Tiempo al tiempo
Hoy tú y yo seremos tiempo
Tiempo para que todo se nos vuelva viejo
Para que las cadenas que sosiegan la distancia no usen metadona contra el recuerdo
Para poder chapotear entre las estrellas las utopías contra nuestro verbo
Tiempo al tiempo, niña de escarcha enjuagada, tiempo al tiempo
Podemos escribir cada verso sobre las gotas cansadas
Desandando los hilos de las entrañas
Desandando las crispadas madrugadas
Buscando tu hueco en el cenicero
Buscando tu lugar entre los poetas pequeños
Buscando crecer entre la rancidez de los helechos
Y serás niña un columpio certero que vuela sobre mis dedos abiertos
Niña de escarcha enjuagada, tiempo al tiempo
Podrás escribir un verso sobre tus pestañas caducadas en hastío
Podrás escribir sobre las espinas de un mártir en invierno
Podrás hervir la sangre de tus derrochas sobre la aureola de los niños
Hoy tú y yo seremos tiempo
Tiempo inquieto
Tiempo amargo
Tiempo que doblega los almanaques de los llantos
Desandando los hilos de las cascadas
Desandando por las huertas de tus espadas
Y serás niña un grito de libertad acorazada
Niña de escarcha enjuagada
Tiempo al tiempo
Tiempo de martes
Tiempo de sangre
Tiempo al tiempo, mi niña de ensayos
Tiempo al tiempo, en el club de los poetas pequeños
Firmado: Alejandro
La lira anclada en dos mares
Perdón, hablo claro como la luz
Hablo claro para que nadie me entienda.
Perdón, he cortado una flor para ti,
Silencio,
Por ser la flor de mi melancolía.
Perdón, el viento hiela mi rincón de sombras
Donde mi ventana me acerca tu nombre.
Perdón, mi corazón se va a tu puerto
Mis lágrimas lloran al verlo embarcar.
Perdón, oigo una llave hablar de la luna que se va,
Oigo como la carcoma respira ante un apolillado cartón.
Perdón, el chopo resguarda tus yemas de la nieve,
Y del recuerdo rojo que se filtra en mi oído.
Perdón, otra vez la noche…
Madre de las mariposas negras,
Flor de fuego, pliegues de plata.
¿Quién ha de helarte, dime?
Perdón, la luna enyesa la sal de la garganta
Donde duerme la mirada del amor tardío.
Perdón, me duele tu recuerdo,
La soñada miel de tu escarcha
Y la flor imposible del corte helado.
Perdón, las persianas se cierran mordiendo el tiempo
De mi memoria,
Anclada la lira entre dos mares.
Perdón, mi cobardía se encierra en manchas del olvido,
El mar se baña en tierra vendida.
Perdón, la luna sube como una cometa de cristal,
Por el mar donde huele a jazmín y partículas de violetas.
¿Quién ha de helarte, dime?
Perdón, la luz se insinúa donde la luna aparece dormida
Donde se besan la piedra y el sueño.
Perdón, he besado la piel que no tienes,
Las lágrimas que te fallan,
El arroyo del poeta donde implora el agua,
Donde tan bien suena tu nombre.
Perdón, la tierra se desgarra,
El cielo protesta,
Mi cuerpo se garabatea,
Mi alma camina con hierro en las entrañas.
Perdón, la tarde llora ante un espejo que se deshoja,
Retratos de una lágrima que se reprime.
Perdón, la tristeza cabalga por tapias de estrellas,
Donde la risa no miente ni el llanto no piensa.
Perdón, el vino bebe solo en rincones de ayer,
Donde todavía vaga el cielo en pétalos de enero.
¿Quién ha de helarte, dime?
Tu sombra ya duerme sin aire ni cordeles
Que corren en silencio por las frentes.
¿Quién ha de helarte, dime?
La hiedra se asoma a la fuente
En una noche de verano donde pendía tú nombre.
Pero dime, ¿Quién ha de helarte?
Nota: por cada vez que he tenido que pedir perdón por ser empático, susceptible, sensible, demasiado poético, demasiado soñador, demasiado yo. Perdón por sentir como tirita una luciérnaga mientras resbala por los chopos húmedos. De eso va el poema, de las veces que he tenido que pedir perdón en mi vida por sentir como siento, por ser como soy.
Firmado: Alejandro
Para quien no lo sabe tengo otro blog menos poético, mas directo, mas sin la persiana de las metáforas y recursos literarios:
http://blogs.ya.com/elotroladodelfaro/
Feliz día internacional del amigo
Carta a un Amigo
No puedo darte soluciones para todos los problemas de la vida, ni tengo respuestas para tus dudas o temores,
pero puedo escucharte y buscarlas junto a ti.
No puedo cambiar tu pasado ni tu futuro.
Pero cuando me necesites, estaré allí.
No puedo evitar que tropieces.
Solamente puedo ofrecerte mi mano para que te sujetes y no caigas.
Tus alegrías, tu triunfo y tus éxitos no son míos.
Pero disfruto sinceramente cuando te veo feliz.
