Si te rindes dame tiempo
Si miras el silencio con los ojos endurecidos
Si sueñas con el alma despierta
Si caminas con las esperanzas acuarteladas
Si suspiras con los anhelos maniáticos
Si te contagias de los llantos emperifollados
Dame tiempo
Para mirar el silencio limado
Para soñar templado
Para caminar abrazado
Para suspirar inspirado
Para contagiarme de tus lágrimas
Dame tiempo
Para calmar tus heridas calcáreas
Si te rindes ante los cepos microscópicos
Dame tiempo
Para abrirlos con la fuerza de tus bullicios
Si te rindes
Dame tiempo
Porque si tú te rindes
me condenan los miedos
Porque si tú te rindes
se me desangra el consuelo
Si te rindes
Dame tiempo
Para disfrazarme con tu ímpetu
Para metamorfearme en tí
Firmado: Alejandro
Cuando el dolor no cesa
Ocho años de infierno, con receso de tres años en que todo dolía menos, todo pasaba un filtro que llegaba menos cruel a mis muros derribados, el abismo se extenuaba entre sus dedos.
Ochos años de morir en cada anochecer, abrazado a sudores, arrancándome la voluntad con alicates diabólicos, losas en cada manecilla del reloj, en cada tic tac se impele el espanto. ¿Qué hago con el amor filial que se me quedó huérfano? ¿Qué hago si ya no tengo a nadie que me fabrique paneles de esperanzas? ¿Qué hago mamá con este dolor que me desgrana las ganas? ¿Qué hago con el vacío que rellena mi entrega?
¿Qué hago con este dolor que hiende los huesos, que expatriar mis pulmones, que rebana mis ojos? ¿Qué hago con este dolor que cuartea mis amígdalas, desmenuza mis músculos, desagua infecciones en mi sangre? Para sobrevivir a la putrefacción necesito que me prestes tus fuerzas, amor.
Ocho años sin tus besos, mamá, sin abrazos completos, sin una vida completa, sin estar, sin respirar, sin ser, sin instrumento, sin madrugadas, sin aliento. Te llamo a baladros porque te necesito. Gracias por mandarme a Jimena, ella me suministra sus fuerzas.
La noche me roe con sus dientes de aceros anticongelantes, atroz la aurora, los lobos rapiñan mis nervios estomacales, los oleos agonizan en un suspiro interrumpido, busco un alma que no encuentro, una calma que se me escapa, un cese que no llega, se cuelga el vacío en mis ojeras. Insistes que me levante, pero estoy hemipléjico, sólo con tu parte no puedo respirar, no quiero que vivas con un pulmón.
Mamá yo te quiero, aunque ahora sólo te tenga en mí. Gracias por Ella, es quien me retiene en esta pedanía.
Firmado: Alejandro
Gotas líricas en los callos
El año en que fui concebido, sonaba en el aire los gritos de justicia del rock andaluz con Triana con su lengua rota cantaban se de un lugar, abre la puerta y en el lago. Alameda con sus quejíos susurrados de los aires de la alameda. La rabia de las humillaciones del pueblo andaluz mordiéndoles el alma en paseando en la mezquita de Medina Azahara. Los grillos nostálgicos de la canción recuerdos de mi tierra de Mezquita.
Gateaba entre los surcos de la juventud de mis padres, con los vinilos chorreando ansias y anhelos, María Isabel de Los Payos abrasaron sus veranos de postales horteras, me lo dijo Pérez de Los tres sudamericanos bailaba en la ponchera de los guateques improvisados, Barrabas zarandeaban las ganas de divertirse al ritmo de sus canciones a españoles y extranjeros en las discotecas hogareñas. Se entregaban apurando el amor en las esquinas con tengo tu amor de Fórmula V, las versiones de Lone Star aligeraban la zozobra de las noches sudorosas. Los bravos y los brincos mantenían una lucha de esgrima sobre pentagramas estivales mientras los jóvenes intentaban burlar los yugos paternales. Un rayo de sol de Los Diablos espolvoreaba de sencillez la complejidad de la inquietud.
Los Pirex y Los Mustang traspiraban en mis pañales mientras mi madre olvidaba los agobios cotidianos en un tocadiscos con morriña. Los Pekenikes, Los puntos, Los relámpagos, Módulos, con el órgano sucumbido al éxtasis, Pic-nic con su cállate niña, formaban los hilos del telar de los recuerdos sobre años contradictorios, entre la esperanza y las pesadillas de las guerras.
Las voces de aquel tiempo, hijos del agobio claustrofóbico, remeros de la coexistencia pacífica, ebullición juvenil, radios democráticas, una revolución silenciosa al ritmo de Los Gatos negros, Cheyenes, Huracanes, Dúo dinámico. Las chicas ye-ye. Los pasos, Los íberos, Los HH, Los canarios, los salvajes, Mitos, Los Ángeles, Conexión, Los javayolas. Jóvenes entre la apolítica silenciosa meneándose en las verbenas y el compromiso, la protesta. Mis padres escucharon en su juventud ambas polaridades, luego yo con la curiosidad de un niño que quería saber que habían escuchado sus padres en la época de la rebeldía encadenada.
