Jane
Te conocí en un faro, pequeño y frágil ante la inmensidad del mar. En esa época, yo divagaba con ser farero; vivir en un faro era un sueño. Yo pintaba betunes de espuma. Te gustaba ver el mar, ibas todas las tardes y coincidías conmigo. Se forjó una complicidad de dos personas que concuerdan en su cotidianidad. Te veía llegar y sonreías.
Un día te acercaste hacía mi. Me preguntaste con tu acento británico sobre lo que pintaba. Te dije que moteaba hologramas de crucigramas íntimos. Soltaste una carcajada sonora, como una sonata. Sonreí tímidamente, pensé que te había parecido una cursilería. Unos meses después me aclararías que te reíste porque no entendiste nada pero que te dio la sensación que era un bohemio encantador.
Me consultaste que significaba “guiri”, trazaba monólogos daltónicos en un bloc con un lápiz del numero dos, se me fue el trazo. Intente explicártelo pero no sabia. Llaman así a los turistas extranjeros, algunos de manera cariñosa y simpática, otros despectivamente. Tú cómo nos llamas, me susurraste. Los niños de la mirada frágil, contesté mientras miraba mis zapatos mojados por la brisa aguada. Ahora sonreías apocadamente.
Fuimos al campo, te gustaban los dientes de león, soplabas y miles de pedacitos surcaban el cielo, nos tumbábamos en el suelo mirando nubes. Me enseñabas palabras en inglés, comentaba que no tenía nada en contra de tu idioma pero que no me gustaba usar anglicismos cuando teníamos palabras en español. Te decía, por qué usar PC cuando tenemos ordenador. Te puse tantos ejemplos, que te entró risa. Eso pasa en todas las cosas, soltaste entre risotadas. Te quedó claro que no tenía nada en contra de tu lengua.
Me ensañaste a saltar a la comba, con nuestro amigo el castaño, arquitectura de ramas y raíces. Paseábamos por madejas de fantasía, añoranzas, burbujas veraniegas. Comí comida británica contigo, de la que preparaba tu mummy, saboree el ritual del té.
Me encantaba escucharte reír, aunque no se lo que significaba el humor inglés, ni el italiano, ni el francés ni el español, para mi la risa no tiene nacionalidad, sólo es el alma muda del organismo. Decías que me parecía a un personaje de Hugh Grant.
Todavía te recuerdo, aunque nunca te volveré a ver, aunque no sepa si te casaste con el novio que tenías, que yo siempre pronunciaba mal. Tengo mi corazón parcheado con gente que convivió conmigo un verano, no he olvidado a nadie. Estés donde estés Jane, gracias.
Fdo: Alejandro
No quiero ser poeta
No quiero ser poeta, ni ver el vidrio muerto en la muleta, no quiero ser poeta, ni disfrazar la penumbra tuberculosa en cuatro cuerdas viejas del piano. No quiero ser poeta, ni suspiros de plomo, escarchas en las sábanas policromadas, ni cicatrices polvorientas.
Subirme a los tejados, copos de nieve en las nalgas, la lluvia voyeur, el otoño no pregunta, bolsillos licuados, roídos los zapatos. Me sonríen caracoles de un rompecabezas. Desquiciados agujeros negros, tambaleándose en frascos de mis talones.
No quiero se poeta, ni decepción chirriado, ni serpentinas surrealistas, no quiero ser poeta, ni erizar mi cordura con dientes de león en las pestañas. No quiero ser poeta, ni lisonjero del ausculto, ni fragmento de autoparodia adusta, introversión linfático, ego vaporizado, no quiero ser poeta, ni dejar mis heridas abiertas, soy un niño que se salvaguarda con las sábanas desmenuzadas.
