Y sin embargo......
Dos profundos suspiros se unieron en una explosión de placer.
Cayeron uno a cada lado de la cama, exhaustos, vacios, pero enormemente felices…, y sino felices al menos satisfechos.
--Cielo—comenzó ella.—ha sido el mejor polvo de mi vida.
“Y yo soy imbecil y me lo creo. Vale que has gemido como pocas veces había visto, pero sabiendo lo que se no me vengas con eso”.
--La verdad es que si—contestó él.—eres una maravilla.
“Uff, ojalá lo dijera en serio. La verdad es que me ha hecho ver las estrellas, si, no ha estado nada mal”
--¿En que piensas, cielo?
“Joder, ya estamos con los pensamientos. Es que no se puede follar y punto. Porque siempre hay que estar con esas tonterias……….con el sueño que tengo.
--Que te quiero. ¿Y tu?
“Alguna vez podía cambiar y decirme otra cosa. No se como no se da cuenta de que estoy hasta las narices de que me diga siempre la misma mentira”
--Yo no pensaba en nada.
“Paso 2. ya falta menos. A ver si hoy no nos dan las uvas”.
--No se puede no pensar en nada.
“Será idiota, claro que no se puede pensar en nada, pero si te digo que todos los hombres sois igual de idiotas…………..ainsssss, como se puede llegar a ser tan simple”.
--Pensaba en que yo tambien te quiero mucho—dijo ella sonriendole.
“Esto se tiene que acabar, estoy hasta las narices de esta tia. Ademas si ni siquiera me gusta, no sé ni porque estoy aquí. La ultima vez que me acuesto con ella”
--¿Estas cansada?
“Ale, la pregunta del millón. Pues no, no estoy cansada, echaría otro polvo, pero ya se que no puedo esperar tanto. Bueno, espero que hoy al menos se largue a su casa y no se quede a dormir.”
--No demasiado, ¿Por qué?—le pregunta poniendole mano en la entrepierna.
“Joder, dice que ha sido el mejor polvo de su vida, y ya está con la manita otra vez. ¡Será mentirosa!. Pues se va a quedar con las ganas porque yo tengo un sueño”.
--No por nada, es un poco tarde y mañana tengo una reunión muy temprano.
“Hombre, esto es nuevo, al menos hemos dejado la excusa del día agotador. A ver si me sorprende del todo y le larga a su casa”
--Yo tambien tengo trabajo mañana.
“Menos mal. Si me llega a decir otra cosa me hubiera tenido que ir a casa, y con el frío que hace esta noche, no me apetece nada coger el coche ahora. Pero por que narices no deja la manita quieta”
--Te quiero—le susurra dandole palmaditas en la espalda
“Solo te falta llamarme lassie, imbecil. Ale, dos palmaditas en la espalda como a un perrito y que te den morcillas que yo me duermo. Ale y encima se queda a dormir. ¡Pero que cara tiene!, ni siquiera pregunta. Ainsss, pero que guapo eres cabrón. Me estas volviendo loca.
--Yo tambien te quiero.—le contesta ella dandose la vuelta y poniendole la mano entre los pechos. La mano ya está inerte.
--Que sepas que yo si te quiero de veras.—le susurra al oido dormido, mientras le rodea con sus brazos.
Cayeron uno a cada lado de la cama, exhaustos, vacios, pero enormemente felices…, y sino felices al menos satisfechos.
--Cielo—comenzó ella.—ha sido el mejor polvo de mi vida.
“Y yo soy imbecil y me lo creo. Vale que has gemido como pocas veces había visto, pero sabiendo lo que se no me vengas con eso”.
--La verdad es que si—contestó él.—eres una maravilla.
“Uff, ojalá lo dijera en serio. La verdad es que me ha hecho ver las estrellas, si, no ha estado nada mal”
--¿En que piensas, cielo?
“Joder, ya estamos con los pensamientos. Es que no se puede follar y punto. Porque siempre hay que estar con esas tonterias……….con el sueño que tengo.
--Que te quiero. ¿Y tu?
“Alguna vez podía cambiar y decirme otra cosa. No se como no se da cuenta de que estoy hasta las narices de que me diga siempre la misma mentira”
--Yo no pensaba en nada.
“Paso 2. ya falta menos. A ver si hoy no nos dan las uvas”.
--No se puede no pensar en nada.
“Será idiota, claro que no se puede pensar en nada, pero si te digo que todos los hombres sois igual de idiotas…………..ainsssss, como se puede llegar a ser tan simple”.
--Pensaba en que yo tambien te quiero mucho—dijo ella sonriendole.
“Esto se tiene que acabar, estoy hasta las narices de esta tia. Ademas si ni siquiera me gusta, no sé ni porque estoy aquí. La ultima vez que me acuesto con ella”
--¿Estas cansada?
“Ale, la pregunta del millón. Pues no, no estoy cansada, echaría otro polvo, pero ya se que no puedo esperar tanto. Bueno, espero que hoy al menos se largue a su casa y no se quede a dormir.”
--No demasiado, ¿Por qué?—le pregunta poniendole mano en la entrepierna.
“Joder, dice que ha sido el mejor polvo de su vida, y ya está con la manita otra vez. ¡Será mentirosa!. Pues se va a quedar con las ganas porque yo tengo un sueño”.
--No por nada, es un poco tarde y mañana tengo una reunión muy temprano.
“Hombre, esto es nuevo, al menos hemos dejado la excusa del día agotador. A ver si me sorprende del todo y le larga a su casa”
--Yo tambien tengo trabajo mañana.
“Menos mal. Si me llega a decir otra cosa me hubiera tenido que ir a casa, y con el frío que hace esta noche, no me apetece nada coger el coche ahora. Pero por que narices no deja la manita quieta”
--Te quiero—le susurra dandole palmaditas en la espalda
“Solo te falta llamarme lassie, imbecil. Ale, dos palmaditas en la espalda como a un perrito y que te den morcillas que yo me duermo. Ale y encima se queda a dormir. ¡Pero que cara tiene!, ni siquiera pregunta. Ainsss, pero que guapo eres cabrón. Me estas volviendo loca.
--Yo tambien te quiero.—le contesta ella dandose la vuelta y poniendole la mano entre los pechos. La mano ya está inerte.
--Que sepas que yo si te quiero de veras.—le susurra al oido dormido, mientras le rodea con sus brazos.
Otro Día
La luz estaba encendida como cada noche desde hacía años.
Lo miró, dormía. Le besó la frente, los labios, como cada noche. No se inmutó, el sueño se lo había arrebatado una vez más.
Sabía que no era feliz, tal vez desde nunca, tal vez desde la boda, tal vez desde que vinieron los niños, o desde que crecieron. El momento era lo de menos ahora, él no era feliz, al menos a su lado, y ella lo sabía desde hacía demasiado tiempo.
Tampoco le culpaba, bastante había puesto de su parte.
Toda la culpa era suya, desde el primer día, ese día en el que él la invitó a café y ella fue incapaz de decirle que no. Tan solo eso hubiera bastado, un simple no. Un simple no que fue imposible de pronunciar durante 30 años.
Ahora estaba sola, siempre lo había estado.
Al menos cuando estaban los niños, era diferente, sobre todo cuando eran pequeños, como le gustaba hablarles, ellos, pequeñas criaturas, eran las únicas personas capaces de entenderla. Capaces de escucharla, capaces de abrir su mente a cualquier cosa. Si pudiera haberlos tenido con ella para siempre, con esa inocencia de los cinco años. La vida, se los quitó, solo ella los hizo crecer, solo ella los hizo volar.
Al menos cuando él la quería, tenía un halo de esperanza. Podía aferrarse a la idea de que algún día ella podría llegar a quererle también, a enamorarse. La misma idea que le perseguía desde esa primera cita, la misma idea que sabía que jamás se convertiría en realidad. Ahora tenía miedo, miedo de que descubriera que todo había sido un gran engaño, miedo de que comprendiera que solo la seguridad le mantenía unida a él. Cuanto daño habría llegado a hacerle. Cuantas mentiras, entre te quiero, te adoro, me haces feliz. Ella jamás sería feliz.
Tuvo su oportunidad, hace mucho tiempo, ya casi olvidada. No tuvo valor, nunca lo ha tenido, ni para cogerlo ni para dejarlo, siempre envuelta en la comodidad.
