<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1" ?><rss version="2.0" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"><channel><title><![CDATA[INTERIORES]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/narima/rss20.xml]]></link><description><![CDATA[<b>Del Cielo al Suelo ...[Espacios Intermedios]</b>]]></description><language><![CDATA[ES]]></language><generator><![CDATA[http://www.ya.com]]></generator><item><title><![CDATA["Pasajero en Tránsito"]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/narima/c_163.htm]]></link><description><![CDATA[Sigo estando ... aquí:   <a target="_blank" href="http://blogs.ya.com/masnarima"><font color="blue"><b><tt><i>http://blogs.ya.com/masnarima</i></tt></b></font> </a><br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/>]]></description><author><![CDATA[Narima]]></author></item><item><title><![CDATA[MAR DE FONDO]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/narima/c_162.htm]]></link><description><![CDATA[<CENTER><br/><img src="http://blogs.ya.com/narima/files/travesia1.jpg" border="2" widht="400" height="250"><br/></CENTER><br/><br/><br/><br/><br/><br/><ul><ul><ul><br/>Nació la niña Lucía<br/>con la mar asomada a los ojos,<br/>no lo supo hasta más tarde<br/>cuando ya los ojos son medusas<br/>                        y la brisa urticante.<br/><br/>La niña Lucía <br/>interpretaba con las manos<br/>azulados cantos   <br/>los adioses que zarpan en el viento<br/>la sonrisa acústica de los delfines,<br/>empujaba verjurados torbellinos<br/>arrastrando sus pequeños pies sobre la arena.<br/><br/>Creció la niña Lucía<br/>cumpliendo memorias <br/>de una delicada tela <br/>tendida como frazada,<br/>fue arropando sueños de finísima arena<br/>y ese espejo de plenitud angustiada<br/>llegó<br/>sin viento, regular y suave, <br/>como llega un mar de fondo.<br/></ul></ul></ul><br/><br/><br/>]]></description><author><![CDATA[Narima]]></author></item><item><title><![CDATA[GÉNESIS]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/narima/c_161.htm]]></link><description><![CDATA[<CENTER><br/><img src="http://blogs.ya.com/narima/files/arbreUrbasa_800.jpg" border="2" widht="400" height="300"><br/></CENTER><br/><p align="center"><b>"GÉNESIS " de Jep Flaqué Ferrús</b></p><br/><br/><ul><ul><ul><br/>Algodones de nácar prendidos en el cielo<br/>lustran de metal anaranjado<br/>oro casi ámbar<br/>un horizonte bruñido.<br/><br/>Asoma un sol despierto,<br/>reverbera en el rostro plano del paisaje,<br/>luz de costado renacido.<br/><br/>En medio de lo verde<br/>gotea luz fresca un árbol<br/>por el lado inclinado del alba,<br/>huyó cansina la brisa con los ojos untados de niebla. <br/><br/>Testigo silencioso frente a la llamarada,<br/>colma de alquimia la copa,<br/>se deja embestir <br/>se esponja<br/>y un sonido de catedral antigua inunda <br/>al venerable siervo solitario de la luz<br/>que insemina la tierra,<br/>con el estallido de mil cristales de fuego<br/><br/> ¿Arderá el día? <br/><br/>Abollando el reluz del suelo<br/>carcajadas de topo se aproximan,<br/>borbotones de media sombra en la pastura<br/><br/>¿Arderá el día? <br/><br/>Hay cosas que sólo saben quienes nos dan de respirar<br/>...a los ingratos que respiramos...