Fdo: Alejandro
Insomnio de etiqueta
No te vayas
Quédate en mis encías
Mis párpados no me pertenecen
Coloquios de migas somnolientas
Exordios taciturnos
No me dejes deshabitado
Con mi aprensión
Con mi melancolía congénita
Te me vas
Como el humo desposado del habano
Calma punteada en la lluvia
Relojes en la espalda
Diploma prescrito
Engranaje intrínseco
Castigo enhebrados
Desplante de neón
Dormir en tu silencio
Empañando mi alma
Manos tardas
Brochetas de sonrojos
Simbiosis marginal
Abstinencia de desnudos
Soleás pústulas
No te vayas
Persianas de agujetas
Insomnio de etiqueta
Sopor y luciérnagas
Andamios desangrados
Lunas en el asfalto
Trenzas de deseos y huellas
Salivas de goteras
No te vayas
Desarraigo del paupérrimo
Entalingado a tu ombligo
Síndrome de abstinencia
No te vayas.
Fdo: Alejandro
Serpientes machacadas por aquella rana vestida de novia
He perdido mi sombra debajo del puente
Mojando heridas finas secadas en el horizonte
Polillas escupiendo los rasguños de sal
Machacado por trenzas de arsénico y azafrán.
Qué imbécil hasta los pétalos de seda me hieren
Y las agujas de mármol desnudan la piel de mis dedos
El serrín se escapa por el aceite de mis sesos.
He perdido los protones en una campanilla descruzada
Caerá sobre todos los herreros forjando lenguas
Caerán los pasos del viento con cardenales en la boca
Caerán las balas que obligan a los mudos a gritar
Por qué me he perdido en la curva del tuerto
Cuando ya nadie reposa en el ataúd del carpintero
Tengo la lepra inyectada en la falda de mis venas
Aquella que me desprecia por el llanto de la sed
Soy un idiota que zarandean las almohadas del enfermo
Pero aunque sea un títere traslucido por todos los besos
Gritaré amor, no me dejes la ternura envuelta de dinamita
Amor, amor, amor que una niña de porcelana araña mi cintura
Los muslos de la ceniza todavía queman mi voluntad.
Amor, amor, amor debajo de las nubes ya no estás
Y mi paraguas está roto y los ahogados se cuelan.
No recuerdo quien soy, si me gustaba ser río
O dibujar escaleras oxidadas por el gesto del cielo
He sido tanto parte de tu voz y de tus ojos
Que me he perdido por la azotea de aquel ciego
No puedo obligarte a que ames como ayer debajo del cielo.
Amor, amor, amor que me ahogo en ignorantes alcantarillas
Y no recuerdo si las heridas eran serpientes machacadas
Por tu mano de algas o por aquella rana vestida de novia.
Deslía el abandono despacito hasta que se asfixie el céfiro
Ahora duermo en la bocanada de una mendiga húngara
Ya no queda nada más que un te quiero muerto por el pasillo
Por eso me he perdido por el eco de un violín enmudecido.
Deslía despacito mis venas, deslíalas poco a poco
Saca los escarabajos que me ennegrecen la sangre
Parezco un buscador de agua en un desierto desnutrido
Soy un don nadie metido en una botella de trapo
Ya ves, el amor eterno sólo existe en los graffitis del metro.
He perdido las líneas de mis manos en la senda de tu pelo
Soy un idiota que zarandean las almohadas de los muertos
Pero aunque sea un títere traslucido por todos tus besos
Gritare amor, no envuelvas la ternura envuelta de dinamita
Amor, amor, amor que una niña de porcelana araña mi cintura
He sido tanto parte de tu voz y de tus ojos
Que me he perdido por la azotea de aquel ciego.
Amor, amor, amor me ahogo en ignorantes alcantarillas
Y no recuerdo si las heridas eran serpientes machacadas
Por tu mano de algas o por aquella rana vestida de novia.
Fdo: Alejandro
Nota: Poema que escribí el día 25 de junio de 2001
Desvarios
Por fin podré dormir poco, despertarme pronto, buscar desesperadamente ventana, apoyar la cabeza en el vidrio, que me tiemble la frente... esas cosas.
