"Solsticio de Invierno"
Me gustaría poseer el conocimiento de un druida y la memoria de un roble sabio y protector. Ellos mejor que nadie aprendieron de la Naturaleza los ciclos que rigen la vida.
Tenemos muy próximo el Solsticio de invierno, la Navidad o lo que los celtas llamaban Yule. Para nuestros ancestros la mitad oscura del año, se separaba de la mitad de la luz. El sol se elevaba un poco más alto y cada día permanecía un poco más en el cielo . Es la noche más larga del año y se celebraba para convocar el retorno de la luz y la esperanza.
De los ritos celtas de esta celebración, hemos heredado numerosas tradiciones navideñas:
- Durante la celebración de Yule, los celtas adornaban sus casas con hiedras y guirnaldas de acebo y muérdago para protegerse de las visitas no deseadas.
- Los colores que elegían para la ornamentación eran el rojo (por la asociación con la sangre del parto, dar a luz una vida) y el verde (símbolo de la Tierra). Al hacerse los días más largos, creían que verdaderamente empezaba a resurgir la vida.
- Otra costumbre está ligada al tradicional árbol de navidad, que en su origen era un tronco que se quemaba la noche del solsticio, para festejar el renacimiento del sol y atraer la prosperidad . Esta costumbre también está presente en Egipto donde 5000 años a.c., se festejaba de igual forma el nacimiento de Horus, su rey del sol y en los antiguos sumerios, que festejaban el nacimiento del dios Mitra.
- Hacia el 1100 a.c., los celtas recogían un leño después del solsticio y lo guardaban hasta que, unos días antes de la festividad, lo adornaban con hiedras, piñas, acebo y otras plantas verdes.
Después de varios días adornado y colocado en un lugar de honor del hogar, para que toda la familia pudiera tocarlo y dejarle golosinas , comida y regalos, el leño se prendía al ponerse el sol la noche del solsticio. La madre era la encargada normalmente, se quemaba el tronco y se guardaban las cenizas con finalidades curativas. También se guardaba un trozo de madera carbonizada para encender el fuego del año siguiente.
A todos, un abrazo y mis mejores deseos
NUNCA UNA NOCHE HA VENCIDO AL AMANECER, Y NUNCA UN PROBLEMA HA VENCIDO A LA ESPERANZA…
"El miedo a la mirada"

Escultura de Miguel Chehaibar
El miedo es uno de los árboles más fuertes.
Sus raíces recorren por debajo de mis pies con la velocidad incalculable de las cosas invisibles. Dibuja círculos a mí alrededor. Me espera con algo que se parece a una sonrisa o a un tajo en el tomate.
El miedo es un vendedor de puerta a puerta.
El miedo es un abrelatas teledirigido.
El miedo es una carpa sobre un circo vacío.
El miedo pequeño no es menos miedo que el grande. No existe el miedo a lo desconocido.
No hay más miedo que el miedo a las limitaciones y mis limitaciones son los primeros inquilinos de mi casa.
El miedo nunca dice nada, el muy cabrón, nunca alza la voz, no tiene prisa, no se encoge, a veces sale a dar una vuelta pero nunca se va lejos. El miedo siempre sabe por dónde andas. No se agobia. Tiene preparada la huella antes de que tú des el paso. El miedo reparte pistolas descargadas.
He aprendido algunas cosas este año y algunas más el año pasado pero sé que básicamente el miedo sigue siendo el mismo. El miedo es la parte del cuerpo que más crece con los años.
El miedo es un tonto con un martillo. El miedo se cree que lo sabe todo pero en realidad el miedo y yo manejamos los mismos datos: la larga lista de todas las cosas de las que nunca seré capaz.
Ray Loriga
"Paisaje con mirada"
Abandonando la aridez de la Meseta castellana, el Bierzo, multiplica los rincones y los paisajes, enseguida te das cuenta de que contemplas una tierra pródiga y acogedora.
Resumir su historia, no fue la excusa que me propuso Turulato para esta semblanza, yo no sabría…necesitaría algo más que intención para que mis añoranzas salieran bien paradas. Si tuviera que elegir analistas y fracturar la historia de mi tierra, sin duda Caboblanco os apasionaría con facilidad y erudición sobre la influencia que los romanos dejaron en el Bierzo .La pincelada que os dejo de Las Médulas, hoy, es la obra de la ingeniería romana más ambiciosa que desarrollaron en Hispania. Inestimable el acercamiento minucioso del mismo Turulato y de Leo sobre el periodo medieval, íntimamente ligado al Camino de Santiago y la custodia por estas tierras de sus peregrinos, encomendada a la Orden Templaria, o cómo los monasterios impulsaron el cultivo de la vid en esta zona y según la tradición popular nos inventaron el Botillo…
Ardua tarea poner en orden mi incompetencia… El maestro Turulato casi me susurró un “a través de tu mirada”… Por eso elegí este paisaje, espero que os guste y si un otoño cualquiera os acerca a mi tierra , disfrutéis contemplando este mágico rincón, Patrimonio de la Humanidad.
Saliendo de Ponferrada, a 23 kilómetros por la antigua carretera que nos une con Orense, encontramos el pueblo de Carucedo y un cartel que reza “Las Médulas, explotación aurífera romana”.La señalización te conduce al Mirador de Orellán. A priori uno se imagina que lo que nos espera es una mina abandonada, y técnicamente lo es….sin embargo….

