Nadie en el faro de Alejandro
Vive Loco y Muere Cuerdo
Acerca de
Mi diario no es una obra maestra, ni siquiera un ensayo magistral sobre la sociedad actual en la que vivo, es sólo la historia personal de un chico normal. No pretendo que sea un relato literario soberbio, sólo un trozo de mar donde gritar mis llantos, mis alegrías. En definitiva un pequeño faro donde alumbrar todos mis sentimientos y arrojarlos al mar.
Sindicación
 
Las cinco del viernes
1) ¿Quién fue tu primer mejor amigo/a? ¿Cómo lo/la conociste? ¿Aún os habláis?

Un amigo de la infancia. Veraneabamos en el mismo lugar un mes al año, nuestros padres se hicieron amigos y nosotros también. Sí, aún nos hablamos, incluso fui a su boda recientemente. Lastima que mis padres no pudiesen verlo.

2) ¿Tienes un(a) buen(a) amigo/a que no lo hayas conocido en el colegio, trabajo o que viva cerca de tu casa?

Sí, tengo amigos que he conocido en mis viajes, en actividades deportivas y culturales, de forma casual e incluso por internet.

3) ¿Alguna vez te enamoraste de tu mejor amiga/o? ¿hubo rollo? ¿Funcionó?

Para enamorarme necesito sentir amistad primero y todas mis exs fueron primero amigas y luego novias. Mi novia es mi mejor amiga porque me apoya tanto como pareja como amigos y eso es lo más grande que puedo tener.

4) ¿Tienes algún(os) enemigo(s) declarados? ¿Por qué razón?

Que yo sepa enemigos no tengo, a algunas personas les caeeré bien, a otras no les caeeré bien y a otra gente les seré indiferente.

5) ¿Te ha traicionado un amigo/a? ¿Qué te hizo? ¿Lo/la perdonaste?

Según que signifique traicionar pero yo no suelo esperar nada de nadie, así no me defraudan. Un error lo comete cualquiera y yo no soy superior a nadie para no querer perdonar un fallo.

 
Volver
Cuando has pasado mucho tiempo soñando con volver a un lugar o sueñas con los rincones que tejen tu geografía del alma, y de pronto vuelves, te das cuenta de que la mayor parte de tus recuerdos, no corresponden con la realidad que te golpean y caes de bruces.

Se te mezclan las sensaciones del pasado, una nostalgia infinita con incredulidad, con reticencias, con ganas de descubrir, alegría confundida con añoranza. Qué difícil es sentir. Estoy melancólico.

 
Las cinco del viernes

Las cinco del viernes de esta semana, el tema es sobre el baño y "las cosas" que hacemos dentro del mismo.

1) Baño prolongado o ducha rápida? Salís mojado de la ducha, o te secás adentro de la bañera?

Ducha rápida, es más respetuoso con el medio ambiente y con el ahorro energético, bañarme en alguna ocasión muy especial y sería con mi pareja. Me seco dentro de la bañera.

2) Te lavás los dientes mientras te bañás? Y para los pibes,te afeitás la barba mientras te bañas?

Primero me afeito luego me ducho y después me lavo los dientes.

3) Toallón o toalla chica? Te vestís en el baño o te vas a la habitación?

Me seco con abornoz y me suelo vestir en la habitación.

4) Y el papel higiénico, doblado o hecho un bollito?

Qué preguntas, doblado.

5) Leés mientras hacés...tus cositas? Qué leés, libros, revistas o envoltorios de dentífrico o shampu?

De normal intento que sea rápido pero si va para mucho pues leo cualquier cosa hasta las instrucciones del champú. Al menos que antes de ir al baño estuviese leyendo entonces me lo llevo conmigo.

 
Quiero que seas el mar

Para mi novia:

Quiero que seas el mar, que te quedes en mis ojos por completo, que la bruma sea tu piel que me estremece en el ocaso. Quiero que seas el mar, que se descuelga de la espalda del acantilado, corretea entre las calles mojadas de melancolía y se duerme al amanecer en mi sonrisa. Quiero que nuestros silencios cuchicheen lo que acallan, en refugios de olas, que no se desgarren contra las rocas heridas. El silencio nos susurra; los versos de la complicidad, los trozos de nosotros descansando en recodos, aires de soledades arrinconados en los hombros, fantasmas engrillados en balcones de chopos.