No juzgo las decisiones que tomas en la vida.
Me limito a apoyarte, a estimularte y a ayudarte si me lo pides.
No puedo impedir que te alejes de mí.
Pero si puedo desearte lo mejor y esperar a que vuelvas.
No puedo trazarte límites dentro de los cuales debas actuar, pero sí te ofrezco el espacio necesario para crecer.
No puedo evitar tus sufrimientos cuando alguna pena te parte el corazón,
pero puedo llorar contigo y recoger los pedazos para armarlo de nuevo.
No puedo decirte quién eres ni quién deberías ser.
Solamente puedo quererte como eres y ser tu amigo.
En estos días ore por ti...
En estos días me puse a recordar a mis amistades más preciosas.
Soy una persona feliz: tengo más amigos de lo que imaginaba.
Eso es lo que ellos me dicen, y me lo demuestran.
Es lo que siento por todos ellos.
Veo el brillo en sus ojos, la sonrisa espontánea
y la alegría que sienten al verme.
Y yo también siento paz y alegría cuando los veo
y cuando hablamos, sea en la alegría o sea en la serenidad, en estos días pensé en mis amigos y amigas
y, entre ellos, apareciste tú.
No estabas arriba, ni abajo ni en medio.
No encabezabas ni concluías la lista.
No eras el número uno ni el número final.
Lo que sé es que te destacabas por alguna cualidad
que transmitías y con la cual desde hace tiempo
se ennoblece mi vida.
Y tampoco tengo la pretensión de ser el primero,
el segundo o el tercero de tu lista.
Basta que me quieras como amigo.
Entonces entendí que realmente somos amigos.
Hice lo que todo amigo: Ore...
y le agradecí a Dios que me haya dado la oportunidad
de tener un amigo como tú.
(Jorge Luis Borges)
Tercera parte.... Sevilla, sangre, envidia..
Tercera parte
Israel hizo el esfuerzo loco de olvidar aquella tez de azucena que había forjado la sonrisa en sus labios, quería andar pero sus pies se arrastraban, estaban volando el recuerdo de aquellos cabellos anochecidos bajo las estrellas.
Todo su alrededor se revestía bajo las formas de Nieves, los ojitos de Israel parecían sonreír complaciente al ver ante sí, las pupilas y la retina rellenando el río, eran de ella. La veía en todos lados. La Giralda se estremeció desde lo más profundo de sus raíces.
Entonces ya flameaba el corazón, ya chorreaba en el aire andaluz borbotones de refulgencias de anilinas, se derramó en su frente, que se aliviaba hipando el aire que ella desliaría. Ya se desdobló el amor en las gradas de Sevilla.
Israel cerró los ojos para no verla, pero ella había poblado hasta sus dedos. Al fin, se pudo escapar la voz de sus labios, y desde sus huecos que no podían resistir más, dijo:
- Se llama Nieves…Nieves apenas te conozco y ya diriges mis horas, hasta mi boca suspira con tu nombre incansablemente. La niña que ha bordado mis arterias con su orla manchada en mi mente, se llama Nieves…Ella se llama Nieves y ya pulula sus ojos ante mis guedejas… ella se llama Nieves, que bella, Dios mío. Nieves….Nieves….Nieves…Ella se llama Nieves…
Y la rosa ya preparaba las navajas.
Fdo: Alejandro.
Sevilla, sangre, envidia..Segunda parte
Segunda parte
Nieves caminaba absorta en sus propios pensamientos, cuando escuchó unos suspiros que procedían muy cerca de allí. Ella guiada más por la extrañeza que por la curiosidad, se acercó menguando, hasta encontrarse con un joven que lloraba como el relente herido.
- ¿Por qué lloras?, no llores por favor, que los lirios se enlutan con tu llanto.
Israel, sorprendido, intentó matar al instante sus lágrimas, pero ellas se deshicieron otra vez de su mejilla, cuajadas estalagmitas en el suelo. Nieves conmovida, se acercó hacía él, se sentó enfrente del testigo de su amor, el banco.
- Lloro por culpa de la locura de mis labios, por algo tan sencillo, tan doloroso cuando acaba, como el amor, sobretodo cuando perece en los ojos.
- Lo sé, es duro - contestó Nieves - pero si después de desparramar agua en el suelo, vuelves a sonreír, te darás cuenta que todavía nos fascina lo que antes nos hacia reír.
- Gracias. – contestó turbado- me has recordado que la vida no tiene porque ser lágrimas a partir de ahora… me llamo Israel. ¿Y tú?
- Nieves - contestó ya enamorada, sin saberlo-.
- Ha sido un placer conocerte, Nieves, a ver si un día de estos nos vemos.
Y se alejó con la satisfacción de haber conocido a alguien muy especial. Tan especial como amable y generosa. Ella ya estaba en su corazón, pero la rosa ya estaba muerta de celos.
Nieves, no pudo conciliar el sueño esa noche y la luna tiernamente la contemplaba, el amor revoloteaba por su azotea y con sus yemas le arrullaba el corazón, ella sonreía como los jazmines. Susurraba a los muros bañados de miel lunar, inclinada hacia su almohada de nácar.