No me gusta que llegue el mediodía y estar aún en la cama, cambiando de postura y tarareando el estribillo de una canción...Una nube tenue, desapasionada, vulgar, ha envuelto a la luna que habitaba mis noches. Con imperceptible movimiento ha secuestrado de mis ojos su luz en la noche, la atracción de su hechizo, compañía cómplice ahora que viven tan lejos los amigos. O quizás sea que otra luna, de invisible oscuridad, ha trocado mi mirada en alucinación, espejismo que anticipa y promete desiertos, despertando hambre y sed de lo que no existe...
Todavía hoy intento abrazar los charcos, son como corazones lacrimosos en los zapatos, me recuerdan a mi niñez, yo siempre quiero ser un niño eterno, madurando sin perder mi inocencia
Fdo: Alejandro
Tengo miedo, mucho miedo
Tengo miedo
Miedo de estar solo
Miedo que me quieran
Miedo que te dilapides en la niebla
Tengo miedo
Mucho miedo.
Tengo miedo
Miedo de ser tan pequeño
Miedo del viento
Miedo que te descuelgues de mi mano
Tengo miedo
Mucho miedo.
Tengo miedo
Miedo de crujirme contra mis dientes
Miedo de los atardeceres en tus sienes
Miedo de las lágrimas omnipotentes
Tengo miedo
Mucho miedo.
Tengo miedo
Miedo a los alacranes de espuma
Miedo al almuerzo de escalofríos
Miedo a la hipertrofia sensitiva
Tengo miedo
Mucho miedo.
Tengo miedo
Miedo a la fe atea
Miedo a la gnosis que se acongoja
Miedo a las fotografías recortadas
Tengo miedo
Mucho miedo.
Tengo miedo
Miedo al encono alquilado
Miedo al alegato beato
Miedo al raciocinio capado
Tengo miedo
Mucho miedo.
Tengo miedo
Miedo de los colectivos
Miedo de protocolarios calicospios
Miedo a álgidos endoscopios
Tengo miedo
Mucho miedo.
Tengo miedo
Miedo a ubres transidas
Miedo a designios deméritos
Miedos a abusos aritméticos
Tengo miedo
Mucho miedo.
Tengo miedo
Miedo a fatiga desparramada
Miedo a flores alambradas
Miedo a jeroglíficos albinos
Tengo miedo
Mucho miedo.
Tengo miedo
Miedo a respirar estampidas
Miedo a que ladre la histeria
Miedo a hospedar ausencias bulímicas
Tengo miedo
Mucho miedo.
Tengo miedo
A mi mismo
Tengo miedo
A no penetrar en los demás
Tengo miedo
A ser lo que no quiero ser
Tengo miedo
A resquebrajarme
Tengo miedo
Miedo
Mucho miedo.
Fdo: Alejandro
Me faltas tú
Te echo de menos mamá. Me siento solo sin ti, sin tus besos, sin tus caricias, sin tu voz, sin tu ternura, sin tu comprensión. No puedes secar mis lágrimas, ni calmarme con abrazos cuando siento miedo, angustia, dolor. Es lo único que yo quiero. Tocar el piano contigo en el invierno, tocar a Tierra con el alma abierta en tu cobijo. Escucha la lluvia mientras te cojo de la mano. Eso no ya no puede ser. Ya nadie me va consolar nunca, ni a proteger, ni me sonreirá desde la ternura. Me faltas tú, me falta mi mejor virtud, me faltas tú. Desolado, desierto, aturdido, agónico…sin ti. Sin ti me duele eternamente el alma.
Fdo: Alejandro.
Una nana, lluvia de plata
Duérmete mi niño, duérmete
Anudado a caracolas
Arrorró de ternura
Mosto lagrimoso
Vaivenes calidos
Susurros rimados oníricos.