No tengo miedo abrazado a ti en silencio, meciéndonos en el mar de recuerdos, presentes y futuros enlazados. No temo amarte en cada esquina mordisqueada por nuestras ansias. No temo amarte. Cada luz, cada locura, cada sentimiento mío va dedicado a ti.
 
El paraíso era un autobús
Él trabajó durante toda su vida en una ferretería del centro. A las ocho y media de la mañana llegaba a la parada del autobús y tomaba el primero, que no tardaba más de diez minutos. Ella trabajó también durante toda su vida en una mercería. Solía coger el autobús tres paradas después de la de él y se bajaba una antes. Debían salir a horas diferentes, pues por las tardes nunca coincidían.
Jamás se hablaron. Si había asientos libres, se sentaban de manera que cada uno pudiera ver al otro. Cuando el autobús iba lleno, se ponían en la parte de atrás, contemplando la calle y sintiendo cada uno de ellos la cercana presencia del otro.
Cogían las vacaciones el mismo mes, agosto, de manera que los primeros días de septiembre se miraban con más intensidad que el resto del año. Él solía regresar más moreno que ella, que tenía la piel muy blanca y seguramente algo delicada. Ninguno de ellos llegó a saber jamás cómo era la vida del otro: si estaba casado, si tenía hijos, si era feliz.
A lo largo de todos aquellos años se fueron lanzando mensajes no verbales sobre los que se podía especular ampliamente. Ella, por ejemplo, cogió la costumbre de llevar en el bolso una novela que a veces leía o fingía leer. A él le pareció eso un síntoma de sensibilidad al que respondió comprándose todos los días el periódico. Lo llevaba abierto por las páginas de internacional, como para sugerir que era un hombre informado y preocupado por los problemas del mundo. Si alguna vez por la razón que fuera, ella faltaba a esa cita no acordada, él perdía el interés por todo y abandonaba el periódico en un asiento del autobús, sin haberlo leído.
Así, durante una temporada en que ella estuvo enferma, él adelgazó varios kilos y descuidó su aseo personal hasta que le llamaron la atención en la ferretería: alguien que trabajaba con el público tenía la obligación de afeitarse a diario.
Cuando al fin regresó, los dos parecían unos resucitados: ella, porque había sido operada a vida o muerte de una perforación intestinal de la que no se había quejado para no faltar a la cita; él, porque había enfermado de amor y melancolía. Pero, a los pocos días de volver a verse, ambos ganaron peso y comenzaron a asearse para el otro con el cuidado de antes.
Por aquellas fechas, él ascendió a encargado de la ferretería y se compró una agenda. Entonces, se sentaba tan cerca como podía de ella, la abría, y con un bolígrafo hacía complicadas anotaciones que sugerían muchos compromisos. Además, comenzó a llevar corbata, lo que obligó a ella, que siempre había ido muy arreglada, a cuidar más los complementos de sus vestidos. En aquella época ya no eran jóvenes, pero ella comenzó a ponerse unos pendientes muy grandes y algo llamativos que a él le volvían loco de deseo. La pasión, en lugar de disminuir con los años, crecía alimentada por el silencio y la falta de datos que cada uno tenía sobre el otro.
Pasaron otoños, primaveras, inviernos. A veces llovía y el viento aplastaba las gotas de lluvia contra los cristales del autobús, difuminando el paisaje urbano. Entonces, él imaginaba que el autobús era la casa de los dos. Había hecho unas divisiones imaginarias para colocar la cocina, el dormitorio de ellos, el cuarto de baño. E imaginaba una vida feliz: ellos vivían en el autobús, que no paraba de dar vueltas alrededor de la ciudad, y la lluvia o la niebla los protegía de las miradas de los de afuera. No había navidades, ni veranos, ni semanas santas. Todo el tiempo llovía y ellos viajaban solos, eternamente, sin hablarse, sin saber nada de sí mismos. Abrazados.
Así fueron haciéndose mayores, envejeciendo sin dejar de mirarse. Y cuanto más mayores eran, más se amaban; y cuanto más se amaban más dificultades tenían para acercarse el uno al otro.
Y un día a él le dijeron que tenía que jubilarse y no lo entendió, pero de todas formas le hicieron los papeles y le rogaron que no volviera por la ferretería. Durante algún tiempo, siguió tomando el autobús a la hora de siempre, hasta que llegó al punto de no poder justificar frente a su mujer esas raras salidas.
De todos modos, a los pocos meses también ella se jubiló y el autobús dejó de ser su casa.
Ambos fueron languideciéndose por separado. Él murió a los tres años de jubilarse y ella murió unos meses después. Casualmente fueron enterrados en dos nichos contiguos, donde seguramente cada uno siente la cercanía del otro y sueñan que el paraíso es un autobús sin paradas.