Ella era mucho más joven entonces, llevaba solo tres años casada y entonces el camino de la felicidad pasó por su puerta. Nunca había estado tan segura, todo se hacía pequeño al lado de aquel hombre, aquel hombre que le dio todo, y que solo esperaba ir recibiendo poquito a poco, hasta que no pudo más, hasta que se dio cuenta de que ella jamás dejaría a su marido, su vida, su seguridad.
¿Por qué atormentarse ahora?
No puedo más, mi marido me engaña, lo sé desde hace un par de años, pero antes al menos cumplíamos, al menos él cumplía. Ahora ya ni eso, tampoco le culpo, es normal. Ya nada le une a mí, los niños se fueron, mi juventud se fue, mi amor nunca lo tuvo.
Como me gustaría volver a aquella cafetería y decirle que NO, que no quiero nada con él, que no saldré con él, que no me gusta............
Demasiados años sin poder decirlo, demasiados años de arrepentimientos, demasiados años de mentiras.
¿Cuánto duraran las mentiras?
¿Cuánto tardará en dejarme?
Ringgggggg
Las siete en punto. Sonó el despertador.
--buenos días cariño.—otra vez la misma frase rutinaria.
--buenos días mi vida.—me contesta él besándome en la mejilla.
--¿qué tal has pasado la noche?
--he dormido muy bien.—me responde sonriendo. Ya lo sé, has soñado con ella, has dicho su nombre decenas de veces, me das asco.—¿y tu que tal?—me pregunta entrando al cuarto de baño.
--muy bien.—le miento con mi sonrisa más dulce. –Te quiero.—le digo mientras cierra la puerta.
Ni siquiera me contesta. Ya no se molesta ni en eso, creo que se ha cansado de fingir.
--voy a prepararte el desayuno. Te espero abajo.—le digo alzando el tono de voz.
--vale.—consigo oír entre el agua de la ducha.
Se toma el café en quince segundos. Un bocado a la tostada y un trago al zumo de naranja.
Un minuto de su compañía es todo lo que puedo esperar, tampoco espero ya más.
--¿vendrás hoy pronto?—le pregunto sin dejarle hablar.—podíamos ir al cine esta noche. Han estrenado una película de Oliver Stone, ese que tanto te gusta. Así cambiamos un poco.—le comento dejando caer mi blusa para mostrarle parte de mi pecho desnudo.
Ni siquiera me mira. Ya no valgo ni para excitarle.
--lo siento cielo, hoy tengo otra reunión. Ya sabes como está el jefe con esto de la reestructuración de la empresa.—me miente como cada día.
Dime de una vez que te vas a acostar con ella, que estarás follando hasta las once, joder, no me mientas más.
--perdona, cielo. Lo había olvidado.
--otro día vamos, ¿vale?.—me sonríe mientras hace ademán de besarme la mejilla. No me besa.
--vale. No te preocupes.—le digo con resignación.—seguro que la ponen mucho tiempo, así que ya la veremos luego.
--Sí, sí. Mañana le pediré a mi jefe que me deje salir antes y vamos a verla.—me vuelve a mentir mientras se dirige hacia la puerta.
--no hace falta cielo.—le contesto sin moverme de la silla.—te quiero.
Classs.
Me acerco muy lentamente a la puerta. Lo oigo detrás.
--¿qué te parece si esta noche vamos al cine?—le pregunta sin reparo.
Tengo el pomo agarrado, muy fuerte, con rabia.
--Vale, entonces te recojo a las siete.—termina entre risas.
Voy a abrir la puerta. Le voy a decir de una vez que se vaya, que no hace falta seguir con esta farsa.
Sus pasos se alejan lentamente hacia el garaje.
Mejor voy a terminar el café y luego lo llamo para decírselo.
Mejor iré a hablar con esa furcia, le diré cuatro cosas bien dichas a la cara.
Pensándolo bien, mejor mañana, que hoy tengo hora en la peluquería.
Otro día.
Lo miró, dormía. Le besó la frente, los labios, como cada noche. No se inmutó, el sueño se lo había arrebatado una vez más.
Sabía que no era feliz, tal vez desde nunca, tal vez desde la boda, tal vez desde que vinieron los niños, o desde que crecieron. El momento era lo de menos ahora, él no era feliz, al menos a su lado, y ella lo sabía desde hacía demasiado tiempo.
Tampoco le culpaba, bastante había puesto de su parte.
Toda la culpa era suya, desde el primer día, ese día en el que él la invitó a café y ella fue incapaz de decirle que no. Tan solo eso hubiera bastado, un simple no. Un simple no que fue imposible de pronunciar durante 30 años.
Ahora estaba sola, siempre lo había estado.
Al menos cuando estaban los niños, era diferente, sobre todo cuando eran pequeños, como le gustaba hablarles, ellos, pequeñas criaturas, eran las únicas personas capaces de entenderla. Capaces de escucharla, capaces de abrir su mente a cualquier cosa. Si pudiera haberlos tenido con ella para siempre, con esa inocencia de los cinco años. La vida, se los quitó, solo ella los hizo crecer, solo ella los hizo volar.
Al menos cuando él la quería, tenía un halo de esperanza. Podía aferrarse a la idea de que algún día ella podría llegar a quererle también, a enamorarse. La misma idea que le perseguía desde esa primera cita, la misma idea que sabía que jamás se convertiría en realidad. Ahora tenía miedo, miedo de que descubriera que todo había sido un gran engaño, miedo de que comprendiera que solo la seguridad le mantenía unida a él. Cuanto daño habría llegado a hacerle. Cuantas mentiras, entre te quiero, te adoro, me haces feliz. Ella jamás sería feliz.
Tuvo su oportunidad, hace mucho tiempo, ya casi olvidada. No tuvo valor, nunca lo ha tenido, ni para cogerlo ni para dejarlo, siempre envuelta en la comodidad.
Ella era mucho más joven entonces, llevaba solo tres años casada y entonces el camino de la felicidad pasó por su puerta. Nunca había estado tan segura, todo se hacía pequeño al lado de aquel hombre, aquel hombre que le dio todo, y que solo esperaba ir recibiendo poquito a poco, hasta que no pudo más, hasta que se dio cuenta de que ella jamás dejaría a su marido, su vida, su seguridad.
¿Por qué atormentarse ahora?
No puedo más, mi marido me engaña, lo sé desde hace un par de años, pero antes al menos cumplíamos, al menos él cumplía. Ahora ya ni eso, tampoco le culpo, es normal. Ya nada le une a mí, los niños se fueron, mi juventud se fue, mi amor nunca lo tuvo.
Como me gustaría volver a aquella cafetería y decirle que NO, que no quiero nada con él, que no saldré con él, que no me gusta............
Demasiados años sin poder decirlo, demasiados años de arrepentimientos, demasiados años de mentiras.
¿Cuánto duraran las mentiras?
¿Cuánto tardará en dejarme?
Ringgggggg
Las siete en punto. Sonó el despertador.
--buenos días cariño.—otra vez la misma frase rutinaria.
--buenos días mi vida.—me contesta él besándome en la mejilla.
--¿qué tal has pasado la noche?
--he dormido muy bien.—me responde sonriendo. Ya lo sé, has soñado con ella, has dicho su nombre decenas de veces, me das asco.—¿y tu que tal?—me pregunta entrando al cuarto de baño.
--muy bien.—le miento con mi sonrisa más dulce. –Te quiero.—le digo mientras cierra la puerta.
Ni siquiera me contesta. Ya no se molesta ni en eso, creo que se ha cansado de fingir.
--voy a prepararte el desayuno. Te espero abajo.—le digo alzando el tono de voz.
--vale.—consigo oír entre el agua de la ducha.
Se toma el café en quince segundos. Un bocado a la tostada y un trago al zumo de naranja.
Un minuto de su compañía es todo lo que puedo esperar, tampoco espero ya más.
--¿vendrás hoy pronto?—le pregunto sin dejarle hablar.—podíamos ir al cine esta noche. Han estrenado una película de Oliver Stone, ese que tanto te gusta. Así cambiamos un poco.—le comento dejando caer mi blusa para mostrarle parte de mi pecho desnudo.
Ni siquiera me mira. Ya no valgo ni para excitarle.
--lo siento cielo, hoy tengo otra reunión. Ya sabes como está el jefe con esto de la reestructuración de la empresa.—me miente como cada día.
Dime de una vez que te vas a acostar con ella, que estarás follando hasta las once, joder, no me mientas más.
