VA POR TI, ANTONIO
Muere Antonio Beltrán, una institución de la cultura aragonesa
El catedrático tenía 90 años, trabajó con extraordinaria vitalidad hasta el final y deja una ingente obra científica y de divulgación.
El profesor Antonio Beltrán Martínez falleció ayer a los 90 años de edad en el hospital zaragozano de Nuestra Señora de Gracia, donde la víspera había sido ingresado. Los restos del catedrático fueron velados ayer -y lo serán también hoy- en el complejo funerario de Torrero, por donde están pasando gentes de todos los ámbitos de la sociedad aragonesa, especialmente de la Universidad. Mañana se dará sepultura a sus restos en el cementerio de Bujaraloz, donde descansará junto a sus padres y su esposa.
Antonio Beltrán, un "gran enamorado de la vida", como él mismo se definió recientemente, se había labrado una biografía difícil de resumir, propia del humanista que fue. Docente, historiador, arqueólogo, numismático, etnólogo, divulgador científico y cronista oficial de la ciudad de Zaragoza, era, sobre todo, un apasionado del ser aragonés, de la identidad, raíces y costumbres de Aragón, que investigó y difundió en cientos de conferencias, artículos, libros, charlas radiofónicas, tertulias..
Nacido en Sariñena en 1916, la vida de Antonio Beltrán estuvo marcada por cuatro ciudades: Valencia, donde se licenció en Derecho y Filosofía y Letras; Madrid, donde se doctoró; Cartagena, ciudad en la que empezó a impartir la docencia; y Zaragoza, donde desarrolló toda su actividad a partir de 1949.
Entre los muchos reconocimientos que obtuvo destacan la Medalla de las Cortes de Aragón y la Medalla de Oro de Zaragoza. Era también Premio Aragón de Humanidades, Palma Académica de la Orden de las Artes de Francia, Encomienda de Alfonso X el Sabio, de la Orden de Cisneros, Cruz del Mérito Naval y Medalla de Oro de la American Numismatics Society. Sus méritos excedían a estos reconocimientos: ocupó las cátedras de Arqueología, Epigrafía y Numismática de la Universidad de Zaragoza; fue secretario, decano de la Facultad de Letras y secretario general de la Universidad; fundador del Museo de Etnología y Ciencias Naturales de Aragón; asesor de la UNESCO y, entre otras muchas iniciativas culturales que logró poner en marcha, alentó la creación y promoción de los Parques Culturales de Aragón, como el del Río Martín, del que era presidente honorífico. Era académico de la Historia y de San Fernando y pertenecía a distintas academias europeas e hispanoamericanas.
Antonio Beltrán, que también dirigió el Museo de Zaragoza entre 1956 y 1974 (responsabilidad que ahora desempeña uno de sus hijos, Miguel), cumplió 90 años el pasado 6 de abril. Unos días antes, la Academia Aragonesa de Gastronomía, de la que era fundador, le brindó un cálido homenaje público. "Como soy tan viejo, si hay gente aquí perdiendo el tiempo, puedo decir que son mis amigos", bromeó entonces.
Pocos días más tarde, inauguraba una exposición en el Paraninfo de la Universidad de Zaragoza, que aún puede visitarse, dedicada a una de sus mayores pasiones: el arte rupestre, uno de sus campos esenciales de investigación, como también lo fueron la numismática antigua y la epigrafía ibérica.
Su última aparición pública fue en otro homenaje que le brindaron en el Teatro Principal más de un centenar de personas del mundo del folclore aragonés, ante los que volvió a demostrar su lucidez, su inteligencia, su extraordinaria memoria y su decidida voluntad. "Es maravilloso sembrar y es maravilloso aprender, amar y compartir", sentenció en varias ocasiones el que muchos han considerado uno de los últimos "sabios humanistas" de Aragón.
Beltrán trabajó aportando su sabiduría sobre esta tierra en varios medios de comunicación. Fue asiduo y prolífico colaborador de HERALDO, últimamente en lo que él llamaba "artículos lunáticos", reflexiones sobre lo cotidiano enriquecidas con su erudición, que se publicaban todos los lunes.
Durante su dilatada carrera profesional ocupó numerosos cargos y colaboró con importantes instituciones regionales, nacionales e internacionales, destacando su pertenencia al Consejo Permanente y al Comité Ejecutivo de la Unión International des Sciences Préhistoriques et Protohistoriques de la UNESCO, donde fue asesor en arte rupestre.
Dirigió diversas revistas y publicaciones, además de ser autor de cerca de 500 libros y artículos en España y el extranjero. Entre los legados que deja a esta tierra, destaca el impulso que dio a las investigaciones arqueológicas en Aragón desde su puesto de comisario general de excavaciones.
En estos últimos años, publicó sus memorias en varios volúmenes. En el "Epílogo", aparecido el pasado año, hacía nuevamente alarde de su memoria y de su vitalismo en esa recopilación de "ilusiones, esperanzas y realidades". Este volumen se inicia con una cita de Gerald Brennan, que Antonio Beltrán gustaba de hacer suya: "Lo verdaderamente trágico de la vida es que olvidamos. La muerte verdadera es el olvido".