Delirios en mis noches de frío
Hoy me quedé ciego, con la luna aporreando los rizos del viento, que ingenuidad, las autoridades vendrán con las balas en las pestañas, me da por intentar perfilar la ternura de una salamandra echándose la siesta en mi balcón acobardado, la bala perdida ha matado mi rima, tiene antojos de melancolía, el roedor estío descose los andares de la madrugada, no se porque ha vuelto la ceguera a mi alma desabrochada.
No soy digno de llevar mi corazón en los talones, amputado por estiletes convulsionados, un niño autista gozando de los llantos de los charcos, que latigazos más grandes le dan a la inocencia, la cazaron dos adultos bulímicos de fe, tendrán cataratas descarnizando las entrañas quemadas al gusto del cheef.
Hoy me levante ciego alrededor de espirales de risas, agonías que no me sujetan en pie, mareos de la desnudez, fragilidad consternada en aviones de papel, los sueños se durmieron la siesta con cornadas entera de nuestra asta. Permanezco desnudo, símbolo de mi estupidez, mis cadenas, mis principios y mi insensatez.
A quién le interesa los delirios de un loco ciego, quizás a la lluvia que con sus espasmos de niña epiléptica, su humedad me empapa los labios de dulzura con sacarina, quizás a los garabatos de un niño mudo que se mece en la silla de mis miedos, quizás, quizás no perdí mi alma al cruzar el umbral de la madurez, quizás los ciegos sean los que irónicamente me saludan desde sensatez, prefiero mi locura que no ciega corazones, almas ni sueños.
Hoy dormiré con mis esperanzas en los bolsillos de mi chaqueta
Escrito por mí el día 22 febrero 2004
Fdo: Alejandro
No soy digno de llevar mi corazón en los talones, amputado por estiletes convulsionados, un niño autista gozando de los llantos de los charcos, que latigazos más grandes le dan a la inocencia, la cazaron dos adultos bulímicos de fe, tendrán cataratas descarnizando las entrañas quemadas al gusto del cheef.
Hoy me levante ciego alrededor de espirales de risas, agonías que no me sujetan en pie, mareos de la desnudez, fragilidad consternada en aviones de papel, los sueños se durmieron la siesta con cornadas entera de nuestra asta. Permanezco desnudo, símbolo de mi estupidez, mis cadenas, mis principios y mi insensatez.
A quién le interesa los delirios de un loco ciego, quizás a la lluvia que con sus espasmos de niña epiléptica, su humedad me empapa los labios de dulzura con sacarina, quizás a los garabatos de un niño mudo que se mece en la silla de mis miedos, quizás, quizás no perdí mi alma al cruzar el umbral de la madurez, quizás los ciegos sean los que irónicamente me saludan desde sensatez, prefiero mi locura que no ciega corazones, almas ni sueños.
Hoy dormiré con mis esperanzas en los bolsillos de mi chaqueta
Escrito por mí el día 22 febrero 2004
Fdo: Alejandro