Juan José Millás

 
Mi vida con la ola
Cuando deje aquel mar, una ola se adelanto entre todas. Era esbelta y ligera. A pesar de los gritos de las otras, que la detenian por el vestido flotante, se colgo de mi brazo y se fue conmigo saltando. No quise decirle nada, porque me daba pena avergonzarla ante sus compañeras. Además, las miradas colericas de las mayores me paralizaron.

Cuando llegamos al pueblo, le expliqué que no podía ser, que la vida en la ciudad no era lo que ella pensaba en su ingenuidad de ola que nunca ha salido del mar. Me miro seria: "Su decisión estaba tomada. No podia volver." Intente dulzura, dureza, ironía. Ella lloro, grito, acaricio, amenazo. Tuve que pedirle perdón. Al día siguiente empezaron mis penas. Cómo subir al tren sin que nos vieran el conductor, los pasajeros, la policia? Es cierto que los reglamentos no dicen nada respecto al transporte de olas en los ferrocarriles, pero esa misma reserva era un indicio de la severidad con que se juzgaría nuestro acto.

Tras de mucho cavilar me presente en la estación una hora antes de la salida, ocupé mi asiento y, cuando nadie me veía, vacié el depósito de agua para los pasajeros; luego, cuidadosamente, vertí en él a mi amiga.

El primer incidente surgió cuando los niños de un matrimonio vecino declararon su ruidosa sed. Les salí al paso y les prometí refrescos y limonadas. Estaban a punto de aceptar cuando se acerco otra sedienta. Quise invitarla también, pero la mirada de su acompañante me detuvo. La señora tomo un vasito de papel, se acerco al depósito y abrio la llave . Apenas estaba a medio llenar el vaso cuando me interpuse de un salto entre ella y mi amiga. La señora me miro con asombro. Mientras pedía disculpas, uno de los niños volvio abrir el depósito. Lo cerré con violencia.

La señora se llevo el vaso a los labios: -Ay el agua esta salada. El niño le hizo eco. Varios pasajeros se levantaron. El marido llamo al Conductor: -Este individuo echo sal al agua. El Conductor llamo al Inspector: -Conque usted echo substancias en el agua? El Inspector llamo al Policia en turno: -Conque usted echo veneno al agua? El Policia en turno llamo al Capitan: - Conque usted es el envenenador? El Capitán llamo a tres agentes. Los agentes me llevaron a un vagón solitario, entre las miradas y los cuchicheos de los pasajeros. En la primera estacion me bajaron y a empujones me arrastraron a la cárcel. Durante dias no se me hablo, excepto durante los largos interrogatorios. Cuando contaba mi caso nadie me creia, ni siquiera el carcelero, que movia la cabeza, diciendo: "El asunto es grave, verdaderamente grave. No había querido envenenar a unos niños?" Una tarde me llevaron ante el Procurador. -Su asunto es difícil -repitió-. Voy a consignarlo al Juez Penal. Así paso un año. Al fin me juzgaron. Como no hubo víctimas, mi condena fue ligera. Al poco tiempo, llego el dia de la libertad. El Jefe de la Prisión me llamo: -Bueno, ya esta libre. Tuvo suerte. Gracias a que no hubo desgracias. Pero que no se vuelva a repetir, por que la proxima le costara caro... Y me miro con la misma mirada seria con que todos me veian.

