Nadie en el faro de Alejandro
Vive Loco y Muere Cuerdo
Acerca de
Mi diario no es una obra maestra, ni siquiera un ensayo magistral sobre la sociedad actual en la que vivo, es sólo la historia personal de un chico normal. No pretendo que sea un relato literario soberbio, sólo un trozo de mar donde gritar mis llantos, mis alegrías. En definitiva un pequeño faro donde alumbrar todos mis sentimientos y arrojarlos al mar.
Sindicación
 
Horizontalidad y verticalidad


Te descubro
Te cubro
Te recorro
Corro desnudo por gemidos
Te conozco
Te aprendo
Te beso
Te visto de caricias, me olvido para volver a cubrirte
Me suprimo en tus caricias, me reconozco en tus besos
Soy susurro espumoso en tu ingle
Urgencia pendenciera
Raíces mojadas
Me pierdo en su savia, en tu veneno
En tu palpitar que traquetea, incita, detona
Me azota alegre en la batalla
Te percibo en mis actos
Entre mis brazos
En tus pezones escribo mi nombre
Con mordiscos de palabras
Y estás tan cerca
Que te sumerges enfebrecida
En una exploración insaciable
Pulo tu cuerpo con mi cuerpo
Tu desnudez y mis suspiros
Los jadeos van entrando en tu garganta
Tus piernas sujeciones de temblores
Tu vientre alimento azucarado
Tu cintura me prepara el descenso lento
Firmando con las manos secretos nocturnos
Deambulo con mi lengua en cada hondura
Me anudo a tus besos
Y te hago ofrendas en la horizontalidad de la luna
Resbalando en tu verticalidad ensalivada
Te bebo, me adhiero
Sudando escondido en tus caderas
Derribamos los límites
Te adivino
Te nutro, renaces en mis carnes
Tus pechos desnudos, tus labios vestidos
Tus ojos frescos
Somos transparencias
En el tobogán náutico
Hundiéndome en tu gruta liquida
Besos suaves
Besos rápidos, besos impulsivos
Besos lentos, besos retenidos
Besos profundos, besos subterráneos
Besos comunicantes, besos penetrantes
Besaré tus ojos, tus parpados que me abanican
Besaré tus mejillas, tus pómulos
Besaré tu barbilla, tu cuello y los hombros
Y tu piel cederá bajo mis labios
Besaré tu pecho, tus pechos y tus pezones
Con la dulzura que reconoces
Y me guiaras por el abismo de tu vientre
Besando tu ombligo idéntico al mío
Besaré cintura, caderas y cada rincón que te pertenezca
Acariciare tu espalda
Los llenare de aire leve
Acariciaré tu inspiración
Tus círculos me devuelven a la ingravidez
Acariciaré cada paisaje
Y en cada pedazo, te reinventaré
Morderé dulcificado los botones de tus senos
Dibujaré caracolas de vértigo en tu espalda
Pensare en cada borde que derramas
Seré delicado y perverso
Profundo y ligero
Emocional y calculador
Estaré pendiente de nuestra entrega
Te besaré, te acariciaré, te lameré
Te abrazaré, morderé, pellizcaré
Te rozaré, te arañaré y nos hundiremos en el placer.