<br/></ul></ul></ul><br/><br/>No es la primera vez... y no será la última, que las fotos de Jep acompañan a mis versos. De alguna manera, sus imágenes los hacen crecer. <br/>Así que cuando me envió la foto que iba a publicar en Fotonatura e inundó la pantalla ( “te mando una foto a la que le tengo un cariño muy especial”... “escríbeme lo que te transmite... me haría mucha ilusión”) me quedé sin palabras .Es de una belleza paralizante. Podéis ver aquí, esa instantánea <br/><a target="_blank" href="http://www.fotonatura.org/galerias/foto.php?id_foto=148540&id_galeria=2646"><font color="blue"><b><tt><i>JEP FLAQUÉ FERRÚS</i></tt></b></font> </a><br/>La que yo publico es el primer "pestañeo", afortunadamente Jep hizo una segunda foto igualmente espectacular. Resulta difícil elegir entre una de las dos ¿verdad?. Pero nadie mejor que el propio autor para explicar su emoción al captar la sinfonía de luz en dos tiempos . Pocas veces se puede presenciar un crepúsculo tan “impresionante”, cómo la luz disipa el velo de la niebla y nos muestra la Naturaleza como una “Capilla Sixtina”...<br/>Así nacieron estos versos que le regalé, Jep me prestó su mirada  y yo he tratado de ponerle mi alma al instante, creo que los dos sin saberlo, mirábamos en la misma dirección.<br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/>]]></description><author><![CDATA[Narima]]></author></item><item><title><![CDATA[EL LAGO QUE NACIÓ DE LAS LÁGRIMAS]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/narima/c_159.htm]]></link><description><![CDATA[<div align="justify"><br/><b>“Y hacia el poniente, por fin, el lago azul y transparente de Carucedo, harto más extendido en el día, parecía servir de espejo a los lugares que adornan sus orillas y a los montes de suavísimo declive que la encierran.<br/>Crecían al borde mismo del agua encinas corpulentas y de ramas pendientes parecidas a los sauces que aún hoy se conservan, chopos altos y doblegadizos como mimbres que se mecían al menor soplo de viento, y castaños robustos y de redonda copa.<br/>De cuando en cuando, una bandada de lavancos y gallinetas de agua revolaba por encima describiendo espaciosos círculos, y luego se precipitaban en los espadañales de la orilla o levantando el vuelo desaparecían detrás de los encarnados picachos de las Médulas”</b><br/><br/>“El Señor de Bembibre” <a target="_blank" href="http://perso.wanadoo.es/jlpv/index.html"><font color="blue"><b><tt><i>ENRIQUE GIL Y CARRASCO</i></tt></b></font> </a><br/><br/>Este fragmento nos acerca a un paraje en el que se fraguó, sobreviviendo a la memoria,  una leyenda de amor trágico que dio origen al nacimiento de un lago.  Hoy nadie duda que <b>EL LAGO DE CARUCEDO </b>es artificial, producido por el estancamiento de las aguas procedentes del lavado de las arrugias auríferas de Orellán, el lago está muy próximo a la explotación de Las Médulas, que abandonaron los conquistadores romanos tras expoliar durante trescientos años esta tierra generosa; pero permanece la leyenda...<br/><br/><br/><br/><br/><center><br/><img src="http://blogs.ya.com/narima/files/lago11.jpg" border="2" widht="400" height="300"<br/><br/><br/>Vista del LAGO DE CARUCEDO<br/><br/><br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/narima/files/00000410_1143452631_gra1.jpg" border="2" widht="300" height="200"<br/><br/><br/>Nevada sobre LAS MÉDULAS<br/></center><br/><br/><br/><br/>La leyenda aflora con el mismo o similar argumento y dependiendo de quien te la cuente, se desarrolla en el periodo celta, en la etapa del asentamiento romano en Bergidum o bajo el señorío de los caballeros templarios.<br/><br/>Desde la carretera se aprecia toda la extensión del lago de Carucedo, con cuatro kilómetros de perímetro y treinta metros de profundidad. El lago es  criadero de anguilas y patos silvestres. Se dice que era la reserva piscícola de los monjes de Carracedo, que no comían carne porque sus normas decían que estaba demasiado pegada a la tierra.