Esa misma tarde tome el tren y luego de unas horas de viaje incómodo llegue a México. Tome un taxi y me dirigí a casa. Al llegar a la puerta de mi departamento oí risas y cantos. Sentí un dolor en el pecho, como el golpe de la ola de la sorpresa cuando la sorpresa nos golpea en pleno pecho: mi amiga estaba alli, cantando y riendo como siempre. -Cómo regresaste? -Muy fácil: en el tren. Alguien, después de cerciorarse de que sólo era agua salada, me arrojo en la locomotora. Fue un viaje agitado: de pronto era un penacho blanco de vapor, de pronto caía en lluvia fina sobre la máquina. Adelgace mucho. Perdí muchas gotas. Su presencia cambio mi vida. La casa de pasillos obscuros y muebles empolvados se lleno de aire, de sol, de rumores y reflejos verdes y azules, pueblo numeroso y feliz de reverberaciones y ecos.

Cuántas olas es una ola o como puede hacer playa o roca o rompeolas un muro, un pecho, una frente que corona de espumas! Hasta los rincones abandonados, los abyectos rincones del polvo y los detritus fueron tocados por sus manos ligeras. Todo se puso a sonreir y por todas partes brillaban dientes blancos. El sol entraba con gusto en las viejas habitaciones y se quedaba en casa por horas, cuando ya hacia tiempo que habia abandanado las otras casas, el barrio, la ciudad, el país. Y varias noches, ya tarde, las escandalizadas estrellas lo vieron salir de mi casa, a escondidas. El amor era un juego, una creacion perpetua. Todo era playa, arena, lecho de sábanas siempre frescas. Si la abrazaba, ella se erguia, increiblemente esbelta, como tallo liquido de un chopo; y de pronto esa delgadez florecia en un chorro de plumas blancas, en un penacho de risas de caian sobre mi cabeza y mi espalda y me cubrian de blancuras. O se extendia frenta a mi, infinita como el horizonte, hasta que yo también me hacia horizonte y silencio. Plena y sinuosa, me elvolvia como una musica o unos labios inmensos. Su presencia era un ir y venir de caricias, de rumores, de besos. Entraba en sus aguas, me ahogaba a medias y en un cerrar de ojos me encontraba arriba, en lo alto del vertigo, misteriosamente suspendido, para caer despues como una piedra , y sentirme suavemente depositado en lo seco, como una pluma. Nada es comparable a dormir mecido en las aguas, si no es despertar golpeado por mil alegres latigos ligeros, por arremetidas que se retiran riendo.

Pero jamás llegue al centro de su ser. Nunca toque el nudo del ay y de la muerte. Quiza en las olas no existe ese sitio secreto que hace vulnerable y mortal a la mujer, ese pequeño boton electrico donde todo se enlaza, se crispa y se yergue, para luego desfallecer . Su sensibilidad, como las mujeres, se propagaba en ondas, solo que no eran ondas concentricas, sino excentricas, que se extendian cada vez mas lejos, hasta tocar otros astros. Amarla era prolongarse en contactos remotos, vibrar con estrellas lejanas que no sospechamos. Pero su centro... no, no tenia centro, sino un vacio parecido al de los torbellinos, que me chupaba y me asfixiaba.

Tendido el uno al lado de otro , cambiabamos confidencias, cuchicheos, risas. Hecha un ovillo, caia sobre mi pecho y alli se desplegaba como una vegetacion de rumores. Cantaba a mi oido, caracola. Se hacia humilde y transparente, echada a mis pies como un animalito, agua mansa. Era tan limpìda que podia leer todos sus pensamientos. Ciertas noches su piel se cubria de fosforecencias y abrazarla era abarazar un pedazo de noche tatuada de fuego. Pero se hacia tambien negra y amarga. A horas inesperadas mugia, suspiraba, se retorcia. Sus gemidos despertaban a los vecinos. Al oirla el viento del mar se ponia a rascar la puerta de la casa o deliraba en voz alta por alas azoteas. Los dias nublados la irritaban; rompia muebles, decia malas palabras, me cubria de insultos y de una espuma gris y verdosa. Escupia, lloraba, juraba, profetizaba. Sujeta a la luna, las estrellas, al influjo de la luz de otros mundos, cambiaba de humor y de semblante de una manera que a mi me parecia fantastica, pero que era tal como la marea.

