LIBROS Y QUERENCIAS
Suele ocurrir que, el día que vacío la vitrina donde guardo los libros para quitarles el polvo a fondo, e intentar recolocarlos sin tantas apreturas, termino sentada en el suelo. Rodeada de todos ellos, como cuando siendo niños nos servíamos de cajas, maderas, mantas viejas... y todo lo que encontrábamos para construir un refugio, el castillo encantado o el fuerte apache, lugar de encuentro de la chiquillería de mi barrio.


Ilustración de Jonathan Wolstenholme
Entonces acabo olvidando la gamuza en el bolsillo del delantal y comienzo a abrirlos al azar. Me detengo en una página cualquiera . La leo como si fuera la carta de un buen amigo al que otro tiempo cruzó en mi camino. Me acomodo cerca de la ventana y cualquier otra presencia queda fuera de esa atmósfera .
Es cierto que no están todos los que son, ni son todos los que están,pero su historia se mezcla con el devenir de la mía.
La memoria de los libros leídos es la nuestra, seamos quienes seamos y estemos
donde
estemos. ..

Ilustración de Jonathan Wolstenholme
Algunos de ellos, se mudaron conmigo desde la casa de mi padres en Ponferrada. Otros continúan allí, al amparo de mi padre, bibliófilo de vocación a quien debo muchos descubrimientos. Siempre se adelantaba a mi curiosidad y me remitía a algún libro. Siempre había algún libro en casa sobre el que navegar las horas de una tarde sin deberes del colegio o la Enciclopedia ilustrada, pagada a plazos, que servía de ayuda para las tareas escolares.
Recuerdo que siendo una adolescente, mi padre se asomaba desde la puerta a mi habitación. Casi siempre me encontraba leyendo. No decía nada, pero yo le veía por el rabillo del ojo una sonrisa cómplice de satisfacción y como si pidiera disculpas por la interrupción, antes de que levantara la vista del libro, ya se había ido.
Me gusta volver a casa, pasear la vista por los estantes, reencontrarme con ellos y descubrir que aún siguen ahí y que mi padre continúa archivando artículos, encuadernando revistas de historia con la misma dedicación, pulcritud y esmero con el que lleva todos los asuntos.
Mi madre se queja de que ya no hay donde meter tanto libro. Y él se defiende argumentando : “ Pero mujer...seguro que a la Marian le hace ilusión ... más que nada, lo hago por ella... y por la nieta... que algún día...”
La biblioteca de mi padre, como la mía , no está compuesta por incunables. Los libros no están encuadernados en piel, ni son ediciones limitadas... pero son tesoros.
Cualquier biblioteca personal es el mejor archivo de nuestros gustos, el museo de nuestros caprichos y un catálogo de nuestros placeres. La lectura es un placer o no es nada. Un libro, como un viaje, se empieza con inquietud y se acaba con melancolía .Los mejores libros siempre han sido, para mí, los que se pueden releer con la misma emoción pasado el tiempo .
Creo que yo aprendí a leer así... descubriendo el verdadero valor de un libro ... “una pértiga que permite dar saltos inimaginables en el espacio y el tiempo; el testigo de la más hermosa carrera de relevos; un infalible e íntimo amigo silencioso”.(Antonio Gala)
También suele ocurrir que llegando el otoño, me siento perdidamente berciana. ¡ A mucha honra !, si se me permite un órdago de lugareña que no ha pisado el extranjero y que en Asturias se siente como en casa...
Pero será que nacer en un territorio vital y geográfico propicio a la nostalgia y a los descubrimientos vitales de la infancia y juventud, está un paso más allá de la voluntad de hacer patria, predispone a un tiempo interior que la madurez entiende como un lugar del que nunca te fuiste del todo ...
Puede que sea la razón por la cuál, si tuviera que pintarme por dentro, elegiría los colores y aromas otoñales de cualquier paisaje de El Bierzo: ocres, amarillos, azulados de uva mencía y rojos caldera.
A estas alturas, ya concluida la vendimia, el dorado de las cepas, da paso a los amarillos verdosos. Un tapiz de erizos alfombra los pies de centenarios castaños.
Cuando yo era niña, “apañar” castañas era una disculpa lúdica para disfrutar al aire libre de esa luz oblicua del otoño que se estampa contra el paisaje dejándole alguna que otra sangradura bermeja.
El Bierzo, en otoño, huele a pimientos asados sobre las ascuas de leña de las cepas y sobre todo a manzanas, compotas y tufillo de magosto. Los aromas y las luces otoñales, son para mí, la envoltura cálida de esa “provincia interior” refugio de añoranzas.

Ayer, sentada en el suelo, rodeada de libros, mis manos tropezaron con uno por casualidad (?), especialmente balsámico para mi estado de ánimo. Comencé su lectura, buscando un acomodo menos duro para mi trasero que el suelo y no pude dejar de leer hasta la última página.
Así comienza:
“El sabor del noroeste. Inspiré ávido y el aire de El Bierzo me supo una vez más a noroeste, un inconfundible sabor a libertad y fruta madura. Si la geografía de todo un país pudiera concretarse en un único punto, apoyo para que la palanca de la memoria remueva al mundo de los recuerdos, evanescentes como el aroma de la manzana recién secuestrada del árbol y ya herida por nuestra voracidad, para mí ese punto del paisaje berciano sería...”
El fragmento pertenece a “Viaje a una provincia interior” de RAÚL GUERRA GARRIDO
¿QUIÉN DA LA VEZ?... ¿QUIÉN VIVE?
Al ritmo de su voz
bailar la vida...
¡Qué soberbios son todos los crepúsculos
amortiguando la piel en otras manos,
danzar desnudos bajo el yugo de unas cuantas frases
des-hechas!.
Porque estamos vivos de milagro
lo más feroz es no sentirnos,
entretenernos contando calderilla
¿Será legítima esa aleación que huele
a gastar la vida acuñando un escalofrío
donde esperar solos la vuelta al desalojo?
Suena una nana,
el llanto de un niño que nació caricia
con ojos de leche
se extinguió esta noche,
acribillado por las moscas
mordido por los perros.
Que suene un “ tango arrastrao”,
hemos de bailar la vida...
como equilibristas del deseo,
de cornisa en cornisa
sin más red ni regazo que lo efímero,
casi sin tiempo de nombrar lo vivo.
Ella... da la vez:
¡Huyamos como agua estancada del peligroso
drama! .
Ella... te la quita:
Porque estamos vivos de milagro,
lo más feroz es no llegar a sentirnos...
Bailemos pues
al ritmo de su voz,
bailar la vida...
bajo el yugo de unos pies desorientados, sí...
que no hay maldición
mientras nos dure
esa resaca ingenua,
de sonámbulos.
KlimtIDENTIDARIO II

Rassouli
Alcé las manos
sobre los días vacíos.
Llovían flores de copihue,
destilaban versos
formando círculos concéntricos.
Su destino, el agua serena
donde mirar el mundo
haciendo pie.
Mas, a raudales, emergían pandemias
de los abismos de un charco,
olas que inundaban el reverso del mundo
en la palma de mi mano,
tan insignificante, tan vacía…
Sentí miedo de la fuerza centrífuga
-¿para qué volver al lugar del que siempre quise irme?-
Aunque lleve mi nombre y mis horas,
nunca es mío.
No quiero pensarme
desafiando los avatares del péndulo...
Sólo quiero hacerme a un lado de los pasos
eternamente centrífugos
-esperarme-
deprisa y despacio,
sin promesas ni heridas
buscar la senda de mis mudanzas...
Descansar en mi nombre
y
vestirme de mí,
si llueve.