--perdona, cielo. Lo había olvidado.
--otro día vamos, ¿vale?.—me sonríe mientras hace ademán de besarme la mejilla. No me besa.
--vale. No te preocupes.—le digo con resignación.—seguro que la ponen mucho tiempo, así que ya la veremos luego.
--Sí, sí. Mañana le pediré a mi jefe que me deje salir antes y vamos a verla.—me vuelve a mentir mientras se dirige hacia la puerta.
--no hace falta cielo.—le contesto sin moverme de la silla.—te quiero.
Classs.
Me acerco muy lentamente a la puerta. Lo oigo detrás.
--¿qué te parece si esta noche vamos al cine?—le pregunta sin reparo.
Tengo el pomo agarrado, muy fuerte, con rabia.
--Vale, entonces te recojo a las siete.—termina entre risas.
Voy a abrir la puerta. Le voy a decir de una vez que se vaya, que no hace falta seguir con esta farsa.
Sus pasos se alejan lentamente hacia el garaje.
Mejor voy a terminar el café y luego lo llamo para decírselo.
Mejor iré a hablar con esa furcia, le diré cuatro cosas bien dichas a la cara.
Pensándolo bien, mejor mañana, que hoy tengo hora en la peluquería.
Otro día.
Con Perdón
—Mamí, mira como nieva—le dijo poniéndose de puntillas junto a la ventana.
—Ve ya a la cama, que es muy tarde—le contestó ella, con la sonrisa de cada noche.
—¿Cuándo es navidad, mami? —le preguntó con esa carita tierna de sus cinco años.
Ella volvió a sonreírle mientras le arropaba. —Mañana, cielo. Mañana por la noche es navidad.
—¿mama?
—¿Qué, quieres?
—¿Sabes que a los niños pobres les traerán muchos más regalos que a mi?
No era la primera vez que oía aquello, pero a pesar de ello, todavía no había encontrado respuesta para su hijo. Se limitó a asentir con la cabeza, con la mirada perdida.
—Papa Noel, es muy listo, y como ellos tienen menos dinero que nosotros, les dejará muchas más cosas que a mí.
Volvió a partirle el corazón. Pensó en los regalos que había en el armario. Pensó en toda la comida “inútil” de esos días. Se agachó y besó profundamente la mejilla de su hijo mientras una lágrima caía por su rostro.
—¿Cómo te llamas?
—Ángel.
—Ya lo sabía—le dijo Manuel con tono de satisfacción.
—Ya se que lo sabías, Manuel, yo te veo todos los días.
Su carita se enrojeció.
—¿Y por qué eres de color gris? Pensaba que todos los ángeles erais blancos.
Le sonrió. Solo en aquellas fechas podía hacer lo que más le gustaba, “hablar” con los niños, redescubrir la inocencia, la impertinencia, la locuacidad, de una mente abierta.
—¿No te gusta mi color?
—No—le respondió con gesto malhumorado.
Volvió a sonreírle. —¿quieres que sea blanco?
El niño asintió.
—Pues, piensa que soy blanco. Solo tienes que hacer eso para que cambie de color.
—Tengo frío, ángel.
—Ven a mi lado, yo te daré calor, Manuel.
—¿Cómo sabes mi nombre?
—Yo sé muchas cosas de ti, Manuel, ya te lo dije antes.
El niño se sonrojó. —¿Y puedes volar?¬—le preguntó mientras acariciaba sus alas grises.
—Claro.
—¿Tan alto como un águila?
—Mucho más alto que un águila, puedo volar hasta el cielo, por encima de las nubes.
—Entonces como un avión.
—jajá jajá. No, ,Manuel, mucho más alto que un avión.
—Ya lo sabía—le repitió con orgullo.
—Ya se que lo sabías, Manuel, ya te he dicho que te veo todos los días.
El niño volvió a sonrojarse.
—¿Por qué estamos en el aire y no nos caemos?
—Porque podemos estar donde tu quieras, Manuel. ¿Quieres que vayamos a la cama?
—No, me gusta flotar, así puedo dar todas las vueltas que quiera, además si me canso, tu me sujetas, ¿verdad?
—Claro. Pero no des demasiadas vueltas, a ver si te mareas.
—¿Sabes que mañana es navidad?
—Si, por eso estoy aquí.
—¿Ángel, tu eres amigo de Papa Noel?
Le sonrió—Yo soy amigo de toda la gente buena.
—Pues Papa Noel, es bueno—le reprochó el niño. —Mi mamá y mi papá, también son buenos.
—Hay mucha gente buena, Manuel. Pero yo no puedo hablar con los mayores, solo con los niños.
—¿Y también puedes hablar con los niños pobres?
—Claro, puedo hablar con todos los niños.
—¿Sabes que Papa Noel les traerá a ellos muchos más regalos que a mi?
Le acarició la cabeza con su mano.
—¿Cuántos años tienes, ángel?
—treinta.
—Ya lo sabía—le replicó sonriendo. —Los mismos que mi papá.
—¿Y por qué me lo has preguntado? Los dos sabemos todo del otro. ¿verdad?
Se sonrojó nuevamente.
—Despierta, dormilón, que tenemos que ir a hacer unos recados.
Sus ojitos se abrieron como un resorte, se levantó con energía y se asomó a la ventana.
—Mamá, ayer soñé con un ángel.
—¡Ahh, si! —exclamó ella con sorpresa.
—Si, mamá. Estábamos los dos en la calle, flotando en el aire y no nos caíamos.
—¿Y que te dijo?
El color rojo llenó su carita.
—Nada, mamá—le dijo mientras se asomaba a la ventana. Se quedó perplejo, ángel estaba allí, mirándole desde lo alto del árbol. Su color gris era más intenso.
—Anda vístete ya, que se nos va a hacer muy tarde y esta noche viene Papa Noel—le habló desde la puerta.
—¿Mamá?
—Que quieres, Manuel—le contestó entrando de nuevo en su cuarto.
Él desvió la mirada.
—Mamí, fui yo quien arañó el coche con la llave, y no maría.
—¿Y tu crees que eso está bien? —le preguntó con tono de enfado.
—No, mamá. Pero me ibais a castigar y Papa Noel no me traería ningún juguete.
—¿Y que hacemos contigo, Manuel? No solo nos has mentido, sino que encima le echaste la culpa a tu hermana pequeña.
—Ya mamá, pero……..—no terminó la frase, lloraba. —Perdóname, no lo haré más—consiguió decir entre sollozos.
—Hoy estarás castigado, sin dibujos, ni cuentos. Y ya veremos lo que piensa Papa Noel. Ahora vas a la habitación de tu hermana y le pides perdón. —le ordenó mientras salía del cuarto.
—Vale, mamá.
Justo antes de salir hacia el cuarto de su hermana, miró por la ventana, allí estaba ángel. Su color ya no era gris, sino blanquecino. Lo saludó con la mano. Le sonrió.
—María, perdóname—le pidió a su hermana de dos años, dándole un beso.
Ella lo apartó bruscamente, y volvió a sus muñecas, gritándole que se fuera.
Era lo mismo de siempre ,ella no entendía nada, él ya lo sabía, pero aún así se sentía mucho mejor.
Corrió a su cuarto.
Ángel estaba ahora en la copa del árbol, desprendía un blanco radiante, que hacía daño a la vista. Le sonrió abiertamente, despidiéndose con la mano.
Se frotó los ojos para verlo mejor.
Volvió a mirar hacia arriba. Ya no estaba allí. Las ramas, se movían, a pesar de que no había viento.
—Ya lo sabía—le gritó al árbol.
Esperó a que su hermana se subiera al coche. Mamá, la sentó en su silla y le puso el cinturón.
El corrió hacia la otra puerta, justo antes de abrirla observó como las ramas se movían de nuevo.
—¿Ángel?
—Ve ya a la cama, que es muy tarde—le contestó ella, con la sonrisa de cada noche.
—¿Cuándo es navidad, mami? —le preguntó con esa carita tierna de sus cinco años.
Ella volvió a sonreírle mientras le arropaba. —Mañana, cielo. Mañana por la noche es navidad.
—¿mama?
—¿Qué, quieres?
—¿Sabes que a los niños pobres les traerán muchos más regalos que a mi?
No era la primera vez que oía aquello, pero a pesar de ello, todavía no había encontrado respuesta para su hijo. Se limitó a asentir con la cabeza, con la mirada perdida.