Firmado: Alejandro

 
Adjetivo de imbécil


No dejes que te pierda
No dejes que me pierda
Si me dejas, déjame que me pierda
Si me pierdo, no me dejes.
Me tacho enterrado en el suelo
Estoy preso con cuerdas de venas
Soy inválido acorralado
Se me muere el consuelo
Incinerado en el envés
Me calumnia la melancolía
Que interrumpe la sonrisa tímida
La rutina de ahogarse en el infierno
El fracaso, mi guía
Soy un olvidado, un autosuicida
Sangran mis ulceras
Podridas mis huellas
Caja torácica desgalazada
Apedreándome hasta en las sombras
Tiritando en el cubo de basura
No dejes que te pierda
No dejes que me pierda
Si me dejas, déjame que me pierda
Si me pierdo, no me dejes.
Me estrello en las alturas
Colgado de la putrefacción de las muelas de la locura
Reprochándome cada respiración
La fe oxidada chirría detrás de los rotos
Se me pasa la vida
Articulado por el hastío
Puñetazos de pretéritos
La depresión me corrompe
Salpicado de pasividad
No me encuentro
Reprimido en vaso vacío
El recuerdo se olvida de mí
El olvido me recuerda
La nostalgia, las sabanas donde se limpia la guadaña
Lluvia sulfúrica
Sin inmunidad
Destruyéndome
Colapso en las cloacas
Amoratado de histeria empadronada
Desmembrado por preludios acéfalos
Llagas en todo el cuerpo
Me escuece el aire
Esnifando migajas
Perro fálico
Decrezco en la realidad
Destrozo mis sueños acrósticos
Proscrito en cada despertar
Oigo voces en el cajón
Dibujan con punzones sonrisas muertas
No dejes que te pierda
No dejes que me pierda
Si me dejas, déjame que me pierda
Si me pierdo, no me dejes.
Intento retener el instante
Detener el tiempo asfixiante
Lágrimas anilladas en las ojeras
El silencio me atiborrar
Arrodillado bajo la gelatina sádica
Se fundió mi luz
Sangre fermentando vómitos
Sudores que pisotean
Me equivoco
Intento un quiero
Se me queda un queriendo
Gritando al silencio
La saliva me pesa
Amplificando las fantasías estériles y endeudadas
Infectando verbos con esputos tifoideos
Cansado de la clarividencia de la cal
Los rincones se achican
Cuando jugamos al escondite
Se me encoge las sombras
Soy un final mal rematado
Mutilado por mis inmundicias
Barco fantasma
Esclavo de mis cadenas
Otoño cancerigeno
Fraude hipnotizado al auto canibalismo
Me consuelas desenterrándome
Susurrándome que estas a mi vera
Te siento siempre
Ya no sirvo para nada
Saltando sin paracaídas
Me hago trizas
No dejes que te pierda
No dejes que me pierda
Si me dejas, déjame que me pierda
Si me pierdo, no me dejes.
Castigado al garrote vil por mis manos
Ira que me viola en mi nombre
Odio mi vulgaridad atemporal
Rabia contra mí
Condicionado por mis sentimientos
Amontonado en un estercolero patrimonial
Vacío atlético que machaca mis vísceras
Disuelto en ensayo deslucido
Punto muerto
Secuela de mi impurismo
Parásito sumiso
La agonía bulliciosa me fecunda los ojos deshonrosos
Lamento incrustado
Insecto agónico
Accidente repugnante
Enajenado avergonzado
No me entiendo
No me comprendo
Llorándolo todo
Como un puto
Irrito a la serenidad
Me pierdo
En la sauna de averno
Amanezco muerto de frío
Esbirro de Judas
Intersticios de los tejidos
Exprimido en los bordillos
Soy un inútil
Asustado de la felicidad
Caricatura de pasividad
Inoculado de heridas
Vivo con miedo
Descalzando al cielo
No se levantarme
No dejes que te pierda
No dejes que me pierda
Si me dejas, déjame que me pierda
Si me pierdo, no me dejes.

Firmado: Alejandro

 
Érase una vez ... Yoel y Ramnés
¿Por qué escribir un cuento para niños?

Hace mucho tiempo que no escribo cuentos para niños, justamente desde que empecé mi edad adulta, desde entonces escribí cuentos para adultos, y aunque nunca he perdido al niño que llevo dentro, dificulté mis textos a medida que mi personalidad se fue complicando.

¿Por qué justamente escribo hoy este cuento marcadamente para niños, escrito por ese niño que me ha susurrado desde mis profundidades? Yo tenía otro artículo para escribir en fase de borrador, pero se dieron varias circunstancias para escribir este cuento:

El post que escribió la hija de Wendeling en el blog de esta última. Me recordó mi infancia, que si buscan en el subtitulo de pantalones cortos de este blog, podrán hacerse una idea de cómo fue. Quise animar a esa niña desde el niño que fui, y soy, escribiendo este cuento. Que surge a través de un sueño y las leyendas que mis padres me contaban de niño para explicarme las cosas que no lograba entender.


Un cuento por una sonrisa

Érase una vez… Yoel y Ramnés


Dedicado a los niños y a los niños que sobreviven en los adultos.

A mis padres

En el valle de Dandama se estaba produciendo tareas para evitar que los cuatro tornados que circulaban a sus anchas hicieran estragos en su zona, apuntalaban casas, construían diques de hormigón para dificultar todo lo que podían el acercamiento a los pueblos, los destrozos de los tornados. Cuando sonó la alarma de un gigante en la zona. Todos abandonaron sus puestos de defensa para refugiarse en la cueva de los Duendes, bunquer para estos hechos desde hacía siglos. Los desheredados fueron obligados a entrar en las grutas paralelas que estaban situadas al lado de las cuevas. En realidad estos últimos fueron arrastrados por los guardias porque se resignaban a abandonar sus puestos de defensa, uno de ellos era Ramnés, que no fue visto por la guardia que dirigía la evacuación forzada o libremente.

