¿Por qué pierde el bolígrafo un escritor?
Porque previamente ha perdido el reloj y la vergüenza. La billetera y el apetito. La fe y la cabeza. El norte y la mujer. La razón y los papeles. ¿Y para qué quiere un bolígrafo un escritor sin papeles si además ha atentado mil noches seguidas contra el mobiliario urbano de su metrópoli y ahora su hogar es un desvencijado habitáculo donde todo está terminantemente prohibido excepto respirar? El escritor desprovisto de todas esas cosas está atado de manos y pies al libre albedrío de los sodomitas. Y lo único que le queda es ponerse en los labios ingentes cantidades de carmín y colgarse de un seno de su fantasía para hacer bueno el mal trago, el suyo y el de su fornido verdugo. ¿Y para qué quiere el escritor un bolígrafo si no para aliviar sus salpullidos, metérselo por algún orificio o clavárselo en un ojo al antagonista de su última novela? Desde aquí ruego encarecidamente a los escritores que viven en libertad que hagan uso del lápiz, con la función terapéutica que conlleva sacarle punta, o por el contrario se tiren de cabeza al frío e impersonal mar de la tecnología.
(Publicado en lafresa en Julio de 2003)
(Publicado en lafresa en Julio de 2003)
Comentario:
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Recuerdo la gestación de este texto; entre té vino el prematuro.