—Papa Noel, es muy listo, y como ellos tienen menos dinero que nosotros, les dejará muchas más cosas que a mí.
Volvió a partirle el corazón. Pensó en los regalos que había en el armario. Pensó en toda la comida “inútil” de esos días. Se agachó y besó profundamente la mejilla de su hijo mientras una lágrima caía por su rostro.
—¿Cómo te llamas?
—Ángel.
—Ya lo sabía—le dijo Manuel con tono de satisfacción.
—Ya se que lo sabías, Manuel, yo te veo todos los días.
Su carita se enrojeció.
—¿Y por qué eres de color gris? Pensaba que todos los ángeles erais blancos.
Le sonrió. Solo en aquellas fechas podía hacer lo que más le gustaba, “hablar” con los niños, redescubrir la inocencia, la impertinencia, la locuacidad, de una mente abierta.
—¿No te gusta mi color?
—No—le respondió con gesto malhumorado.
Volvió a sonreírle. —¿quieres que sea blanco?
El niño asintió.
—Pues, piensa que soy blanco. Solo tienes que hacer eso para que cambie de color.
—Tengo frío, ángel.
—Ven a mi lado, yo te daré calor, Manuel.
—¿Cómo sabes mi nombre?
—Yo sé muchas cosas de ti, Manuel, ya te lo dije antes.
El niño se sonrojó. —¿Y puedes volar?¬—le preguntó mientras acariciaba sus alas grises.
—Claro.
—¿Tan alto como un águila?
—Mucho más alto que un águila, puedo volar hasta el cielo, por encima de las nubes.
—Entonces como un avión.
—jajá jajá. No, ,Manuel, mucho más alto que un avión.
—Ya lo sabía—le repitió con orgullo.
—Ya se que lo sabías, Manuel, ya te he dicho que te veo todos los días.
El niño volvió a sonrojarse.
—¿Por qué estamos en el aire y no nos caemos?
—Porque podemos estar donde tu quieras, Manuel. ¿Quieres que vayamos a la cama?
—No, me gusta flotar, así puedo dar todas las vueltas que quiera, además si me canso, tu me sujetas, ¿verdad?
—Claro. Pero no des demasiadas vueltas, a ver si te mareas.
—¿Sabes que mañana es navidad?
—Si, por eso estoy aquí.
—¿Ángel, tu eres amigo de Papa Noel?
Le sonrió—Yo soy amigo de toda la gente buena.
—Pues Papa Noel, es bueno—le reprochó el niño. —Mi mamá y mi papá, también son buenos.
—Hay mucha gente buena, Manuel. Pero yo no puedo hablar con los mayores, solo con los niños.
—¿Y también puedes hablar con los niños pobres?
—Claro, puedo hablar con todos los niños.
—¿Sabes que Papa Noel les traerá a ellos muchos más regalos que a mi?
Le acarició la cabeza con su mano.
—¿Cuántos años tienes, ángel?
—treinta.
—Ya lo sabía—le replicó sonriendo. —Los mismos que mi papá.
—¿Y por qué me lo has preguntado? Los dos sabemos todo del otro. ¿verdad?
Se sonrojó nuevamente.
—Despierta, dormilón, que tenemos que ir a hacer unos recados.
Sus ojitos se abrieron como un resorte, se levantó con energía y se asomó a la ventana.
—Mamá, ayer soñé con un ángel.
—¡Ahh, si! —exclamó ella con sorpresa.
—Si, mamá. Estábamos los dos en la calle, flotando en el aire y no nos caíamos.
—¿Y que te dijo?
El color rojo llenó su carita.
—Nada, mamá—le dijo mientras se asomaba a la ventana. Se quedó perplejo, ángel estaba allí, mirándole desde lo alto del árbol. Su color gris era más intenso.
—Anda vístete ya, que se nos va a hacer muy tarde y esta noche viene Papa Noel—le habló desde la puerta.
—¿Mamá?
—Que quieres, Manuel—le contestó entrando de nuevo en su cuarto.
Él desvió la mirada.
—Mamí, fui yo quien arañó el coche con la llave, y no maría.
—¿Y tu crees que eso está bien? —le preguntó con tono de enfado.
—No, mamá. Pero me ibais a castigar y Papa Noel no me traería ningún juguete.
—¿Y que hacemos contigo, Manuel? No solo nos has mentido, sino que encima le echaste la culpa a tu hermana pequeña.
—Ya mamá, pero……..—no terminó la frase, lloraba. —Perdóname, no lo haré más—consiguió decir entre sollozos.
—Hoy estarás castigado, sin dibujos, ni cuentos. Y ya veremos lo que piensa Papa Noel. Ahora vas a la habitación de tu hermana y le pides perdón. —le ordenó mientras salía del cuarto.
—Vale, mamá.
Justo antes de salir hacia el cuarto de su hermana, miró por la ventana, allí estaba ángel. Su color ya no era gris, sino blanquecino. Lo saludó con la mano. Le sonrió.
—María, perdóname—le pidió a su hermana de dos años, dándole un beso.
Ella lo apartó bruscamente, y volvió a sus muñecas, gritándole que se fuera.
Era lo mismo de siempre ,ella no entendía nada, él ya lo sabía, pero aún así se sentía mucho mejor.
Corrió a su cuarto.
Ángel estaba ahora en la copa del árbol, desprendía un blanco radiante, que hacía daño a la vista. Le sonrió abiertamente, despidiéndose con la mano.
Se frotó los ojos para verlo mejor.
Volvió a mirar hacia arriba. Ya no estaba allí. Las ramas, se movían, a pesar de que no había viento.
—Ya lo sabía—le gritó al árbol.
Esperó a que su hermana se subiera al coche. Mamá, la sentó en su silla y le puso el cinturón.
El corrió hacia la otra puerta, justo antes de abrirla observó como las ramas se movían de nuevo.
—¿Ángel?
Sesenta Minutos
Colgó el teléfono.
Las doce menos diez. Ya faltaba poco, tan solo unos minutos más.
Sentado frente al escritorio, recién ordenado. Por primera vez en su vida había orden en aquel cuarto, en aquella mesa, en su vida.
Miró la pistola una vez más, limpia, reluciente. Acarició el acero, frío, suave y lentamente, desde el cañón hasta la culata. La dejó encima del sobre que, ahora, presidía la mesa.
Se levantó y fue hacia la ventana. La ciudad seguía su ritmo imparable, ajena a él, ajena a todos. Sabía, desde hacía mucho tiempo, quizá desde siempre, que nadie le echaría en falta. Aún así, necesitaba esa última mirada, esa confirmación a lo obvio.
Cogió la pistola, puso el dedo en el gatillo, el cañón apuntando a su boca. Había recreado en su mente aquella situación miles de veces antes. Siempre pensó que el miedo inundaría el momento, que incluso llegaría a paralizarle. Estaba equivocado. No sentía miedo, ni desesperación, ni odio, todo aquello había pasado. Tan solo sentía paz, libertad.
Intentó dedicar sus últimos pensamientos al ente superior que unos llamaban Dios, otros Buda, Alá o de cualquier otra manera. Imposible. No había nada dentro de él que le llamara, que le diera la más mínima esperanza.
Leyó el sobre: A Ti
Sonrió, pensando en la carta que había en el interior.
Empezaron a sonar las doce en el reloj del cuarto….cinco, seis, siete….parecían sonar con mucha más lentitud que de costumbre…..diez, once, DOCE.
Respiró profundamente.
Volvió a leer el sobre: A Ti.
Sonrió. Disparó.
Hola Tu, disculpa esta informalidad, pero dadas las circunstancias no puedo preguntarte tu nombre. Jajajajaja, menudo susto te iba a dar si lo hiciera.
Tú eres alguien, tienes suerte, eres realmente afortunado. Yo no soy nadie.
Te pido perdón, pero es el precio que has de pagar por ser alguien, por ser afortunado. Mi precio está delante de ti, tirado en la alfombra, bañado en sangre. Así es la vida, jajajajaja. Siento que hayas sido tú, pero piensa que es casual, igual que tú pudo ser otro. Una pizca de mala fortuna en tu vida.
Hechas ya las presentaciones permíteme que suspenda esta conversación por unos minutos pero he de cumplir con los trámites necesarios, ya sabes, el testamento y esas banalidades, pero seré breve, enseguida vuelvo contigo.