<br/><br/>En las proximidades del lago, crece una curiosa variedad de orquidea que adopta la  forma de un abejorro para atraer a estos insectos y facilitar su polinización.<br/><br/><br/> <b>La versión medieval  </b>aparece en la primera novela de Gil y Carrasco, “El lago de Carucedo”. <br/><br/><b>Relata cómo  el señor templario del <b>castillo de CORNATEL</b>, que se mece sobre el abismo como el vuelo de las águilas, cazaba por los montes de Borrenes y se topó con una hermosísima pastora a la que burló por fuerza entre las encinas.<br/><br/>Un mozo de Carucedo que bebía los vientos por la pastora de Borrenes, tomó venganza de la afrenta y esperó al templario en una de sus cacerías hundiéndole el cuchillo en el vientre consumando la venganza por la felonía del noble. Temiendo las represalias, se marchó a tierras de morería. Al cabo de muchos años volvió como peregrino a Compostela e ingresó de monje en el monasterio próximo a Carucedo, donde en poco tiempo fue nombrado abad.</b><br/><br/><center><br/><img src="http://blogs.ya.com/narima/files/cornatel0011.jpg" border="2" widht="300" height="200"<br/><br/><br/>Ruinas del CASTILLO DE CORNATEL<br/></center><br/><br/><br/><br/><b>Las gentes de la zona, atemorizadas por la presencia de una bruja a la que acusaban de causarles mal de ojo, acudieron al abad para pedirle remedio. <br/>El abad salió de noche para conjurar a la bruja y cuál no sería su sorpresa cuando encontró a la bruja y la reconoció como aquella bella moza de su juventud de la que vivió enamorado. <br/>Se reconocieron y brotó entre ellos la pasión del amor perdido tantos años y fueron a disfrutar del éxtasis del cariño en el pórtico de la cercana ermita, donde al abad  se le “despistó” el voto  de castidad.<br/><br/>Como castigo divino, las torrenteras manaron agua entre un fragoroso concierto de truenos y relámpagos hasta inundar el valle y anegar la ermita, formando el lago de Carucedo, donde la noche de San Juan se oye el tañido de la campana de la ermita.</b><br/><br/><br/> <br/><b>La otra versión de la leyenda  </b>tiene rasgos mitológicos, situa los hechos en tiempos de la conquista romana de Lancia y la toma de Castrum Bérgidum el año 19 a.c. por el general  Cristo Tito Carissio.<br/><br/>Castrum Bérgidum o Castro Ventosa se halla cerca de Cacabelos, en Fieros. Es un cerro que se divisa desde la carretera. Allí están las raíces históricas del Bierzo. La raíz «berg» es celta y significa altura. Aún se conserva esta raíz en algunas voces como “bergancias”; en la montaña esta palabra alude  a la cadena con la que se sostiene el pote colgando desde el techo, en las cocinas antiguas.<br/><br/>Existe la creencia de que aquí se asentaba la antigua Bérgidum y sus moradores la abandonaron de noche, marchándose a Torre de Babia, luego el emperador Tito Flavio Vespasiano le dio el derecho de ciudad romana, con el nombre de Bérgidum Flavia y así la cita Ptolomeo y era la décima mansión romana en el itinerario de Braga a Astorga, según Antonino. <br/>Ya en el concilio de Lugo del año 569 se cita Bérgidum como capitalidad de la zona del obispado de Astorga y  Valerio de Montes, discípulo de San Fructuoso, cita el Bergidense territorium.<br/><br/>Pues aquí establecieron sus tropas los romanos para vigilar la explotación de Las Médulas y...<br/><br/><b>Cuenta la leyenda  que <b>La ondina Carissia </b>vivía en la mítica ciudad de Lucerna y se enamoró perdidamente del guapo general latino, pero el romano, dado que la ninfa era astur, raza y pueblo que los romanos tenían que dominar, la burló y la despreció. La ninfa sintió tal dolor que estuvo muchos años llorando y tantas lágrimas derramó que se fue formando el legendario lago y anegando la mítica ciudad de Lucerna.