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Hijos de un relámpago
breves e hiperbreves de NACHO ALBERT
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Nacho Albert Valga esta perversión, dijo el hombre, lo bueno, si hiperbreve, mil veces bueno o un millón de veces mejor. Inmediatamente después depositó sobre una bandeja de plata la parte más blanda de su cuerpo, sus mejores vísceras... _______VISITAS______
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Una muñeca de muñecas blancas
Tan acostumbrados estaban Alejandro y Luisa a no decir la verdad que su matrimonio naufragó finalmente en un mar tempestuoso de medias verdades y mentiras a medias. A partir de entonces, Alejandro se convirtió en un hombre encorvado. Caminaba más despacio de lo habitual, como si el tiempo pesara más y pasara por su lado más despacio de lo habitual. Aquella tarde era la primera tarde del resto de su vida y la calle Alcazabilla parecía más larga que otras tardes. Con las manos en la espalda, Alejandro era un hombre solitario al que de repente le sobraba la mayor parte de su soledad y todo el tiempo del mundo. Aquel martes comenzaba en el cine Victoria un ciclo dedicado a Humphrey Bogart. Alejandro no había visto El halcón maltés y se aproximó a la taquilla. Se hurgó en el bolsillo y sacó tres euros.

Nueve hombres y una mujer yacían esparcidos por la sala. Como mandaban los cánones, Alejandro ocupó una butaca de la séptima fila. Durante la película, la mujer recorrió el pasillo varias veces para sentarse al lado de cada hombre. La proyección finalizó y nadie se había sentado con Alejandro, más encorvado si cabía.

Una semana después, proyectaban Casablanca y Alejandro alcanzó la séptima fila. Inmediatamente la mujer se sentó a su lado, una niña de quince años como mucho y pálida como el día. Se llamaba Lula y cobraba un euro por masturbar a los espectadores. Alejandro rechazó la oferta y la niña corrió a sentarse con otro hombre.

El martes siguiente, Tener y no tener. Alejandro era el único hombre en la sala y Lula se sentó con él. Lloraba como la niña que era porque esa tarde no iba a ganar ni un céntimo. Entonces Alejandro se apiadó de ella y dejó que le masturbara. Una muñeca de muñecas blancas y frenéticas, pequeños luceros del patio de butacas.

El 14 de enero proyectaban El sueño eterno. A pesar de que ya la había visto tres veces, Alejandro accedió a la sala movido por su deseo de encontrarse con Lula. Minutos más tarde, otra mujer se sentó a su lado y le propuso chupársela por un euro, pero Alejandro sólo quería a la muñeca. Esa mañana Lula había intentado suicidarse.

Alejandro entró en la habitación nº 15 y dejó el ramo sobre una silla. Bajo las mantas, Lula miraba atentamente al televisor. Hacía cuarenta y seis años de la muerte de Bogey y la niña había querido celebrarlo a su manera. Alejandro apagó la luz, se metió en la cama y dejó que le masturbara. Una muñeca de muñecas vendadas pero frenéticas. En la Primera de TVE Más dura será la caída y sobre la mesilla tres euros.

(Publicado en lafresa en Abril de 2003)
 
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