El cuerpo que tienes delante, mi cárcel, pertenecía a Ramón Forcada Gonzalez, natural de Mostoles, nacido el 14 de Febrero de 1970. Con residencia actual en Madrid, c/. Gran Vía, 54 5º A.
Sirva esta carta como mi última voluntad, para que todas mis pertenencias, que incluyen este domicilio, un piso en c/Bailen, 50, un piso en c/Fuencarral 86, todas las pertenencias de dichos inmuebles, así como una cuenta corriente en BBVA, y otra en BSCH, sean entregadas, en cuanto no contravengan la ley, y a partes iguales a:
Fundación contra el cáncer.
Fundación contra la esclerosis múltiple.
Es mi voluntad que todos mis órganos sean donados para transplantes, y mi cuerpo para estudios científicos.
Sirva también para enunciar, que estoy en pleno uso de mis facultades mentales, habiendo administrado mi patrimonio hasta día de hoy.
Sirva también, para ratificar que 15 minutos antes de las 24:00, y después de haber escrito estas líneas, he llamado a D. Miguel Suarez Perez, abogado de Madrid, el cual se ha encargado de mis asuntos legales hasta la fecha, y el cual podrá corroborar las plenas facultades que me acompañan en el momento de escribir la presente.
Para ello y siendo está mi última voluntad, rubrico la presente a las veintitrés horas y cinco minutos del día 13 de febrero de 2005.
Bueno, bueno, creo que he cumplido mi palabra. La verdad es que ha sido sencillo, las cosas materiales no tienen importancia, bueno, eso al menos es lo que se dice ¿no? jajajaja. No creo que tú pienses como yo, pero no tenemos tiempo para entrar en ese debate, entre otras cosas porque yo no puedo debatir, al fin ya no puedo hacer nada, más que estar muerto. ¿Por qué estoy muerto, verdad? Anda, mira otra vez por si acaso, que no es cuestión de sorpresas indeseadas.
Vale, gracias. Todo va según lo previsto, muerto y bien muerto, como decía mi padre.
Tranquilo, no te voy a hablar de mi padre, ese , afortunadamente, lleva bien muerto muchos años.
Y pensarás, este tío que se ríe tanto, que narices le pasa, jajajajjaja, ves otra vez me rio. Es sencillo, hoy, por primera vez en mi vida estoy feliz, muy feliz.
Por fin he sentido que ya nada me ata a este mundo, así que voy a suicidarme en menos de una hora. No es la primera vez que lo intento (el suicidio, digo) pero hoy sé que lo haré, las otras veces no fue posible, no por falta de ganas, sino porque siempre tenía alguna excusa que me lo impedía. ¿Sabes? El hombre siempre busca excusas que le aten a la vida, unos buscan familia, otros trabajo, otros se conforman con seres extraterrenales. Es igual como lo llames, no son más que excusas para seguir tapándose los ojos en el camino hacia la muerte, porque la único fin de la vida es la muerte. Piensalo, así, fríamente, solo hay una cosa que nos une, ricos-pobres, altos-bajos, feos-guapos, blancos-negros o amarillos, buenos-malos, todos acabamos muertos, es irremediable, es nuestro camino. Yo te he ganado, jajajajaja, he llegado antes que tu a la meta, pero no creas que soy afortunado, porque otros lo han hecho antes que yo, así que estaré en la mitad de la tabla. Bueno, miraré el vaso medio lleno y pensaré en los millones a los que habré ganado, jajajaja. Ahora pensarás que estoy más loco todavía, es normal, no te culpo, pero nunca he estado más cuerdo en mi vida.
Como te decía, no hay mejor manera que buscar excusas. Yo también tuve mis excusas, ¿sabes? Primero la más pura, ser niño. Esa es la única excusa válida, hasta que llegan los que te “educan” y te joden la vida. Que si el colegio, que si los amigos, que si pórtate bien, que si aprende, que si has de ser bueno. Lo que te decía, te joden la vida. Como has sido niño sabes de lo que te hablo, porque ¿hay ser más inocente, sincero y puro que un niño? ¡Bingo! , ya nos hemos puesto de acuerdo en algo.
Bueno, siguiendo con el tema de las excusas, cuando me jodieron la vida (que conste que no les culpo por ello, pues es algo que está dentro de nuestra “cultura”) me aferré a los estudios, con la esperanza de que la sabiduría me dejara vivir en paz (verás que no hablo de felicidad, porque esa es la otra gran mentira de la humanidad actual).
Pero claro, entonces llegaron algunos problemas más, como el trabajo, las amistades…………
Nada, que estaba yo tan contento con mis “estudios” cuando me pongo a trabajar, empiezo a salir con una chica……… vamos una vida perfecta que dirían algunos, y una vida de mierda que te digo yo.
¿Te has sentido solo estando rodeado de gente que “supuestamente” quieres?
Espero que a eso hayas respondido negativamente, porque sino mal camino llevas, amigo mío. Ahhh, perdona que te llame amigo, pero es que con lo que te estoy contando creo que eres la persona que más sabe de mi, así que te fastidias y te llamo amigo, de todas formas no puedes hacer nada, jajajajaja.
Bueno, volvamos a la vida “feliz” de antes.
Yo trabajaba, leía mucho, tenía mi novia, y un amigo.
En esto que todo empieza a moverse, mi novia me deja, asciendo en el trabajo y llego a comprar la empresa, desaparecen los conocidos y entran otros, vamos todo normal dentro de una vida “feliz”, con el único pero de que cada vez estaba más encerrado en mi mismo y al tiempo me sentía más engañado de todo y de todos, hasta de Dios, que por entonces era una de mis excusas principales, porque también creí en Dios, hace mucho tiempo, pero lo hice.
¿Tú crees en Dios? Si es así no dejes de hacerlo, y sino, te recomendaría que lo hicieras, sino en Dios al menos en algo parecido.
Dios no existe, jamás ha existido. Al menos no como lo pinta la iglesia, ese Dios que es todo amor, todo bondad………… cuando digo Dios, no me refiero solo al Dios cristiano, sino a todos los dioses de las diferentes culturas. Todos han sido “creados” por el hombre, como necesidades a darle sentido a la existencia. O tú crees que no es posible el entendimiento entre “dioses”. ¿Cómo es posible que tras cientos de años no hayan sido capaces de “acercarse” entre ellos? ¿Es lógico que el mundo se mueva solo por cosas materiales cuando es lo menos importante? ¿Dónde cabe que millones de personas padezcan hambre, sufrimiento absoluto……cuando unos pocos viven y rezuman en la abundancia? ¿Entiendes que en nombre de Dios se siga matando gente?
Dios estuvo muy bien hace unos siglos, ahora está desfasado, es mejor creer en internet, al menos eso es real, aunque no deje de ser otro invento humano.
Teniendo clara la inexistencia del tal Dios, pues ya ves, solo me quedaba mi trabajo, mi ex novia, y un amigo que cada vez se parecía más a un conocido.
Eso era lo único que daba sentido a mi vida. No era feliz, pero al menos “podía” seguir viviendo. Ya sabes, las excusas de las que te hablaba antes.
En esto que en pocos meses estas personas “se liberan”, pasando a mejor vida.
A mi ex novia, se la llevó un cáncer fulminante.
A mi único amigo, una tortuosa esclerosis múltiple, agravada con neumonía.
Ves, ellos dos me ganaron, fueron más rápidos que yo.
Entonces, sin amigos, sin novias, sin creer en dios, me aferro más a mi trabajo, me vuelvo un ermitaño de la empresa, le dedico todo, y un buen día descubro que soy rico, lo suficiente como para vivir el resto de la vida sin hacer nada. ¿Qué sentido tiene la vida cuando descubres que has alcanzado todo y has de vivir sin sentido?
Mira hacia atrás, hay tienes el sentido. Ninguno.
Tenía 32 años, y nada que le diera razón a la existencia.
Pero no creas que tiré la toalla tan fácil, no, no. Vendí la empresa y traté de comprender como la gente puede ser feliz (al menos vivir contentos, pues ya te dije antes que la felicidad es otro eufemismo impuesto).
Después de unos meses de búsqueda por todo el mundo llegué a una conclusión, los que pueden ser “felices” se conforman con vivir contentos, engañados con una venda que cubre sus ojos y de la que son incapaces de zafarse, y no porque no puedan, sino porque no quieren, que es lo más triste.
Los que no pueden ser felices (cuando uno tiene hambre no se puede ser nada), se limitan a la supervivencia, y en eso no entra nada más que la espera de la muerte.
