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INTERIORES
Del Cielo al Suelo ...[Espacios Intermedios]
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  • Ingredientes:
    • - Media onza de verdad
    • .
    • - Una cucharada de jarabe amargo de olvido.
    • - Mitad de ignorancia, mitad de osadía.
    • - Una gotita de vanidad.
    • - Un puñado de vacío
    • - Alguna falta de ortografía (opcional)
    • - Palabras de distintos sabores y texturas para adornar, etc.
    • - Ligar bien la mezcla y servir antes de que dé tiempo a arrepentirse.
    Sindicación


     

    "EL MAR... LA MAR..."

    Luce un cielo digno de una postal. Algunas nubes emborronan el horizonte, pero la brisa las deshilacha conforme se acercan a la costa.
    Avistar el mar desde los arrecifes me fascina... hace que mis sentidos se deslicen sin desafinar leyendo una partitura perfecta, que me eleva y me posa y me vuelve a elevar sobrevolando como una cometa mi humana insignificancia.





    Intento abstraerme de la presencia bulliciosa de la gente que toma fotografías y concentrarme sólo en la mar, ensimismada en el prodigio de su inmensidad de mágica nodriza oscilante. El día es propicio, sopla un viento que apenas eriza su superficie levemente, salpicándola de pequeñas crestas de espuma banca. Aún quedan un par de horas para que el sol comience a declinar peinándola de reflejos plateados.

    Contemplando cómo lame sumisa la costa, parece inimaginable la fuerza devastadora con la que es capaz de mellar las rocas, tallar el vértigo en los arrecifes convirtiéndolos en formaciones caprichosas que avanzan y retroceden recortando el litoral.

    No se divisan barcas faenando, pero del otro lado del cabo surge la silueta idílica de un velero deslizándose a pocas millas. Parece un pañuelito blanco saludando a las gaviotas, aupado por las olas, descifrando a barlovento la ruta soñada , la estela de la libertad surcando el abismo.





    Ese paisaje interior se asoma como el rumor de las aguas, lo respiro... impregna de cordura la sentímentalidad de mis sinergias, me siento libre sin necesidad de discurso o razonamiento previo.

    Alzo la vista al cielo, una bandada de gaviotas se pavonean exhibiendo una precisión aerodinámica que ningún ingenio humano podrá mejorar.





    Parecen saber lo que pueden hacer y lo que no en el aire... con independencia de las adversidades. El fuselaje, la voluntad...y no se rinden. Las observo ascendiendo por las paredes de la escollera suspendidas casi a cámara lenta, con las alas replegadas, aprovechando las corrientes ascendentes. Planean inmóviles, como posando para una marina... pero en décimas de segundo alcanzan velocidades extremas, ejecutan torsiones y picados sorprendentes. Todo un recital de vuelo. Me resulta irritante su graznido en tierra disputándose la comida, su mirada entre agresiva y entrometida ... me recuerda a las ratas. Ambas especies sobrevivirían a un desastre nuclear, son capaces de adaptarse a los medios más hostiles.

    Pero aquí, en su hábitat, lejos de los vertederos de las grandes ciudades que han colonizado a cientos de kilómetros de la costa en algunos casos, me concentro sólo en sus habilidades para el vuelo, en la audacia de sus acrobacias y me olvido que la insensatez humana las ha convertido en carroñeras. Su graznido entonces parece la exaltación de la libertad que acompaña a los audaces. Con las alas desplegadas, batallando con contundencia me han permitido ver que la perfección existe, aunque no la comprenda en su totalidad ilimitada, con la misma fiabilidad que la fuerza de la gravedad me aferra al suelo, mientras el viento juega con mi ropa convirtiéndome en una silueta trémula. Y no es una cuestión de fe... a “volar” se aprende.






    * “Tu ignorancia es directamente proporcional a la medida en que crees en la injusticia
    y la tragedia”
    “Supongo que durante mucho tiempo la gente no pudo volar porque no lo creía posible; por eso no aprendía los principios elementales de la aerodinámica”
    “Yo quiero creer que en alguna parte existe otro principio: no necesitamos aviones para volar; ni para atravesar paredes, ni para llegar a los planetas”




    * Las frases entrecomilladas son de Richard Bach, autor de "Juan Salvador Gaviota".

    Las fotos están tomadas en Cabo Peñas (Asturias)



     

    UNA IMAGEN, UNA MELODÍA...




    Foto de Jep Flaqué Ferrús





    "Uno puede verse a sí mismo,
    si se mira en aguas serenas"...