Así que cuando el gigante llamado Yoel, hizo su aparición en el valle, la gente había dejado desierta calles, casas… al abandono del gigante y de la voracidad de los tornados. Yoel se encontró con pueblos abandonados a la carrera.

Ramnés salió de la zona defensa en dirección a su casa para buscar más herramientas para apuntalar las defensas. Ramnés iba tan ensimismado que no vio la sombra que ejercía Yoel sobre la plaza del pueblo. Tropezó con el enorme pie del gigante. Dejando de lado sus cargas, levantó la mirada, que tropezó con unos zapatones, subió más arriba la cabeza y sus ojos se posaron sobre los de Yoel.

La gente del pueblo, que se habían escondido en la cueva de los Duendes, al ver aparecer un muchacho por las calles desiertas de Toztsaide cundió el pánico y la incertidumbre pero nadie se movió. Hasta que la voz de un señor mayor los sacó de la tensión ante lo que ellos preveían que iban a presenciar.

- ¡Es el muchacho del milagro! Dijo entre un grito de ánimo y de fe, que hacía mucho tiempo que no se escuchaba, tanto tiempo que la gente lo miró como si estuviese enajenado.

- Es sólo Ramnés, el bucólico. Dijo uno con tono jocoso después de agudizar la vista.

- ¡Son el mismo! Ramnés y el chico del milagro forman una sola persona. Replicó otro desde el otro lado de la cueva.

El murmullo cubrió por completo la cueva silenciando casi por entero sus propios miedos.

Efectivamente Ramnés era el mismo que siendo un niño de ocho años protagonizó un hecho sorprendete en la villa. Sólo para los habitantes del Valle Dandama era algo prodigioso, ya que no entraba en sus retorcidas suposiciones, en sus vidas planificadas casi al milímetro. Si algo caracterizaba a los pueblos que componían el valle de Dandama era el pragmatismo férreo y la incredulidad constante que proporciona el abrazo a lo técnico, científico y realista. Pero para la familia Orvís la hazaña del benjamín de la familia, no era un milagro, sólo era la actuación de un niño comportándose como lo que era; un niño.

Hace diez años en el valle de Dandama, aún quedaban algunos duendes, elfos, brujas, dragones, unicornios, hadas y muchos seres fantásticos, que durante muchos siglos habían convivido entre los seres humanos, con sus crisis y sus épocas de excelente convivencia.

En la época que nos concierne, era una época negra para los SciFa*. En toda la región de Norvilás a la que pertenece nuestro valle, se habían tomado, dos décadas antes del acontecimiento que les voy a relata, las medidas en la que se iban a regir todas las bases y concepción de lo que hoy en día, era Norvilás y las regiones que siguieron su camino.

Se aprobó la ley de productividad: se prohibió las bellas artes, ya que los mandatarios creían que los que se dedicaban a ellos eran vagos, que no querían trabajar y distraían al pueblo de su verdadero objetivo. Se prohibió cualquier acontecimiento, competición y actividad deportiva por el mismo motivo; distraía demasiado a la gente, que se relajaban en demasía y perdían concentración de sus deberes. Cualquier actividad de ocio se prohibió. Los medios de comunicación, que fueron descubriéndose a medida que se produjeron avances científicos, fueron controlados y regulados; sólo usados para el aumento de la productividad y la información de éstos. Al igual que el vigilancia de los avances tecnológicos y científicos.

Dentro de la ley, se especifica que los SciFa que no fueran productivos serían castigados, desterrados… en caso de incurrir varias veces en faltas graves o leves, se verían sometidos por obligación a la esclavitud.
Muchos de ellos emigraron, pero fueran donde fueran eran mal vistos, no encajaban en un mundo en proceso de cambio. Se les veía como seres que no servían para nada, señalados como una época pasada que había que enterrar, un entretenimiento para niños demasiados pequeños para producir. Los SciFa que no fueron captados por la ley, eran excluidos, marginados, rechazados y oprimidos. Eran distintos y desconocidos, eso provocaba miedo, rechazo e desconocimiento.