Y tu pensarás, pues si estos últimos, los supervivientes, tuvieran la posibilidad, si que serían felices. NO. falso. Estos cuando tiene la posibilidad, pasan a engrosar la lista de los primeros, y se limitan a vivir “contentos”, con la venda bien puesta en los ojos, y lo que es peor todavía, olvidando su pasado.
Ves, el camino se estrecha, los cruces van desapareciendo, solo quedaba un camino recto, el final del trayecto se iba aproximando a pasos agigantados.
Entonces pensé en tener un hijo. Para alguien como yo hubiera sido muy fácil.
Pero antes de traer otro sufridor(a) al mundo, tenía que tener claro como iba a ser su existencia, como podría educarlo fuera de los cánones establecidos, como podría mantener su inocencia intacta.
¿Sabes cual es la respuesta? es imposible. Tarde o temprano yo no estaría y él tendría que vivir en base a los criterios de conducta establecidos, y si los desconocía, porque yo se los habría evitado-ocultado, entonces sería mucho peor para él/ella.
Descartamos la descendencia también.
Entonces, visto que casi todo estaba descartado, me tiro a las drogas, el alcohol, el sexo sin limite, vamos lo que también se dice que da la felicidad. Yo sabía que era mentira, pero tampoco perdía nada por probar, total una cosa más……
Si algún día llegas a un punto parecido a este, no te recomiendo para nada las drogas, alcohol……son la mayor mierda de este mundo. A mi total no me afectaron demasiado, pues más solo que estaba no me podían dejar, pero he visto gente que lo tenía “supuestamente” todo, dejar su vida tirada tras una jeringuilla. A mi, como te comentaba poco me importaba eso, pero a ellos, que creían en algo, les hizo polvo la vida, y lo que es peor se la destrozó también a los que los rodeaban. En fin, quizá solo fueran otras “almas” buscando el mismo camino que yo.
Sé que te estas “deleitando” con esta carta, pero todo se acaba. Ya hemos llegado al final de mi vida. ¿Ves que simple y que bonita? Jajajaja. Una vida vacía que por fin ha llegado a su destino, que también será el tuyo y el de todos los que te rodean. No lo olvides.
Perdona que no me extienda mucho más, podría hacerlo entrando en miles de detalles, pero no tengo tiempo ni demasiadas ganas. Las únicas ganas que tengo es que se acerquen ya las doce.
No creas que tengo miedo, todo lo contrario. Me siento cada vez más excitado, cada vez más feliz. Es incongruente, ¿verdad? Todo el tiempo hablando de que la felicidad no existe y ahora me siento feliz, o ¿tal vez solo esté contento? Me da igual, no tengo más tiempo para profundizar. Me marcho.
Un último favor. Mira otra vez atrás. Estoy jodidamente muerto, ¿verdad? Ahora piensa en todo lo que te he dicho.
¿Quién está realmente muerto, TU o yo?
No vemos.
Las doce menos diez. Ya faltaba poco, tan solo unos minutos más.
Sentado frente al escritorio, recién ordenado. Por primera vez en su vida había orden en aquel cuarto, en aquella mesa, en su vida.
Miró la pistola una vez más, limpia, reluciente. Acarició el acero, frío, suave y lentamente, desde el cañón hasta la culata. La dejó encima del sobre que, ahora, presidía la mesa.
Se levantó y fue hacia la ventana. La ciudad seguía su ritmo imparable, ajena a él, ajena a todos. Sabía, desde hacía mucho tiempo, quizá desde siempre, que nadie le echaría en falta. Aún así, necesitaba esa última mirada, esa confirmación a lo obvio.
Cogió la pistola, puso el dedo en el gatillo, el cañón apuntando a su boca. Había recreado en su mente aquella situación miles de veces antes. Siempre pensó que el miedo inundaría el momento, que incluso llegaría a paralizarle. Estaba equivocado. No sentía miedo, ni desesperación, ni odio, todo aquello había pasado. Tan solo sentía paz, libertad.
Intentó dedicar sus últimos pensamientos al ente superior que unos llamaban Dios, otros Buda, Alá o de cualquier otra manera. Imposible. No había nada dentro de él que le llamara, que le diera la más mínima esperanza.
Leyó el sobre: A Ti
Sonrió, pensando en la carta que había en el interior.
Empezaron a sonar las doce en el reloj del cuarto….cinco, seis, siete….parecían sonar con mucha más lentitud que de costumbre…..diez, once, DOCE.
Respiró profundamente.
Volvió a leer el sobre: A Ti.
Sonrió. Disparó.
Hola Tu, disculpa esta informalidad, pero dadas las circunstancias no puedo preguntarte tu nombre. Jajajajaja, menudo susto te iba a dar si lo hiciera.
Tú eres alguien, tienes suerte, eres realmente afortunado. Yo no soy nadie.
Te pido perdón, pero es el precio que has de pagar por ser alguien, por ser afortunado. Mi precio está delante de ti, tirado en la alfombra, bañado en sangre. Así es la vida, jajajajaja. Siento que hayas sido tú, pero piensa que es casual, igual que tú pudo ser otro. Una pizca de mala fortuna en tu vida.
Hechas ya las presentaciones permíteme que suspenda esta conversación por unos minutos pero he de cumplir con los trámites necesarios, ya sabes, el testamento y esas banalidades, pero seré breve, enseguida vuelvo contigo.
El cuerpo que tienes delante, mi cárcel, pertenecía a Ramón Forcada Gonzalez, natural de Mostoles, nacido el 14 de Febrero de 1970. Con residencia actual en Madrid, c/. Gran Vía, 54 5º A.
Sirva esta carta como mi última voluntad, para que todas mis pertenencias, que incluyen este domicilio, un piso en c/Bailen, 50, un piso en c/Fuencarral 86, todas las pertenencias de dichos inmuebles, así como una cuenta corriente en BBVA, y otra en BSCH, sean entregadas, en cuanto no contravengan la ley, y a partes iguales a:
Fundación contra el cáncer.
Fundación contra la esclerosis múltiple.
Es mi voluntad que todos mis órganos sean donados para transplantes, y mi cuerpo para estudios científicos.
Sirva también para enunciar, que estoy en pleno uso de mis facultades mentales, habiendo administrado mi patrimonio hasta día de hoy.
Sirva también, para ratificar que 15 minutos antes de las 24:00, y después de haber escrito estas líneas, he llamado a D. Miguel Suarez Perez, abogado de Madrid, el cual se ha encargado de mis asuntos legales hasta la fecha, y el cual podrá corroborar las plenas facultades que me acompañan en el momento de escribir la presente.
Para ello y siendo está mi última voluntad, rubrico la presente a las veintitrés horas y cinco minutos del día 13 de febrero de 2005.
Bueno, bueno, creo que he cumplido mi palabra. La verdad es que ha sido sencillo, las cosas materiales no tienen importancia, bueno, eso al menos es lo que se dice ¿no? jajajaja. No creo que tú pienses como yo, pero no tenemos tiempo para entrar en ese debate, entre otras cosas porque yo no puedo debatir, al fin ya no puedo hacer nada, más que estar muerto. ¿Por qué estoy muerto, verdad? Anda, mira otra vez por si acaso, que no es cuestión de sorpresas indeseadas.
Vale, gracias. Todo va según lo previsto, muerto y bien muerto, como decía mi padre.
Tranquilo, no te voy a hablar de mi padre, ese , afortunadamente, lleva bien muerto muchos años.
Y pensarás, este tío que se ríe tanto, que narices le pasa, jajajajjaja, ves otra vez me rio. Es sencillo, hoy, por primera vez en mi vida estoy feliz, muy feliz.
Por fin he sentido que ya nada me ata a este mundo, así que voy a suicidarme en menos de una hora. No es la primera vez que lo intento (el suicidio, digo) pero hoy sé que lo haré, las otras veces no fue posible, no por falta de ganas, sino porque siempre tenía alguna excusa que me lo impedía. ¿Sabes? El hombre siempre busca excusas que le aten a la vida, unos buscan familia, otros trabajo, otros se conforman con seres extraterrenales. Es igual como lo llames, no son más que excusas para seguir tapándose los ojos en el camino hacia la muerte, porque la único fin de la vida es la muerte. Piensalo, así, fríamente, solo hay una cosa que nos une, ricos-pobres, altos-bajos, feos-guapos, blancos-negros o amarillos, buenos-malos, todos acabamos muertos, es irremediable, es nuestro camino. Yo te he ganado, jajajajaja, he llegado antes que tu a la meta, pero no creas que soy afortunado, porque otros lo han hecho antes que yo, así que estaré en la mitad de la tabla. Bueno, miraré el vaso medio lleno y pensaré en los millones a los que habré ganado, jajajaja. Ahora pensarás que estoy más loco todavía, es normal, no te culpo, pero nunca he estado más cuerdo en mi vida.
