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Vacaciones en familia
Se nota que acabamos de llegar de vacaciones. Tanto sol y tanta playa y tanta tapa radioactiva ha acabado con las neuronas que me quedaban. No, el alcohol y las drogas no tienen absolutamente nada que ver. Mis neuronas están acostumbradas y ya no lo toman como un agente externo. Es la maldita vida sana la que me mata.
El actimel y mi familia.
Porque al contrario que algún afortunado que se habrá podido ir a Praga (por poner un ejemplo), yo he pasado las vacaciones en casa de mi mamá.
Tenía tantas ganas de verla (y tan poco dinero) que no me pude resistir a su invitación.
Qué bonito. La familia reunida, mi hermana adolescente, mi mami premenopausica, mi abuela (no hace falta más presentación) y una servidora reunidas bajo el mismo techo.
A mi me encantaría tener una familia típica y normal, de esas que salen en la tele y que se quieren tanto. Pero no, mi familia es de todo menos típica.
Porque cuando una llega a casa espera un abrazo, un beso, un 'estas guapísima' y no lo que yo me encuentro.
Sí,lo primero que me dijo mi madre según bajé del tren fue: "Has engordado".
Ni siquiera era una pregunta, era una afirmación
- Sí mamá, tu deberías engordar un poquito también para rellenar los surcos
-¿Qué surcos?
- Esos tan raros que te han salido en la cara... espera... a ver...ah no! perdona mami, son tus arrugas.
En realidad para nosotras es una especie de ritual del saludo
Nos decimos todo lo malo de entrada y así no tenemos dudas de que pensará la una de la otra.
Tras la ceremonia de inauguración de las vacaciones anteriormente descrita ponemos rumbo a casa.
- Tu abuela llegó ayer
- Y que tal?
- Como siempre
- Uff
- Ya, ya lo sé hija
Pero lo peor de la llegada a casa no es la abuela (ella se reserva sus ataques hasta la mañana siguiente). Lo peor es esa masa de hormonas florecientes que te ataca segun entras por la puerta. Oyes sus pasos por las escaleras pero no te da tiempo a reaccionar, cuando quieres darte cuenta ya es demasiado tarde. Ella ya ha saltado sobre ti, abrazandote hasta ahogarte, chillándote al oído
¡TATIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII! ( expresión familiar para designar a la hermana mayor)
Y empieza a hablar
Y sigue hablando
Está completamente dispuesta a contarte con pelos y señales cada paso que ha dado desde Navidades.
No importa lo que intentes esquivarla.
Es omnipresente
Está en el baño, en la cocina, debajo de tu cama, dentro de la nevera...
Pasas el resto de la tarde con un pitido molesto en el oido y un murmullo que con los años has aprendido a obviar y finalmente, a las dos de la mañana, se calla.
-Mañana seguimos hablando
-¿Seguimos? - Me encanta como me incluye en sus monólogos sin siquiera preguntarme
-Si porque todavía no te he hablado de Cris y Juanjo, que están juntos y yo creo que Jose...
- Mañana seguimos
Al día siguiente, el tercer jinete de mi apocalipsis veraniego hace su aparición.
Armada con su aspiradora, a las 9:00, entra en tu habitación.
Una se acostumbra a no inmutarse por el sonido de semejante artilugio con la esperanza de que mi abuelita se de por enterada, dé la media vuelta y se ponga a limpiar cualquier otra cosa. Pero nooooo. Infeliz de ti si crees que puedes vencerla.
Si no reaccionas se acerca a la ventana, la abre, te quita las sábanas y grita:
-Veeeeeeeeeenga, que ya es hora!!!!!!!!!!!
- Vencida te levantas y sales al pasillo donde tu madre te espera con el bikini en la mano y cara de 'que bien lo vamos a pasar'
-A la playa, que mira que blanca estás... Este blanco Madrid, que reflejas el sol...
-Si mamá
El plan no estaría mal del todo si no fuera porque ODIO la playa en verano.
No me interpreteis mal. No es la arena ni el mar lo que me saca de quicio. Lo peor es que yo crecí allí. Puede parecer una tontería pero lo de tomar el sol y saltar las olitas (mira que somos cutres si nos ponemos) con la vecina del quinto, tu ex de sexto de E.G.B., el jefe de tu madre y tu profesor de Bases de datos mirándote, pues como que no apetece.
Tras la exibicion de mis nulas artes natatorias y mi fabuloso moreno madrileño, llega la hora de la cañita y las rabas (localismo que designa a los calamares a la romana, aunque no son exactamente lo mismo)
Y luego a casa a comer
Telenovela con la abuela (Si, y no quiero ningun comentario al respecto, ya hablaré en su momento de Pasion de Gavilanes)
Paseito con la familia
Y por fin, aunque parezca increible logras escapar, te escabulles y quedas con tus amigos/as de antes. Esos con los que ahora no tienes nada en común salvo recuerdos. Y con los que te pasas toda la noche emborrachandote y riendote de las borracheras que te cogías cuando tenias 17. Y te das cuenta de que los quieres. Que echas en falta esos momentos. Hablo de los 17 años, no de los amigos
Está bien, seamos serios, a los amigos también.
Porque esa memoria que tenemos nos hace recordarlos como eran entonces e incluso te hace gracia que la que era niña facha de papa con carnet del club de tenis ahora se ha afiliado al Partido Comunista porque ha conocido a un rastas que la trae por la calle de la amargura y se ha dado cuenta de que pecar resulta "super-entretenido".
Y así con todos.
Y te das cuenta de lo mucho que tu has cambiado también y de lo lejos que quedas de lo que antes eras.
Y te pasas una semana sintiendote extraña en ti misma
Pero de repente y sin darte apenas cuenta te sientes cómoda así, empiezas a escuchar a tu hermana, a reirte con tu madre y pasar la noche en vela hablando con ella frente a una botella de ginebra (ya he dicho que mi familia no es típica), le tiras a tu abuela la almohada segun entra en la habitación y ella te responde con el mismo gesto cariñoso (solo que ella utiliza el mango de la aspiradora) y vuelves a tener 17 años otra vez, y te lo pasas bomba con aquellos que, aunque solo sea 30 días al año, forman parte de tu vida. Y sales y te diviertes y averiguas que ese cariño eterno que le juraste a tu amiga del alma antes de largarte a 500 kilometros sigue estando ahí.
Pero, melodramas a parte, sabes que si se prolongase más de lo estipulado dejaría de ser tan fantástico. Asi que el 30 de agosto coges tu maleta y vuelves a tu rutina, a tu vida de siempre.
Y en cuanto entras por la puerta de tu casa y dejas la maleta en el suelo vuelves a ser tú de nuevo.
Así que nos va tocando reaccionar, olvidarnos del sindrome ese que han inventado para alargar las rebajas (si estas depre compras más) y darnos cuenta de que lo bueno si breve, pues breve y bueno.
Imaginad cómo sería la vida si lo que utilizas para salir de la rutina se convierte en rutinario
 
Comentario:
Mi familia es más o menos igual, pero un poco en peor...un día ocntaré...
No