MAR DE FONDO

Nació la niña Lucía
con la mar asomada a los ojos,
no lo supo hasta más tarde
cuando ya los ojos son medusas
y la brisa urticante.
La niña Lucía
interpretaba con las manos
azulados cantos
los adioses que zarpan en el viento
la sonrisa acústica de los delfines,
empujaba verjurados torbellinos
arrastrando sus pequeños pies sobre la arena.
Creció la niña Lucía
cumpliendo memorias
de una delicada tela
tendida como frazada,
fue arropando sueños de finísima arena
y ese espejo de plenitud angustiada
llegó
sin viento, regular y suave,
como llega un mar de fondo.
GÉNESIS

"GÉNESIS " de Jep Flaqué Ferrús
Algodones de nácar prendidos en el cielo
lustran de metal anaranjado
oro casi ámbar
un horizonte bruñido.
Asoma un sol despierto,
reverbera en el rostro plano del paisaje,
luz de costado renacido.
En medio de lo verde
gotea luz fresca un árbol
por el lado inclinado del alba,
huyó cansina la brisa con los ojos untados de niebla.
Testigo silencioso frente a la llamarada,
colma de alquimia la copa,
se deja embestir
se esponja
y un sonido de catedral antigua inunda
al venerable siervo solitario de la luz
que insemina la tierra,
con el estallido de mil cristales de fuego
¿Arderá el día?
Abollando el reluz del suelo
carcajadas de topo se aproximan,
borbotones de media sombra en la pastura
¿Arderá el día?
Hay cosas que sólo saben quienes nos dan de respirar
...a los ingratos que respiramos...
No es la primera vez... y no será la última, que las fotos de Jep acompañan a mis versos. De alguna manera, sus imágenes los hacen crecer.
Así que cuando me envió la foto que iba a publicar en Fotonatura e inundó la pantalla ( “te mando una foto a la que le tengo un cariño muy especial”... “escríbeme lo que te transmite... me haría mucha ilusión”) me quedé sin palabras .Es de una belleza paralizante. Podéis ver aquí, esa instantánea
JEP FLAQUÉ FERRÚS
La que yo publico es el primer "pestañeo", afortunadamente Jep hizo una segunda foto igualmente espectacular. Resulta difícil elegir entre una de las dos ¿verdad?. Pero nadie mejor que el propio autor para explicar su emoción al captar la sinfonía de luz en dos tiempos . Pocas veces se puede presenciar un crepúsculo tan “impresionante”, cómo la luz disipa el velo de la niebla y nos muestra la Naturaleza como una “Capilla Sixtina”...
Así nacieron estos versos que le regalé, Jep me prestó su mirada y yo he tratado de ponerle mi alma al instante, creo que los dos sin saberlo, mirábamos en la misma dirección.
EL LAGO QUE NACIÓ DE LAS LÁGRIMAS
“Y hacia el poniente, por fin, el lago azul y transparente de Carucedo, harto más extendido en el día, parecía servir de espejo a los lugares que adornan sus orillas y a los montes de suavísimo declive que la encierran.
Crecían al borde mismo del agua encinas corpulentas y de ramas pendientes parecidas a los sauces que aún hoy se conservan, chopos altos y doblegadizos como mimbres que se mecían al menor soplo de viento, y castaños robustos y de redonda copa.
De cuando en cuando, una bandada de lavancos y gallinetas de agua revolaba por encima describiendo espaciosos círculos, y luego se precipitaban en los espadañales de la orilla o levantando el vuelo desaparecían detrás de los encarnados picachos de las Médulas”
“El Señor de Bembibre” ENRIQUE GIL Y CARRASCO
Este fragmento nos acerca a un paraje en el que se fraguó, sobreviviendo a la memoria, una leyenda de amor trágico que dio origen al nacimiento de un lago. Hoy nadie duda que EL LAGO DE CARUCEDO es artificial, producido por el estancamiento de las aguas procedentes del lavado de las arrugias auríferas de Orellán, el lago está muy próximo a la explotación de Las Médulas, que abandonaron los conquistadores romanos tras expoliar durante trescientos años esta tierra generosa; pero permanece la leyenda...

Vista del LAGO DE CARUCEDO

Nevada sobre LAS MÉDULAS
La leyenda aflora con el mismo o similar argumento y dependiendo de quien te la cuente, se desarrolla en el periodo celta, en la etapa del asentamiento romano en Bergidum o bajo el señorío de los caballeros templarios.
Desde la carretera se aprecia toda la extensión del lago de Carucedo, con cuatro kilómetros de perímetro y treinta metros de profundidad. El lago es criadero de anguilas y patos silvestres. Se dice que era la reserva piscícola de los monjes de Carracedo, que no comían carne porque sus normas decían que estaba demasiado pegada a la tierra.
En las proximidades del lago, crece una curiosa variedad de orquidea que adopta la forma de un abejorro para atraer a estos insectos y facilitar su polinización.
La versión medieval aparece en la primera novela de Gil y Carrasco, “El lago de Carucedo”.
Relata cómo el señor templario del castillo de CORNATEL, que se mece sobre el abismo como el vuelo de las águilas, cazaba por los montes de Borrenes y se topó con una hermosísima pastora a la que burló por fuerza entre las encinas.
Un mozo de Carucedo que bebía los vientos por la pastora de Borrenes, tomó venganza de la afrenta y esperó al templario en una de sus cacerías hundiéndole el cuchillo en el vientre consumando la venganza por la felonía del noble. Temiendo las represalias, se marchó a tierras de morería. Al cabo de muchos años volvió como peregrino a Compostela e ingresó de monje en el monasterio próximo a Carucedo, donde en poco tiempo fue nombrado abad.