Empezo a quejarse de soledad. Llene la casa de caracolas y conchas, pequeños barcos veleros, que en sus dias de furia hacia naufragar (junto con los otros, cargados de imagenes, que todas las noches salian de mi frente y se hundia en sus feroces o graciosos torbellinos). Cuantos pequeños tesoros se perdieron en ese tiempo! Pero no le bastaban mis barcos ni el canto silencioso de las caracolas. Confieso que no sin celos los veia nadar en mi amiga, acariciar sus pechos, dormir entre sus piernas, adornar su cabellera con leves relampagas de colores. Entre todos aquellos peces habia unos particularmente repulsivos y feroces, unos pequeños tigres de acuario, grandes ojos fijos y bocas hendidas y carniceras. No se por que aberracion mi amiga se complacia en jugar con ellos, mostrandoles sin rubor una preferencia cuyo significado prefiero ignorar. Pasaba largas horas encerrada con aquellas horribles criaturas.

Un día no pude mas; eche abajo la puerta y me arroje sobre ellos. Agiles y fantasmales, se me escapaban entre als manos mientras ella reia y me golpeaba hasta derribarme. Senti que me ahogaba. Y cuando estaba a punto de morir, morado ya, me deposito en la orilla y empezo a besarme, y humillado. Y al mismo tiempo la voluptuosidad me hizo cerrar los ojos. Porque su voz era dulce y me hablaba de la muerte deliciosa de loas ahogados.

Cuando volvi en mi, empece a temerla y a odiarla. Tenia descuidados mis asuntos. Empece a frecuentar los amigos y reanude viejas y queridas relaciones. Encontre a una amiga de juventud. Haciendole jurar que me guardaria el secreto, le conte mi vida con la ola. Nada conmueve tanto a las mujeres como la posibildad de salvar a un hombre.

Mi redentora empleo todas sus artes, pero, qué podia una mujer, dueña de un número limitado de almas y cuerpos, frente a mi amiga, siempre cambiante - y siempre identica a si misma en su metamorfosis incesantes? Vino el invierno. El cielo se volvio gris. La niebla cayo sobre la ciudad. Lovia una llovizna helada. Mi amiga gritaba todas las noches. Durante el día se aislaba, quieta y siniestra, mascullando una sola silaba, como una vieja que rezonga en un rincon. Se puso fria; dormir con ella era tirar toda la noche y sentir como se helaba paulatinamente la sangre, los huesos, los pensamientos. Se volvio impenetrable, revuelta. Yo salia con frecuencia y mis ausencias eran cada vez mas prolongadas. Ella, en su rincón, aullaba largamente. Con dientes acerados y lengua corrosiva roia los muros, desmoronaba las paredes. Pasaba las noches en vela, haciendome reproches. Tenía pesadillas, deliraba con el sol, con un gran trozo de hielo, navegando bajo cielos negros en noches largas como meses. Me injuriaba. Maldecía y reía; llenaba la casa de carcajadas y fantasmas. Llamaba a los monstruos de las profundidades, ciegos, rapidos y obtusos. Cargada de electricidad, carbonizaba lo que rozaba. Sus dulces brazos se volvieron cuerdas asperas que me estrangulaban. Y su cuerpo verdoso y elástico, era un látigo implacable, que golpeaba, golpeaba, golpeaba.

