El juego
El ganador callaba, y por extensión otorgaba, porque tenía mucho que perder. El perdedor, que todo en su vida ya había perdido, tenía, sin embargo, mucho que decir. Desinhibido, narró con detalle ante el Tribunal Olímpico las vicisitudes del Juego. Después del relato, el premiado mojó con creces sus bragas de seda y de vergüenza, como si de su nueva identidad se arrepintiera, optó al final por morirse.
(Publicado en lafresa en Septiembre de 2002)
(Publicado en lafresa en Septiembre de 2002)
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