AGRIMENSURA
La memoria tiene la textura irreal de los sueños.
Los sueños tienen la cualidad escurridiza de la memoria.
A veces son tan parecidos la una y los otros.

Los sueños tienen la cualidad escurridiza de la memoria.
A veces son tan parecidos la una y los otros.

Es verano
y un sol gigante
va inflando
la calle
de bochorno.
Vacías de bullicio
van quedando
las pocas sombras
como adelgazadas agujas
del mediodía.
Una puerta sin aire
engulle la solana toda,
bufa calimas de hierro viejo
el picaporte.
No muy lejos repica denso y sostenido
el sonido caliente de las campanas.
Desde bien temprano,
el compás es trino
propósito de aire,
loca de golondrinas la mañana.
Abajo, en el jardín, la sombra
va perdiendo el equilibrio
entre las ciruelas claudias,
bebiéndose de bruces el rocío,
se refugia envés de las hojas.
Aletean retozones
los pardales nuevos
y a saltitos corretean
de rama en rama
de seto en seto
en busca de pitanza.

A mi ventana alcanzan
los dedos verdes y jugosos
del chopo, rozando los cristales
con la torpe gracia de un gigante.
Afuera de la casa un camino se retuerce
empolvando tejados de lustrosa pizarra.
El latir metrónomo
va encajando músicas:
A trompicones el carretón del panadero,
picado afónico el claxon de la cirila
y carillón los cuartillos de hojalata
colgados en el cinto del lechero.
Cerca de las doce,
un silbato que trae cartas.
Como un rebujo
pegado al suelo del mediodía,
la mujeruca enlutada
acompasa con voces
el rebuzno de un burro cerrao
que bambolea los cuévanos
cargados con patatas y pimientos.
Se pierde el sonido de cascos
en lo que ladra un perro,
en lo que canta un gallo
y una trifulca de pinzones
se disputa los hilos descarnados
de un hueso de pavía.
Sortea los sentidos
un mestizaje de aromas
en el rellano de la escalera,
se hace saliva
la tardanza desmayada
de las horas.
La radio da el parte,
un hilo de agua
va llenando el balde.
Reblandecida y escurridiza,
la pastilla de jabón Lagarto
se zambulle en la pila de granito
huyendo de un estropajo de esparto.
Ya casi vencida la hora de la siesta
arrumba interminable el mercancías
el líquido horizonte turquesa
custodiado por zarzales
y se aleja, bocanada intermitente,
tiznando las ramas
de una higuera bravía.