Huí. los horribles peces reían con risa feroz. Allà en las montañas, entre los altos pinos y los despeñaderos, respire el aire frio y fino como un pensamiento de libertad. Al cabo de un mes regresé. Estaba decidido. Había hecho tanto frío que encontré sobre el marmol de la chimenea, junto al fuego extinto, una estatua de hielo. No me conmovió su aborrecida belleza. Le eché en un gran saco de lona y salí a la calle, con la dormida a cuestas. En un restaurante de las afueras la vendí a un cnatinero amigo, que inmediantamente empezó a picarla en pequeños trozos, que depositó cuidadosamente en las cubetas donde se enfrían las botellas.

OCTAVIO PAZ

 
Las cinco del viernes


Las cinco del viernes de esta semana; sobre la fama.

1) Dicen que todo mundo tiene sus cinco minutos de fama, si ya los tuviste ¿cómo fueron esos cinco minutos? Si no, ¿cómo te gustaría que fueran?

No me gustaría ser famoso, y sino hay más remedio pues por algo que mereciese la pena; por compositor, por salvar vidas, por algo que tuviera moral y principios. Pero no quiero ser famoso ni siquiera por eso, las cosas se hacen porque te gusta hacerlas no para conseguir algo, en este caso la fama.

2) ¿Qué opinas de la popularidad? ¿Te gustaría tenerla, o prefieres pasar desapercibido?

La popularidad es que te conozca el pueblo por méritos, por tu trabajo, ya sea como cantante, como compositor, bailarin, actor, etc. No me gustaría, prefiero pasar desapercibido.

3) En caso de que la desees, ¿en que ámbito te gustaría tener esa popularidad? Y en caso de que no ¿por qué?

No me gustaría pero contestando a las preguntas, como compositor o méritos propios, profesión. No deseo la popularidad porque soy muy tímido, porque no me creo mejor que nadie ni nadie especial para que me traten como tal, no me gusta ser el centro de atención.

4) ¿Cómo crees que podría cambiar tu vida, si llegaras a tener cinco minutos de fama? ¿O cómo la cambió en su momento?

No lo se.

5) ¿Cómo crees que te sentirias, una vez que hubieras perdido esa fama? ¿Te alegraría o te habría gustado no tenerla?

No me sentiria de ninguna manera porque no busco la fama. Seguramente me alegraría porque no me habría gustado tenerla. Aunque fuera por algo bueno. Las cosas se hacen porque salen del alma, no por tener un propósito o para conseguir algo a cambio.



 
Un poco de todo
Me he comprado Los amigos del crimen perfecto de Andrés Trapiello, porque el último libro que me había comprado era Desgracia de J.M. Coetzee, todavía no estoy preparado para leer al premio nobel de literatura.

A mi recomendar libros se me da fatal, siempre pienso que porque me tendrían que hacer caso. Lo que a mi me encanta, a otro le puede desagradar. Para gustos, los colores.

Yo antes hacía reseñas y comentarios críticos de cada libro que me leía, lo hacía por voluntad, supongo que herencia que arrastro del paso por el sistema educativo español. Era una manera de plasmar lo que había entendido del libro, mis impresiones ... porque como no soy dado a comentarlos con la gente, no suelo dar mis opiniones. ¿A quién le va interesar? Cuando a alguién le interesa mi opinión, me suele preguntar.

Las pobres reseñas me salian poetizadas, a veces tengo que hacer enormes esfuerzos para no poetizar mis escritos, ya sean opiniones, chistes ( yo cuento los chistes fatal), comentarios, e-mail, etc. Soy un desastre escribiendo. A veces no soy capaz de expresar lo que quiero decir exactamente. Otras veces, hablo de todos los temas con alguien menos el que necesitaba hablar. Evidentemente hay momentos en que sí lo logro.