La canción protesta con Serrat arañándole poesía a la censura, Jarchas gritando libertad sin ira en los campos, Cecilia, Maria del Mar Bonet, Víctor Jara acribillado de injusticia entre los dientes incorruptos, Rosa León, Paco Ibáñez, Lluís Llach, Víctor Manuel, Luis Eduardo Aute, Pi de la Serra, Javier Krahe, Jaume Armella, Jairo, Hilario Camacho, Mercedes Sosa. Los cantautores influenciaron en mí, succionados en un biberón inconformista ante las injusticias sociales, los primeros pasos de la infancia cerrando el puño cuando se masacra a los despavoridos. Mi carácter se formo entre el activismo social y el altruismo conformista en el amor, arropado por los vocalistas melódicos que mis padres traspiraban abrazados en la intimidad de una penumbra ralentizada.
Aprendía a como iba a amar entre las metáforas y los desgarros emocionales, con la entrega del amor por encima de todo. Nino Bravo, Camilo Sesto, Miguel Gallardo, Danny Daniel, Manolo Otero, Juan Camacho, Juan Bau, Jeannette, Bruno Lomas, Braulio, Basilio, Los Pecos, Pablo Abraira, Pedro Marín, Moncho, José Vélez, Perales, Soto.
Aprendí a crujirme a ritmo de quejíos, tarantas, soleás, bulerías al compás de Camarón, Sorderita, Morente, Marchena, Carmen Linares, Mayte Martín, Toronjo, Fosforito, Chocolate, Menese, Pansequito… A derramar las lágrimas en las cuerdas de la guitarra con traqueotomía, a soportar arañazos de un tranvía sonámbulo.
Mojé mi propia rebeldía con los versos fóbicos de Antonio Vega, Gabinete Caligari, con los gargajos de siniestro total. Radio Futura, Celtas Cortos, El último de la fila, Los Rodríguez, La Frontera, Luz Casal, Duncan Dhu, Héroes del silencio, Los suaves, Rosendo, Los secretos, Tequila, Hombres G, Golpes bajos, Seguridad Social con los cuchillos de su chiquilla, La guardia, La unión, Revolver, Cómplices, Mecano, Los Ronaldo, Tam tam go, Modestia aparte…
Conocí a compositores de desnudos en persianas vaporizadas, Alejandro Sanz con su ternura cruda de alacranes subatómicos, Álex Ubago, Antonio Orozco y su soledad punzante, Amaral, Demaría, Bunbury, Elefantes, Ricardo Arjona, Silvio Rodríguez, La oreja de Van Gogh, Alejandro Lerner, Ismael Serrano, Pareja Obregón, Tontxu, Calamaro, Antonio Flores, Pedro Javier Hermosilla, Pedro Guerra, Rosana, Javier Álvarez, Quique González, Carlos Chaouen, Jorge Drexler, Iván Ferreiro, Rosario, Malú…
Enzarcé mis tormentos, mis angustias a la música clásica, al jazz, al soul… y la música carcomió de mi vida y mi vida transpiró la música.
Ni están todos los que son pero son todos los que están, han marcado mi vida. Gotas líricas en los callos.
Firmado: Alejandro
Lloremos juntos por la humanidad
Siesta en los volantes del insomnio
Ilusiones, anotaciones hidratadas en sumideros
La invidente confraternidad
Guarda un tuve
Deserta el tengo
El orgullo vagabundea descalzo.
La seguridad de un hogar, cartón
Sumiso el desánimo
Sujeto sin predicado
Soledad en los zapatos putrefactos
Invisibilidad de la tercera persona de singular
Risas, ácido merendando su fe.
Frialdad en las miradas
Frío en el suelo
Vapuleos ensartados en los harapos
Sudando catres de ortigas
Silencio costumbrista
Polizón del vértigo.
Despellejado de la vanidad
Metáfora esperpéntica de la sociedad
Concepto del consumo
Aterido en la vigilia
Abstinencia de afectos
Vacío esdrújulo.
Nostalgias de naufrago
Bardo de alcantarillas
Antología de hormiga masticada
Blues de los olvidados
Análogo de rechazado
Colonia del imperio.
No llores mojando botellas y asfalto
No encajas en la sociedad corrupta
No dejes que el miedo te muerda los hombros
Aforismo de la crueldad ajena
No llores más por la pobreza
Lloremos juntos por la humanidad.
Firmado: Alejandro.
Dedicado a Miguel, muerto en 1998 a manos de unos neonazis en Madrid.