<br/><br/>Así se llenó la hoya con agua cristalina, donde el sol refleja sus rayos en una tonalidad azulada enmarcada entre las espadañas y las juncias.<br/><br/>Según la leyenda, todos los años al amanecer del día de San Juan, cuando se abre el alba y el sol dora las aguas se vislumbra en el fondo del lago el reflejo de la ciudad de Lucerna.<br/><br/>En esa noche serena sale la ondina Carissia del lago de Carucedo a buscar un guapo mozo que la requiebre de amores. Pero como es tan grande el lago es difícil dar con ella. Alguna vez se ha encontrado en la mañana luminosa el peine de cuerno con alguna hebra de sol entre sus púas, que la ninfa se dejó olvidado en la orilla.</b><br/><br/><center><br/><img src="http://blogs.ya.com/narima/files/usr587_gal51.jpg" border="2" widht="400" height="400"<br/><br/><br/>Anochecer en el LAGO DE CARUCEDO<br/></center><br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/>Si alguna vez visitan el Lago de Carucedo, el Castillo de Cornatel, las Médulas o cualquier paisaje del Bierzo, les recomiendo la lectura del <b>“El señor de Bembibre”. </b>Tras esta novela histórica,  quizás la más universal  del <b>Romanticismo español</b>, se esconde la verdad del paisaje berciano. <br/>Nadie  ha pintado el Bierzo con esa sensibilidad lírica a flor de piel, nadie ha sabido deslizarse por la melancolía de los paisajes y describir la nostalgia recoleta que respiran las piedras legendarias de monasterios y castillos, ese Bergidum montañés y abismal o el fértil y riberano , silencioso, recogido y bendecido por la Naturaleza con una de sus más dulces sonrisas...<br/><br/>Sí, el Bierzo...lo ha pintado Gil y Carrasco.<br/><br/><br/>P.S:  Este artículo lo dedico especialmente a N.. que tanto ha disfrutado de los amores de D. Alvaro y Dña. Beatriz de Osorio y que se emocionó al conocer Bembibre.<br/></div><br/><br/><br/><br/><br/>]]></description><author><![CDATA[Narima]]></author></item><item><title><![CDATA[HALOGRAMA]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/narima/c_158.htm]]></link><description><![CDATA[<CENTER><br/><img src="http://blogs.ya.com/narima/files/zul_6001.jpg" border="2" widht="400" height="500"><br/><br/><center><br/>Jep Faqué Ferrús<br/>"Camino al infierno" <br/>Playa de Zumaia</CENTER><br/><br/><br/><br/></CENTER><br/><br/><b>"Hay un anciano ante una senda vacía. Nadie regresa de la ciudad lejana; sólo el viento sobre las últimas huellas.<br/>Yo soy la senda y el anciano, soy la ciudad y el viento."<br/><br/>Antonio Gamoneda, "Libro del frío"</b><br/><br/><br/><ul><ul><ul><br/><br/>Sé que no veré más repetirse nada,<br/>ni tu rostro.<br/><br/>Aún tenías corazón<br/>al llegar aquel invierno de rodio en el reloj de bolsillo,<br/>le dabas cuerda <br/>al sentido austero de la ausencia.<br/><br/>Cuando quise saber del calor de tus manos<br/>ya no te quedaban calles en el cuerpo<br/><br/>la sien vacía<br/>enfrió el rictus último<br/>como arcano indeleble<br/><br/>y me dejaste un vago horror de huérfana  <br/>frente a ese espejo de azogue con tu nombre en la esquela<br/> <br/>     D.E.P.  <br/><br/>Mediada la tarde,<br/>descendió un murmullo mortuorio,<br/>rumiaba pésames una sotana<br/> <br/>llegaron flores magreadas de incienso  al vestíbulo<br/>ralentizando esa ingravidez dormida de las bisagras,<br/>esperando un viático mundano, el colofón.<br/><br/>¿Por qué no sentí nada?...¡ Di, Nada !<br/><br/>¿Por qué no siento más que un coagulado mutismo desde entonces?</ul></ul></ul><br/><br/><br/><br/> <br/><br/><br/>]]></description><author><![CDATA[Narima]]></author></item><item><title><![CDATA[PODRÍA DECIR...]