Duérmete mi niño, duérmete
Cierra los parpados
Velando te hamaco
Que los luceros sueñen
Con barquitos de papel
Duérmete mi niño, duérmete
Que la luna trenza bufandas
Aceitunitas en la almohada
Mimos succionados
Mariposas en el ombligo
Vibran de frío.
Duérmete mi niño, duérmete
Esbozos en la piel
Instantes al trasluz
Chupete de azucena
Tejados de acuarela
Cuna algodonera.
Duérmete mi niño, duérmete
Ya bostezan los claveles
Tintinean cascabeles
Duérmete mi niño, duérmete
Ya se despereza el alba
Una nana, lluvia de plata
Duérmete mi niño, duérmete.
Fdo: Alejandro
Carta desde mi desnudo
Querida *Mara:
Te conocí una tarde de mayo, yo estaba en el bordillo de mi desnudo, tú cuchicheabas con tu silencio. Escuchabas los New Kids On The Block, mientras yo tartamudeaba con el pop español de los ochenta. Que lloraba viendo a Marcos y Heidi, que cerrabas los ojos de la tarde por pereza. Que coloreaba tus lunares enredando en el río.
Conoces mi vigilia, que le tenía miedo a los perros, por eso me regalaste un perrita, le puse Luna, tú conoces por qué. Qué no quería ser Frodo Bolsom ni Aragorn, que yo quería ser Sam y aire. Que mi primer libro fue El principito, que leía en los desvanes de tus extremos. Que mi padre me enseño a nadar, aprendí a montar en bicicleta un día de agosto en plena siesta. Que yo cogía tu sillín, tenía miedo de no sujetarte bien, que todavía lo tengo. Que te hiciste mujer mientras yo desteñía cenizas en los parques. Que nunca me gustaban tus novios, que cuando te dije que ése si me gustaba, te asustaste.
Que la luna es mi amor platónico, que mi gran secreto es mi primer amor. Que me gusta que me abracen. Que me da vergüenza decirte que te quiero, que por eso escribo versos enrevesados, qué me comparas con Bécquer, que yo me muero en cada ocaso. Que aprendí a tocar el piano a los cinco años, que me gusta la lluvia irrigando tus labios. Qué mi guitarra se llama Tierra. Que tengo miedo a no recordar a mis padres, salvo por las fotos en la pared. Que de niño me pegaron una pedrada por tener un amigo llamado Mohamed. Que me gusta la música árabe, que mi madre me leía Las mil y una noches.
Qué conozco lugares y personas que sólo existe en mis sueños. Qué te deleita acariciarme la mano cuando estás afligida. Qué por las noches lloro cuando la soledad es mi concubina. Qué me llamaste cobarde y estuve seis meses sin hablarte. Me sentía vacío sin tus enojos. Estaba en la sala de espera mientras te operaban, nunca te pude visitar, esos lugares me descarnaron tres veces. Qué nunca me reprochaste nada. A pesar de los pesares, estamos unidos por un cordón umbilical, el de la amistad. Qué te gusta recopilar mis poemas sueltos, los guardas en una caja inservible. Que nuestras conversaciones son mutismo a bramidos, ternura descolocada. Qué somos cómplices arropados por las sábanas de burbujas. Que de niña te gustaban las pompas que bailaban en el cielo mientras yo soñaba con Florentino Ariza y Fermina Daza. Qué lloro siempre que veo los telediarios. Qué tu ídolo era Alejandro Sanz. Qué te gustaba que tocara la guitarra mientras notábamos la lluvia de estrellas. Que una vez te intoxicaste por comer demasiado chocolate, que a mí me da gastroenteritis.
Sabes que no me gustan los vaqueros, que de niña no te gustaba llevar faldas. Qué tirito cuando me siento desamparado. Que soy voluntario, que no quiero que nadie lo sepa. Siempre me dices que soy un poeta pequeño que te conmueve mientras duermes. Que pinto desde la primera ecografía, que sólo una vez viste mis cuadros. Qué me llamas noble cuando me acabo de despertar. Qué eres un pedacito de mi vida y yo de la tuya. Qué yo soy demasiado tímido y tú demasiado lanzada, a veces me quemas en un rocío, a veces me hieres flagelando mis jirones.
