Del harén
Desafortunadamente aquellos barrotes separaban el amor del deseo. Hasta hubiera matado otra vez por tocarla. Tantas tardes su imagen intangible, serena, callada, la frustración de mis dedos trémulos en su cuerpo. Un sueño imposible de carne, sudor y besos. Un castigo recurrente.
Por la noche se despedía con idéntica mueca, lento y depravado caminar. Compasión y exultancia en proporciones exactas. El ansiado reposo de otra mujer maltratada.
En mi boca quedaba una sobredosis de memoria, cítrica culpabilidad, el sabor oxidado del hierro. Yo besaba y besaba y besaba los barrotes de mi celda para estar más cerca de su sombra perfumada, su dulce venganza, su ausencia súbita. Hasta el día de mi muerte me conformé con eso. Y con ese lastre tan pesado resisto ahora a los estragos del fuego en mil jirones de piel calcinada.
(Publicado en lafresa en Marzo de 2003)
Por la noche se despedía con idéntica mueca, lento y depravado caminar. Compasión y exultancia en proporciones exactas. El ansiado reposo de otra mujer maltratada.
En mi boca quedaba una sobredosis de memoria, cítrica culpabilidad, el sabor oxidado del hierro. Yo besaba y besaba y besaba los barrotes de mi celda para estar más cerca de su sombra perfumada, su dulce venganza, su ausencia súbita. Hasta el día de mi muerte me conformé con eso. Y con ese lastre tan pesado resisto ahora a los estragos del fuego en mil jirones de piel calcinada.
(Publicado en lafresa en Marzo de 2003)
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