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/narima/c_157.htm]]></link><description><![CDATA[<center><br/><img src="http://blogs.ya.com/narima/files/Lady20of20the20Rocks201994201a1.jpg" border="2" width="300" height="400"/><br/></center><br/><br/><br/>Que camino veredas grises, mañanas de escarcha<br/>aunque en mi pecho un árbol<br/>abre el corazón al mar.<br/><br/>( Lo diré, mientras pueda )<br/><br/>Decir que también hay trampas en el hogar que respiro<br/>-digo-<br/>que hay una luna que tiembla tímida,<br/>abrochada a la oscuridad<br/>huésped en mis huesos y espera viva<br/>el sentido vertical de la agonía,<br/>aunque la angustia perfecta sea estafa huracanada<br/>que trae el ruido anudada a las miserias.<br/><br/>( Nunca... lo había dicho)<br/><br/>Podría decir que<br/>me espían las farolas y apenas voy <br/>a ninguna parte<br/>tropezando pensamientos,<br/>silencios quebrados por fantasmas de otoño prematuro.<br/><br/>( ¿Para qué decirlo? )<br/><br/>Digo<br/>que lanzo palabras ingenuas, contra la  voz tonante <br/>cargada de ira en las  nubes, trágica. <br/>No se gana consuelo a pedradas<br/><br/>Entre la ternura y el abismo,<br/>mi pésima puntería...<br/>lo dice todo.<br/><br/><br/><br/><br/>]]></description><author><![CDATA[Narima]]></author></item><item><title><![CDATA[DOS POEMAS]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/narima/c_156.htm]]></link><description><![CDATA[I.<br/><br/>Juega la soledad<br/>con cartas marcadas<br/><br/>no nació de ti, ni de mí<br/><br/>la hicimos letras donde volar,<br/>suspiro de viajero sedentario.<br/><br/>Yo sigo buscando la profecía maldita<br/>atornillada al cielo<br/><br/>arriesgo una palabra, un lamento, la cancela <br/>del mundo y la nada<br/><br/>juega mi corazón el único as en la manga,<br/>piel de mujer y sexo de poeta.<br/><br/><br/><br/>II. <br/><br/><br/>Para ella, soy lo que no dice,<br/>tener todo y no ser nada<br/><br/>una mezquina vida<br/>llevadera.<br/><br/><br/><CENTER><br/><img src="http://blogs.ya.com/narima/files/pinzas_thumb1.jpg" border="2" widht="200" height="200"><br/></CENTER><br/><br/><br/><br/><br/><br/>]]></description><author><![CDATA[Narima]]></author></item><item><title><![CDATA[EN ESE PRECISO INSTANTE]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/narima/c_155.htm]]></link><description><![CDATA[<CENTER><br/><img src="http://blogs.ya.com/narima/files/escher_manos.preview1.jpg" border="2" widht="400" height="300"><br/></CENTER><br/><br/><br/>Hay un momento en la vida en que el hombre son los ojos llorando, el pulso cansino, el sentimiento a flor de piel, un instante en que se duda de todo porque el vacío nos llama como un grito que nos persigue al abismo de las cosas inútiles que bordean la locura. Porque la nada nos ciega y oculta las cosas y nos separa de las personas que con su alegría y presencia nos daban vida y nos daban luz. Con sus sombras un desgarro que se pierde en el infinito en el momento en que solos nos vamos quedando ciegos. <br/><br/>Es un momento estremecedor, estás solo y crees que tampoco tiene remedio, un momento terrible, has perdido la esperanza y crees que nunca volverás a encontrarla, ni aquí ni allá, ni entre los escombros de lo que un día fuiste antes de que la oscuridad te alcanzara con su altura. Es un túnel que camina a un ritmo trepidante envolviéndote tus pasos, un mal sueño que intuyes no terminará con el paso de las horas ni los días. Pero no es una pesadilla en el presente ni un regreso del pasado oscuro, es la vida que se te mete dentro con sus dientes y colmillos afilados llamando a la locura con tu