Qué yo te quiero querida amiga. Aunque a veces no sepa expresar mis sentimientos tan directamente como tú.
*. Nombre ficticio, que representa a todas mis amistades femeninas a lo largo de mis veinticinco años de vida.
Fdo: Alejandro
Te conocí una tarde de mayo, yo estaba en el bordillo de mi desnudo, tú cuchicheabas con tu silencio. Escuchabas los New Kids On The Block, mientras yo tartamudeaba con el pop español de los ochenta. Que lloraba viendo a Marcos y Heidi, que cerrabas los ojos de la tarde por pereza. Que coloreaba tus lunares enredando en el río.
Conoces mi vigilia, que le tenía miedo a los perros, por eso me regalaste un perrita, le puse Luna, tú conoces por qué. Qué no quería ser Frodo Bolsom ni Aragorn, que yo quería ser Sam y aire. Que mi primer libro fue El principito, que leía en los desvanes de tus extremos. Que mi padre me enseño a nadar, aprendí a montar en bicicleta un día de agosto en plena siesta. Que yo cogía tu sillín, tenía miedo de no sujetarte bien, que todavía lo tengo. Que te hiciste mujer mientras yo desteñía cenizas en los parques. Que nunca me gustaban tus novios, que cuando te dije que ése si me gustaba, te asustaste.
Que la luna es mi amor platónico, que mi gran secreto es mi primer amor. Que me gusta que me abracen. Que me da vergüenza decirte que te quiero, que por eso escribo versos enrevesados, qué me comparas con Bécquer, que yo me muero en cada ocaso. Que aprendí a tocar el piano a los cinco años, que me gusta la lluvia irrigando tus labios. Qué mi guitarra se llama Tierra. Que tengo miedo a no recordar a mis padres, salvo por las fotos en la pared. Que de niño me pegaron una pedrada por tener un amigo llamado Mohamed. Que me gusta la música árabe, que mi madre me leía Las mil y una noches.
Qué conozco lugares y personas que sólo existe en mis sueños. Qué te deleita acariciarme la mano cuando estás afligida. Qué por las noches lloro cuando la soledad es mi concubina. Qué me llamaste cobarde y estuve seis meses sin hablarte. Me sentía vacío sin tus enojos. Estaba en la sala de espera mientras te operaban, nunca te pude visitar, esos lugares me descarnaron tres veces. Qué nunca me reprochaste nada. A pesar de los pesares, estamos unidos por un cordón umbilical, el de la amistad. Qué te gusta recopilar mis poemas sueltos, los guardas en una caja inservible. Que nuestras conversaciones son mutismo a bramidos, ternura descolocada. Qué somos cómplices arropados por las sábanas de burbujas. Que de niña te gustaban las pompas que bailaban en el cielo mientras yo soñaba con Florentino Ariza y Fermina Daza. Qué lloro siempre que veo los telediarios. Qué tu ídolo era Alejandro Sanz. Qué te gustaba que tocara la guitarra mientras notábamos la lluvia de estrellas. Que una vez te intoxicaste por comer demasiado chocolate, que a mí me da gastroenteritis.
Sabes que no me gustan los vaqueros, que de niña no te gustaba llevar faldas. Qué tirito cuando me siento desamparado. Que soy voluntario, que no quiero que nadie lo sepa. Siempre me dices que soy un poeta pequeño que te conmueve mientras duermes. Que pinto desde la primera ecografía, que sólo una vez viste mis cuadros. Qué me llamas noble cuando me acabo de despertar. Qué eres un pedacito de mi vida y yo de la tuya. Qué yo soy demasiado tímido y tú demasiado lanzada, a veces me quemas en un rocío, a veces me hieres flagelando mis jirones.
