Image Hosted by ImageShack.us

logotipo

img_google
Viaje a Innisfree
Cuentos, poemas, el día a día. Blog donde se esconden musas.
Acerca de
De vocación, escritor. Me gusta escuchar el silencio, la brisa, el color verde asturias, verde sidra. Y el azul. Azul mar, azul cielo, azul renault del Nano.
Enlaces
Mis enlaces
Archivos
Sindicación
 
Mr. LoveMan Always Rings Twice
Jerry Castle se despertaba sobresaltado y sus legañas le impedían ver con claridad. El despertador marcaba las siete o las siete y media, tal vez. Las paredes temblaban y se escuchaban jadeos en la habitación contigua. A Jerry le había despertado primero un cuadro de dimensiones considerables que le cayó encima de la cabeza. Representaba “La última cena”.
12 Euros con cincuenta céntimos costaba una noche en la pensión “The Rainbow”. Su casa estaba invadida por pintores de brocha gorda y no estaba dispuesto a inhalar, colocarse y morir por sobredosis de color verde y amarillo ácido aquel 21 de agosto de 2003. Puesto a elegir, no dudo ni un segundo en negarse a pasar la noche con su hermana Gertrud. “Prefiero dormir en un cuchitril con el plus del golpe en la cabeza, a morir ahogado con el humo Lucky Strike que inunda toda la casa” se dijo.

Media hora después, el terremoto de lujuria cesaba y Jerry se incorporaba para darse una ducha. Apenas se había empezado a desnudar cuando llamaron a la puerta.
-.”Si vienen a por condones van listos”.
Se volvía a poner el pijama y abría la puerta esperando encontrarse a un muchacho sudoroso que le pediría amablemente una gomita de la felicidad. Un segundo después la cerraba de golpe. Era un hombre muy mal vestido, sin afeitar, despeinado. Parecía como si hubiese dormido en un basurero. Llevaba un tarro de cristal y una especie de cazamariposas en sus manos. Jerry se quedó unos segundos en silencio acercando su oreja a la puerta, deseando escuchar unos pasos que se alejan. Contrariamente a sus deseos, el hombre golpeó con más fuerza.

EL HOMBRE -. ¿Jerry Castle?
(Temblando y con un tartamudeo notorio, Jerry se acercó a la ventana)

JERRY -. ¿Qué.. qué, qué, qui..ere de mí?

EL HOMBRE -. Me incomoda tener que charlar contigo desde el pasillo. Déjame entrar.
(Jerry se asomó por la ventana. Estaba en el segundo piso. Ni se lo pensó. Se alejó de ella, para luego quedarse inmóvil con los ojos fijos en la puerta)

JERRY -. No le conozco de nada ¡váyase!

EL HOMBRE -. Si no me deja entrar, no tendré más remedio que atravesarla

JERRY -. ¡Espere un momento!
(Trató de buscar un revólver hasta que se dio cuenta de que no tenía)
-. ¡Díos mío, voy a morir, voy a morir!
(Su segunda opción fue un bate de béisbol).”En las películas americanas lo suelen utilizar en los casos de allanamiento de morada” pensó, pero luego maldijo:
-. Joder, si soy europeo, estamos en Europa, ¿cómo voy a encontrar un bate por aquí?

Encontrándose en mitad de sus angustiosos razonamientos notó la presencia de otra persona dentro de la habitación, mientras rebuscaba en una caja algún material lo suficientemente sólido para golpear con contundencia.
Giró la cabeza y se encontró con el hombre del cazamariposas a su lado. Jerry le lanzó lo primero que tuvo a mano: una pelota de tenis. Erró en el lanzamiento y el rebote le dio en mitad de la cara. “Creo que no es el momento para desmayarme” pensó.

EL HOMBRE -. ¡Jerry, tranquilízate!

JERRY -. Tengo mujer e hijos ¡cuatro!, que alimentar. Trabajo de sol a sol descargando camiones, tengo 30 Euros en la cartera, lléveselo todo y déjeme en paz.
(En realidad Jerry nunca se casó, no tenía ningún hijo. Era evidente que no trabajaba descargando camiones. Medía apenas metro sesenta y pesaba lo suficiente para que no se lo llevara una ráfaga de viento) (Tenía 300 euros, más tarjetas de crédito en su cartera).

JERRY -.¿Cómo has entrado?. La puerta sigue cerrada y no noté que la abriera.

EL HOMBRE -. La atravesé.

JERRY -. ¿Cómo?