Asoman de los portales
caras de niños sin escuela,
mujeres con labores de costura
hacen corrillo y charlan.
Echan fresco los delantales,
ellas
sentadas en sillas bajas de anea.
Pronto las retahílas,
las suertes al pinto pinto…
Colorido bullicio hace la calle
juego y desafío
A eso de la tibia luz
Noroeste hechizado
recorre ladera abajo
el vello rubio de las espigas,
sarpullidos amapola
densos, de un calor oscuro
sólido
de manos transparentes
que se agarra a la ropa
alborota los flequillos sudorosos
repasa las rodillas sucias
y acaricia con mimo los chichones.
Y a la fresca,
los pájaros se han ido a dormir.
Todos los pájaros.
El pespunte plateado
de la noche, derrama silencio
a donde el alma quiere.
Las hélices esbeltas de la brisa
mecen sueños agitados,
y el parpadeo nocturno de los grillos
va ensortijando la noche.
Antífona misteriosa,el canto
que acompasa la espera,
enferma de infinito la alegría
centellea
junto a la ventana.
Para ... una musa de bella voz, que tiene nombre de "flor de azúcar"
Si es otoño, la piel advierte
una brisa azul índigo
que embalsama la tierra
con el aroma ácido y dulce
de las hojas húmedas.
No muy lejos de casa
descubrí un arriate,
al abrigo de una pared desencalada,
como baluarte en ruinas.
Entre la maleza yacen desvencijadas
algunas piedras grisáceas
parcheadas de esponjoso musgo
repartidas al azar, semiocultas,
en la maraña de broza y descuido.
Y sin embargo, ajenos a la desolación,
crecen dos rosales leñosos,
arracimadas sus rosas tardías
como encajes delicados
que llegando octubre buscarán el sol,
mordisqueadas de amarillo sus borduras
cuando el rocío afila los dientes.
Casi de puntillas sobre un altar mineral,
detenido en gris
no cesan de brotar nuevos capullos,
exhalan un hondo aroma intenso
a desafío.
Su breve terciopelo
desviste velos como láminas ardientes
de incandescente secreto,
salpicando notas vigorosas
como el sonido de campanas gruesas,
da capo de una sinfonía tenaz
el hálito envolvente de los solsticios.
Nacidas alijo de un sol debilitado,
sus pétalos abiertos, al mirarme indagadores
me hacen bajar los ojos…casi cerrarlos.
Pienso que para escucharlas mejor
cuando te pienso,
flor de azúcar que te nombra,
multiplicando la sensación de florecer
de hacer florecer lo que tocas
y seguir floreciendo…
Y te escucho
acompasar esa respiración
que apura el aire en un abrazo
de vocales que se abren volutas de viento
para que otros las respiren…
Y casi te respiro
bajo la piel de las palabras
que apenas son,
más que rasguños.
* Contemplas "Pared con rosas". Óleo de Manuel Martínez Ortiz
ENCOLADURAS Y ALUMBRES
Es un síntoma que escarba,
desbroza la lluvia que sólo sabe
llorar en los cristales.
Un no saber sabiendo
para el día en que pacte con la tierra
desenterrar arrullos del balastro,
bajo las pisadas.
…………………
(No es quejido, sólo pausa)
Tal vez una infancia
que a marzo puso el espejo de septiembre
y a esa íntima avaricia de muselinas alegres,
una amapola que no sabes por qué
con los años del frío
y con los días sin sol y sin belleza
florece
manojo redondeado de pétalos,
palabras de fiar, el síntoma que escarba
señas en papeles aun calientes,
la dulce mentira que dejó su mancha.
Tal vez una infancia, un no saber sabiendo
nos sostenga presa la mirada
en los prodigios, más cerca,
como oíamos de niños los ecos
de lluvias antiguas,
el silbo de una llave abriendo
de par en par aromas encurtidos,
salazón y canela
lana burda y tiza…
Nebuloso el timbre de voz
que acarició tu nombre diferente
y a salvo, en su boca,
tu nombre permanece.
Tal vez una infancia,
cerco de coartadas invisibles
notaciones en un moleskine,
envejecida sin ruido la sustancia nodriza
que trae lo ganado y lo perdido,
ese blanco silencio que relumbra
en su regazo.
* Escuchas "Pépinot" compuesta por BRUNO COULAIS para la película "Los niños del coro".
RETAZOS DE NOROESTE
LENTA ES LA LUZ DEL AMANECER
EN LOS AEROPUERTOS PROHIBIDOS
Una vez estaba en la taberna el poeta inspirado haciendo su papel de poeta inspirado.
Todos lo respetamos mucho en sus esperas de la voz misteriosa, aunque nunca se le haya visto una página terminada.
Vino un parroquiano de la taberna con la alegría lúcida de los primeros vasos, y fisgó el renglón que campeaba en la hoja:
Lenta es la luz del amanecer en los aeropuertos prohibidos.
El verso hermoso, todavía único, con que iba a arrancar el poema.
El parroquiano suspiró:
—Es un buen empiece, poeta. Pero ahora qué.
ANTONIO PEREIRA. Del libro Meteoros. Poesía, 1962-2006. Editorial Calambur
"Calle de Villafranca del Bierzo" MANUELA RICO
ALGUNAS MANCHAS DE COLOR VERDE
Aunque nada parezca invierno
hay agostos sin orillas.
Descubres que lo roto es infinito.
Escamas frías te han tocado
con agujas y
una batuta de cuarzo dibuja
toboganes sin tregua
sonidos agudos y estridentes
tanto
que el silencio se vuelve vidrio
y estalla.
Yo no ejerzo la luz,
a veces, ni la entiendo.
Pero…algo se de eso
que baja de tus ojos
lentísimo
latido en las venas de estos días.
Tienen nuestros encuentros
algo de vuelo ¿lo has notado?
Pues aquí estoy, aunque
mis manos, solo en sueños,
trepan sin torpeza a los nidos.
Y aunque sólo tengo como mío
una piedra gris que va ganando
corazón adentro,
también tengo un pájaro
sensible a la humedad, al frío
y una voz abierta de manos,
y un árbol de lana
que presta su estatura a mi conciencia
y una hierba que no acaba nunca.
* Contemplas "Ritmos"y "Bosque encantado" de Silvia Camargo
** Escuchas "The Gravel Road" de James Newton Howard