Te encuentras con un paisaje a orillas del río Sil, agreste, lleno de contrastes y arrebatadoramente enigmático. Duda la mirada entre la complejidad del artificio y lo natural… duda si no será paisaje recreado de cualquier luna de Marte. El silencio acompaña a una tierra sincera y herida, horadada y desmenuzada, que siglos atrás abandonara estéril el hombre, a merced de la climatología, desentrañada y hueca. Sobreviven barrancos rojizos y espectrales pináculos.
La atmósfera dibuja siluetas cambiantes, cuando el vergel se agarra a las paredes ocres y la luz se expande sobre el rojo terroso de sus carnes. Recorrer las galerías angostas y sentir a oscuras el rumor en avalancha de aquellas aguas, hoy, corriente de aire que te impulsa hasta la boca abierta que escupe miradas a lo alto, en busca del cielo y sonrisas de cantos rodados en el paladar…
Si te fijas bien, milenarios castaños silvestres custodian el terreno como centuriones frente al desmantelamiento, aquellos se llevaron el oro, y estos, leales extendieron sus raíces para preservar la vida que asciende a borbotones verdes. Puntuales, cada otoño regalan al visitante pepitas de oro…. en apariencia, castañas.
Resumir su historia, no fue la excusa que me propuso Turulato para esta semblanza, yo no sabría…necesitaría algo más que intención para que mis añoranzas salieran bien paradas. Si tuviera que elegir analistas y fracturar la historia de mi tierra, sin duda Caboblanco os apasionaría con facilidad y erudición sobre la influencia que los romanos dejaron en el Bierzo .La pincelada que os dejo de Las Médulas, hoy, es la obra de la ingeniería romana más ambiciosa que desarrollaron en Hispania. Inestimable el acercamiento minucioso del mismo Turulato y de Leo sobre el periodo medieval, íntimamente ligado al Camino de Santiago y la custodia por estas tierras de sus peregrinos, encomendada a la Orden Templaria, o cómo los monasterios impulsaron el cultivo de la vid en esta zona y según la tradición popular nos inventaron el Botillo…
Ardua tarea poner en orden mi incompetencia… El maestro Turulato casi me susurró un “a través de tu mirada”… Por eso elegí este paisaje, espero que os guste y si un otoño cualquiera os acerca a mi tierra , disfrutéis contemplando este mágico rincón, Patrimonio de la Humanidad.
Saliendo de Ponferrada, a 23 kilómetros por la antigua carretera que nos une con Orense, encontramos el pueblo de Carucedo y un cartel que reza “Las Médulas, explotación aurífera romana”.La señalización te conduce al Mirador de Orellán. A priori uno se imagina que lo que nos espera es una mina abandonada, y técnicamente lo es….sin embargo….

Te encuentras con un paisaje a orillas del río Sil, agreste, lleno de contrastes y arrebatadoramente enigmático. Duda la mirada entre la complejidad del artificio y lo natural… duda si no será paisaje recreado de cualquier luna de Marte. El silencio acompaña a una tierra sincera y herida, horadada y desmenuzada, que siglos atrás abandonara estéril el hombre, a merced de la climatología, desentrañada y hueca. Sobreviven barrancos rojizos y espectrales pináculos.
La atmósfera dibuja siluetas cambiantes, cuando el vergel se agarra a las paredes ocres y la luz se expande sobre el rojo terroso de sus carnes. Recorrer las galerías angostas y sentir a oscuras el rumor en avalancha de aquellas aguas, hoy, corriente de aire que te impulsa hasta la boca abierta que escupe miradas a lo alto, en busca del cielo y sonrisas de cantos rodados en el paladar…
Si te fijas bien, milenarios castaños silvestres custodian el terreno como centuriones frente al desmantelamiento, aquellos se llevaron el oro, y estos, leales extendieron sus raíces para preservar la vida que asciende a borbotones verdes. Puntuales, cada otoño regalan al visitante pepitas de oro…. en apariencia, castañas.