Como te decía, no hay mejor manera que buscar excusas. Yo también tuve mis excusas, ¿sabes? Primero la más pura, ser niño. Esa es la única excusa válida, hasta que llegan los que te “educan” y te joden la vida. Que si el colegio, que si los amigos, que si pórtate bien, que si aprende, que si has de ser bueno. Lo que te decía, te joden la vida. Como has sido niño sabes de lo que te hablo, porque ¿hay ser más inocente, sincero y puro que un niño? ¡Bingo! , ya nos hemos puesto de acuerdo en algo.
Bueno, siguiendo con el tema de las excusas, cuando me jodieron la vida (que conste que no les culpo por ello, pues es algo que está dentro de nuestra “cultura”) me aferré a los estudios, con la esperanza de que la sabiduría me dejara vivir en paz (verás que no hablo de felicidad, porque esa es la otra gran mentira de la humanidad actual).
Pero claro, entonces llegaron algunos problemas más, como el trabajo, las amistades…………
Nada, que estaba yo tan contento con mis “estudios” cuando me pongo a trabajar, empiezo a salir con una chica……… vamos una vida perfecta que dirían algunos, y una vida de mierda que te digo yo.
¿Te has sentido solo estando rodeado de gente que “supuestamente” quieres?
Espero que a eso hayas respondido negativamente, porque sino mal camino llevas, amigo mío. Ahhh, perdona que te llame amigo, pero es que con lo que te estoy contando creo que eres la persona que más sabe de mi, así que te fastidias y te llamo amigo, de todas formas no puedes hacer nada, jajajajaja.
Bueno, volvamos a la vida “feliz” de antes.
Yo trabajaba, leía mucho, tenía mi novia, y un amigo.
En esto que todo empieza a moverse, mi novia me deja, asciendo en el trabajo y llego a comprar la empresa, desaparecen los conocidos y entran otros, vamos todo normal dentro de una vida “feliz”, con el único pero de que cada vez estaba más encerrado en mi mismo y al tiempo me sentía más engañado de todo y de todos, hasta de Dios, que por entonces era una de mis excusas principales, porque también creí en Dios, hace mucho tiempo, pero lo hice.
¿Tú crees en Dios? Si es así no dejes de hacerlo, y sino, te recomendaría que lo hicieras, sino en Dios al menos en algo parecido.
Dios no existe, jamás ha existido. Al menos no como lo pinta la iglesia, ese Dios que es todo amor, todo bondad………… cuando digo Dios, no me refiero solo al Dios cristiano, sino a todos los dioses de las diferentes culturas. Todos han sido “creados” por el hombre, como necesidades a darle sentido a la existencia. O tú crees que no es posible el entendimiento entre “dioses”. ¿Cómo es posible que tras cientos de años no hayan sido capaces de “acercarse” entre ellos? ¿Es lógico que el mundo se mueva solo por cosas materiales cuando es lo menos importante? ¿Dónde cabe que millones de personas padezcan hambre, sufrimiento absoluto……cuando unos pocos viven y rezuman en la abundancia? ¿Entiendes que en nombre de Dios se siga matando gente?
Dios estuvo muy bien hace unos siglos, ahora está desfasado, es mejor creer en internet, al menos eso es real, aunque no deje de ser otro invento humano.
Teniendo clara la inexistencia del tal Dios, pues ya ves, solo me quedaba mi trabajo, mi ex novia, y un amigo que cada vez se parecía más a un conocido.
Eso era lo único que daba sentido a mi vida. No era feliz, pero al menos “podía” seguir viviendo. Ya sabes, las excusas de las que te hablaba antes.
En esto que en pocos meses estas personas “se liberan”, pasando a mejor vida.
A mi ex novia, se la llevó un cáncer fulminante.
A mi único amigo, una tortuosa esclerosis múltiple, agravada con neumonía.
Ves, ellos dos me ganaron, fueron más rápidos que yo.
Entonces, sin amigos, sin novias, sin creer en dios, me aferro más a mi trabajo, me vuelvo un ermitaño de la empresa, le dedico todo, y un buen día descubro que soy rico, lo suficiente como para vivir el resto de la vida sin hacer nada. ¿Qué sentido tiene la vida cuando descubres que has alcanzado todo y has de vivir sin sentido?
Mira hacia atrás, hay tienes el sentido. Ninguno.
Tenía 32 años, y nada que le diera razón a la existencia.
Pero no creas que tiré la toalla tan fácil, no, no. Vendí la empresa y traté de comprender como la gente puede ser feliz (al menos vivir contentos, pues ya te dije antes que la felicidad es otro eufemismo impuesto).
Después de unos meses de búsqueda por todo el mundo llegué a una conclusión, los que pueden ser “felices” se conforman con vivir contentos, engañados con una venda que cubre sus ojos y de la que son incapaces de zafarse, y no porque no puedan, sino porque no quieren, que es lo más triste.
Los que no pueden ser felices (cuando uno tiene hambre no se puede ser nada), se limitan a la supervivencia, y en eso no entra nada más que la espera de la muerte.
Y tu pensarás, pues si estos últimos, los supervivientes, tuvieran la posibilidad, si que serían felices. NO. falso. Estos cuando tiene la posibilidad, pasan a engrosar la lista de los primeros, y se limitan a vivir “contentos”, con la venda bien puesta en los ojos, y lo que es peor todavía, olvidando su pasado.
Ves, el camino se estrecha, los cruces van desapareciendo, solo quedaba un camino recto, el final del trayecto se iba aproximando a pasos agigantados.
Entonces pensé en tener un hijo. Para alguien como yo hubiera sido muy fácil.
Pero antes de traer otro sufridor(a) al mundo, tenía que tener claro como iba a ser su existencia, como podría educarlo fuera de los cánones establecidos, como podría mantener su inocencia intacta.
¿Sabes cual es la respuesta? es imposible. Tarde o temprano yo no estaría y él tendría que vivir en base a los criterios de conducta establecidos, y si los desconocía, porque yo se los habría evitado-ocultado, entonces sería mucho peor para él/ella.
Descartamos la descendencia también.
Entonces, visto que casi todo estaba descartado, me tiro a las drogas, el alcohol, el sexo sin limite, vamos lo que también se dice que da la felicidad. Yo sabía que era mentira, pero tampoco perdía nada por probar, total una cosa más……
Si algún día llegas a un punto parecido a este, no te recomiendo para nada las drogas, alcohol……son la mayor mierda de este mundo. A mi total no me afectaron demasiado, pues más solo que estaba no me podían dejar, pero he visto gente que lo tenía “supuestamente” todo, dejar su vida tirada tras una jeringuilla. A mi, como te comentaba poco me importaba eso, pero a ellos, que creían en algo, les hizo polvo la vida, y lo que es peor se la destrozó también a los que los rodeaban. En fin, quizá solo fueran otras “almas” buscando el mismo camino que yo.
Sé que te estas “deleitando” con esta carta, pero todo se acaba. Ya hemos llegado al final de mi vida. ¿Ves que simple y que bonita? Jajajaja. Una vida vacía que por fin ha llegado a su destino, que también será el tuyo y el de todos los que te rodean. No lo olvides.
Perdona que no me extienda mucho más, podría hacerlo entrando en miles de detalles, pero no tengo tiempo ni demasiadas ganas. Las únicas ganas que tengo es que se acerquen ya las doce.
No creas que tengo miedo, todo lo contrario. Me siento cada vez más excitado, cada vez más feliz. Es incongruente, ¿verdad? Todo el tiempo hablando de que la felicidad no existe y ahora me siento feliz, o ¿tal vez solo esté contento? Me da igual, no tengo más tiempo para profundizar. Me marcho.
Un último favor. Mira otra vez atrás. Estoy jodidamente muerto, ¿verdad? Ahora piensa en todo lo que te he dicho.
¿Quién está realmente muerto, TU o yo?
No vemos.