nombre. Al principio la cabeza estalla, viaja por los aires, se dispersa y pierde el rumbo. <br/><br/>Más tarde con dolor comienza la calma, con paciencia el abandono, con temor el coraje a la palabra encontrada, a la palabra dada frente al respeto que busca uno por sentirse aliviado ante tantos zarpazos de muerte. Se respira con el primer balbuceo, se recobra el ánimo con el minúsculo eco de un corazón herido, se siente uno vivo y se desea respirar abarcando todo el sentido de la vida siendo como éramos antes de que comenzara el infierno e incluso siendo mejores de lo que pretendíamos serlo antes de que el infierno acabara con nosotros. Es la palabra en la lengua, el beso en los labios, el tacto buscando la ternura, el silencio rodeando la comprensión infinita como si no hubiese pasado nada más que lo que debía haber sido en el momento preciso. <br/><br/>Cuando la poesía llama al hombre con su desgarro al rojo vivo y la vida se confunde entre las piernas en un momento en que la sombra de nuestro andar huye de nuestro lado, el hombre siente cómo la esperanza son sus ojos llorando, alcanzando con su mirada un nuevo camino.<br/><br/><br/>KEPA MURUA<br/>]]></description><author><![CDATA[Narima]]></author></item><item><title><![CDATA[PARA LAURA]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/narima/c_154.htm]]></link><description><![CDATA[<center></b><img src="http://blogs.ya.com/narima/files/136847031_6b66c805491.jpg" border="2" widht="400" height="300"><br/><br/><br/><div align="justify"><br/>Érase una vez... un beso. No un beso cualquiera, no. Se trataba de un beso que se posó en una cuartilla, mientras intentaba escribir un cuento. Sin querer se me escurrió de una pregunta [¿Dónde irán a parar los besos que dimos cuando éramos niños?]... y ante mi asombro aterrizó, algo desorientado, sobre la hoja en blanco.<br/><br/>Nuestro beso, todavía recién nacido, era pequeño y risueño. No parecía más perplejo que yo, así que nos dedicamos una sonrisa. Miró con detenimiento el papel como buscando una respuesta  y sin decir una sola palabra, tomó asiento sobre la goma de borrar.<br/><br/>Resultó un poco incómodo, al principio, verlo allí tan calladito y pensativo, con las piernecillas colgando, mirando ensimismado el papel. Hubiera sido más fácil para mí entablar conversación con un unicornio, incluso con el tío Camuñas o la bruja Coruja...  porque tengo más costumbre; pero, ante un beso, sea de la naturaleza que sea, a mí se me alela la expresión y no me sale ni media palabra. Sí, nos mirábamos algo intrigados; tanto es así, que no fui capaz de escribir una sola línea... él seguía esperando. ¿Pero  qué?... <br/> <br/>Pensé que si parpadeaba un par de veces seguidas desaparecería junto a la pregunta y así  podría escribir un cuento sobre una princesa que besa a un sapo y lo convierte en calabaza... no, no, así no era... un sapo que besa una calabaza y se convierte en princesa.. tampoco era así... En fin, un cuento que comenzara en los tiempos de Maricastaña y  tuviera un final al uso, con perdices y ...<br/><br/><b>¿Tú lo sabes?- </b>me preguntó. <br/>Parecía un besín decidido, sin duda. Se puso en pie de un salto y se encaramó al lápiz que estaba a punto de colocarme en la oreja. Ya era tarde para hacerme la sorda. <br/><b>¿Sabes a dónde van a parar los besos...?- </b>me susurró.<br/>Sentí un “escalocaliente”en dirección a la nuca. No es fácil pensar cuando tienes un beso hablándote en la oreja. Haz la prueba.<br/>Noooloooo... sé- respondí con voz de calambre mientras desempotraba los hombros y volvía a colocarme el cuello en su sitio. Lo siento... creí que siendo un beso ...