- ¡Es imposible, esto es una locura que se ha coagulado en mis ojos, pero solo con oírlo como un eco, mi corazón repiquetea como un sonajero vulnerado por el éxtasis! ¡Es una locura... es una locura…! ¿Y si el no se refleja nunca más en mis ojos? No puede ser…
Pasó la noche inmarcesible, con aquel pensamiento, que laceraba su locuaz mente, pero sus párpados descansaron al amanecer, que empezaba a bostezar entre las colinas verdes. Hasta en sus sueños, Nieves veía la silueta balanceándose por los jardines, que aplaudían efusivamente. Menos aquella rosa, eternamente celosa, aquella que se mofa de todas las pupilas que titilan.
Nieves despertó por la tarde, que se despintaba bajo la lluvia sardónica, que se arrastraba diabólicamente entre las calles, retozando con las hebras del agua entre sus pies.
Ella ya no se reía de su locura, ahora era presa de una cadencia enardecida que le costaría la vida entre las espinas de una rosa, ante sus extraviados ojos.
Fdo: Alejandro
Continuará...
Sevilla, sangre, envidia y locura poetiza
Primera parte.
Nos encontramos en Sevilla, esa ciudad que nació de una saeta de la luna, la misma luna que acaricia con sus dedos la cara del Giraldillo, la que se muere de celos al ver tanta belleza reflejada en el Guadalquivir. Esa luna que ha visto llorar a tantos sevillanos por bulerías.
Aquí en la ciudad de la luz, escuchareis los primeros acordes de unos corazones rotos por una rosa, ella sola cubrió los ojos de lágrimas de cada suspiro.
María, lloraba con el rostro cubierto por unas manos que ya le agrietaba el viento con su canto; lloraba sin suspirar, pero las lágrimas jugueteaban lentamente por sus mejillas hasta suicidarse desplomadas en la camisa de María.
Tomás, su marido desde la primera vez que la vio con azahares en su ya canoso pelo, la miraba con profundo dolor. Su querida mañana lloraba desconsolada, y él impotente por el dolor de su mujer, no parecía percatarse que su dolor le había matado de un bocado las pupilas.
La noche acabó borrando la luz que acababa de morir en un rincón de La Maestranza, junto a aquellos toreros y su sangre marchitada, y la luna lo sabía, por eso, empezó a subir las escaleras hasta envolver con su aliento la grandiosa Catedral.
La maldita noche, maldita encubridora que lleva siempre las manos frías, aquella que filtra la locura en las venas de la luna, aquella que se le resbala lo eterno entre los dedos, aquella que con sus labios convierte todo en efímero.
Juan, hijo mayor del matrimonio, rompió el silencio que se angustiaba entre las cuatro paredes, con la voz quebrada por la llaga de la agonía y si hablara el delirio por él:
- ¡No puede ser… imposible… no puede ser!
Luego, y como si hubiera recordado algo de repente, prosiguió con acento melancólico y suave:
- Nieves, donde esté será feliz jugando con los cabellos de Isra, enredándolos en la madrugada… seguro madre, seguro.
Y las lágrimas ya besaban sus labios dolientes.
Nieves fue hermosa, tan hermosa que las rosas lloraban de envidia. Tan alegre como las campanillas del parque de María Luisa, era tan vital… Dios mío… tan vital, que la muerte se encaprichó.
Israel, llevó el cielo andaluz incrustado en sus ojos, y el sol dormía en su pelo, era tan tierno que las palomas lloraban al verlo pasar, era tan tierno… que las estrellas lo besaron.
Los dos se quisieron con ese amor delirante, ese amor que hace sin ningún límite, con ese amor que se lleva uno forrado en su tumba y aquella rosa que los mató por envidia, lo sabía. Ella al verlos lo supo y se reía agazapada en el muro.
Nieves e Israel, se conocieron una tarde de mayo, en los jardines de Murillo. Una tarde que hería con su trino las paredes de una Torre del Oro embelesada por la belleza del río.
Fdo: Alejandro
Continuará .... o no.....
Como dueles en los labios
Cómo dueles en los labios,
cómo duele en todos lados,
cómo duelen sus caricias
cuando ya se ha ido.
Cómo me duele la ausencia,
cómo extraño su color de voz,
cómo falta su presencia
en mi habitación.
Cómo me duele el invierno,
cómo me duele el verano,
cómo me envenena el tiempo
cuando tú no estás.
Cómo duele estar viviendo,
cómo duele estar muriendo así,
cómo me duele hasta el alma
en mi habitación.
Cómo dueles en los labios,
en todos lados, soledad.
Cómo dueles en los labios,
en todos lados, soledad.
Cómo me duele no verte,
cómo duele en madrugada.
Cómo me duele no verte,
cómo duele en madrugada.
Cómo dueles en los labios,
cómo duele en madrugada.
Cómo dueles en los labios,
cómo duele en madrugada.
Letra y Música: Maná