Qué yo te quiero querida amiga. Aunque a veces no sepa expresar mis sentimientos tan directamente como tú.
*. Nombre ficticio, que representa a todas mis amistades femeninas a lo largo de mis veinticinco años de vida.
Fdo: Alejandro
Un día cotidiano
Tu mirada chamuscada en mi tostada
Un cantautor dice fucking over booking
Rebusco en mi Collins pocket
Un niño amnésico araña mis orejas
La soledad agrieta mi café
Tus abrazos aparecen en la pared
Calendarios incompletos
Gritos en el tercer piso
Susurros de tus recuerdos en las aristas
Alcantarillas embutidas
Se vende corchetes afinados a tu cintura
Un día cotidiano mientras desmantelo
Tú sombra en mis sabanas
Tus caricias se reimprimen en periódicos de satén
Mis principios en mi macuto agnóstico
Tu lengua en el vademécum épico
Pirexia vestida de azafrán
La primavera descalabra almendros, lacta corolas
Estigmas de detritos
Bandeja de entrada, estalactitas arácnidas
Surfeando por tu espalda, arruga en mi frente,
Te vas.
Ciclos de Fred Astaire y Ginger Rogers
Cuadernos escolares
Barrenderos entarquinados de banalidades
Arthur Miller descosido en grúas
Inmobiliaria de uñas postizas, ilusiones perdidas
El papa expuesto como salchicha podrida
Charcos donde amelga el bolero de Lucia
Coches anquilosados en la rutina
Mi retina en tu retina
Mi desnudo en tu desnudo
Corredores exorcizan lípidos
Móviles catatónicos
Miradas desgastadas en la parada de autobús
Ofertas de todo a cien
Mayores que se disipan
Gritan tras el cristal
Nadie les escucha, taladradoras en el portal
Me despertabas al musitar
Descafeinados en mí respirar
Ombligos inconversos
Ansiedades cancerígenas en los costales
Mercury en mi disco portátil
Me decías un te amo codificado
Un día cotidiano
Te extraño roído por el estío
Gárgolas que me escupen
Culpabilidad en mis uñas indulgentes
Un día cotidiano
Ceñido a tus meandros
Cabizbajo entre naranjos
Guillotinas de esperanzas
Rodajas autónomas parricidas
Kama me destierra
Rati me esquiva
Exabruptos indigentes
Dilemas insolubles
Trago aislamiento anárquico
Melancolía disciplinaria
Condena burocrática
Jorobado arrodillado ante la puntilla
Sopranos, orfebres de venablos
Kafka y Milena Jasenskà en el vagón
Un día cotidiano
Relicario de tu caligrafía
Semáforos indulgentes
Parkinson alrededor de tus caderas
Cadenas recicladas
Un día cotidiano
Sonambulista en el alambre
Mª Teresa Campos, destronada
La franja de Gaza
El hambre apolilla la inocencia
Boxeo ergonómico
Yerros desaliñados
Un día cotidiano
El Papa será inhumado sin sarcófago
Mientras tú exudas de mis oquedades
Día cotidiano lejos de tus manos.
Fdo: Alejandro
Un cantautor dice fucking over booking
Rebusco en mi Collins pocket
Un niño amnésico araña mis orejas
La soledad agrieta mi café
Tus abrazos aparecen en la pared
Calendarios incompletos
Gritos en el tercer piso
Susurros de tus recuerdos en las aristas
Alcantarillas embutidas
Se vende corchetes afinados a tu cintura
Un día cotidiano mientras desmantelo
Tú sombra en mis sabanas
Tus caricias se reimprimen en periódicos de satén
Mis principios en mi macuto agnóstico
Tu lengua en el vademécum épico
Pirexia vestida de azafrán
La primavera descalabra almendros, lacta corolas
Estigmas de detritos
Bandeja de entrada, estalactitas arácnidas
Surfeando por tu espalda, arruga en mi frente,
Te vas.