<br/><b>Pero tú besas ¿no?...</b><br/>Sí, claro, las personas nos besamos y los besos son todos muy, muy especiales. Bueno, casi todos. Los hay que nacen de la pasión, de la ternura, del cariño...(ufff, hay tantas clases de besos, tan buenas razones para besarnos que...) y los más difíciles de dar, los de despedida.<br/><b>Todos son especiales, menos yo</b>- dijo pensativo. <b>Puede que ni siquiera exista... cómo se puede ser especial cuando vives en un lugar secreto, suspendido en el tiempo, en un constante querer y no poder.</b> <br/>Me sentí responsable de sus incertidumbres. Después de todo, él estaba allí porque a mí se me había ocurrido hacer una pregunta de la que no conocía una respuesta .<br/>Puede que no seas un beso olvidado, pongo mucho cuidado cuando beso...¿Y si fueras un beso todavía por dar?.<br/>Le gustó la idea. Estaba tan entusiasmado que no dejó de hacer morritos... mua, mua y requetemua , mua, mua y requetemua... así toda una mañana de entrenamiento hasta que me pareció un besín confiado, seguro de encontrar su destino. <br/>  <br/>Yo desistí de escribir aquel cuento sobre sapos, princesas y besos. Siempre me armo un lío con la moraleja. <br/><br/>Y para que nadie dude de la naturaleza del protagonista de este nocuento, os diré que desde entonces es un beso más especial que  otros. Es ese beso volado que se lanza a las estrellas, dado con sentimiento, soplado por encima de la mano y que cuando llega encuentra, al fin, donde ser posible. No me preguntes cómo lo sé, pero ¿a que a este nocuento le falta algo?...algo como... <br/><br/>...¿Un besín? <br/><br/><br/></div align="justify"><br/> <center></b><img src="http://blogs.ya.com/narima/files/nena20soplando1.jpg" border="2" widht="300" height="200"> <br/><br/><br/><b>Que el 2007 os reserve muchos besos por dar y la magia de mirar a las estrellas</b><br/><br/><div align="left"><br/>Nota: No sé que he hecho, pero se me han borrado los comentarios anteriores al 6 de Enero. Se han evaporado y no hay posibilidad de recuperarlos. Ya me he dado 3 cachetes por manazas. Lo siento, lo siento y lo siento.<br/></div><br/><br/><br/>  <br/>    <br/>]]></description><author><![CDATA[Narima]]></author></item><item><title><![CDATA[SOSIAS]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/narima/c_152.htm]]></link><description><![CDATA[<CENTER><br/><img src="http://blogs.ya.com/narima/files/Inquietud_6001.jpg" border="2" widht="400" height="300"><br/></CENTER><br/><p align="center"><b>"Inquietud al otro lado ..." de Jep Flaqué Ferrús</b></p><br/><br/><br/><br/><br/><ul><ul><ul>¿Quién si no yo teme la respuesta?<br/><br/>Hay un pretexto de memorias distintas:<br/><br/>Una <br/>iguala el terror de tiempos desmembrados,<br/>trepa temblores,<br/>hostiga estigmas embrionarios<br/>con estertor de morteros y<br/>aliento de cornamusa.<br/><br/>¿Quién ha de ser...si no soy yo?<br/><br/>La que amuralla con musgo las piedras<br/>para no lastimarse<br/>y la que nunca olvida darle cuerda a los relojes<br/>antes de salir huyendo<br/>Ah...aquella muchacha ciega. La recuerdo.<br/><br/>Otra <br/>se desdobla tercamente,<br/>¿Quién si no yo tiembla ante la duda?<br/><br/>La que inventa abalorios de mil purezas,<br/>la que maldice la omisión cristalina<br/>del sujeto <br/>predicado a semejanza de las cosas y <br/>del inútil parecido de los sonidos sin nadie<br/>Ah ... aquella muchacha  muda. Me recuerda a...<br/><br/>Siempre las he buscado<br/>a escondidas,<br/>donde emerge un puente de niebla,<br/>sin que me vieran.</ul></ul></ul><br/><br/><br/>]]></description><author><![CDATA[Narima]]></author></item></channel></rss>