 
A veces
A veces escucho una y otra vez la misma canción, jamás me canso de escucharla:

No dices nada

Sé que me enamore de ti
También sé lo que tú sientes por mí
Pero tú no dices nada
Será que este amor no se puede sostener
Es imposible y no puede ser
Pero tú no dices nada
Y eres mi estrella, eres mi luz y eres mi vida
Pero tú, sólo tú no dices
Nada más que una sonrisa y en el puente, un adiós
Y algo que se lleva la brisa
Y ya me duele en el corazón
Y algo de mí se esta muriendo así
Quiero vivir
Y ya no puedo, no puedo seguir.
En la noche suena el viento
Tu silencio y mi voz
Pero de nada, nada sale
Nada más que un adiós
Yo me entrego al lamento
Pero siento lo que siento
Y así así soy
Algo de mi se esta muriendo así
Quiero vivir
Y ya no puedo, no puedo seguir
Y algo de mi se esta muriendo así.
Nada más que una sonrisa
Y en el puente, un adiós
Y algo que se lleva la brisa
Y ya me duele en el corazón
Y algo de mi se está muriendo así
Quiero vivir
Y ya no puedo, no puedo seguir
Y algo de mí se está muriendo así
Y eres mi estrella, eres mi luz y eres mi vida
Algo de mí se está muriendo así
Quiero vivir...

La canción la transcribo de memoria, es de Navajita Plateá. No es que me sienta como la canción porque a mi me va muy bien con mi novia, pero es que la canción me encanta de verdad, me subo al limbo. Aunque como dicen muchos de mis amigos, en el limbo me subo yo solo sin ayuda de nada. Soñador que es uno.

A veces sueño con los ojos desnudos y los párpados arropados por mis deliros.

A veces tirito con la calor de sus manos sobre mis hombros desdibujados por los lirios.

Delirios, delirios entre sus cabellos amamantados entre los enredos del tiempo.

 
Las discursiones
Muchos gritan y discuten hasta que el otro calla. Creen que le han convencido. Y se equivocan siempre.
Noel Clarasó


Nunca me han gustado las discursiones, me ponen muy nervioso, me estremecen como un abrazo de hielo. Se puede hablar de todo, siempre desde el respeto, la tolerancia, estando dispuestos a escuchar sin ningún tipo de prejuicios y valorando positivamente otras perspectivas, otros maneras de sentir y creer. Creo que es algo enriquecedor conocer otras formas de ser, pensar, ver, sentir, etc. Pero de normal las diferencias se usan como puñales, son interpretadas como un ataque a las creencias de los interlocutores. Creo firmemente que se puede hablar desde temas amenos, pasando por temas como la cultura hasta temas más polémicos, pero nunca desde la confrontación sino para enriquecernos como personas y para tener más perspectivas sobre cualquier tema o situación.

La conversación es un desahogo del alma, vínculo de la amistad, espejo de la nobleza del corazón. No quiero que sea un combate. Es muy fácil dañar con la palabra el sentir de quien nos escucha.
 
Las cinco del viernes por partida doble

Esta semana Las cinco del viernes viene por partida doble, su temática: La ropa interior.


1)¿Cuándo empezaste a comprar tu propia ropa interior?

La verdad es que no lo recuerdo, pero siempre elegí mi ropa interior.

2)¿Algodón o lycra?

Según el momento. Para hacer deporte; algodón. Para cualquier otra actividad; lycra, también uso algodón o cualquier otro material.

3)Admítelo. ¿Cuanta ropa interior tienes que podria ir directamente a la basura?


No tengo ni idea, supongo que ninguno de mis bóxers. Suelo renovarlos cada cierto tiempo.

4)¿Qué te pones para 'ir a matar'?

No voy a matar.

5)¿Hace cuánto que no renuevas tu vestuario mas íntimo?

Hace dos meses me compré un par de bóxers.

Ahora la otra tanda:

1')¿Tienes alguna prenda fetiche?

Si te refieres a ropa interior sí; unos bóxers de raso negros que me los pongo cuando tengo algo importante que hacer: Entrevistas de trabajo, exámenes cuando estudiaba, etc. En ropa que no sea íntima; tengo una camiseta que le tengo muchísimo cariño.

2')¿Guardas 'recuerdos' de tus exs?

Nunca he guardado ropa interior de mis exs.

3')¿Alguna vez has usado ropa interior comestible? Cuenta!

No.

4')¿Qué color prefieres?

De normal los bóxers negros, azules, colores no muy llamativos.

5')¿Vistes "interiormente" a tu pareja?

No.Mi novia tiene su propio criterio para sus cosas.