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Hijos de un relámpago
breves e hiperbreves de NACHO ALBERT
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Nacho Albert Valga esta perversión, dijo el hombre, lo bueno, si hiperbreve, mil veces bueno o un millón de veces mejor. Inmediatamente después depositó sobre una bandeja de plata la parte más blanda de su cuerpo, sus mejores vísceras... _______VISITAS______
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El escritor de la luna nueva
Tengo en la carne la herencia salvaje de los lobos, una mordedura abierta, la extraña virtud de batir la luna. Primero me concentro: he de usurparle a la noche la fruta amarilla. Después subo al árbol más alto, el que con sus uñas secas sea capaz de arañar la piel del cielo. Al final agarro la luna con mis garras penumbrosas y exprimo sus ubres, colmo mi bohemia copa de su elixir macilento y de un trago me la bebo.

Me apasiono como un niño hasta el delirio. Agito al astro con violencia hasta llenar mi copa, hasta saciar mi sed, hasta que finalmente mis labios se desborden como un río sin apenas una risa. Soy el alevoso y nocturno besador, me gusta besar con mi lengua el vidrio impregnado de luna. Desgraciadamente me gusta demasiado.

Esta noche la noche es mi particular viuda negra y apenas resisto el síndrome de abstinencia. Mi copa está vacía como mis garras y apenas puedo respirar. Cada noche de luna nueva me muero por lo menos treinta días. Soy una fábrica de aullidos, me convulsiono como el árbol en la tormenta. Mi lengua es un desierto sin lágrimas.

Me concentro en las sombras. Trepo por troncos kilométricos. Sin embargo, la luna no crece, ni un milímetro siquiera. Las niñas con lunares se esconden de mí en negros agujeros. Mi piel está vacía como mi copa, como la copa de los árboles en octubre. Quisiera ser rotundo y escribir que un sorbo sería suficiente, pero mentiría. Cuando la noche es ciega, los escritores se quedan sin una blanca palabra que llevarse a la boca. Luna es el vocablo más brillante del diccionario. Sin un ápice de fe aguardo un vestigio de luz, un beso de vidrio que purifique con sangre mi lengua.

¿Quién sería ahora capaz de clavarse en el corazón un puñal amarillo, una estrella despuntada, el rostro ufano que antes solía florecer en la bóveda, para que los lobos insomnes como yo pudieran trepar a la parte más alta de los árboles y colmar de pequeños besos los cráteres de los satélites?

(Publicado en lafresa en Febrero de 2003)
 
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