Nadie en el faro de Alejandro
Vive Loco y Muere Cuerdo
Acerca de
Mi diario no es una obra maestra, ni siquiera un ensayo magistral sobre la sociedad actual en la que vivo, es sólo la historia personal de un chico normal. No pretendo que sea un relato literario soberbio, sólo un trozo de mar donde gritar mis llantos, mis alegrías. En definitiva un pequeño faro donde alumbrar todos mis sentimientos y arrojarlos al mar.
Sindicación
 
La monotonía lluviosa


La alborada se enfunda de monotonía, qué hastío la luna chorreando sus senos de leche descremada. Que aburrimiento despeinar el letargo, desquiciar la ironía, erguirse con la lubricidad. Qué tedio lamer el escote del erotismo, arrullar piedras, masticar nostalgias. Qué monótona la tristeza, que repone los días en la desazón. ¿Qué haces conmigo monotonía? ¿Qué haces conmigo melancolía lasciva?

Firmado: Alejandro



 
Las sonrisas se extinguirán



Volverás a sonreír le dijeron los pedazos al vacío
Y el vacío se llenó de lágrimas
Y los pedazos en cuchillas intransigentes.
Remendado de lírica sangrante
Payaso de imposibles
Cuento tachado
Pronombre minúsculo
Eco amilanado
Esqueleto desahuciado
Me muero en una brecha añil
Me muero de agonía gris
Invocando los garfios del león
Enigma de pecho intacto
Corazón desvalijado
No puedo dormir el fracaso
Sometido por el arrebato de las pezuñas de Pegaso
Volverás a sonreír le dijeron las sombras al silencio
Y el silencio se desangró
Y las sombras se suicidaron.
Poeta hermético hasta para mí mismo
Muermo cáustico
Cadencia anómala
Aspersión necrológica
Arrojo manso
Apolo castrado
Me muero en un pezón de Hathor
Me muero en el ribete del labio
Invocando alfabetos de vejaciones
Degradaciones ansiolíticas
Nergal me estafa
Deja de abatir mis hebras
Atraviésame traidor
No puedo consolar la desesperación
Demolido por la glotonería de Equidna
Volverás a sonreír le dijo la infusión a la tiniebla
Y la tiniebla cometió infanticidio
Y la infusión precisó camisa de fuerzas.
Volverás a sonreír me dices al oído
Y las sonrisas se han momificado
Y el tiempo es un artificio inanimado.

Firmado: Alejandro


 
Es tan tarde

Montado en la grupa del viento, acredito mi angustia
Empapado en larvas de Demontre, adalid de la decadencia
Enrollado sobre la noche, puliendo las tormentas
Es demasiado tarde
Los pétalos se cambian de traje bajo la cortina de la brisa
Aparecen con sus rulos dibujados por condenados
Es tarde
Todo el mundo lo sabe
Es inútil quejarme
La mañana extiende su vaho limpio
Su telaraña se aparea en la matriz del aire
Encuentros de ortigas y heridas
Ignorado y olvidado
Pidiendo limosna
A los protagonistas de un cuento indiferente
Es tan tarde
Yo que no sé fingir firmeza
Miro hacía atrás
Todo está tan alborotado
Tan maltratado por mis propias manos
Cuéntame lucero inquieto
Porque ando medio muerto
Con mis ojos mojados en tinieblas
Y sólo consigo la hierba
Sólo veo la dulzura agonizando en una tarde inmensa
Huele todo a confusión, a sentencia
Ya no corro subido en la exclamación
Contemplo el paisaje oxidado
Acompañado de los recuerdos
Es demasiado tarde
Qué cosa tan extraña sucede cuando la esperanza se apaga
Todo se queda dormido en la ignición del poeta
Se queda cuajada la ilusión
El silencio camina de la mano del reloj
Penando con tanto adiós
Mancho la luz con el hálito
Es tan tarde
Lo saben todos
Es inútil
Niño abandonado
Niño desolado
Niño destrozado
Qué vamos a hacer con tantas palomas muertas en la plaza
Sumisos ante el dolor, las ojeras y las lágrimas
Deshilando el relente quejumbroso
Es demasiado tarde
Tan tarde
Que ya no escucho los ecos animosos
Sólo el rasgado lento
Niño triste
Niño doliente
Niño sumergible
Qué vamos a hacer con tantos claveles desvigorizados
Tejidos por los anhelos, la nostalgia y los desalientos
Es tan tarde
Todos lo saben
Es inútil
Esta mano tuya que me sostiene
La necesitas para acariciar flores
Déjame caer
Es tarde
Todos lo saben
Déjame caer
Necesitas tu fuerza para subsistir
No me la suministres
No quiero que vueles con mi carga
Tus alas no deben tener gangrena
Déjame caer
Es tan tarde
Todos lo saben
Es inútil
Niño callado
Niño magullado
Niño sepultado
Qué vamos a hacer con el tiempo que hiere la espalda
Es tan tarde
Todos lo saben
Es inútil
Déjame caer.

Firmado: Alejandro



 
Arrecio



Dejadme volver a por mis alas
Que murieron sin querer
Enredadas en los calcetines de acuarelas por la mañana.

Parad las columnas polucionadas
Que enturbian mis sueños
Que se pierden en inmensas heridas de asfalto.

Me abrazo a la tristeza, esa fidelidad en el horizonte
Que se mezcla en mi cotidianidad
Corretea sátira por las sombras de un aroma.

La melancolía es un espectro dramático
Una ola que viene y va
Cuando se va, arrojada por la pasión
Siempre vuelve, desnuda y frágil, imantada por la nostalgia.

Soy aquel cisne negro que naufraga por pantanos
Que se pierden en la marabunta de mis gritos.
Morfeo adormilando los recuerdos sobre hilillos de ganas
Se me despiertan en los temblores amables del alma.

Me derramo en un vaso dramaturgo
Empujando mi barca a través del barro reseco
Tejiendo está el viento algodones negros en la cadera de la luna
Para que yo repose los rejones de loco en las trenzas de niebla.

Moribundo, me nutro en senos de mar
Disimulando los rotos con suturas de sal
Relamiendo las hieles y sangre hedionda
Sonando miradas que se apagan en mi palma.

Devolvedme los vidrios donde oía mis risas
Esas raíces lucíferas que me taponaban las fatigas
Voy cazando los ecos nostálgicos
Deambulan por los estribos de las estrellas
Mariposas reverenciadas
Se espantan por la vereda del rocío.

Dejad quietos los nidos del silencio
Que está pariendo crepúsculos en corazas acuíferas
No quiero ser hijo adoptivo de la perfección sentimental
Seré un cuerpo buceando en la nieve sacramental.

Arrecio de frío
Arrecio en gargantas de bisturí
Arrecio en las mejillas de un colibrí
Arrecio en el extravío.

Dejadme volver a por mis alas
Que las he remachado con tachuelas
En crucifijos suicidas.

Que fue sin querer
Que he matado con alevosía
El ímpetu de mi demencia.

Devolvedme mis alas
Que fue sin querer
Dejad que, sobre los lomo de una bóveda serena, las tienda
Sonría bajo un albor rebañado de las enaguas del mar.

Arrecio de frío
Arrecio en gargantas de bisturí
Arrecio en las mejillas de un colibrí
Arrecio en el extravío.

Dejadme volver a por mis alas
Que fue sin querer
Que me extingo en mis vértigos
Y estoy arrecio de frío.

Firmado: Alejandro