Nadie en el faro de Alejandro
Vive Loco y Muere Cuerdo
Acerca de
Mi diario no es una obra maestra, ni siquiera un ensayo magistral sobre la sociedad actual en la que vivo, es sólo la historia personal de un chico normal. No pretendo que sea un relato literario soberbio, sólo un trozo de mar donde gritar mis llantos, mis alegrías. En definitiva un pequeño faro donde alumbrar todos mis sentimientos y arrojarlos al mar.
Sindicación
 
La felicidad cabalgaba en la cola de una cometa



El niño miraba boquiabierto como un rombo bailaba idílicamente con el viento, cimentando lazos inquebrantables, rozándose en un placer abstracto, sorbiéndose lo mejor de sí mismos para lograr la máxima expresión de la armonía, la compenetración y la entrega, expandiendo su cosmos a través del aire para impregnar posteriormente la otra parte, como un circulo cerrado donde fluyen los sentimientos, donde se potencia la transferencia de almas. Porque el niño solo veía bailar a dos almas perfectas en su imperfección.

Con sus pequeñas manos señalaba ilusionado, confundido, intrigado y sorprendido la cometa que surcaba por encima del mar que besaba Cádiz aquella tarde. Mientras la risa de su padre aleteaba alrededor de sus oídos y se arrodillaba para estar a la altura del chiquillo, le susurró:

- Es una cometa. – Dijo con mucho misterio como si le estuviese confesando el mayor secreto de la humanidad- .
- ¿Puedo tener yo una, papá? – Preguntó con mucho énfasis-
- Claro hijo, si quieres la hacemos tú y yo juntos igual que hacemos los barquitos dentro de la botella, ¿quieres?
- ¡Sí!, ¿podemos hacerla hoy? - Empezó con un tono pasional y fue conteniéndolo mientras observaba a su progenitor que se reía abiertamente-.
- Ahora cuando nos vayamos a casa, pasaremos por algunas tiendas y compraremos los materiales para hacer una bonita cometa y la haremos volar el próximo día.

El pequeño cambio su cara, se le entristeció el rostro y el peso de la profundidad balanceó completamente su mirada hacia el suelo. Casi por momentos pareció que iba a llorar.

- ¿Qué te pasa? ¿Por qué esa cara de tristón? ¿Es que ya no quieres hacer la cometa? – Preguntó a su retoño al percibir el cambio de ánimo de la criatura-
- Sí, sí quiero.
- ¿Entonces?
- Es que yo no se volar cometas –dijo intentando asfixiar el llanto que zigzagueaba por su garganta.

Santiago sonrió. Con esas manos rugosas y grandes que aparentaban torpeza levantó la mirada del suelo de su hijo, hasta hacer que ambas miradas claras se sumergiesen entre sí.

- Yo te voy a enseñar a volar la cometa. Así podrás mostrarle a mamá como baila tu cometa entre el cielo y el mar.

El pequeño Álex sonrió y trotó hacia su madre que estaba sentada cerca la orilla, había observado y escuchado la escena. Acogió al niño en un abrazo generoso mientras ambos padres se contemplaban con una complicidad mayúscula. Dejó que el niño le revelara con esa pasión infantil que iba a hacer una cometa con su padre y que le iba a enseñar a volarla, la emoción del crío no podía permanecer dentro de su interior y se fugaba a borbotones de su cuerpo. Los tres caminaban camino de casa con una sonrisa en los labios. Qué fácil es a veces ser feliz.

Como su padre había prometido compraron los materiales que les hacían falta para parir una cometa que flirteara con el viento. Mientras el niño ayudado por sus mayores diseña la imagen que llevará su diamante surfero aéreo y van confeccionando poco a poco, en un alumbramiento lento, lleno de ánimo y paciencia, una bella cometa. Cuando pudo por fin sacar su lindo juguete, su padre como había prometido, le instruyó hasta que Álex pudo volar su propia cometa él solito.

El día que primero con miedo, luego con excitación, desaliento, perseverancia y alegría aprendió a volar su cometa corriendo por la playa de Cádiz fue uno de los mejores días del padre que pasaron padres e hijo.

Todavía hoy conservo esa cometa y por días como ese que pasé con mis padres me sigue gustando, a pesar de mis veintiocho años cumplidos, volar cometas. Feliz día del padre papá, hoy la he vuelto a volar en la misma playa en tu honor, ojalá tú y mamá me hayáis estando viendo con las mismas risas y complicidad de aquellos días.


Firmado: Alejandro





 
Judas




Has podrido la manzana del paraíso terrenal, tranquila cariño, no existe el pecado original en el ombligo del hombre de Vitruvio. Eres tan vulgar lamiendo el látex con tanta disciplina catequista. Ya no tienes perro faldero, he escapado de tu collar y tu látigo. Qué pena se ha abolido la esclavitud en cada centímetro de nuestra cama. Ya he dejado atrás mi vocación de suicida. Te he visto sin maquillaje y sinceramente no eres tan impresionante.

Querías cometer el crimen perfecto mintiéndome con tanta minuciosidad, extinguirme en arrodillado a tu altar. Cuanta vanidad tuya se jactaban de mis lágrimas. Me crucificaste con tu actuación de teatros pordioseros y desde mi resurrección permíteme ovacionarte por creerme tus lloros, tus promesas, tus palabras, tus poses ridículas de complicidad. Gateabas como una madame de octava fila por mi piel, mercadería a domicilio, prostituta de tu sevicia. Propagas el tedio con tus intentos de ser sensual. Ya bostezo con el playback de tu voz. Sinceramente no eres tan sublime.

Qué falsa es tu risa hasta me pareces una hiena en celo, como un ronquido suspendido en el aire. Vas de diva con tu inválida vergüenza, con esos complejos que encubres en tu egocentrismo arrogante. Mutilabas todas mis bondades porque me veía con tus ojos que gruñían mi inutilidad. Extirpabas mi voluntad a tu antojo, como un guiñol sumiso, un sainete de sombras chinescas, eres la tejedora de mi espectro esperpéntico. Ahora soy un hombre libre que se sacude el estiércol.

Soy Judas, te he negado tres veces. Eres Judas me has dado el beso de la traición.


Firmado: Alejandro.


Aclaración: Esto es un psicodrama (aunque me gusta este término y lo usan la psicología no cumplo sus bases) o mejor llamarlo Role playing. Es decir me pongo en una situación y circunstancia emocional, vaciando mi alma en ese contenido, modulando mis emociones en el recipiente diseñado, convirtiendo mi empatía en una herramienta literaria.