Ruinas del CASTILLO DE CORNATEL
Las gentes de la zona, atemorizadas por la presencia de una bruja a la que acusaban de causarles mal de ojo, acudieron al abad para pedirle remedio.
El abad salió de noche para conjurar a la bruja y cuál no sería su sorpresa cuando encontró a la bruja y la reconoció como aquella bella moza de su juventud de la que vivió enamorado.
Se reconocieron y brotó entre ellos la pasión del amor perdido tantos años y fueron a disfrutar del éxtasis del cariño en el pórtico de la cercana ermita, donde al abad se le “despistó” el voto de castidad.
Como castigo divino, las torrenteras manaron agua entre un fragoroso concierto de truenos y relámpagos hasta inundar el valle y anegar la ermita, formando el lago de Carucedo, donde la noche de San Juan se oye el tañido de la campana de la ermita.
La otra versión de la leyenda tiene rasgos mitológicos, situa los hechos en tiempos de la conquista romana de Lancia y la toma de Castrum Bérgidum el año 19 a.c. por el general Cristo Tito Carissio.
Castrum Bérgidum o Castro Ventosa se halla cerca de Cacabelos, en Fieros. Es un cerro que se divisa desde la carretera. Allí están las raíces históricas del Bierzo. La raíz «berg» es celta y significa altura. Aún se conserva esta raíz en algunas voces como “bergancias”; en la montaña esta palabra alude a la cadena con la que se sostiene el pote colgando desde el techo, en las cocinas antiguas.
Existe la creencia de que aquí se asentaba la antigua Bérgidum y sus moradores la abandonaron de noche, marchándose a Torre de Babia, luego el emperador Tito Flavio Vespasiano le dio el derecho de ciudad romana, con el nombre de Bérgidum Flavia y así la cita Ptolomeo y era la décima mansión romana en el itinerario de Braga a Astorga, según Antonino.
Ya en el concilio de Lugo del año 569 se cita Bérgidum como capitalidad de la zona del obispado de Astorga y Valerio de Montes, discípulo de San Fructuoso, cita el Bergidense territorium.
Pues aquí establecieron sus tropas los romanos para vigilar la explotación de Las Médulas y...
Cuenta la leyenda que La ondina Carissia vivía en la mítica ciudad de Lucerna y se enamoró perdidamente del guapo general latino, pero el romano, dado que la ninfa era astur, raza y pueblo que los romanos tenían que dominar, la burló y la despreció. La ninfa sintió tal dolor que estuvo muchos años llorando y tantas lágrimas derramó que se fue formando el legendario lago y anegando la mítica ciudad de Lucerna.
Así se llenó la hoya con agua cristalina, donde el sol refleja sus rayos en una tonalidad azulada enmarcada entre las espadañas y las juncias.
Según la leyenda, todos los años al amanecer del día de San Juan, cuando se abre el alba y el sol dora las aguas se vislumbra en el fondo del lago el reflejo de la ciudad de Lucerna.
En esa noche serena sale la ondina Carissia del lago de Carucedo a buscar un guapo mozo que la requiebre de amores. Pero como es tan grande el lago es difícil dar con ella. Alguna vez se ha encontrado en la mañana luminosa el peine de cuerno con alguna hebra de sol entre sus púas, que la ninfa se dejó olvidado en la orilla.

Anochecer en el LAGO DE CARUCEDO
Si alguna vez visitan el Lago de Carucedo, el Castillo de Cornatel, las Médulas o cualquier paisaje del Bierzo, les recomiendo la lectura del “El señor de Bembibre”. Tras esta novela histórica, quizás la más universal del Romanticismo español, se esconde la verdad del paisaje berciano.
Nadie ha pintado el Bierzo con esa sensibilidad lírica a flor de piel, nadie ha sabido deslizarse por la melancolía de los paisajes y describir la nostalgia recoleta que respiran las piedras legendarias de monasterios y castillos, ese Bergidum montañés y abismal o el fértil y riberano , silencioso, recogido y bendecido por la Naturaleza con una de sus más dulces sonrisas...
Sí, el Bierzo...lo ha pintado Gil y Carrasco.
P.S: Este artículo lo dedico especialmente a N.. que tanto ha disfrutado de los amores de D. Alvaro y Dña. Beatriz de Osorio y que se emocionó al conocer Bembibre.
HALOGRAMA

Jep Faqué Ferrús
"Camino al infierno"
Playa de Zumaia
"Hay un anciano ante una senda vacía. Nadie regresa de la ciudad lejana; sólo el viento sobre las últimas huellas.
Yo soy la senda y el anciano, soy la ciudad y el viento."
Antonio Gamoneda, "Libro del frío"
Sé que no veré más repetirse nada,
ni tu rostro.
Aún tenías corazón
al llegar aquel invierno de rodio en el reloj de bolsillo,
le dabas cuerda
al sentido austero de la ausencia.
Cuando quise saber del calor de tus manos
ya no te quedaban calles en el cuerpo
la sien vacía
enfrió el rictus último
como arcano indeleble
y me dejaste un vago horror de huérfana
frente a ese espejo de azogue con tu nombre en la esquela
D.E.P.
Mediada la tarde,
descendió un murmullo mortuorio,
rumiaba pésames una sotana
llegaron flores magreadas de incienso al vestíbulo
ralentizando esa ingravidez dormida de las bisagras,
esperando un viático mundano, el colofón.
¿Por qué no sentí nada?...¡ Di, Nada !
¿Por qué no siento más que un coagulado mutismo desde entonces?