lo llevábamos bien. Ellos no se metían conmigo, yo no me metía con ellos. Alguna que otra mirada fulminante pero la cosa no iba más allá. Yo era la única mujer entre tanto machito insoportable así que sufría sola y en silencio los chistes machistas y las bromitas estúpidas.
Un buen día, así, de sopetón, llego a mi mesa y, sorpresa, sorpresa, puedo divisar a lo lejos una falda.
Yo, adorable, como siempre, me acerco a dar la bienvenida a semejante especimen (lo de que era un especimen semejante, lo noté después) y me encuentro con un escrutinio de mi ser que, he de reconocer, no me habían realizado jamás. Ni los hombres con los que he dormido, ni mi médico, ni mi ginecólogo habían revisado tan bien y en tan poco tiempo cada centrímetro, cada arruga, cada pliegue. Por primera vez en mi vida me sentí observada, como si estuvieran invadiendo mi intimidad. Terminado el retrato robot puso cara de asco a lo cual respondí con la mejor de mis sonrisas.
- Hola soy Ofelia, encantada
- Isabel
y me da la espalda
Encantadora
Pues los días van pasando y la niña se va creciendo en su labor como si fuera directora general.
Bien es cierto que yo lo de que me den órdenes no lo llevo muy bien, lo llevo casi tan mal como que me miren de arriba a abajo a ver que modelito traigo puesto, cada día, segun entro por la puerta.
Y claro, entre que ella ya se jura jefe de proyecto y yo paciencia tengo muy poca, esta el ambiente que se corta con cuchillo.
Hay que reconocerle a la muchacha su buen hacer poniendo cachondo al personal, hasta ha habido invitaciones bastante explícitas por su parte, cosa que le hace ganarse la simpatía del sector masculino, es decir, todos los demás y la completa desaprobación y enhojo del sector femenino, es decir yo.
Hoy, y ya para rematar la faena, se ha puesto a organizar mi trabajo como si se tratase del suyo, precisamente hoy que no tengo yo el día para mucha fiesta. Así que he estado a puntito de levantarme, arrancarla el bazo (sí, el bazo, no el brazo) y matarla a golpes con él.
Ya lo he probado todo, yoga, meditación, tai-chi, clases de preparto (por aquello de inspirar, expirar) y nada, que no hay manera, que la chiquita me sigue irritando (por decirlo sin perder los pocos papeles que me quedan) igual o más que el primer día. De la bilis que me despierta me va a acabar saliendo una úlcera.
Lo más triste de todo, y eso es algo que sé, es que llegará el día en que la tenga de jefe y me tenga que morder la lengua y decirle si bwana y todas esas cosas porque desgraciadamente, en el mundo en el que estamos, las personas como ella llegan lejos. Yo creo que es porque son pluriempleadas, todas tienen su trabajo y además, tanto trabajando como en sus ratos libres se dedican a la profesión más antigua del mundo, la de joder, sea de la forma que sea. Ese matiz, claro está, va en función de la persona que jode y sobre todo de la persona jodida
Comentario:
Estudia a tu enemigo y encuentra su punto débil. Sólo es cuestión de paciencia encontrarlo. Después, seguro que sabes qué hacer al respecto.
Saludos, y gracias por tu visita.
Saludos, y gracias por tu visita.
Comentario:
Pues si, las mujeres somos mucho peores q ellos...somos mas lobas y tendemos a marcar nuestro terreno...
Besos desde mi gatera...
Besos desde mi gatera...