Cuando Ramnés tenía ocho años. Muchos hombres llevados por un odio visceral por lo que era diferente y una visión extremista de la ley de la productividad, llevaron a cabo una caza indiscriminada de los SciFa. Los pocos que sobrevivieron fueron esclavizados y oprimidos descarnizadamente y los que plantaron cara a los Realth, que eran como se les llamaban a los cazadores de SciFa, fueron exterminados en su totalidad su población. No sin antes lanzar una advertencia que el pueblo se tomó a broma: sin nosotros os moriréis por dentro y conoceréis libertad.

De todos los SciFa, únicamente consiguieron sobrevivir dos gigantes. Xent y Yoel.
Xent era un gigante que se había dejado llevar por el odio. Destruía casas, merendaba humanos, estropeaba cosechas, derrumbaba centros de productividad, arrasabas pueblos enteros y sometía a sus habitantes que les fuera útiles.
Xent fue abatido en una emboscada perpetrada por Realth profesionales de Norvilás, Sábeles, Charcert y Pirluz. Si hay algo peor que el desconocimiento, es la generalización.

Cuando Yoel apareció en Dandama, los Realth habían desparecido. Al verlo aparecer, el pueblo Toztsaide en masa, fueron a esconderse en la Cueva de los Duendes, antigua tierra de los duendes y refugio de los SciFa en las décadas de la represión y matanza. Yoel fue tratado como un asesino antes que se molestasen en conocerlo y descubrir que era un gigante bonachón.

La familia Orvís, no se escondieron, continuaron haciendo sus actividades a pesar del tumulto de sus vecinos y de los bandos avisando de la llegada de un gigante.
Los Orvís formaban parte de los desheredados, aquellos hombres y mujeres que eran distintos. Los que pensaban distinto, sentían distinto, actuaban distinto de la mayoría y se atrevían a hacerlo. Eran los desheredados. Los perdidos. Los diferentes que se atrevían a serlos porque los que no se atrevían vivían casi sin vida y sin libertad.
Los Orvís se negaron a tratar distinto a los SciFa y abogaron por conocerlos, aceptarlos y valorar sus personalidades. Nunca se apuntaron al rechazo de quien es diferente sin antes no molestarse en conocerlos. Tenían claro que generalizar era erróneo, juzgar sin conocer creaba un miedo irracional y un rechazo absurdo. Fueron multados y castigados por defender a quien era diferente y por estar en contra de las medidas de persecución de los SciFa y desheredados, pasaron a convertirse en esto último. Aislados por su propio pueblo. Les dio igual, tenían algo más valioso: libertad y vida.

Por este motivo Ramnés, a sus ocho años no había corrido a la cueva cuando Yoel correteaba por la plaza de Toztsaide. Sus habitantes se llevaron las manos a la cabeza y algunos cerraban los ojos preparándose para la tragedia. Muchos vieron como un milagro que el gigante se agachara y después de un rato, se fuera para no volver hasta diez años después.

¿Por qué se fue? ¿Qué pasó? Está bien, te lo cuento. Ven acércate.
Ramnés simplemente vio a alguien muy alto y obsequio a Yoel con una sonrisa, pero notó que el gigante estaba triste.

- ¿Estás triste? Preguntó el niño.
- sí. Susurró Yoel mientras se agachaba para facilitarte al chiquillo la conversión.
- ¿Tú tampoco tienes amigos?
- No. La gente me tiene miedo.
- Es porque no te conocen. Yo no tengo miedo.
-¿Quieres ser mi amigo?
- Sí. Ramnés entregó a Yoel el tren de madera que su padre le había construido por su octavo cumpleaños.

Yoel le regaló a Ramnés una sonrisa y para evitar altercados que pudiesen perjudicar al niño, se marchó diciéndole al pequeño que no le olvidaría y que volvería. No fue un milagro. Fue la libertad de los corazones sin miedo y abiertos.

Diez años después. Habíamos dejado a nuestro joven Ramnés, que venía de intentar proteger el valle de los tronados y había tropezado con el zapato grandioso de Yoel. Al mirar hacía arriba se encontró con la sonrisa del gigantón, que llevaba colgado, cerca del corazón, vio su tren de madera suspendido de un gran cordel.

- Ah, eres tú. Dijo distraído el muchacho.
- Sí, volví como te prometí.
- Gracias, amigo.
- ¿Estás triste?
- Sí, mucho.
-¿Por qué no tienes amigos?
- Ahora te tengo a ti. Esa gente que huye de ti, se ríen de mi, me hacen el vacío cuando me acerco a ellos entregando mi amistad, de momento a los que les ofrezco mi mano me la rechazan, no quiero ser como ellos y creer que todos serán así.
- ¿Ellos tiene miedo de ti?
- No lo sé. Creo que es porque soy poeta.
-¿Qué es ser poeta?
- Alguien que ve con el alma y lo derrama en un papel.
- Será que no conocen que significa ser poeta y tiene miedo a atreverse a intentar conocerlo, por eso se alejan de ti.
- Es posible, pero no les puedo obligar a que pierdan el miedo a conocerme.