Ciclos de Fred Astaire y Ginger Rogers
Cuadernos escolares
Barrenderos entarquinados de banalidades
Arthur Miller descosido en grúas
Inmobiliaria de uñas postizas, ilusiones perdidas
El papa expuesto como salchicha podrida
Charcos donde amelga el bolero de Lucia
Coches anquilosados en la rutina
Mi retina en tu retina
Mi desnudo en tu desnudo
Corredores exorcizan lípidos
Móviles catatónicos
Miradas desgastadas en la parada de autobús
Ofertas de todo a cien
Mayores que se disipan
Gritan tras el cristal
Nadie les escucha, taladradoras en el portal
Me despertabas al musitar
Descafeinados en mí respirar
Ombligos inconversos
Ansiedades cancerígenas en los costales
Mercury en mi disco portátil
Me decías un te amo codificado
Un día cotidiano
Te extraño roído por el estío
Gárgolas que me escupen
Culpabilidad en mis uñas indulgentes
Un día cotidiano
Ceñido a tus meandros
Cabizbajo entre naranjos
Guillotinas de esperanzas
Rodajas autónomas parricidas
Kama me destierra
Rati me esquiva
Exabruptos indigentes
Dilemas insolubles
Trago aislamiento anárquico
Melancolía disciplinaria
Condena burocrática
Jorobado arrodillado ante la puntilla
Sopranos, orfebres de venablos
Kafka y Milena Jasenskà en el vagón
Un día cotidiano
Relicario de tu caligrafía
Semáforos indulgentes
Parkinson alrededor de tus caderas
Cadenas recicladas
Un día cotidiano
Sonambulista en el alambre
Mª Teresa Campos, destronada
La franja de Gaza
El hambre apolilla la inocencia
Boxeo ergonómico
Yerros desaliñados
Un día cotidiano
El Papa será inhumado sin sarcófago
Mientras tú exudas de mis oquedades
Día cotidiano lejos de tus manos.
Fdo: Alejandro
No es un poema
Días y noches tormentosas,
he perdido al amor de mi vida,
no tengo amigos,
no tengo familia,
no soy nadie
nadie.
He perdido mi inspiración
sólo hastío
ya no leo,
ya no escribo,
no compongo,
Sólo soy una molestia,
un estorbo,
un encontronazo,
ya no tengo trabajo,
las horas me encarcelan,
por perder he perdido hasta las ganas de tener este blog
que nadie lee, que nadie sabe que existe,
¿sabrán los demás que yo existo?
No he sabido mantener nada,
mis padres, aunque no tenga la culpa, me siento responsable,
mi pareja, sólo quise su felicidad, lo que no podía darle,
mis amigos, se cansaron de tanta introversión,
mis anhelos, mi poesía, mi música, mi piano,
mis sueños, mi esperanza,
¿cuando me abandonará la soledad?
¿y el dolor?
ellos me son fieles,
yo sólo soy un montón de escombros
que se muere entre sollozos.
Fdo: Alejandro
Esto no es un poema.
he perdido al amor de mi vida,
no tengo amigos,
no tengo familia,
no soy nadie
nadie.
He perdido mi inspiración
sólo hastío
ya no leo,
ya no escribo,
no compongo,
Sólo soy una molestia,
un estorbo,
un encontronazo,
ya no tengo trabajo,
las horas me encarcelan,
por perder he perdido hasta las ganas de tener este blog
que nadie lee, que nadie sabe que existe,
¿sabrán los demás que yo existo?
No he sabido mantener nada,
mis padres, aunque no tenga la culpa, me siento responsable,
mi pareja, sólo quise su felicidad, lo que no podía darle,
mis amigos, se cansaron de tanta introversión,
mis anhelos, mi poesía, mi música, mi piano,
mis sueños, mi esperanza,
¿cuando me abandonará la soledad?
¿y el dolor?
ellos me son fieles,
yo sólo soy un montón de escombros
que se muere entre sollozos.
Fdo: Alejandro
Esto no es un poema.