Tras el Cristal
Duerme, mi niña.
Tenía miedo. La luz tan sólo entraba, tímidamente, por debajo de la puerta. Los copos de nieve golpeaban el cristal de la ventana. Entonces pensó en el muñeco de nieve que había dejado a la puerta de casa.
Cuanto frío estaría pasando, pensó ella. La bufanda roja que había colocado alrededor de su cuerpo, tan solo alcanzaba a tapar parte de su cuello.
Quería estar con él. Era su amigo, y ahora estaba solo, al igual que ella, los dos solos en aquella negra y fría noche de invierno.
Tenía miedo, quería bajar a ver a su amigo, pero no podía moverse de la cama. La tormenta era cada vez más fuerte, el ruido del viento se hacía más intenso a cada instante.
Un rayo iluminó toda la habitación. Cerró los ojos con fuerza, abrazando la almohada y conteniendo la respiración.
-¿Por qué tienes miedo, mi niña?-escuchó débilmente.
Miró por toda la habitación, pero no podía ver nada.
Tenía miedo. Quería gritar, llorar, salir de aquel lugar, su habitación.
-¿Por qué tienes miedo, mi niña?-escuchó claramente.
Tenía miedo. Gritó con pánico, pero no pudo escuchar el sonido de su propia garganta. Tenía la boca completamente abierta, pero no podía decir nada. Una lágrima cayó por su rostro.
-No llores, mi niña-oyó nuevamente.
Aquella voz le resultó muy familiar, linda, dulce.
Tenía miedo, pero ahora la curiosidad había despertado dentro de ella. Abrió los ojos, pero seguía sin ver nada a su alrededor.
-¿Por qué no vienes a mi lado, mi niña?. Estoy aquí, en la ventana. Mírame, mi niña, ven conmigo.
Tenía miedo de mirar a la ventana. Era él, su amigo, pero ella lo había dejado abajo, en la puerta.
Miró tímidamente, pero no pudo verle. Los copos de nieve seguían golpeando el cristal.
-Acércate, mi niña, estoy aquí. Si que puedes verme, solo tienes que mirarme.
Tenía miedo de levantarse, de dejar la cama, de acercarse a la ventana.
Caminó despacio, de puntillas, sin apenas hacer ruido, con pasos muy cortos.
Apoyó sus manitas en la ventana. Estaba fría, muy fría, su mirada buscaba desesperadamente a su amigo pero no lo encontraba. Sus ojos se aceraron todavía más al cristal, pero seguía sin encontrarle.
Tenía miedo, quería volver a la cama, abrazar su almohada, tapar su cabeza con la manta, sumergirse en la oscuridad de siempre.
Entonces lo vio, estaba delante suyo, apenas a unos centímetros, tan solo separado por el fino vidrio del cristal.
He estado aquí todo el tiempo, ¿por qué no me mirabas, mi niña?
Tenía miedo, estaba segura de que había mirado hacia aquel lugar varias veces sin verlo antes. Se arrodilló lentamente, fijando la mirada en su amigo. Todo era muy extraño. Eran sus ojos, su boca, sus labios, su mirada, su gesto inconfundible, su bufanda roja, pero sin embargo…….
Soy yo, mi niña.-Sin lugar a dudas era su voz, pero ese no era su amigo.
Tenía miedo, quien podía ser tan igual y tan diferente al mismo tiempo. Hizo ademán para levantarse y volver hacia la cama, necesitaba el refugio de la oscuridad, quería gritar, llorar…..Ahora no le quedaba nada, ni siquiera él, ¿Dónde estaban?.
¿Por qué tienes miedo de mi, mi niña? Así es como soy cuando tu me dejas, cuando piensas que estas sola, cuando tienes miedo. ¿Por qué tienes miedo, mi niña?
Ella sonrió. Una sonrisa fugaz que iluminó su carita dulce por un instante. Acarició el cristal frente a su amigo. Besó el vidrio, frío. Se levantó, se giró, lentamente, y encaminó sus pasitos hacia la cama. Justo antes de meterse en ella, volvió su cabeza hacia la ventana. Allí seguía él. Su figura era impecable, esbelta, ahora si que era él, su amigo, su compañero, su alma.
Duérmete, mi niña.
Ella sonrió.
Despierta, mi niña.
Ella sonrió.
Tenía miedo. La luz tan sólo entraba, tímidamente, por debajo de la puerta. Los copos de nieve golpeaban el cristal de la ventana. Entonces pensó en el muñeco de nieve que había dejado a la puerta de casa.
Cuanto frío estaría pasando, pensó ella. La bufanda roja que había colocado alrededor de su cuerpo, tan solo alcanzaba a tapar parte de su cuello.
Quería estar con él. Era su amigo, y ahora estaba solo, al igual que ella, los dos solos en aquella negra y fría noche de invierno.
Tenía miedo, quería bajar a ver a su amigo, pero no podía moverse de la cama. La tormenta era cada vez más fuerte, el ruido del viento se hacía más intenso a cada instante.
Un rayo iluminó toda la habitación. Cerró los ojos con fuerza, abrazando la almohada y conteniendo la respiración.
-¿Por qué tienes miedo, mi niña?-escuchó débilmente.
Miró por toda la habitación, pero no podía ver nada.
Tenía miedo. Quería gritar, llorar, salir de aquel lugar, su habitación.
-¿Por qué tienes miedo, mi niña?-escuchó claramente.
Tenía miedo. Gritó con pánico, pero no pudo escuchar el sonido de su propia garganta. Tenía la boca completamente abierta, pero no podía decir nada. Una lágrima cayó por su rostro.
-No llores, mi niña-oyó nuevamente.
Aquella voz le resultó muy familiar, linda, dulce.
Tenía miedo, pero ahora la curiosidad había despertado dentro de ella. Abrió los ojos, pero seguía sin ver nada a su alrededor.
-¿Por qué no vienes a mi lado, mi niña?. Estoy aquí, en la ventana. Mírame, mi niña, ven conmigo.
Tenía miedo de mirar a la ventana. Era él, su amigo, pero ella lo había dejado abajo, en la puerta.
Miró tímidamente, pero no pudo verle. Los copos de nieve seguían golpeando el cristal.
-Acércate, mi niña, estoy aquí. Si que puedes verme, solo tienes que mirarme.
Tenía miedo de levantarse, de dejar la cama, de acercarse a la ventana.
Caminó despacio, de puntillas, sin apenas hacer ruido, con pasos muy cortos.
Apoyó sus manitas en la ventana. Estaba fría, muy fría, su mirada buscaba desesperadamente a su amigo pero no lo encontraba. Sus ojos se aceraron todavía más al cristal, pero seguía sin encontrarle.
Tenía miedo, quería volver a la cama, abrazar su almohada, tapar su cabeza con la manta, sumergirse en la oscuridad de siempre.
Entonces lo vio, estaba delante suyo, apenas a unos centímetros, tan solo separado por el fino vidrio del cristal.
He estado aquí todo el tiempo, ¿por qué no me mirabas, mi niña?
Tenía miedo, estaba segura de que había mirado hacia aquel lugar varias veces sin verlo antes. Se arrodilló lentamente, fijando la mirada en su amigo. Todo era muy extraño. Eran sus ojos, su boca, sus labios, su mirada, su gesto inconfundible, su bufanda roja, pero sin embargo…….
Soy yo, mi niña.-Sin lugar a dudas era su voz, pero ese no era su amigo.
Tenía miedo, quien podía ser tan igual y tan diferente al mismo tiempo. Hizo ademán para levantarse y volver hacia la cama, necesitaba el refugio de la oscuridad, quería gritar, llorar…..Ahora no le quedaba nada, ni siquiera él, ¿Dónde estaban?.
¿Por qué tienes miedo de mi, mi niña? Así es como soy cuando tu me dejas, cuando piensas que estas sola, cuando tienes miedo. ¿Por qué tienes miedo, mi niña?
Ella sonrió. Una sonrisa fugaz que iluminó su carita dulce por un instante. Acarició el cristal frente a su amigo. Besó el vidrio, frío. Se levantó, se giró, lentamente, y encaminó sus pasitos hacia la cama. Justo antes de meterse en ella, volvió su cabeza hacia la ventana. Allí seguía él. Su figura era impecable, esbelta, ahora si que era él, su amigo, su compañero, su alma.
Duérmete, mi niña.
Ella sonrió.
Despierta, mi niña.
Ella sonrió.