Ramnés explicó a Yoel que tenía que irse porque los tronados iban a llegar al pueblo. Ante el asombro de la gente de Toztsaide, Yoel arriesgó su vida abrazando cada remolino enorme, disipándolos entre sus brazos. Exhausto al lado de Ramnés, vio como la gente con mucho miedo, había salido de la cueva y se les acercaban desconfiados.

Ramnés les dijo:

Salvó al pueblo y aun desconfían. Si fuerais capaces de ver a la gente sin prejuicios, atreveros a ver más allá de la presencia, de lo distinto y lo que creéis que deben ser, hacer, pensar, sentir los demás. Aprenderíais que la gente es lo que lleva dentro y es único e intransferible pero que se disfruta compartiendo y averiguándolo. Os perdéis la libertad de sentir. ¿Creéis que sois libres? Sois esclavos de prejuicios, convencionalismos y generalizaciones que os impide gozar de lo mejor que tenemos; el disfrute de la sencillez y la calidez de una amistad sincera.

La gente abrieron mucho los ojos, muchos estuvieron dispuestos a conocer a Yoel y a los desheredados. Otros no quisieron pero algo cambió en el alcade que abolió la ley de productividad. Porque si algo tenemos que tener, es la libertad de elegir, la libertad de ser lo que somos, la libertad de ser distinto y atrevernos a serlo. Libertad para ver la igualdad en la diferencia, y la diferencia como algo disfrutable en conocer.

No necesitas salvar la vida de nadie para ser aceptado. Solo necesitas un gigante que quiera libremente, aceptar tu tren. Los amigos son los que no tiene miedo de conocerte y aceptan querer ser tu amigo. Llegaran. Mas vale esperar porque cuando llega es maravilloso. Y lo hacen porque quieren serlo. ¿Tienes miedo a esperar a conocer? ¿No verdad? Conocerás a un Yoel que quiera jugar contigo, solo hay que querer conocer, y preguntar si quieren ser tu amigo y jugar contigo. Tarde o temprano escucharas un sí.

A los Yoeles y Ramneses.

Firmado: Alejandro


*SciFa: Seres de ciencia ficción, mitológicos, fantásticos e imaginarios.
 
Perspectiva

Él

Mugidos erectos
Te reflejas en mi semen electo
Resbalas por mi piel en un tembleque sudoroso
Tus senos floreciendo en mi boca, pezones estremecidos
Entreabres la humedad
Desbordo mi alma en tu pubis
Lengua manchada de zumo pagano
Brota el ritmo y la pausa sonrosa
Trasfiguramos la locura
Abrazos y besos
Ungüento perenne
Paladar conceptual
Panales de la delicia y te apuro
Esponja desnuda y vencida
Esponja desnudo y vencido
Chispea el clítoris quejoso y sonoro
Frondoso epiléptico y gozoso
Dulce mariposa nerviosa
Esclavo cuerdo de los deseos
Exploro recodos
Reduzco tus deseos en mis manos y las expando
Ahondado en tu vientre
Mis ruinas en tu rosa, orgasmo espiritual
Transfusiones de pieles, fluidos
Efluvio carnal
Gemidos bombeados
Vaciado interno
El mundo reducido en tu compás


Ella

Danzamos conmovidos en el tiritar de los felinos
Amar en un infierno celeste y pulcro
Anhelándote en cada embiste
Fusión
Abismo encendido
Inmensidad rítmica
Dulces, ágiles lenguas
Lamidos y mordiscos
Arañazos y caricias
Deleite de higo meloso en tu paladar
Ombligos
Hundidos
Gestando el aliento remiso
Cabellos cosquilleando torsos
Muslos lavados por salivas
Vigor
Lazos de piernas
Tiempo quebrado en las nalgas
Fatigados
Juego degustado
Sin atajos
Gotas de cuajo
Eres venado desvergonzado
Y yo brasero venusiano
Meneos
Reposo
Esperma travieso
Llorabas en el ojal espumado
Cabalgamos arremangados
Gozamos
Como recién nacidos
Cuajada en leche almendrada
Me hago caldo entre las sabanas
Y tú, flacidez abrazado a la almohada.

Firmado: Alejandro