EL HOMBRE -. No sabía como explicártelo… como una especie de ángel diría

JERRY -. “Lo que hace la droga, pensó. ¡Soy ateo… y además no tengo las deudas suficientes como para querer suicidarme. ¿Cómo sabe mi nombre? ¿Cómo se llama usted?

EL HOMBRE -. Digamos que soy un sentimiento hecho carne, me puedes llamar Amor. Yo… soy tu amor.
(Jerry se meó en los pantalones)

JERRY -.No, no… no se acerque a mí.
(El tarro de cristal junto con su cazamariposas definía a aquel hombre a la perfección. Sin lugar a dudas era un mariposón… que quería cazar a otro.) -. ¡No soy gay!, seguramente alguien ha querido gastarme una broma. Dígame quién ha sido.

EL HOMBRE -. Ya sé que no es gay. Soy su sentimiento hecho carne ¿recuerda? Represento su estado de amor. Y como puede comprobar, su amor es una mierda. Además, el círculo de amistades con los que se relaciona, son parejas felices. No vea que vergüenza paso delante de sus sentimientos, tan limpios, tan bien vestidos, tan… relucientes.
(Jerry soltó una carcajada nerviosa para segundos después volver a su estado de pánico)

JERRY -. ¿Y qué me dices de mi relación con Dorothy Mills?

EL HOMBRE -. Cierto. La amabas pero no eras correspondido. Te utilizó por unos meses por que no quería ir de solterona a la boda de su mejor amiga Josephine.

JERRY -. ¿Y Marie-France?

EL HOMBRE -. Ella te amaba pero tú, la utilizaste para sexo durante un mes y medio. Lo recuerdo perfectamente. Fíjate si te amaba que de su cuerpo sentimental colgaban vestidos de Yves Sant Laurene, Chanel, etc. Yo para dar la nota, como siempre llevaba una camiseta de tirantes llena de agujeros, sudorosa…

JERRY -. Vale, vale, vale… Una pregunta. Si fuera al Vaticano y me acercara al Papa… ¿podría usted contarme si su sentimiento hecho carne es… digámoslo así, sin rodeos…Dios?

EL HOMBRE -. No te veré más Jerry. Si después de nuestro encuentro no cambias, nos ahogaremos en nuestra propia mierda.

JERRY -. Joder, qué feo y sucio es usted. Debo de estar muy jodido.

EL HOMBRE -. Por lo menos emociónese con una película, con un ritmo musical, así por lo menos se me irá el polvo de los zapatos. Ahora, cuando me vaya, estarás colgando el cuadro de “La última cena” en la pared y recordarás esta conversación como si fuera un sueño… nada más.
(El Amor de Jerry cruzó la puerta y se fue). Jerry colgó el cuadro.

Un año después.


Jerry conoció a Beatrice en un cine donde proyectaban cine clásico. En la escena final Edward G. Robinson, a pesar de haber sido traicionado por su mejor amigo le enciende su último cigarrillo. Fred McMurray exhaló su último aliento diciendo: Yo también te quiero.
Jerry lloraba. Beatrice le dejó su pañuelo.
A la semana siguiente se telefoneaban y fueron de nuevo al cine. (La invitó a una copa).
Pasados cinco días, comieron juntos y en cada punto en común que coincidía, se emocionaban.
Dos días después, Jerry telefonea a Beatrice para decirle que le encanta el ritmo musical de una canción del artista anteriormente conocido como Prince. A ella no. Ninguno de los dos quiere colgar primero.
Al día siguiente Jerry la invita a su casa porque quiere que le aconseje sobre el color en que debería pintar las paredes de su salón. Beatrice acepta.

Mientras Jerry terminaba de aliñar la ensalada y Beatrice consultaba un libro en una estantería del salón, llamaron a la puerta

BEATRICE -. Acaba la ensalada, ya abro yo.
(No encontró a nadie en la entrada)

JERRY -. ¿Quién era?

BEATRICE -. Qué extraño, no hay nadie.
(Justo cuando se disponía a cerrar la puerta, se encuentra con un tarro de cristal lleno de mariposas y se lo enseña a Jerry). -. ¿Sabes quién pudo habértelo dejado aquí?

JERRY -. No tengo ni idea.

BEATRICE -. Están vivas. Me dan mucha pena.

JERRY -. Abriré la ventana y vaciaremos el tarro.
(Después se miraron sin decirse nada).

BEATRICE -. ¿Cenamos?

Jerry se fue a coger unos cubiertos con la extraña sensación de que, en realidad, no había dejado libres a todas las mariposas. Aún le quedaban algunas que le hacían cosquillas con su aleteo dentro de todo su cuerpo.
No